Sol Cófreces: “Me gusta observar la naturaleza, ahí está toda la información que necesito para pintar”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

El paisaje exhala palabras, un lenguaje fresco asciende por encima de las texturas, las líneas se proyectan sobre la punta del lápiz, los colores se pegan como gotas a las cerdas de un pincel necesitado de palabras.

Todo se funde, como si el paisaje necesitara expresarse, como si las voces dormidas pudieran despertar una historia.

Sol Cófreces lleva en su interior las texturas del paisaje que habita, es parte de esas líneas, de los aromas y sabores de esa isla donde las formas se revelan en un lenguaje sutil, con los colores del viento.

En un diálogo a distancia con ContArte Cultura desde su querida Tierra del Fuego, la artista nos cuenta de su arte y de la influencia de los paisajes que la rodean.

—Comencemos esta charla con una especie de juego que nos conecte a la distancia. Te pedimos que abras una ventana, que te detengas en algún elemento del paisaje con el que te sientas atraída en ese momento y que nos cuentes qué dice de vos ese objeto.
—Desde mi taller tengo vista hacia las montañas. Me identifico, por un lado, con la contención que dan, ya que nos reparan de los fuertes vientos, y por otro este sentimiento de ser parte de ellas, de la naturaleza.

—¿En qué momento sentiste que era posible narrar a través de las imágenes?
—Siempre pinté, desde chica. Muchas veces había una historia dentro de mis pinturas. Pero lo hice consciente cuando fui madre de mi primer hijo, a través de un libro álbum que me trajo de regalo mi hermano mayor que vive en Francia.  Eso me llevó a reconectar con los libros de mi infancia, lo que producían en mí esas historias y sus imágenes. Y en ese proceso llegó un encargo para ilustrar una leyenda Shelk´nam.

—¿Cómo lográs capturar las líneas y las texturas de la naturaleza que te rodea para luego convertirlas en pinceladas de arte sobre el papel?
—Me gusta observar la naturaleza. Creo que ahí está toda la información que necesito para pintar. Y a la hora de interpretarla, pruebo diferentes técnicas mixtas hasta que doy con lo que quiero. La paleta de color siempre está relacionada a mi entorno, que ejerce una gran influencia en mí. Me detengo también en lograr combinaciones de color armónicas que produzcan sensaciones positivas.

—¿Contarnos qué es imprescindible en tu espacio de trabajo, en tu usina de creatividad?
Un mate, mis pinceles y pinturas, música o algún podcast o charla interesante. Y mi biblioteca…

—¿Con qué técnicas y materiales trabajás habitualmente?
—Por lo general lo hago con técnicas mixtas. Realizo una base en acrílico o gouache, y también suelo poner textura como gesso, o alguna pasta que elaboro. Luego trabajo con oleos. Me gusta mucho superponer capa sobre capa. La pintura adquiere una dimensión diferente. Y también me gusta porque nunca sabes cómo va a quedar, es intuitiva. En una ilustración la imagen suele estar más elaborada, porque hay bocetos y coherencia en la historia, pero el proceso de los originales es el mismo.

—¿En qué libros diste tus primeras pinceladas como ilustradora?
—Mi primer libro fue El hombre Sol y la mujer Luna, que realice con xilografías. El grabado es otra disciplina que me gusta mucho incorporar.

—¿Cómo llevaste adelante el proceso creativo de “Romance de la duquesa”? ¿De qué manera trabajaron el texto de María Clara Vickacka, junto con tus imágenes, para lograr la síntesis narrativa de ambos lenguajes?
Clara me visitó un día y me mostró el texto. Me encantó ni bien lo leí. Conocía el mascaron y un poco su historia, pero quedé maravillada de todos los detalles. A partir de ahí fue un trabajo tranquilo y en concordancia. Pudimos ponernos de acuerdo en algunas cosas al principio, y luego avance por mi cuenta. En el proceso hubo varios momentos de compartir mi proceso creativo con ella. Luego vino la publicación, a través de la editora de Tierra del Fuego. Pero en un principio fue confianza pura en el proyecto, sin saber cómo haríamos para publicarlo.

—¿Cuáles fueron las semillas que dieron vida a “Mi nombre es Ushuaia”, un libro en el que la historia, la geografía y la biodiversidad de la isla se despliegan en una niña y un viaje?
Mi nombre es Ushuaia es una historia que rondaba mi cabeza hace más de 10 años. Una colección de libros de cuando era pequeña contaba su propia historia de lugares como si estuvieran vivos, y pensé que sería muy lindo poder contar un poco la historia del lugar donde vivo de esa forma. A su vez, creo que todos estamos en un viaje de búsqueda y quise dejar esa pregunta para quien lea el libro. Niños y adultos. Otra vez la naturaleza está muy presente, casi en primera persona. Ushuaia es una niña, el espíritu del lugar que no tiene tiempo ni espacio.

—¿Qué proyectos forman parte de tus días en este tiempo de aislamiento?
—Estoy trabajando mucho. Volviendo a la pintura de gran formato y también investigando para abrir una tienda online en la que se van a poder encontrar mis libros en venta, tanto la versión en papel como los PDF. Y también traducido al inglés. Respecto de la tienda, va a haber originales de mis pinturas y objetos que estoy haciendo, como unos móviles de aves de Tierra del Fuego, o juegos para niños relacionados con la fauna fueguina, entre otras cosas.

—Volviendo a la imagen del comienzo, ¿qué sueño o deseo te gustaría dejar colgado de ese paisaje que entra por la ventana?
—Poder fusionarnos cada vez más con la naturaleza, comprenderla y valorarla. Estar en sincronicidad.

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