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Literatura

La herencia más importante del escritor argentino en un solo libro: “Borges babilónico”

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Por Carlos Aletto (*)

Justo cuando arrecian los interrogantes y las polémicas en torno a la continuidad de su legado literario tras la muerte de su viuda y albacea –María Kodama-, se edita en la Argentina la primera edición en español de “Borges babilónico”, un diccionario enciclopédico sobre la vida y obra del autor de “Ficciones” publicado originalmente en portugués al que se le añaden ahora nuevas entradas para corregir ausencias de la versión original, así como una reescritura y corrección de algunas entradas existentes, como las referidas a la homofobia y al cuento “Emma Zunz”.

“Borges babilónico” es una enciclopedia que contiene 1.220 entradas y fue publicada por primera vez en lengua portuguesa en 2017 por Companhia das Letras en San Pablo. “Hacerlo ahora en Buenos Aires con el Fondo de Cultura Económica es un sueño realizado”, dice en el nuevo prólogo el encargado del volumen, Jorge Schwartz, escritor nacido en Posadas en 1944 y que desde 1960 reside en Brasil.

Esta nueva edición incluye nuevas entradas que corrigen algunas omisiones de la versión original. También se incluyen reseñas de obras críticas y nuevas entradas donde se abordan, por ejemplo, el tema de la homofobia y el seudónimo compartido en la escritura conjunta con Adolfo Bioy Casares, H. Bustos Domecq. En la edición brasileña, tampoco se encontraba la entrada “Zunz, Emma”, que fue escrita por el fallecido sociólogo y ensayista Horacio González en 2019.

“Borges Babilónico” es un trabajo en equipo acerca de la vida y obra del escritor argentino fallecido en 1986. Schwartz explica que hacia finales de la década de 1990, la editorial Globo de San Pablo publicó las “Obras completas de Borges” en cuatro volúmenes. El compilador, junto a su colaboradora y asistente editorial, María Carolina de Araujo, se encargaron de la preparación de esa edición. Durante el proceso, se realizó una extensa investigación y se llevaron a cabo numerosas consultas. A partir de todo el material recopilado decidieron elaborar un glosario, o lo que inicialmente llamaron “Guía de lectura de Borges para Brasil”, la cual finalmente se conoció como “Guía Borges” y conforma parte esencial de la enciclopedia.

En la enciclopedia se evitaron interpretaciones de textos y se adoptó la norma de que todas las entradas harían referencia específica a la obra de Jorge Luis Borges. El diccionario incluye también pequeños ensayos temáticos elaborados por especialistas en diferentes áreas de conocimiento relacionadas con la obra del autor de “El Aleph”.

En una de las entradas más interesantes, el investigador Daniel Balderston avanza sobre la supuesta homofobia en el escritor argentino. El término discute el interés de Borges por la homosexualidad como tema literario y como opción de vida para algunas personas cercanas a él. La mayoría de las referencias directas a esta cuestión en su literatura son indirectas, como en el ensayo sobre Oscar Wilde en el que Borges lo describe como “un hombre que guarda, pese a los hábitos del mal y de la desdicha, una invulnerable inocencia” (“Sobre Oscar Wilde”, en “Otras inquisiciones”). La entrada también menciona una anécdota sobre un descubrimiento que el narrador argentino hizo en Tucumán gracias al testimonio de un profesor, quien afirmó que los homosexuales andan en bicicleta porque “la bicicleta excita al malevo”. Además, el artículo aborda la hipótesis de que Borges sufrió pánico homosexual, lo que influyó en su escritura, pero Balderston señala que es una “simplificación lamentable llamar a Borges un homosexual reprimido”.

El ensayista también analiza los temas homosociales en la literatura del autor de “Funes el memorioso”, como la relación entre un joven que imita modelos de hombría y un hombre maduro que se convierte en rival, y cómo la provocación del joven genera violencia. El término también analiza dos cuentos, “La secta del Fénix” y “La intrusa”, que se han estudiado desde una perspectiva homosexual. El artículo destaca la complejidad del tratamiento de la homosexualidad en la obra de Borges.

La obra ha sido enriquecida gracias a la colaboración de un extenso grupo de especialistas de renombre. Entre ellos se encuentran Alberto Manguel, Beatriz Sarlo, Horacio González, Ricardo Piglia y Saúl Sosnowski. También es importante destacar la labor de Adriana Astutti, Edgardo Cozarinsky y Isabel Stratta, entre otros.

Todos los intereses del escritor se pueden encontrar en las entradas de esta enciclopedia, que muestra la gran diversidad de temas que atraían su atención y que podrían haber influido en su obra literaria. Borges, como es sabido, era un gran lector y escritor, por lo tanto, estaba interesado en una amplia gama de escritores y obras literarias. Además, su interés por la geografía y la historia de la Argentina se ve reflejado en muchos de sus cuentos y poemas que se ambientan en lugares específicos, como Buenos Aires o la pampa argentina.

También es evidente que estaba interesado en temas históricos y religiosos, como la Revolución de 1904 o los libros apócrifos, que fueron de su interés. De hecho, muchos de sus cuentos y poemas exploran temas relacionados con la religión y la filosofía, como el gnosticismo o el budismo. En resumen, las entradas de la enciclopedia presentan una amplia gama de sus intereses. Algunos ejemplos específicos son los autores J.B. Priestley, Arthur Rimbaud, Ernesto Sabato, Dorothy L. Sayers y William Shakespeare, entre otros; las obras literarias “El sabueso de los Baskerville” de Arthur Conan Doyle, “La refalosa” de Hilario Ascasubi, “El romance de la rosa” de Guillaume de Lorris y Jean de Meun, y “Las sagas de Islandia”, entre otras. Referente a los lugares geográficos aparecen Recoleta, avenida Rivadavia, Plaza San Martín, todos lugares de Buenos Aires, entre otros.

Una entrada para destacar es la de “Autofiguración; representaciones autobiográficas”, escrita por el colaborador Alfredo Alonso Estenoz. Allí, el estudioso explora la autofiguración y las representaciones autobiográficas del escritor a lo largo de su carrera: señala que la imagen que Borges construyó de sí mismo varió en diferentes momentos y que varios factores confluyeron en su construcción, incluyendo su figura pública y mediática, sus autorrepresentaciones en su obra de ficción y poética, y la forma en que caracterizó su obra y a sí mismo en los prólogos de sus libros y en notas autobiográficas. Este término también destaca la cercanía de las características de los personajes ficticios de Borges con el autor real, así como las dificultades para determinar cuánto de la autofiguración del autor de “Las ruinas circulares” fue intencional y cuánto fue un presupuesto estético legítimo. Por último, se destaca la estrecha relación entre Borges y el personaje del mismo nombre que aparece en varios de sus cuentos, lo que es considerado uno de los logros de su ficción.

Otro importante momento biográfico del autor de “El Aleph” es la entrada “Desagravio a Borges”, escrito por Rodríguez Monegal, donde el ensayista plantea que “a pesar de tanta actividad literaria, Borges era mayormente desconocido en Argentina, y su nombre no era reconocido por el mundo oficial”. Esta entrada de la enciclopedia se detiene para hablar sobre la falta de reconocimiento al escritor en su país natal en la década de 1940. A pesar de su talento literario, el autor de “La muerte y la brújula” había recibido el segundo premio en el concurso literario organizado por la Municipalidad de Buenos Aires. Aunque Borges no le dio mucha importancia a esta situación, sus amigos reaccionaron con vigor y organizaron un “Desagravio a Borges” en julio de 1942, en el que se unieron veintiún escritores para elogiar su obra. A pesar de este desaire, continuó escribiendo y publicando.

“Borges babilónico” (Fondo de Cultura Económica) ofrece en sus 1220 entradas un recorrido por la obra de Borges, desde “1910” hasta “Zunz, Emma”, pero, además, es una herramienta de consulta, que también puede ser leída para descubrir sorpresas y nuevas lecturas de la narrativa del escritor argentino más universal.

(*) Agencia de noticias Telam

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Historias Reflejadas

“Deseos”

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Deseos

Miro por la ventana y espero. El tiempo se alarga detrás de los vidrios y crece en líneas rectas. Las hojas cambian de forma y bailan en círculos. Afuera, todo gira. Un manto rayado cubre las palabras, igual que adentro. Las paredes grises se prolongan sobre mi piel, también gris, como si los colores no fueran posibles, como un mandato. Me siento encerrado en un reflejo de rayas sin respuestas.

Bostezo. Un deseo de color se escapa de mi boca y se pega en la punta de mis dedos. Lo miro. Me mira. Lo suelto. Y vuela para atravesar la dureza de los vidrios. Vuela para que las rayas desaparezcan. Algo cambia adentro y afuera. Mi piel cambia sobre las paredes grises y deja huellas.

Espero, como un deseo, que la vida se tiña de colores y vuelva a entrar por mi ventana, sin rayas.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Espero”, de Perla Suez con ilustraciones de Natalia Colombo; “Gris”, de Silvi Hei; “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc con ilustraciones de Ayax Barnes; y “Dentro de una cebra”, de Micaela Chirif con ilustraciones de Renato Moriconi.

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Textos para escuchar

Amigos por el viento – Liliana Bodoc

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Julieta Díaz
lee el cuento Amigos por el viento, de Liliana Bodoc.

A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojo con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.

Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.

– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.

Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:

– No me lo estás deciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.

Me vi obligada a levantar los ojos del libro:

– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.

La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.

– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.

La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrozas hechicerías.

Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.

– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.

Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.

– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?

El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.

– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…

¡Ring!

– Por favor – dijo mamá -, están llamando.

No tuve más remedio que abrir la puerta.

– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.

Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.

– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:

– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.

– Cuatro años – contestó.

Pero mi rabia no se conformó con eso:

– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.

Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.

– Fue… fue como un viento – dijo.

Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.

Pasó un silencio.

– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…

Pasó una respiración.

– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.

Pasaron dos.

– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.

Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.

(Audio extraído del programa Calibroscopio del Canal Pakapaka)

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Literatura

“Ya toqué todas mis melodías”: el británico Julian Barnes anunció su último libro

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PH: WEB - BBC/Roxanne Panthaki

El escritor británico Julian Barnes, una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que “Departure(s)”, su próxima novela, será el último libro de su carrera. A punto de cumplir 80 años, el autor sostuvo que siente haber agotado su repertorio creativo: “Tengo la sensación de que ya toqué todas mis melodías”, afirmó en una entrevista con The Telegraph.

Barnes explicó que el criterio para dejar de escribir no debería ser la posibilidad de seguir publicando, sino la convicción íntima de haber dicho todo lo que se tenía para decir. “No debería escribir un libro solo porque vaya a ser publicado. Hay que continuar hasta haberlo expresado todo, y yo llegué a ese punto”, señaló. Sin embargo, aclaró que no abandonará por completo la escritura: continuará con el periodismo cultural, reseñas y colaboraciones, una actividad que antecede a su trayectoria como novelista.

“Departure(s)” se presenta como una obra híbrida, a medio camino entre el ensayo, el memoir y la ficción. El libro gira en torno al papel del propio Barnes como intermediario entre dos amigos, Stephen y Jean —cuyas identidades permanecen anonimizadas—, que fueron amantes y luego se separaron. La historia retoma muchos de los temas que atraviesan su obra: la memoria y sus fisuras, el amor y la amistad, el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.

El anuncio llega en un contexto vital particular. Barnes convive desde hace seis años con un tipo raro de cáncer de sangre, controlado mediante quimioterapia oral diaria. “Por ahora, es un empate”, dijo sobre su enfermedad, que —según explicó— contribuye a un debilitamiento progresivo del cuerpo, aunque ya forma parte de su rutina.

Viudo desde 2008, cuando murió su esposa y agente literaria Pat Kavanagh a causa de un tumor cerebral, el autor reveló recientemente que se volvió a casar en secreto en agosto pasado con Rachel Cugnoni, editora y compañera desde hace ocho años, a quien conoce desde hace casi tres décadas.

Con una carrera de 45 años, Barnes publicó 15 novelas y 10 libros de no ficción. Debutó en 1980 con “Metroland”, pero alcanzó el reconocimiento internacional con “Flaubert’s Parrot” (1984). Tras varias nominaciones, obtuvo el Booker Prize en 2011 por “The Sense of an Ending”. También escribe novela policial bajo el seudónimo Dan Kavanagh.

Lejos del dramatismo, Barnes evaluó su trayectoria con gratitud: “He tenido una vida afortunada. Si a los 30 me hubieran dicho que escribiría tantos libros que a tanta gente le gustaría leer, me habría parecido increíble”. Sobre la muerte, concluyó con sobriedad: ya no la teme como antes, aunque reconoce que el final siempre es una incógnita.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

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