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“Cuadernos de artistas”, de Santiago Bengolea, se expone en Nueva York

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Por Dolores Pruneda Paz (*)

El proyecto “Cuadernos de artistas”, de Santiago Bengolea, reúne material privado de 16 jóvenes artistas argentinos que hasta el 27 de septiembre exponen en Nueva York, conformando un fresco de época, un punteo de intereses contemporáneos que cruza anotaciones cotidianas, ficciones y relatos inesperados, al tiempo que revela los caminos de una obra en su gestación.

Los cuadernos exhibidos en la antigua biblioteca de lo que fue la Mansión Hollins, en el 12 West de la calle 56 de Manhattan donde hoy funciona el Consulado Argentino, contienen “todo tipo de temas e inquietudes -dice el curador, Bengolea-: algunos son bocetos, otros cuentan ideas o muestran sus diarios íntimos; muchos son tramas, ensayos o textos; las manifestaciones son diversas”.

Un artista narra el transcurrir de sus días con dibujos que remiten a una práctica adolescente, el mismo que ilustra los pájaros que parecen dar forma a un catálogo lírico y colorido. Trazos en fibra negra, perforaciones de punzón y papeles de tramas diferentes conforman un muestrario de texturas que dan paso, en otro cuaderno, a las fotos y dibujos con que otro artista bosquejó, hace más de 15 años, una muestra que exhibió en esa misma sala del consulado.

La muestra cruza la producción de 10 artistas que residen en Argentina: Cristián Fernández Ocampo, David López Mastrángelo, Gabriel Altamirano, Héctor Meana, Isabel Aquino, Jair Jesús Toledo, Javier Ferrante, Juan Malka, Julim Rosa y Marcos Mangani; y otros seis radicados en Nueva York: Diana Drake, Dolores Furtado, Lorenzo Bueno, Luciana Pinchiero, Rafael Bueno y Sofia Quirno.

Bengolea dispuso los cuadernos en series de tres, cada uno con su respectiva silla, a lo largo de largas mesas con lámparas de lectura que evocan a las de las antiguas bibliotecas públicas, y en los espacios libres, enfrentadas, dispuso las sillas destinadas a quienes en lugar de manipular esas páginas deseen ver las proyecciones de lo que hay en ellas.

De esa forma se crea una situación de voyeurismo, donde el que mira la proyección ve al otro mirar los cuadernos, el mismo ejercicio que se propone al mostrar la intimidad de las notas que anticiparon cada exposición de esos artistas.

La muestra reflexiona, asimismo, sobre “los ejercicios de la megalomanía de internet, cómo nos presentamos a nosotros mismos a través de las redes sociales y cómo el umbral tecnológico se convierte en ese velo privado entre la verdad y la mentira”; y sobre la capacidad de impacto del dibujo, sobre todo si se trata del “resultado directo del enfrentamiento privado entre el artista interior y exterior”, advierte en el texto de presentación Javier Aparicio.

Además, supone el reto de reflexionar si estamos preparados para lidiar con “la materialidad de las cosas” y a transitar cada una de las preguntas que, igual que en un texto, comienzan o delinearse en un boceto.

Inaugurada el 6 de septiembre, con entrada gratuita de lunes a viernes de 9 a 17, “Cuadernos de artista” convive en el consulado con “Abundancia”, una muestra montada en la sala que da a la calle 56, donde la pintora argentina Marcela Mouján rescata el valor simbólico cultural de árboles nativos.

Bengolea coordina el Espacio Contemporáneo de Fundación PROA; creó y dirige el Espacio Virtual REDgalería y la publicación digital Proyecto RED; es curador independiente especializado en site-specifics y proyectos relacionados al dibujo; diseñó el concepto expositivo y la museografía del Museo de Periodismo Argentino Margen del Mundo; y este año co-curó, con Monika Dillier, el proyecto “¿Quién está dónde?”, realizado junto a 15 artistas de Basilea y Buenos Aires en Villa Renata, Basel-Suiza.

—¿Qué aúna a quienes participan de la muestra “Cuadernos de artista”?
—A los artistas los seleccioné por la diversidad, son personas muy jóvenes que realizan prácticas muy distintas: hay arquitectos, publicistas, performers, trabajadores de la moda, ilustradores, la idea es que el espectro se amplíe mediante cada una de las disciplinas que desarrollaron en esos cuadernos, que son todos originales: algunos realizados para esta muestra y otros seleccionados por los propios artistas para la ocasión.

—Esta intervención parece establecer un juego con el espectador.
—Claro, el público con interacción hace cumplir varios estatutos del arte contemporáneo. Por un lado, son los visitantes quienes están convirtiendo en obra de arte a esos cuadernos, cuando los repasan con los guantes que se usan en los museos para manipular piezas sin dañarlas; por otra parte, en ese colocarse los guantes, tocar los cuadernos, trasladarse o prender y apagar las luces las luces hay un acto performático que no hacen los artistas, sino el público visitante.

—¿Puede hablarse de esta muestra como el nuevo capítulo de un proyecto mayor?
—Por supuesto que se vincula con las anteriores muestras curadas junto a Aparicio, aunque en este caso fue invitado a escribir el texto, que se suma a la muestra como una fotocopia del original manuscrito del boceto final del texto, como un cuaderno mías. Esta exhibición va completando el mismo proyecto que inicié con los murales en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba), “Site specific dibujo”, que invitaba a los artistas a intervenir los pasillos, y que tuvo otras dos expresiones en la galería Quimera con “bosquejar esbozar proyectar”.

—¿Cuál es el valor del dibujo rescatado en este y los demás proyectos?
—Este capítulo se monta sobre las ideas de proyección, intimidad y voyeurismo en particular y, en general, sobre la idea de rescatar el gesto del artista, volver a lo primario en un mundo plagado de imágenes a partir de dispositivos virtuales, digitales y maquínicos. En ese contexto, también es una manera de rescatar el pensamiento del artista que, al ser ta jóvenes en general, la mayoría son sub30, lo que me interesa es saber en qué están pensando. De alguna manera se trata de indagar en el futuro, indagar en lo que será el futuro.

(*) Agencia de noticias Telam

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Marvel incluye en sus comics un Capitán América de la comunidad LGBTQ+

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La editorial de cómics de superhéroes Marvel anunció que este próximo de 2 de junio se publicará la primera serie del Capitán América protagonizada por Aaron Fischer, uno de los últimos personajes incluidos en ese universo que pertenece a la comunidad LGBTQ+ y lucha contra la opresión de ese colectivo.

Se trata de “Los Estados Unidos del Capitán América”, en la que el histórico Steve Rogers, el primer Capitán América, pierde su escudo en un robo y se reúne con otros héroes conocidos para iniciar un viaje a través de ese país y encontrar su característica arma.

Durante la travesía, el grupo conoce a distintas personas con variados trasfondos que en algún momento utilizaron el símbolo del superhéroe para defender sus comunidades, entre las que se encuentra Fischer, un adolescente inspirado por referentes y activistas del colectivo queer.

La historia del cómic fue escrita por el guionista Joshua Trujillo e ilustrado por la artista trans Jan Bazaldua, bajo la dirección de Christopher Cantwell y el dibujante Dale Eaglesham, los directores a cargo del proyecto.

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Gisela Lewin: “El folklore se vive, y aunque podamos estudiarlo e investigarlo, no podemos controlarlo”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Existe un desplazamiento sutil, el paso que despierta el movimiento; un lápiz acompaña la danza, la línea avanza sobre el papel, gira con los pies que la conducen, se detiene. Es brazo que se agita en el aire, es aire sobre los cuerpos que bailan, vacíos de tiempo, como una celebración cotidiana.

Gisela Lewin (La Levina) es profesora de Danzas Folklóricas Latinoamericanas e ilustradora. Su arte se mueve, baila sobre los papeles, más allá de los territorios donde nacen las danzas, justo en el punto donde cada cuerpo deja su huella en un lenguaje cargado de palabras.

ContArte Cultura charló con ella para entrar en su mundo creativo y sumarse al movimiento que despierta la pasión por la danza.

PH: Maxi Astorga

—Para comenzar, vamos a poner en tus manos un objeto imaginario. Es un pañuelo, y queremos que nos cuentes cuál es la primera imagen que te despierta. ¿Cómo percibís su textura y qué emociones te provoca? ¿Hay en sus repliegues algo que pueda hablarnos de vos?
—La primera imagen que se me viene es el movimiento. Es un objeto cargado de muchas cosas: experiencias, paisajes, personas, música, olores… Creo que somos una enorme comunidad que consideramos al pañuelo un elemento imprescindible. Siempre hay que tenerlo por las dudas y si son dos o más, mejor, para convidar. El pañuelo guarda, acompaña y propone historias ¡Si el pañuelo hablara! Claro que habla de mí, de quienes lo usamos, porque no todos los pañuelos son iguales y las preferencias son personales. El peso, el color, la transparencia, el tamaño, el estampado, la temperatura; todas características que pueden identificarnos cuando la circunstancia se prevé, porque otras veces el pañuelo es una servilleta de papel o una media arrebatada de urgencia y también habla de quien se anime a reemplazarlo. Es muy interesante y tal vez por eso aparece como marca en muchos de mis dibujos.

—¿Cuál fue tu primer vínculo con la danza?
—No tengo certeza de un inicio, sólo puedo contar recuerdos que me revelan bailando. Bailar fue jugar para mí. La música que me gustaba tenía que ser bailada. La que fuera. El folklore llega a mí en la escuela primaria, donde venía una maestra a enseñarnos. Pero yo bailaba Fito (Páez), Charly (García) y cualquier cosa que me gustara. Mi inclinación más consciente con el arte del movimiento empieza haciendo teatro. Cuando termino el secundario, decido irme a Buenos Aires para estudiar Arte Dramático y el día de la inscripción me tentó la carrera de Expresión Corporal, así que terminé en ella. Más adelante, me cruzo a la carrera de Danzas Folklóricas Argentinas. Así, llevada por el entusiasmo.

—¿Qué es lo que te sedujo del folklore latinoamericano?
—La diversidad. Los infinitos vericuetos del comportamiento social y cultural que atraviesan las danzas en sus territorios. Dediqué y dedico el tiempo que puedo para viajar. Los intercambios culturales son, para mí, el motor de mis movimientos. Son el combustible emocional que necesito para comprender, interpretar y luego compartir. Es muy importante entender, desde mi punto de vista y lo digo siempre, que el camino de un maestro/maestra/tallerista/danzante es único. Sólo así podremos reconocer y valorar la otredad, y sabremos también dónde y con quién queremos aprender de qué experiencia. La historia recortada que recibimos quienes estudiamos folklore en nuestro país es, como base, interesante y por supuesto merece respeto. Pero es necesario indagar, investigar, profundizar y cuestionar y cuestionarse las cosas, por más que un libro las diga. Pensarnos dentro de un territorio mucho más grande y complejo pone en evidencia muchas arbitrariedades y vacíos de fundamentos en la supuesta difusión del folklore, y creo que por defensa de nuestro trabajo damos un valor falso de imprescindibilidad. El folklore es la naturaleza de un pueblo, no así su difusión. Sí es imprescindible la existencia de políticas de Estado que garanticen la libre expresión popular, que den lugar al desarrollo cultural y difundan el arte en general de un pueblo. El folklore se vive, y aunque podamos estudiarlo e investigarlo, no podemos controlarlo. Latinoamérica es sinónimo de un pueblo históricamente manipulado, en plena lucha y transformación social, por lo tanto tiemblan mis seguridades personales respecto a las tradiciones y sé que las de muchos y muchas más. Desde todo esto que digo brota mi amor profundo a esta multiculturalidad o a esta mirada más abarcativa.

PH: Municipalidad de La Falda

—¿De qué manera creés que nos interpela el baile a través de sus movimientos?
—Como cualquier expresión artística creo que nos interpela aquella misma humanidad que somos en determinados momentos, que propone y comparte a través de un movimiento, una melodía o una pieza, su propia interpretación de la vida. Esa proyección, cuando se presenta auténtica, es capaz de alterar nuestro estado, aunque sea por un instante.

—¿Cómo surgió la idea de celebrar la danza mediante ilustraciones?
—No fue una idea. Fue casi un accidente. Siempre proyecté mis deseos del dibujo a otras personas artistas cercanas y no tan cercanas para que los concreten. Hace menos de dos años decidí hacer público mi primer dibujo bajo mi seudónimo La Levina y nada tenía que ver con la danza. Lo hice en un terrible contexto de incendios en mi provincia que está acabando con el bosque nativo -como en el sur ahora-. El dibujo es un zorro gris abrazando las piernas de un bombero y, sin esperarlo, se viralizó una y otra vez. Después, fui publicando casi a diario distintos dibujos, entre ellos algunos inspirados en danzantes actuales. Ahí me descubrí en comunicación con ese gran movimiento al cual pertenezco desde hace mucho tiempo, pero esta vez desde otro lugar, y fue maravilloso. Logré complementar la danza, tan efímera y tan lenta en su creación colectiva (porque así la vivo yo), con el arte del dibujo, tan individual, de producción casi inmediata y de eterna duración, pero sin perder el diálogo con el arte del movimiento y en plena conexión con aquella comunidad.

—Contanos cuál es el proceso que llevás adelante para crear a tus personajes danzantes.
—No tengo una metodología. Soy un desorden importante. A veces quiero dibujar pensando en alguien y lo hago desde el pensamiento mismo, otros desde algún registro fotográfico o también desde algún video. En cuanto al resto de los danzantes creados, esos personajes que no representan a nadie real, me alcanza una intención, me atraviesa y pone a dibujar. A veces ni siquiera sé qué están bailando, pero de a poco el dibujo me lo va diciendo, sus cuerpos me lo van pidiendo. Sucede que yo me acomodo a los personajes más que ellos a mí. Por supuesto que hay otros casos donde me planto con una idea previamente diseñada en mi cabeza, pero suelen ser los menos. Lo que me inspira mucho es el folklore vivo, las manifestaciones en la actualidad, las personas viviendo sus tradiciones sin darse cuenta.

—¿Qué técnicas y materiales utilizás habitualmente?
—Dibujo con lápices escolares, microfibras y lapiceras sobre hojas comunes de oficina. A veces creo que es importante mejorar eso y uso algunas hojas de buena calidad, pero en general dibujo sobre lo que tengo. Otras veces hasta reutilizo las hojas. Después escaneo los dibujos y si quiero -porque siempre sería necesario- corrijo algunos arrebatos y le doy algún color digital. No manejo profesionalmente herramientas digitales, por lo tanto hago un trabajo precario y me defiendo para lo que voy necesitando.

—¿Creés que es posible comunicar ese movimiento que genera el baile mediante tus dibujos?
—De mis dibujos, es lo único que creo. Porque mis dibujos son técnicamente imperfectos. Son como un boceto hasta el abandono. Entonces siento que lo único que los hace auténticos y especiales es que pueden comunicar algo y ese algo incluye el lenguaje del movimiento.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—En este momento pienso en la próxima agenda ilustrada, siempre buscando herramientas que lo hagan posible como los financiamientos colectivos. Eso lleva tiempo, dedicación e ideas claras. Mis agendas, por lo menos las dos primeras ediciones, son como un libro. Tienen biografías de danzantes actuales y textos emergentes de la danza. El plan es continuar con algo similar para la tercera.

—Para terminar y volviendo al objeto imaginario con el que empezamos esta charla, ¿qué sueño te gustaría soltar en la danza de ese pañuelo?
—El pañuelo, entre tantas otras cosas, también representa lucha, y sueño que al enarbolarlo podamos pensar y actuar para vivir una sociedad más sana, respetuosa, amorosa y justa.

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Los museos platenses reabren sus puertas

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Bajo estrictos protocolos de prevención sanitaria, la Municipalidad de La Plata pone en marcha la reapertura del histórico “Museo Almafuerte” y del “Museo y Archivo Dardo Rocha”, los cuales funcionarán con turno previo, y con horario y aforo reducido.

Luego de la suspensión de las actividades presenciales como consecuencia de la pandemia por Covid-19, la Comuna reabre las puertas de dos emblemáticos sitios de la ciudad, con una modalidad que contempla horarios y cupos reducidos y un estricto cumplimiento del protocolo sanitario vigente.

“Celebramos la posibilidad de que los museos históricos de nuestra ciudad puedan volver a abrir sus puertas y recibir visitantes que quieren conocer más sobre la vida de personajes tan importantes como Dardo Rocha y Almafuerte”, expresó el Secretario de Cultura y Educación del Municipio, Martiniano Ferrer Picado; al tiempo que enfatizó: “Estos espacios ofrecen un material muy interesante y significativo para difundir la rica historia de nuestra ciudad”.

Según se informó, tanto el “Museo Almafuerte”, ubicado en avenida 66 e/ 5 y 6, como el “Museo y Archivo Dardo Rocha”, sito en calle 50 e/ 13 y 14, permanecerán abiertos los días miércoles y viernes, de 10 a 13hs, con visitas de entre 20 y 30 minutos de duración y cupos de 3 personas del mismo grupo conviviente como máximo.

Quienes deseen visitar el Museo Almafuerte, deben solicitar turno comunicándose al teléfono 427-5631, de lunes a viernes de 9 a 13hs; mientras que aquellos interesados en recorrer la casa del fundador de La Plata, deben comunicarse previamente al 427-5591, los mismos días y en el mismo horario de atención.

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2019-79370965 Edición Nº