Paula Adamo: “Los detalles en cada trabajo son los que los vuelven únicos, todos llevan algo escondido”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini /
Fotos: Lautaro Sánchez Adamo //

Los materiales esperan, cada textura resbalando sobre la otra. Un detalle, como si fuera una voz, emerge entre líneas blandas, hay una búsqueda arrugada; los ángulos recortados en el plano dan paso a una síntesis de las palabras.

Allí, la ilustradora Paula Adamo encuentra el punto de partida, un comienzo, la búsqueda de una voz, como texto escondido, que surge entre líneas y texturas para dar vida a sus personajes.

ContArte Cultura dialogó virtualmente con la autora para entrar a su mundo creativo y atravesar las páginas de algunas de sus obras.

—Vamos a comenzar esta entrevista dejando en tus manos cinco materiales: papel, arcilla, cartón, madera y vidrio. ¿Qué características de cada uno de ellos te servirían para presentarte? ¿Hay otros materiales con los que te sientas identificada?
—¡Qué desafío presentarse a través de las características de estos cinco materiales! Los tomo entre mis dedos y con los cinco sentidos; pienso de forma desordenada, tal vez la transparencia del vidrio, lo moldeable de la arcilla, la fragilidad de un papel… algunos me gustan mucho, otros poco y otros nada. Me imagino estas características combinadas, superpuestas, de forma caótica como es mi trabajo, tan variadas cómo mis emociones, volviéndose un collage en movimiento.

—¿En qué momento descubriste tu gusto por la ilustración?
—El gusto por la ilustración lo descubrí cuando me di cuenta de que disfrutaba mucho buscando libros ilustrados para mis hijos. Encontré un mundo increíble y quería ser parte. Entonces descubrí que la ilustración, los libros, eran un soporte maravilloso para trabajar, un espacio de búsqueda y juego que hasta hoy me sigue atrapando.

—¿Qué es lo que define tu mesa de trabajo? Contanos qué no puede faltar en ese espacio creativo.
—Mi mesa de trabajo es un simple tablón con caballetes, dentro de un taller muy luminoso, habitado por toda mi familia. Por mi mesa pueden pasar el gato, alguna tarea escolar de mi hija, la tierra que vuela cuando abro la ventana, viento que también vuela los papeles que voy usando en mis trabajos. Creo que lo que la define es el movimiento… Y este movimiento no puede faltar, es el que me hace jugar con “papelitos de colores” con mis lápices, con la goma que me ayuda a crear texturas, a borrar y reescribir todas las veces que necesite una línea nueva. Infaltable también es un buen pegamento y un pincel ancho para limpiar los restos de goma, grafito y viruta que van quedando por ahí.

—¿Con qué técnicas y materiales trabajás habitualmente?
—Para trabajar utilizo básicamente la técnica de collage. Me gusta decir que mis trabajos son cómo rompecabezas, en los que utilizo varios recursos. Siempre que empiezo algo nuevo me propongo no atiborrarlo de elementos, pero es más fuerte que yo. Siempre arranco con la tan temida hoja en blanco, sobre ella voy colocando recortes de distintos papeles, cuanto más transparentes, manchados o viejos mejor. Uso mucho fotografías antiguas, las escaneo, las imprimo y hago transfer, a veces me animo y las recorto, también uso imágenes de libros viejos, o revistas. Cuando tengo armado este rompecabezas en capas, que a veces me lleva días de ver y mirar y cambiar elementos de lugar, los pego y empiezo a dibujar. Dibujo con lápices de grafito, con tinta, con lápices de colores, las líneas y texturas van completando la imagen, uso la goma para limpiar algunas zonas, para volver al blanco del papel o para generar texturas. Borro y vuelvo a manchar muchas veces y hasta puedo buscar y volver a pegar algún papel encima y volver a dibujar. Son capas de muchos elementos que se van superponiendo hasta que llega el detalle final, algún papel especial, muchas veces recorte de recorte que guardo en una caja aparte. O una palabra escrita con grafito, o recortada y pegada, o algún sellito que voy haciendo y quedan para usar al final.

—¿Qué importancia tienen los detalles en cada obra? ¿Hay voces escondidas en cada uno de ellos?
—Los detalles en cada trabajo son los que los vuelven únicos, todos llevan algo escondido, que tal vez otra persona al verlos no se da cuenta, pero están ahí. Por ejemplo, en Ojos de mirar y ver hay una página en la que vuelan mariposas, están todas dibujadas por mis tres hijos, les pedí especialmente a cada uno que las dibujara y después las recorté y pegué una por una, dos de ellos ya son grandes y en ese detalle quedó guardada la voz de su infancia, un cachito de ese momento compartido. En Humo la página del corte de ruta tiene un grupo de personas con una pancarta, lo que tiene escrito es un recorte de un cuaderno de mi hija más chica, de cuando jugaba a escribir, antes de empezar la escuela. Para ella era su escritura a los cinco años y ahora es la voz de lucha en la pancarta de ese corte de ruta. Y así hay muchos detalles, que guardan secretos escondidos, el libro de Quinquela, el pintor de La Boca, el primero que ilustré y que también quiero mucho, tiene una página que representa el puerto, con hombres trabajando, cargando bolsas, esos personajes están hechos con sellos basados en dibujos de Lautaro, mi segundo hijo, que por esos días dibujaba barcos piratas cargados de hombres palito que luchaban incansablemente. Y así podría seguir contando detalles, casi secretos, que voy dejando en las ilustraciones.

—¿Cómo nacen tus personajes? ¿De qué manera lográs verlos surgir entre líneas y texturas?
—Nacen de la mezcla de muchos elementos, de muchas pasadas del lápiz y la goma, de algún detalle que registra un momento especial, de algún papel gastado que le da ese toque, como si fuera un nombre propio. Generalmente mis personajes surgen de alguna foto vieja, muchas de ellas encontradas en la calle. Las escaneo, las imprimo, las transfiero al papel con acetona y sobre esa mancha que queda estampada empiezo a jugar. A elegir alguna característica que se va repitiendo a lo largo del libro e identifica al personaje. La niña de Humo, lleva unas alitas todo el tiempo y en la página final aparecen colgadas en la ventana de su casa. Emilia mi hija, llevaba todo el tiempo unas alitas así.

Paula durante la presentación de “Ojos de mirar y ver”

—¿Cómo viviste la experiencia de ilustrar para libros álbumes como “Ojos de mirar y ver” o “Humo”, ambos de Ediciones de la Terraza?
—Son dos libros que quiero muchísimo, dos proyectos muy diferentes, en los que trabajamos mucho con Didi Grau en Ojos… y con Ramón Paez en Humo. Lo que ambos sí tienen en común es que me llevó mucho tiempo ilustrarlos, y que con ambos llegamos con los proyectos casi listos a Ediciones de la Terraza, donde los albergaron en su catálogo casi de inmediato, y con mucho amor. Ojos… surgió de la invitación de Didi para que ilustrara la historia de una nena que tenía un árbol de tilo en la puerta de su casa, un árbol que para los demás era indiferente y hasta molesto. Un árbol que solo ella podía ver y disfrutar. Ojos… deja en evidencia en cada página la diferencia que hay entre ver y mirar, a través de la mirada de esta niña. Fue un placer enorme hacer este libro junto a Didi, aprendí mucho de ella, que además de escribir hermosamente es una gran ilustradora. Disfruté mucho cada página ilustrada, jugar con las manchas del árbol, buscar en mi memoria elementos, recuerdos y sensaciones de los veranos de mi infancia transcurrida en el conurbano, para reflejarlas de alguna forma en el papel. El encuentro entre mi infancia y la de mis tres hijos, a través de sus páginas. Lo que siguió es la aventura de su publicación, los queridos editores y editoras de Ediciones de la Terraza nos propusieron participar de una campaña de financiamiento colectiva a través de “Panal de ideas”, así logramos conseguir los recursos para poder publicarlo. Fueron 246 personas las que colaboraron para que este y otros dos libros más pudieran llegar al papel. Hasta ahora me emociona todo el camino que recorrió Ojos de mirar y ver. Que además incluye en su historia haber sido “Recomendado de Alija 2017”. Humo también surgió de una invitación, Ramón y Carola, quien es su esposa y editora, me propusieron ilustrar esta historia tan sensible y compartida por muchas personas, que imaginé desde un primer momento como un álbum de fotografías familiares, que al ir pasando hoja por hoja nos relata con sus imágenes una cadena de recuerdos basados en los olores. La niña protagonista conecta esos recuerdos con momentos importantes de la historia de su familia y la comunidad donde vive. Esa historia termina en una protesta en una ruta y en un momento muy difícil de lucha por sus derechos. Este libro nos llevó mucho tiempo realizarlo, fueron muchos los encuentros de trabajo y de construcción conjunta. Fue sufriendo muchas modificaciones hasta que estuvo por fin terminado y llegó felizmente a manos de los editores de Ediciones de la Terraza.

—Otro libro álbum muy especial es “Como una guerra”, editado por Del Eclipse, ¿cuál fue el punto de partida de esas páginas compartidas con el escritor Andrés Sobico?
Como una guerra es un libro muy especial, por el tema que toca y la forma tan sutil de contarlo. El punto de partida fue una gran casualidad. Con Andrés nos encontramos a través de nuestros trabajos, en realidad su texto y mis dibujos se encontraron primero. Él asistía al taller de Graciela Repún en la Cárcova, simultáneamente yo asistía al Seminario de Libro álbum que daba Istvan Schritter allí mismo. Un día, a finales de 2006, nos proponen hacer un ejercicio que consistía en colocar en un sobre ilustraciones y textos. La idea era dejarlos en una mesa y luego tomar un sobre al azar, cada escritora o escritor tomaría una ilustración y cada ilustradora o ilustrador un texto. El objetivo era invitarnos de esa forma a generar proyectos en conjunto. Recuerdo haber estado toda la semana pensando qué poner en el sobre. Venía trabajando hacía un tiempo en una serie de dibujos sobre juguetes, especialmente soldaditos de plástico. Eran imágenes muy fuertes, cargadas de sentido, y me resultaba difícil pensarlas como ilustraciones de un libro. Pero me gustaban y elegí una. Andrés eligió el texto de Como una guerra para participar de este juego. Lo cuento y me sigue pareciendo increíble, éramos muchos ilustradores e ilustradoras, escritores y escritoras, en un aula de la Cárcova. Todos elegíamos un sobre sin saber lo que contenía y yo tomé el que tenía el texto de Andrés, y él el que tenía mi dibujo con soldaditos de juguete. Así nos conocimos, buscándonos con la mirada y el trabajo del otro en la mano, hasta que nos encontramos entre la multitud. Después siguieron muchos meses de trabajo conjunto, años… hasta que el proyecto llegó a Del Eclipse, de la mano de Ana Lucía e Istvan.

—¿Qué proyectos están en movimiento por estos días quietos?
—Son días raros, de tiempo suspendido en el aire, donde no sucede nada y pasa de todo al mismo tiempo. Desde que comenzó el aislamiento estoy colaborando con las Reseñas De Boca de Sapo, me toca poner imágenes a estos relatos de pandemia que van dialogando con la realidad semana a semana y que salen publicados todos los viernes en la revista. Es un proyecto diferente para mí, que me interpela cada semana, pero a la vez me da el espacio de experimentar gráficamente y aportar con mis imágenes, mi voz, a estas reseñas cargadísimas de realidad cruda y pura. A la vez, he retomado un proyecto propio, que ya tiene un tiempo dando vueltas por mi mesa en movimiento. Es una historia muy sencilla, basada en un juego que hacía de niña con la flor del ceibo, y relata en imágenes el encuentro mágico entre una niña o un niño, el ceibo con su sombra anclada y una flor, que a través de este juego se convierte en algo más… veremos en que deviene. Otro proyecto que sigue dando vueltas desde hace tiempo, muy intenso, es un registro de gritos de madres, escritos por una amiga, que espero logre tomar forma finalmente.

—Para terminar, te invitamos a dejar un deseo en alguno de los materiales del comienzo.
—¿Un solo deseo? ¡Qué difícil! Porque deseo mucho, para todas y todos, y para mí como parte de ese todo. Pero lo que más deseo es que podamos aprovechar este tiempo raro, que florezca la empatía y se esparza por todos lados, que entendamos por fin que nos necesitamos para moldear, como si fuera arcilla, esta nueva realidad y hacerla más amena.

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