Literatura
Casa tomada
Julio Cortázar
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
FIN
Literatura
Fútbolsonetos: un homenaje literario a la Selección argentina
La pasión futbolera y la poesía se cruzan en “Fútbolsonetos”, el nuevo libro de la escritora Andrea Kobilsky que propone una mirada sensible, irónica y emotiva sobre dos hitos de la historia argentina: los mundiales de México 1986 y Qatar 2022. Publicado por Halley Ediciones, el poemario convierte jugadas, cábalas y figuras emblemáticas de la Selección en materia literaria.

La obra reúne sonetos dedicados a futbolistas, entrenadores y escenas inolvidables que marcaron generaciones. Desde Diego Maradona y Lionel Messi hasta Emiliano “Dibu” Martínez, Jorge Burruchaga y Lionel Scaloni, los textos funcionan como pequeñas postales poéticas de la memoria colectiva argentina.
Lejos de una propuesta solemne, el libro apuesta por un tono cercano y lúdico que dialoga tanto con lectores habituales de poesía como con fanáticos del fútbol. Entre referencias a tatuajes, relatos radiales, supersticiones y momentos decisivos de finales mundialistas, Kobilsky construye un universo donde la emoción popular y el lenguaje literario se potencian mutuamente.
“En estos sonetos conviven los tatuajes de Otamendi, las gomitas Mogul que comparten De Paul y Paredes antes de cada partido, los relatos de Víctor Hugo y el amor incondicional a Messi, Maradona, Scaloni y Bilardo”, señaló la autora sobre el espíritu del libro.
Además de los poemas dedicados a las conquistas mundialistas, “Fútbolsonetos” incorpora un apartado de haikus inspirados en Qatar 2022, ampliando el juego formal y el vínculo entre literatura y fútbol.
Andrea Kobilsky es politóloga y participa desde hace años en talleres y residencias literarias junto a autores como Alejandro Zambra, Santiago Llach y Rafael Otegui. La presentación del libro se realizará el martes 9 de junio a las 18 en El Rincón de Loyds – Espacio de Libros, ubicado en Parera 50, en la Ciudad de Buenos Aires.
Literatura
La prensa, del papel y la tinta a los bytes
por Luis Carranza Torres (*)
Hacía apenas doce días que la ciudad había vivido la convulsión de la Revolución de Mayo. El Cabildo aún resonaba con los debates entre realista y patriotas y se olfateaba el cambio político en el ambiente. Uno de corte ilustrado, pero que no terminaba todavía de tomar cuerpo.
En ese clima de incertidumbre y esperanza, un hombre de treinta y dos años —abogado, secretario de la Primera Junta y alma jacobina de la revolución— había tomado la pluma para cambiar para siempre la historia de la prensa argentina. En tal jornada Mariano Moreno sacó a la calle el primer número de La Gazeta de Buenos Ayres.
Los antecesores
No era el primer periódico del Río de la Plata. Ese honor le correspondía al Telégrafo Mercantil, fundado en 1801 por Francisco Antonio Cabello y Mesa, que duró apenas dos años antes de ser clausurado por las autoridades coloniales.
Impreso en la Real Imprenta de Niños Expósitos, el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata fue el primer periódico del país.
Bajo la inspiración de Manuel Belgrano, por entonces secretario del Consulado de Comercio, vio la luz el 1º de abril de 1801. Entre sus colaboradores oficiaban algunos jóvenes que protagonizarían el proceso de emancipación como Juan José Castelli y el propio Belgrano, además de notables autores como el naturalista alemán Tadeo Hanke y el futuro director de la Biblioteca Pública Luis José Chorroarín.
En su primer número Manuel de Lavardén, ya consagrado como filósofo y dramaturgo publicó su “Oda al majestuoso Paraná” considerada la primera obra significativa de la literatura nacional.
En el Telégrafo Mercantil se publicaban noticias de la vida económica y social y sátiras de costumbres en las que se deslizaban críticas al gobierno que acabaron por disgustar al Virrey. El anhelo de soberanía de una nueva generación iba cobrando voz: en sus páginas se popularizó la denominación “argentino” para designar el gentilicio de nuestro país.
Tras haber publicado 110 números de frecuencia bisemanal, varios suplementos y números extraordinarios dejó de aparecer en octubre de 1802.
Le siguió el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio (1802) de Juan Hipólito Vieytes, un periódico de ideas ilustradas que circuló durante siete años. Y apenas cuatro meses antes de la Gazeta, el 3 de marzo de 1810, Manuel Belgrano —aún bajo la aprobación del Virrey Cisneros— había lanzado el Correo de Comercio, un semanario que dirigió junto a Vieytes y que dedicó sus páginas al comercio, la agricultura, la educación y las ideas ilustradas.
Belgrano lo usó como tribuna para difundir sus convicciones: en sus páginas denunció veladamente al gobierno colonial y abrió, en sus propias palabras, “los ojos a sus paisanos”. El Correo de Comercio circuló durante 58 números hasta abril de 1811, cuando dejó de tener sentido ante la existencia de la Gazeta.
Pero la Gazeta era otra cosa. Moreno la concibió a dicho periódico semanal como un instrumento político al servicio de la revolución y así lo declaró sin rodeos en su primer número: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes”. Era una declaración de guerra simbólica contra el secretismo colonial.
En la redacción colaboraban también Manuel Belgrano, Juan José Castelli y el sacerdote Manuel Alberti, quien figuraba formalmente como editor. La imprenta era modesta —tipos de plomo, una prensa de madera— pero las ideas que salían de allí eran explosivas.
Si bien se trataba de un periódico oficial, también dejaba establecido un principio no menor para la prensa y discusión libre de las ideas: la información estatal no solo es pública sino que es un deber de los gobernantes ponerla a disposición de sus ciudadanos. Dejó de publicarse en 1821.
Normativas de prensa
La Junta Grande sancionó el Decreto de Libertad de Imprenta el 20 de abril de 1811, primera norma sobre la libertad de prensa que establecía que “todos los cuerpos y personas particulares, de cualquiera condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación”.
Tanto los textos de las Constituciones de 1819 como de 1826 consagraban la libertad de los ciudadanos de expresarse a través de la prensa sin censura previa, sin perjuicio de tener luego que responder por los delitos que cometieran o abusos contra el honor de las personas.
La Constitución de 1853, de base federal y liberal alberdiana, fijó los pilares definitivos y modernos de la prensa argentina mediante dos artículos fundamentales que actúan de forma conjunta: El 14 que consagra el derecho de todos los habitantes de la Nación de “publicar sus ideas por la prensa sin censura previa” y el 32, incorporado en la Reforma de 1860 que establece que: “El Congreso federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal”.
La prensa como tribuna política
Tras la organización constitucional de 1853-60, la segunda mitad del siglo XIX argentino fue, en buena medida, una batalla de periódicos. El Argos de Buenos Aires, La Abeja Argentina, El Iniciador, La Moda —el periódico de Juan Bautista Alberdi— y decenas de publicaciones más formaron el campo de batalla donde unitarios y federales, liberales y conservadores, dirimieron sus diferencias antes de hacerlo con las armas.
Domingo Faustino Sarmiento, quizás el periodista más prolífico del siglo, fundó o dirigió más de doce periódicos a lo largo de su vida. Bartolomé Mitre creó La Nación en 1870 con una declaración de principios que todavía figura en su encabezado: “tribuna de doctrina”. Los diarios no eran medios neutrales: eran actores políticos, voces de facción, instrumentos de poder. Y todos lo sabían.
Antes de las revistas de información general, el debate público y la crónica de la actualidad encontraron su formato más audaz en la prensa satírica y caricaturesca. El Mosquito, fundado el 24 de mayo de 1863 por el francés Henri Stein, se convirtió en el periódico político-satírico más influyente y duradero del siglo XIX argentino.
Su principal valor residía en el uso de la litografía. A través de caricaturas mordaces, retrataba a las grandes figuras de la época (Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca) desnudando las contradicciones de la vida política nacional.
Demostró el enorme poder de la imagen y el humor para narrar la realidad social y política, abriendo el camino para las publicaciones ilustradas que llegarían décadas después.
Caras y Caretas —fundada el 8 de octubre de 1898 por Eustaquio Pellicer, con la dirección de José S. Álvarez (el célebre escritor “Fray Mocho”)— inventó el concepto moderno de revista de interés general.
Fue pionera en incorporar de manera masiva la fotografía directa y el color en sus portadas. Rompió con la solemnidad tipográfica de los diarios tradicionales introduciendo un diseño ágil, donde el texto y la imagen dialogaban constantemente.
Su fórmula combinaba la sátira política (heredada de El Mosquito) con notas de actualidad, crónicas policiales, modas, adelantos científicos y literatura de alta calidad (allí publicaron figuras como Horacio Quiroga o Roberto Payró).
Un nuevo siglo con nuevas formas
Con el siglo XX llegaron las grandes empresas periodísticas y los cambios de formato.
El hito fundacional de la prensa filmada en el país ocurrió el 23 de octubre de 1900. Ese día, el pionero franco-argentino Eugenio Py capturó con su cámara la llegada a Buenos Aires del presidente de Brasil, Manuel Ferraz Campos Salles, quien fue recibido por el mandatario argentino Julio Argentino Roca.
A partir de allí, empresarios como Max Glüksman crearon secciones de actualidad (como el Actualidades Glüksman o Glüksman Journal en la década de 1910) en el cine.
Hacia la década de 1910, el mercado de lectores se había expandido notablemente gracias a la alfabetización masiva. El periodista y empresario uruguayo Constancio C. Vigil entendió que ya no alcanzaba con una revista que hablara “un poco de todo” para “toda la familia”. El secreto del futuro editorial estaba en la segmentación absoluta: crear un producto específico para cada miembro del hogar y cada sector productivo.
Para llevar adelante esta estrategia fundó la Editorial Atlántida, dando vida a tres pilares de la especialización de nicho en la prensa argentina: Chacra (1930), concebida para ser la herramienta técnica y el espacio de expresión del productor rural; Para Ti, destinada a la mujer moderna y el consumo del público femenino urbano, fue el 16 de mayo de 1922, siendo la revista femenina más longeva del mundo de habla hispana, que además de temas de hogar, costura y cocina, introdujo las crónicas de viajes, tendencias de la moda europea y debates sobre el rol social femenino; por su parte Billiken fue una revista aparecida en 1919 destinada a los niños y a ser un complemento pedagógico indispensable de la escuela pública argentina, mezclando pasatiempos, historietas y cuentos de aventuras con láminas escolares de geografía, ciencias exactas y, por sobre todo, una fuerte construcción de la iconografía histórica nacional, tuvo un éxito fue tan arrollador que llegó a distribuirse en toda Hispanoamérica, logrando el récord Guiness como la revista infantil más antigua del mundo en circulación comercial.
Fundado en 1913 por el uruguayo Natalio Botana, el diario Crítica revolucionó el panorama de las primeras décadas del siglo XX al entender que el diario no solo debía informar, sino también entretener y capturar el pulso de la calle. Introdujo títulos catástrofe con tipografías gigantes, un uso masivo de fotografías e ilustraciones, y una cobertura policial (la sección de “Policiales”) con un tono literario y atrapante. Vanguardia Cultural, el suplemento de los Sábados, reunión a las mejores plumas de la época, incluyendo a Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Raúl González Tuñón y Ulyses Petit de Murat. Se convirtió en el diario más vendido de habla hispana. Dejó de circular definitivamente el 30 de marzo de 1962.
Radio, cine, el tabloide y la tele
En cuanto a la radio, luego de la mítica transmisión de los “Locos de la Azotea” el 27 de agosto de 1920, el desarrollo informativo fue muy veloz: en tan solo dos décadas se pasó de la de la lectura de boletines con noticias sacadas de diarios, a los programas especializados como el de Víctor D’Ápice en 1925 “Informativo Ganadero”, el surgimiento en los años 30 en las emisoras de sus propios servicios de noticias estructurados con cuerpos de “radioreporteros”, a, finalmente, la estructura empresarial de los informativos como el Repórter Esso en 1940.
El 26 de agosto de 1938 fue la primera emisión de Sucesos Argentinos, el primer noticiero cinematográfico propiamente dicho con estructura industrial, periodicidad semanal, sonido y alcance federal. Fundado por el empresario periodístico y publicitario Antonio Ángel Díaz, tuvo durante más de tres décadas, una presencia en el inicio de cada función cinematográfica en el país, llegando a exhibirse en más de 800 salas en todo el territorio. Se caracterizó por un tono marcadamente patriótico, didáctico y solemne.
El diario Clarín, fundado el 28 de agosto de 1945 por el doctor Roberto Noble, irrumpió en el mercado periodístico argentino con una propuesta absolutamente revolucionaria para la época. Mientras los diarios tradicionales como La Prensa o La Nación mantenían un estilo decimonónico, formal y doctrinario, Clarín nació con una impronta moderna que marcó el pulso del periodismo de la segunda mitad del siglo XX.
A diferencia de los grandes diarios de formato “sábana” o “broadsheet”, Clarín optó desde su primer número por el formato tabloide, más pequeño y compacto, pensado específicamente para el ciudadano que viajaba en colectivo, tranvía o subte; era un diario fácil de doblar, cómodo de leer en el transporte público y visualmente mucho más ágil.
No escatimó en el uso de recursos visuales. Introdujo portadas muy limpias pero de gran impacto, con títulos en tipografías de molde bold (gruesas) que llamaban la atención en los quioscos de diarios. Las fotografías comenzaron a ocupar un rol central de testimonio gráfico de la actualidad, dejando atrás las densas páginas repletas de texto uniforme de sus competidores.
En lugar de publicar las editoriales larguísimas y crónicas kilométricas con un lenguaje sumamente complejo, Clarín impuso el rasgo de la síntesis periodística con títulos claros, textos directos, oraciones cortas y un fuerte uso de la pirámide invertida.
Noble comprendió que la cultura de masas del siglo XX pasaba por el ocio, el entretenimiento y las pasiones populares, por lo que desde sus inicios, el diario le otorgó una cobertura inédita al fútbol local, al turf y al automovilismo (las grandes pasiones argentinas de la época). Asimismo, la sección de espectáculos (teatro, el floreciente cine nacional y la radio) ocupó un lugar de privilegio, convirtiendo al diario en un puente directo con la cultura popular urbana.
Tal combinación de rasgos —el formato tabloide, la síntesis informativa, el foco en lo nacional y la prioridad dada al deporte y el espectáculo— lo difundió primero entre la clase media y trabajadora argentina, para luego convertirse en pocas décadas en el diario de mayor tirada del mundo de habla hispana.
La primera emisión de televisión en argentina el 17 de octubre de 1951 fue, conceptualmente, una transmisión de actualidad: el acto por el Día de la Lealtad Peronista y el histórico discurso de Eva Perón en la Plaza de Mayo. El primer noticiero regular fue en abril de 1952, con la voz del locutor Carlos D’Agostino, quien también ponía su voz para el informativo cinematográfico Sucesos Argentinos. Por aquel tiempo, consistía fundamentalmente en el locutor leyendo cables informativos frente a cámara.
A mediados de siglo, Héctor Ricardo García fundó en 1963 Crónica, un diario que recogió la herencia popular de Crítica pero adaptada al ritmo de los años 60 y 70, logrando una conexión emocional inédita con las clases trabajadoras.
Títulos enormes, directos, a veces rozando lo bizarro o lo descarnado, con tipografía en negrita que ocupaba media portada. Su lema “Firme junto al pueblo” no era solo marketing. El diario se enfocaba en los problemas cotidianos de la gente, el turf, el fútbol de ascenso y, por sobre todo, los casos policiales narrados con crudeza y una dosis de melodrama popular.
Popularizó las tres ediciones diarias (Matutina, Quinta y Sexta), lo que permitía actualizar los resultados deportivos o los hechos de sangre casi en tiempo real.
Las revistas de actualidad
Las décadas de 1960 y 1970 marcaron la era dorada del periodismo gráfico semanal en la Argentina, merced al surgimiento de las revistas de actualidad moderna, que abandonaron el viejo formato del magacín generalista al estilo Caras y Caretas para adoptar el modelo internacional del newsmagazine inspirado en revistas norteamericanas como Life, Time o Look).
Nacida bajo el sello de la Editorial Atlántida en julio de 1965 y originalmente llamada “Gente y la actualidad”, fue la respuesta de la editorial a los profundos cambios estéticos de los años 60.
Su principal sello distintivo fue el fotorreportaje. La fotografía dejó de ser un simple acompañamiento del texto para convertirse en la narradora principal. Utilizaba imágenes a doble página, ángulos audaces y retratos íntimos en color.
Gente inventó el concepto moderno de celebridad en Argentina. Entraba a las casas de los artistas, deportistas y políticos del momento para mostrarlos “en su intimidad”. Creó secciones icónicas como “Los personajes del año”.
Siete Días Ilustrados, aparecía en1967, bajo la órbita de la poderosa Editorial Abril de César Civita, fue la gran competidora de Gente, pero con un perfil marcadamente diferenciado.
Siete Días apuntó a la pujante clase media profesional y universitaria de los años 60 y 70. Le daba un espacio central a la vanguardia artística del Instituto Di Tella, al *Boom* de la literatura latinoamericana, al psicoanálisis y a las nuevas costumbres juveniles.
Destacó por una diagramación limpia, moderna y un uso de la tipografía muy cuidado. Incorporó técnicas del nuevo periodismo norteamericano, con crónicas narrativas profundas, corresponsales viajando por el mundo y debates de actualidad sociológica (el feminismo, la píldora anticonceptiva, los cambios en la Iglesia).
Lanzada por Editorial Atlántida en septiembre de 1976 (pocos meses después del golpe de Estado), Somos vino a ocupar el nicho del semanario estrictamente político y económico, siguiendo el modelo analítico de la revista Time.
Fundada por Jorge Fontevecchia a finales de 1976, La Semana fue el antecedente directo de la actual revista Noticias y el pilar fundacional de la Editorial Perfil.
Del último diario a las señales de noticias
En 1987, el diario Página/12, fundado por Jorge Lanata y Ernesto T hissel, rompió con la solemnidad de los diarios tradicionales como La Nación o Clarín, apuntando a un público universitario, progresista e intelectual.
Su innovación más visible fue el diseño de sus portadas. En lugar de un mosaico de noticias, elegía una sola foto o fotomontaje acompañado de un título cargado de ironía, humor ácido, juegos de palabras o referencias culturales. La tapa de Página/12 era un editorial político en sí misma.
En cuanto al contenido cambió la pirámide invertida clásica del periodismo por crónicas largas, ensayos, investigaciones profundas. El diseño original creado por el diseñador Hermenegildo Sábat en su concepto tipográfico utilizaba textos a seis columnas, pocas fotos pero muy expresivas.
El fenómeno de los canales exclusivamente de noticias explotó a principios de la década de 1990, en plena era dorada de la expansión del cable en la Argentina. El primero de ellos fue en abril de 1993 CVN (CableVisión Noticias), que en 2005 se relanzaría bajo el nombre de América 24 (A24). El éxito de CVN desató una competencia feroz en los meses subsiguientes. TN (Todo Noticias), perteneciente al Grupo Clarín lanzó su señal el 1 de junio de 1993; Crónica TV fue fundada por Héctor Ricardo García el 3 de enero de 1994, revolucionando la pantalla con su inconfundible e identitario estilo de primicias, lenguaje popular y las míticas “placas rojas” de alto impacto directo. También en ese mismo mes y año se lanzó por Telefe Red de Noticias. Por la época, Argentina pasó a tener una de las ofertas de señales de noticias en vivo más densas y competitivas del mundo.
En la reforma constitucional de 1994 se incorporó a la Constitución Nacional en su artículo 43 el secreto de las fuentes periodísticas. Asimismo, al otorgar rango constitucional a diversos Tratados Internacionales de Derechos Humanos, potenció aspectos del resguardo de la actividad de prensa tales como la veda de la censura previa o la restricción por vías o medios indirectos (como el control del papel de diario o frecuencias radioeléctricas).
La revolución digital
Lo que ni la radio ni luego la televisión pudieron conmover respecto de la prensa en papel, lo consiguió en los años noventa internet.
La Nación fue el primer diario argentino en lanzar su edición digital, en 1995, seguido de cerca por Clarín en 1996. Fue el inicio de la mudanza de la imprenta a las pantallas de bites. Infobae nació en 1998 directamente como portal nativo digital —sin versión papel— convirtiéndose en pionero del periodismo en red en el país. Al principio, los sitios web eran meras réplicas de la edición impresa. Poco a poco, con el blog, el video en línea, las redes sociales y el celular como pantalla principal, el periodismo mutó de raíz.
YouTube nació a nivel global en 2005. En sus primeros años, los medios tradicionales lo veían con desconfianza, considerándolo una plataforma de piratería o de videos caseros. Sin embargo, pronto entendieron su valor como archivo y canal de distribución. Canales como TN (Todo Noticias) y C5N (lanzado en 2007) crearon sus perfiles oficiales para subir fragmentos de sus programas, entrevistas y coberturas especiales.
El verdadero quiebre se produjo cuando YouTube permitió las transmisiones en directo en alta definición. TN y C5N se convirtieron en líderes absolutos de la plataforma a nivel regional al transmitir su programación de las 24 horas en vivo y en directo por internet, permitiendo que el público los sintonizara desde computadoras o teléfonos en cualquier parte del mundo sin necesidad de tener televisión por cable.
Su crucial importancia
Hoy, el ecosistema es radicalmente distinto al que conoció la patria en sus albores. Los newsletters independientes, los podcasts de investigación, los perfiles de Instagram que cubren política local, los canales de YouTube con periodismo de largo aliento y las plataformas de financiamiento colectivo como Patreon o Substack han creado nuevas formas de hacer periodismo sin el respaldo —ni la censura— de una gran empresa. El desafío ya no es el censor colonial sino el algoritmo, la desinformación y la precarización laboral de quienes eligen la profesión.
En la Argentina del siglo XXI, el 7 de junio como día del periodista recuerda que la libertad de prensa no fue un regalo sino una conquista. En un país donde los periodistas han sido perseguidos, encarcelados y desaparecidos durante diversos gobiernos, dictaduras en su mayoría, y donde la concentración mediática y la presión económica sobre las redacciones siguen produciendo debates y desafíos, que a la fecha mantienen toda su vigencia.
El periodismo argentino enfrenta hoy la crisis del modelo de negocios tradicional y la proliferación de desinformación en redes sociales. Sin embargo, el surgimiento de decenas de medios digitales independientes —muchos fundados por periodistas que apostaron a la autogestión— demuestra que el espíritu de Moreno, Belgrano y Vieytes, el de informar para transformar la realidad, sigue vivo.
(*) Abogado y escritor cordobés – Especial para Contarte Cultura
Textos para escuchar
La niña del árbol de nísperos – Ale Pastore
La poeta peruana Ale Pastore lee su sextina La Niña del Árbol de Nísperos.
La niña del árbol de nísperos
(Dedicada a Marco Martos)
Quisiera, en todo, guardar inocencia
porque son mis recuerdos dulces nísperos,
ellos vuelven a la rama caída
siempre evocando frescura de niña.
¡Tan soñadora va, ahí tan alto!
y así transcurren la vida, los sueños.Quisiera mantener por siempre sueños
lanzarme precoz a inexperta inocencia,
donde la lluvia persiste tan alto
mojando enraizado, tallo de nísperos.
Tan alegre, risueña, va la niña
meciéndose en la rama caída.Más aún sostenida la caída
saltando, riendo, bailando sus sueños
cuando ser lluvia es ser niña,
empañando su voz de inocencia.
Brisa cautiva, como suaves nísperos
tan maduros, quizás tan alto.Ante pétalos de tallo alto
atorados en su voz caída,
momento de florecer en nísperos
alborotando la conciencia en sueños.
Fragilidad tan pura, es inocencia,
mientras devuelve vida aquella niña.¿Quién te sostiene pausada niña
al caer lágrimas de lo alto?
Si tomando tus manos de inocencia,
suspirando, bailando, abrazo tu caída.
Porque sueños, siempre serán sueños
y los árboles serán siempre nísperos.En aquella casona bailarán nísperos
y con ellos también bailará la niña
colmada de tan grandiosos sueños
sin pensar, si es muy alto
ni teniendo miedo a su caída
brillará siempre, presente su inocencia.No hay sueños de verano sin inocencia
ni rama caída tampoco de lo alto
sólo la niña, tan dulce como nísperos.
Acerca de Ale Pastore

Alessandra María Chávez Maggi (Lima, 2 de febrero de 1975) es comunicadora social y audiovisual de profesión. Ha llevado distintos cursos de pintura, escultura, cerámica, letras entre otros en el transcurrir de su vida, siempre relacionada al arte. Alessandra es compositora de su propia vida y Ale Pastore es, quizá, la más notable de sus creaciones, seudónimo surgido en redes sociales y que conmemora el legado de su abuela, además de brindar un tributo a sus recuerdos y escritos de infancia a través de @_alepastore.
Además, es empresaria y cofundadora de Latidos del alma, organización mediante la cual se plantea el propósito de generar una transformación social a través de la poesía y la lectura, fomentando su mensaje personal e impulsando acciones colectivas con poetas hispanos del mundo, que comparten su misma pasión y visión a través de la instalación de bibliotecas comunitarias en distintos puntos del país. Actualmente ya son diez bibliotecas funcionando.
A finales de 2020, publica “La distancia del tiempo” (Gambirazio Ediciones), su primer libro, que reúne lo más destacado de su poesía desde los primeros versos hasta su etapa de madurez creativa. La obra está dividida en cuatro poemarios: «La dama del árbol», «Sin prisa, sin pausa», «Antes de morir por costumbre» y «En la claridad de tus formas» y, en ella, el lector es testigo del crecimiento de Pastore, su evolución emotiva y potente, con aroma de añoranza perpetua y el amor como insumo esencial de su discurrir.
Actualmente, se encuentra trabajando en el que será su segundo libro de poemas y en el que se podrá apreciar a una poeta mucho más madura, asentada, pero que no abandona sus raíces románticas ni su templanza, así como también; formará parte del libro de Antologías de poetas peruanas del siglo XX y XXI presidido por la Academia peruana de la lengua, el cual será publicado este año 2021, año del Bicentenario del Perú.
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