Los túneles y el arte

Por Andrea Viveca Sanz

Madriguera

Acomodó su espalda sobre las paredes que sostenían su incertidumbre. El frio se colaba entre los bloques de hormigón y se extendía en la oscuridad de ese hogar improvisado, nacido de la urgencia y de la necesidad.

Tomó la mochila y comenzó a desplazarse con su cabeza inclinada hacia abajo para alejarse del techo. Le dolían los huesos, que cargaban en su memoria la suma de otros dolores. Buscaba la salida. Avanzó sobre un suelo de tierra húmedo en el que sus pies dejaban a diario las huellas de sus  silencios.

Allí, cada parte de sí mismo se reflejaba sobre las curvas que representaban la totalidad del mundo, su madriguera.

Por las noches, él era cemento y sus manos abarcaban el único universo posible.

Afuera llovía, la lluvia lavaba las penas y limpiaba las culpas. El día se desplegaba como un papel en blanco, sin renglones en los que escribir una historia, con la certeza de encontrarla.

Eran las 7AM cuando emergió del túnel. Estaba dispuesto a recuperar los retazos de vida que alguna vez le habían negado.

Alguien lo esperaba. Las miradas se cruzaron en un punto del pasado para detenerse en una intersección del destino y ya no hubo retorno.

La lluvia lavaba las penas y limpiaba las culpas. Delante, un túnel oscuro absorbía los pedazos de una vida fragmentada.


Simbología de los túneles

A menudo la imagen de un túnel se asocia a la oscuridad y al encierro. Se trata de espacios que dan sensación de ahogo y de miedo, pero también de conexión entre dos lugares, de vínculo o de unión.

Muchas veces se ha utilizado la figura de los túneles como aquellos pasillos oscuros que debe recorrer cada persona en sus vivencias interiores, sus laberintos inconscientes, que han sido tomados como metáforas en muchas obras literarias.

En el silencio de los túneles habitan los miedos, a veces es necesario recorrerlos para poder salir de la oscuridad que representan y trascenderlos.

En literatura

Varios son los autores que han utilizado la figura del túnel en sus obras. Entre los más destacados, el escritor argentino Ernesto Sábato da vida a su novela “El Túnel “en la que el protagonista recorre sus propios túneles interiores. Aquí algunas de las frases:


 “…Mi cabeza es un laberinto oscuro. A veces hay como relámpagos que iluminan algunos corredores. Nunca termino de saber por qué hago ciertas cosas…”

“…había sido un túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida…”

“Sentí que una caverna negra se iba agrandando dentro de mi cuerpo”


Otro ejemplo es el cuento El túnel del escritor Anthony Browne

Había una vez un hermano y una hermana que no se parecían en nada. Eran diferentes en todo.
La hermana se quedaba en la casa, leía y soñaba. El hermano jugaba afuera con sus amigos: reía y gritaba, pateaba y lanzaba la pelota, brincaba y retozaba.
Por las noches él dormía profundamente en su cuarto. Ella permanecía despierta, acostada, escuchando los ruidos de la noche. A veces él entraba a gatas al cuarto de ella para asustarla, pues sabía que a su hermana le daba miedo la oscuridad.
Cuando estaban juntos peleaban todo el tiempo, discutían y alegaban casi a gritos.
Una mañana su mamá perdió la paciencia con ellos.
—Váyanse juntos —les dijo— y traten de llevarse bien y ser amables uno con otro por lo menos una vez, y regresen a tiempo para la comida.
Pero el niño no quería que su hermana lo acompañara.
Se fueron a un terreno baldío.
—¿Por qué tienes que venir? —se quejó él.
—No es mi culpa —dijo ella— Yo no querría venir a este horrible lugar. Me da miedo.
—¡Ay, eres una bebita! —dijo el hermano—. Todo te da miedo.
Él se fue a explorar.
—¡Oye!, ven acá —le gritó a su hermana poco después. Ella caminó hacia él.
—Mira —dijo él— un túnel. Ven, vamos, vamos a ver qué hay del otro lado.
—N-n-n-n- no, no debes hacerlo —dijo ella— ahí puede haber brujas, o duende o cualquier otra cosa.
—No seas tonta —dijo su hermano— esas son cosas de niños.
—Tenemos que estar de regreso en casa a la hora de comer… —dijo ella.
A la niña le daba miedo el túnel, y decidió esperar hasta que el hermano saliera de nuevo. Esperó y esperó, pero él no salía y ella sentía ganas de llorar; casi se le salían las lágrimas. ¿Qué podía hacer? Tuvo que seguirlo por el túnel.
El túnel estaba oscuro y húmedo y resbaladizo.
Del otro lado ella se encontró en medio de un bosque tranquilo. No había ni rastros de su hermano. Pero el bosque pronto se convirtió en una selva oscura.
Empezó a pensar en lobos, gigantes y brujas y quería regresarse, pero no podía. ¿Qué sería de su hermano si ella se regresara?, Ya estaba muy asustada y empezó a correr más y más aprisa cada vez.
Cuando se dio cuenta que ya no podía correr más, llegó a un claro en el bosque.
Había una figura, inmóvil, como de piedra.
—¡Oh, no! —gimió—, llegué demasiado tarde.
Abrazó la figura dura y fría y lloró. Poco a poco, la figura empezó a cambiar de color y se hizo más suave y más tibia.
Entonces lentamente empezó a moverse. Era su hermano.
—¡Rosa!, yo sabía que vendrías —le dijo él.
Corrieron de regreso, atravesaron la selva y cruzaron el bosque, entraron al túnel y salieron de él. Juntos, los dos.
Cuando llegaron a su casa su mamá estaba poniendo la mesa.
—Hola —les dijo— los noto muy callados. ¿Está todo bien?
Rosa le sonrió a su hermano y Juan le sonrió a ella también.


En su poema No será nuestra vida un túnel, el escritor Pablo Neruda hace la comparación:

No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?
o no será una claridad
entre dos triángulos oscuros?
o no será la vida un pez
preparado para ser pájaro?
la muerte será de no ser

o de sustancias peligrosas?


En literatura juvenil muchos autores han utilizado los túneles como figura para tratar el tema de los miedos y la incertidumbre.

La escritora argentina Alicia Barberis, en su novela Los túneles secretos, se introduce en pasadizos que atraviesan misterios y dejan al descubierto enigmas que los protagonistas deberán resolver al recorrerlos.

Otro ejemplo es El túnel de los espejos y otros cuentos, de Daniel Tejada, en el que se despliega la magia a lo largo de veintiséis relatos que recorren universos fantásticos conectados con temas que atraviesan distintas problemáticas actuales.

El túnel de los pájaros muertos, de Marcelo Birmajer, es una novela de diez capítulos en la que los escenarios elegidos (una casa abandonada, un parque de diversiones abandonado convertido un cementerio de juegos, un instituto de menores y un manicomio) son fundamentales a la hora de construir una historia en la que el lector puede sumergirse en un universo desconocido y transitar los caminos del miedo en un mundo paralelo donde nada es lo que parece.

Túneles, de Roderick Gordon y Brian Williams, es una novela juvenil en la que un padre y su hijo comparten la pasión por encontrar tesoros ocultos, y en esa búsqueda se encuentran con misteriosos túneles debajo de la ciudad de Londres, en los que el joven Will deberá enfrentar la oscuridad y el miedo a lo desconocido, en un mundo que presenta sus propias leyes y que alberga extraños personajes.


Plástica y esculturas en túneles urbanos

Tuneles del mundo

Túneles reconvertidos en salas de arte, después de la guerra en Siria.

El túnel de los libros, una fantasiosa biblioteca china.

Ampliar
Obra del pintor español Ernest Descals Pujol.

Túneles de Buenos Aires

Obras de arte en los túneles del subte porteño.

Los túneles tampoco pudieron escapar a la música

Túneles de película

Y un túnel fuera de serie

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