Sergio Larrain, muestra del fotógrafo que inspiró a Cortazar

Una muestra que reúne 160 fotografías del chileno Sergio Larrain (1931-2012) en las que se conjugan el compromiso social del reportero, la sensibilidad del artista y el misticismo al que adhirió hacia el final de su vida fue inaugurada en el Centro Cultural Borges, y podrá verse por primera vez en la Argentina hasta fines de febrero próximo.

“Retrospectiva”, una exhibición producida por la agencia internacional Magnum Photos y la Fundación Henri Cartier Bresson, recorre los inicios del fotógrafo en Valparaíso, y las imágenes que logró durante sus viajes a Perú, Francia e Italia, junto a un corpus de 11 dibujos y pequeños libros en los que dejó testimonio de su pensamiento sobre el cuidado del ambiente y los secretos de una vida en armonía.

Larrain se inició como fotógrafo en 1949 en Valparaíso con una cámara Leica IIIC, y desde temprano tuvo una especial inclinación por la estética de la pobreza y la marginalidad, como lo reflejan las imágenes de niños que habitaban a orillas del Río Mapocho, muchos de ellos tan humildes que sobrevivían con el alimento que les acercaban los habitantes del lugar.

“Fue en Valparaíso donde comencé a hacer fotografías, recorriendo los cerros allá por 1951. Las niñas bajando una escalera fue la primera fotografía mágica que vino hacia mí”, se lee en una de las tantas frases que completan la muestra.

En esa misteriosa imagen, dos niñas de cabello corto bajan una escalera entre las empinadas calles de la ciudad y Larrain las toma de espalda, lo que en un juego de luces y sombras genera un misterio sobre la identidad de las niñas y convoca al espectador que debe imaginar sus rostros.

Dos de las fotografías de la serie de niños fueron adquiridas por Edward Steichen, director de Fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York, para su exposición.

Larrain, que había nacido en Santiago, formó parte de una familia de la elite chilena, de la que luego quiso apartarse. “Su padre fue un arquitecto muy reconocido que ocupó cargos políticos y fue un gran coleccionista de arte precolombino y creó un museo, por lo que el fotógrafo se formó en medio del arte”, dijo a la agencia de noticias Télam Virginia Fabri, directora de Relaciones Internacionales del Centro Cultural Borges, que presentó la exhibición junto a Emmanuelle Hascoet, representante de Magnum.

Sus viajes comenzaron cuando su padre lo llevó por Oriente y Francia, luego de que su hermano falleció por un accidente y así comenzó a desarrollar un sentido místico, el gusto por las artes orientales, por la filosofía y paralelamente el gusto por la cámara.

En 1957 viajó por Latinoamérica, y en 1958 fue becado por el British Council para realizar fotografías sobre Londres. A partir de ese cuerpo de obra realizado en Londres y de las imágenes tomadas a los niños, fue contratado por Henri Cartier Bresson, uno de los fotógrafos más reconocidos del mundo, para la Agencia Magnum.

“Tenía una manera muy especial de acercarse a la gente, y una manera de mirar y fotografiar muy moderna para la época, por lo que hizo muchas tomas de plano recortado donde no aparece la totalidad de la figura, y además se acerca al objeto tomándolo con la cámara desde abajo, desde los costados, o desde arriba”, señala Fabri.

El primer trabajo para Magnum fue retratar al capo mafioso buscado por Interpol, Giuseppe Genco Russo, y Larrain logró imágenes que luego fueron publicadas por la revista Life, muchas de ellas fueron posteriormente destruidas por el fotógrafo.

Para lograrlo, Larrain viajó a Sicilia y para dar con Russo se hizo pasar por un mochilero interesado en retratar ruinas; así logró inmiscuirse en su vida y fotografiarlo.

A partir de entonces publicó en las revistas Paris Match y Life, entre otras, y retrató a Pablo Neruda en Isla Negra, a Pelé y el casamiento de Farah Diba con el Sha de Persia. Despertó la admiración del escritor Julio Cortázar, que escribió el cuento “Las babas del diablo” inspirado en una de sus fotografías.

Las imágenes del período en el que viajó por Latinoamérica retratan la vida de los habitantes en las festividades religiosas y llegando a las misas, que se destacan por sus encuadres cinematográficos.

Una de esas imágenes corresponde a una mujer boliviana de perfil “en un recorte muy curioso, donde el espectador con su imaginación debe armar la totalidad de la imagen, en la que rompe con esa forma clásica de retratar con planos perfectos”, dice Fabri.

En la serie de imágenes de Italia, en 1959, “hay muchas fantasmagóricas en las que se refleja su relación con la muerte, con lo místico, materializada en fotografías de niños que parecen ángeles”, sostuvo Hascoet.

La muestra, curada por la directora de la Fundación Cartier Bresson, Agnes Sire, con quien Larrain mantuvo correspondencia durante 30 años, contiene además conmovedoras fotografías tomadas a prostitutas chilenas, en la serie llamada “Bar Los siete espejos”.

“Un amplio salón para bailar, con sillas colocadas a lo largo de las paredes para que los clientes se sentaran junto a las pobres e inocentes chicas. Siempre había uno o dos homosexuales vestidos de mujer que se comportaban como ellas. Por lo general los pobres estaban mal vestidos y trataban de parecer elegantes a pesar de su pobreza, eso era lo más estremecedor”, escribió Larrain.

A partir de 1970 y luego de conocer al chamán boliviano Oscar Ichazo Larrain, Larrain se retiró de la fotografía y se recluyó en el pueblo precordillerano de Tulahuén, al norte de Chile, y se dedicó a los estudios sobre cultura oriental, misticismo, meditación y yoga.

Hacia el final de su vida, se dedicó a autopublicar pequeños libros a los que llamó “satori” -la la iluminación en el budismo zen-, explicando cómo proteger el planeta y conocerse a sí mismo.

La muestra, que antes pasó por Francia y Chile, podrá visitarse en el Centro Cultural Borges, ubicado en Viamonte 525 (CABA), de lunes a sábado de 10 a 21; domingos y feriados de 12 a 21.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*