Fabián “FAFO” Villamil: la ruta de un cancionista

Fabián Villamil
Por Walter Omar Buffarini 

“Músico y docente, en ese orden”, así se define Fabián ‘FAFO’ Villamil, rodeado de instrumentos en una de las aulas de Espacio Mapu, en donde recibió a ContArte Cultura, en el barrio platense de La Loma.

El lugar es tan grande como permita la imaginación. Una batería corona el espacio, en donde guitarras, bajos, teclados, amplificadores, micrófonos y cables conforman el ecosistema musical.

FAFO promete unos mates, pero la cebada se demora porque, según él mismo confiesa, “me gusta la situación de entrevista”. Y cómo hablamos de música, ese es el tema que más le interesa y el mate debe esperar.

“Toda mi vida estuvo relacionada con la música, empecé a aprender guitarra a los ocho años y después, fútbol de por medio, a los 14 comencé a estudiar con un maestro que se llamaba Gabriel Marotta, quien tenía la particularidad de ser un autodidacta y todo lo que había aprendido de algunos profesores lo había bajado a un formato súper práctico. Y su forma me marcó en la manera de vivir la música y es el sistema que hoy yo uso para enseñar”, recuerda FAFO, quien evoca sus comienzos con la misma pasión con la que hoy se describe como “un cancionista”.

La pava eléctrica aguarda, desenchufada y vacía, que FAFO se decida a calentar el agua y cumplir la promesa, pero el mate descansa en sus manos tan vacío de yerba como cuando se ubicó en el taburete del batero que eligió para sentarse.

Fabián sigue concentrado en lo que está contando y profundiza en la descripción de lo que narra: “A pesar de contar con dos títulos oficiales –Músico Profesional de la Escuela de Música Contemporánea y Profesor de Guitarra del Centro de Estudios Musicales-, me despegué de la cuestión netamente académica para vivir la cosa más desde la práctica y nunca dejé de tocar, siempre tuve bandas de distintos estilos, cuestión que se fue ampliando desde que empecé a estudiar. Así me volqué a la música popular, tuve bandas de rock, de cover, canté en una murga uruguaya, toqué candombe, folklore, cumbia, y con el tiempo me fui quedando con mis canciones, la música que a mí me brota”.

Y así redondea el concepto: “Soy cancionista, porque soy cantautor y también soy interprete”.

Y la razón de autodenominarse cancionista surge en el momento de tener que encuadrar su estilo musical: “Ese es un gran tema. Nos decimos cancionistas porque somos un montón de gente que venimos haciendo música y que básicamente nos engloba un sinnúmero de estilos. Está el rock metido ahí. Está el jazz, el folklore, la cumbia. Pero básicamente es la canción. Para nosotros es bien importante la letra. No nos da lo mismo ‘lo que dice’. No utilizamos la letra como una excusa para tocar algo, sino que partimos desde la letra”.

En este momento del relato de FAFO vuelve a aparecer el docente. Porque no duda resaltar el camino elegido y acentúa que “valoramos el sonido de la palabra y el sonido de la música, y desde ahí la pensamos. Y también desde ese lugar nos conectamos con la educación. Para nosotros las canciones son muchas veces la excusa para atraer a la gente hacia la música”.

Cancionistxs

Hace un impase y el ruido de la bombilla en el recipiente aún vacío lo saca por un breve instante de la entrevista. Entre risas cumple su promesa, prepara el mate, lo seba y se dispone a continuar la charla.

En el caso particular de FAFO, convertirse en un cancionista no fue una casualidad, sino que surgió como una necesidad de crecimiento artístico. “Desde hace un tiempo empecé a sentir la necesidad de darle una vuelta de tuerca a mis presentaciones, ya no me alcanzaba con ir y sólo cantar mis canciones”, detalla a la vez que explica: “Como siempre tuve ese ímpetu de armar cosas, veladas, noches, muestras de mis alumnos, y lo hice desde distintos lugares, es que tomé cosas de antiguas experiencias y comencé a delinear lo que hoy es el grupo Cancionistxs”.

“Se trata de cinco cantautores por noche, o mejor dicho cinco cancionistas, que hacen cinco canciones cada uno, pero a su vez en esas noches también hay gente que dibuja, gente que pinta, o exposiciones de fotos. Todo por una sola razón, porque le hace bien a la música”, afirma Fabián Villamil, quien rememora al grupo De la Guarda, quien se transformó en punta de lanza en ese tipo de shows, continuados hoy por Fuerza Bruta. “Luego de presenciar aquellos espectáculos cambió mi forma de ver las cosas”, asegura.

“Hay algunos que se inclinan simplemente a tocar y no tanto a cantar, pero el ámbito en el cual estudiamos o las obras que abordamos son las canciones”

FAFO también recuerda un viaje al sur con sus hermanas actrices que influyó sin dudas en su forma de vivir el arte: “Vengo de una familia relacionada con el teatro. Cuando tenía 15 años compartí una experiencia por el sur con mis hermanas y un grupo en el que había actores, directores de orquesta, de teatro, cineastas. Ahí descubrí que todas las disciplinas tienen algo que comunicar desde lugares distintos y a todos nos involucran de diversas maneras. Y eso hace a la experiencia y a la sensibilidad”.

Si bien en los espectáculos de Cancionistxs “la idea es que todo lo que se hace tenga que ver entre sí”, Fabián confiesa que “a veces se da y a veces no. Es un poco difícil porque desde ya las cinco canciones de cada cancionista no están relacionadas, y ni hablar entre cada uno de ellos, pero, por ejemplo, sí se logra con los dibujantes, porque ellos casi siempre dibujan a quien está cantando, y eso lógicamente conecta el espectáculo y la gente se predispone de una manera diferente, especial”.

Para Fabián, otra de las cosas importantes es que “quien va a una presentación de Cancionistxs va a escuchar cinco cantautores, cada uno con cinco canciones, es decir veinticinco canciones originales y en versiones originales. Aunque haya escuchado el disco de alguno de ellos, Cancionistxs es acústico, por lo que las versiones siempre terminan siendo originales”.

Pensar la música sin prejuicios

La puerta de un salón continuo se abre y de allí sale uno de los alumnos de Espacio Mapu. El sonido de la guitarra había acompañado la entrevista y ahora el silencio hace ruido en la atmósfera musical que se respira.

La interrupción sirvió para empezar a hablar de las expectativas de quienes se acercan a aprender música y los mitos sobre qué es música y quién puede hacerla.

“Como músicos populares, la experiencia del trabajo nos demuestra que debemos agarrar nuestros prejuicios y guardarlos en un bolsillo. Con prejuicios no podés ser músico popular”, no dudó en asegurar FAFO, quien explicó que “cuando alguien viene y nos cuenta qué es lo que quiere, intentamos respetar su búsqueda, pero con el tiempo buscamos mostrarle el abanico de posibilidades que le brinda la música”.

Fabián y quienes lo acompañan en su función docente tienen la certeza de que “todos los estilos tienen algo para enseñar y también creo que todas las personas, de alguna manera, se pueden conectar con la música”.

“Lo que también creo es que no todas las personas pueden conectarse con todas las facetas musicales o con todos los instrumentos, y eso es lo que intentamos transmitir”, reflexiona.

Insistiendo en esa relación hombre-música, FAFO está convencido de que “cada persona tiene una sensibilidad especial que la conecta con algún instrumento en particular. No es lo mismo tocar percusión, que vos le pegás y suena, a un instrumento quizás más sofisticado como es el piano, o un instrumento con mucha más exposición como es cantar o tocar la guitarra. Esa conexión muchas veces tiene que ver con la personalidad de quien ejecuta”.

Componiendo un sueño

Por las características familiares, la decisión de Fabián de construir su futuro junto a la música no hizo demasiado ruido, y la coyuntura nacional tras la crisis de 2001 tal vez lo ayudaron a tomar y hacer pública la decisión. “Si los médicos manejaban taxis, qué peor me podía salir a mí”, recuerda haber analizado en aquel momento.

“Siempre fue difícil vivir sólo de tocar, pero eso no significa que no se pueda vivir de la música”, lo asegura hoy, despojado de la incertidumbre de otros momentos y con la experiencia de haber logrado encaminar su profesión.

Pensando el futuro referencia el pasado: “Cuando empecé a andar este camino, tocar en Buenos Aires parecía la meta a alcanzar. Hoy, por suerte, se convirtió en algo habitual y las expectativas están enfocadas en cosas nuevas”.

Y así, Fabián FAFO Villamil, integrante de la banda Lusber, solista, cancionista y docente de Espacio Mapu, sigue componiendo un sueño al que no renuncia, el de transitar un circuito en el que fluya la música.

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