Jó Rivadulla: “Pienso mucho en forma de imágenes y el desafío es que las palabras no estorben”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini

Viajar es atravesar las fronteras de lo conocido para recorrer los laberintos de lo imprevisto; es detenerse para disfrutar el paisaje, ascender y descender, buscar y perderse, como si la vida fuera un enigma y nos invitara a descifrarlo.

Las obras del ilustrador, diseñador y escritor Jó Rivadulla invitan a un viaje fantástico, predisponen a desplazarse sobre las líneas y los colores, a caminar sobre las imágenes para absorber las palabras y detenerse en los rincones del paisaje para regresar a él cada vez que sea necesario.

ContArte Cultura conversó de manera virtual con el artista cordobés para recorrer sus senderos en el mundo de la ilustración y la palabra.

—Te proponemos que la puerta de entrada a esta entrevista se convierta en un portal que te conduzca a un espacio y a un tiempo indefinidos, ¿cuál es la primera imagen que percibís en ese mundo imaginario, qué colores predominan? ¿Cómo son las formas y las texturas? ¿Qué cosas que te representan se reflejan en ese paisaje?

—Me gusta este paisaje, medio real, medio de fantasía: hay un camino, que es peligroso y accidentado, y después un bosque, con su promesa de misterio y aventura. Los colores son más cálidos hacia adelante y hay un elemento de fantasía flotando en el fondo.

—¿Recordás cuál fue la imagen que representó tu punto de partida en el universo de la ilustración?
—Fue una caricatura de San Martín a caballo, hace unos 10 años. Se me había ocurrido la idea de hacer un mazo de naipes para jugar al truco que tuvieran ilustraciones de próceres y personajes conocidos de Argentina. En ese entonces no dibujaba y no tenía mucha idea de qué era la ilustración digital. Un año atrás había comprado una tableta digitalizadora, pero estaba juntando mugre en un cajón porque me había parecido incómoda y no sabía bien para qué usarla. Me propuse darle otra oportunidad a esa tableta y empecé a pintar un San Martín, con una técnica improvisada, pero el resultado me gustó. Entonces, durante algunos meses seguí trabajando en esos personajes hasta que tuve el mazo completo. Y sin darme cuenta me convertí en ilustrador.

—¿Qué no puede faltar en tu lugar de trabajo? ¿Qué elementos u objetos son imprescindibles en tu espacio creativo?
—No mucho: una computadora y una tableta para dibujar, y no deberían faltar parlantes o auriculares para escuchar música o algún programa que me resulte interesante de fondo.

—¿Creés que las imágenes constituyen una lengua universal, cuyas palabras invisibles atraviesan todas las edades y culturas?
—Puede ser, hasta cierto punto. En un nivel superficial, quizás todos puedan entender una misma imagen, aunque hablen un idioma diferente y tengan edades muy distintas. Pero si hilamos más fino, el significado que encuentran en esa imagen puede ser muy diferente según la cultura y la experiencia personal. Si es una lengua universal, se trata de una mucho más impredecible.

—¿Cómo llevás adelante la creación de tus personajes?
—Lo primero que hago es buscar muchas referencias, ya sea de otros dibujos, de la naturaleza, encontrando una fuente inagotable de ideas e inspiración en las criaturas marinas y los insectos y microbios. Después, boceto durante un buen rato hasta que sale algo que me llama la atención. Y entonces lo voy “puliendo”. El proceso, en mi caso, es más parecido a una escultura que a una pintura, porque trabajo más con formas, colores y luces, que con líneas y contornos.

—¿Con qué técnicas trabajás habitualmente?
—Casi todo lo que hago es digital, en la computadora, con la ayuda de una tableta digitalizadora y un lápiz sensible a la presión. Es posible trabajar imitando muchas técnicas “analógicas”, como la acuarela, el óleo, la tinta, el collage… Últimamente me estoy inclinando por técnicas más pictóricas y expresivas, donde la pincelada tiene presencia y el accidente forma parte de la narrativa de la ilustración.

—La novela gráfica “Nahuel, el niño jaguar”, que trabajaste en conjunto con el ilustrador Iván Zigarán, recorre distintos paisajes y culturas y es una invitación a mirar y respetar a la naturaleza, ¿cómo vivieron el proceso creativo y qué te gustaría resaltar de esa obra?
—Ese libro nos llevó casi tres años de trabajo, porque lo hacíamos en nuestros ratos libres, pero no teníamos un contrato ni una editorial esperándolo. Para ambos fue la primera vez trabajando en una novela gráfica y tuvimos que aprender muchísimo sobre la marcha, pero fue una experiencia enormemente enriquecedora. No respetamos la separación tradicional entre los roles de dibujante y guionista, sino que todo el proceso fue compartido. Nos juntábamos a conversar los posibles giros del argumento, a imaginar escenas y a planear los juegos que incluimos en medio de la historia, y aunque yo casi no dibujé, sí ayudaba con el coloreado de las páginas. Desde entonces he aprendido muchas cosas sobre cómo contar historias, y quizás si tuviera que escribirlo de nuevo habría mucho para cambiar, pero es un libro que siento que tiene un alma especial y que ha sido muy bien recibido por lectores y lectoras.

—¿Cómo lográs que las palabras se fusionen o completen las imágenes en tus libros?
—Pienso mucho en forma de imágenes y el desafío es más bien hacer que las palabras no sobren y no estorben. Todo el tiempo me pregunto “¿puedo decir esto con menos?” o incluso “¿hace falta decir esto?”. Si respondo bien a esas preguntas, entonces lo que queda debería fusionarse bien.

—Para finalizar, contanos en qué proyectos estás trabajando por éstos días.
—Este año, que viene un poco raro por la pandemia, me estoy enfocando casi exclusivamente en la escritura. Estoy terminando la tercera entrega de Alan Ventura, que es una saga de novelas de aventuras. Si bien tiene ilustraciones y fragmentos de historieta, yo solo me encargo de los textos e Iván Zigarán hace las imágenes. Y también estoy trabajando en los guiones de una nueva serie de novelas gráficas infantiles, originalmente planeada para fin de año, pero que posiblemente vean la luz en 2021.

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