A cuatro décadas del adiós a Peter Sellers

Por Héctor Puyo (*)

Hace 40 años, el 24 de julio de 1980, falleció en Londres el actor Peter Sellers, un comediante que tuvo su mayor auge en Hollywood en las décadas de 1960 y 1970 cuando compuso al Inspector Jacques Clouseau en la serie sobre “La Pantera Rosa”, y que a través de su carrera demostró ser un intérprete mayor.

Su penúltimo trabajo fue en “Desde el jardín” (1979), de Hal Ashby, en el que estuvo nominado al Oscar como mejor actor, ganado en cambio por Melvin Douglas como actor de reparto. Este filme es frecuentemente citado por otros motivos por el personaje de Chance, un simplón venerado por otros, en el sentido de quien ocupa un lugar que no le corresponde.

Enfermo cardíaco desde su juventud, en 1964, entre los rodajes de “Dr. Insólito” y “Un disparo en la sombra” sufrió 13 ataques en pocos días, tuvo que ser reemplazado en otra película y su vida no fue la misma, aunque siguió trabajando y al año siguiente reincidió con “¿Qué pasa, Pussycat?”.

Portador de un marcapasos desde 1977, tres días antes de su muerte se desplomó en un hotel londinense, entró en coma y fue internado en un hospital, con la ironía de que para el 30 de julio tenía programada una cirugía cardíaca en Los Angeles.

Nacido en el condado de Hampshire el 8 de septiembre de 1925 y perteneciente a una familia de artistas, rodó algunos cortos con directores amigos, intervino en programas de TV con los que ganó popularidad -“And So to Bentley” (1954) y “A Show Called Fred” (1956)- y en el cine fue descubierto a través de “El quinteto de la muerte”, estrenada en la Argentina en 1957.

En esa deliciosa comedia de Alexander Mackendrick en el mejor estilo de los Ealing Studios, servida para el lucimiento absoluto del astro Alec Guinness, pudo hacerse notar sin embargo a fuerza de talento dentro de un elenco rutilante integrado por Cecil Parker, Herbert Lom y Katie Johnson, una típica viejita “British” a victimizar.

Dentro de un tipo de comedia que ya no se hace ni siquiera en el Reino Unido, participó en su país en títulos como “La verdad desnudísima”, “El espectáculo más chico del mundo”, “¡Rugido de ratón!”, “Ella y sus millones”, con Sophia Loren, “Diamantes para el desayuno” y “Todos somos sinvergüenzas”.

En 1962 tuvo un notorio papel dramático en “Lolita”, de Stanley Kubrick, un filme que hoy no podría rodarse, tras el protagonista James Mason, Shelley Winters, Lois Maxwell y la jovencita Sue Lyon, motivo de varias tensiones sexuales, según la novela de Vladímir Vladímirovich Nabókov.

Siguió en el cine británico con títulos como “Después de mí, el diluvio”, “Juego de amor entre dos”, “El vals de los toreadores”, “El brazo izquierdo de la ley”, “La batalla de los sexos” y “La ruta de Hong Kong”, hasta que cruzó el Atlántico e intervino en “La Pantera Rosa” (1963), de Blake Edwards, para birlarle la atención del público al protagonista David Niven.

En locaciones de Estados Unidos y Canadá protagonizó la producción británica “Doctor Insólito” en 1964, cuyo subtítulo era “Como aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”, una comedia en tiempos de Guerra Fría, también de Kubrick, que vista hoy en día conserva inesperada vigencia.

En la tradición de los Estudios Ealing compuso en esa película tres personajes: un sorprendido delegado inglés entre las fuerzas armadas estadounidenses, el compungido presidente de Estados Unidos y un científico nazi reciclado para la lucha contra el comunismo; con los que demostró su amplia categoría histriónica.

Lo que poco se recuerda es el encuentro entre Sellers y los argentinos Palito Ortega y Graciela Borges en “El Rey en Londres”, una rareza filmada en 1966 por Aníbal Uset a partir de un recorrido por la capital británica sobre la base de un montaje ingenioso gracias al cual aparecían también Dirk Bogarde y los grupos musicales The Animals y The Beatles.

En cuanto al Inspector Jacques Clouseau, que continuó sus torpezas en “Un disparo en la sombra” (1964), fue concebido por la dupla Sellers-Edwards a partir del clásico Hércules Poirot, pero le colocaron una gabardina al estilo de Philip Marlowe y Sam Spade, solo que llenándolo de gags desopilantes y señales de una impericia ejemplar.

La serie se prolongó con “El regreso de la Pantera Rosa” (1974), “La Pantera Rosa ataca de nuevo” (1976) y “La venganza de la Pantera Rosa” (1978), y tras la muerte del actor con “La pista de la Pantera Rosa” (1982), “La maldición de la Pantera Rosa” (1983) y “El hijo de la Pantera Rosa” (1993), con Roberto Benigni como un improbable descendiente de Clouseau.

En medio de todo eso Sellers filmó con otros directores -Vittorio De Sica, Robert Parrish, Bryan Forbes- y rodó en 1968, también con Edwards, “La fiesta inolvidable”, donde componía a un aspirante a actor de origen indio que descompagina un sarao en Hollywood y que aún en la actualidad convoca un torrente de carcajadas.

Sellers estuvo casado en cuatro oportunidades entre 1951 y el día de su muerte a los 54 años: con Anne Hayes, Britt Ekland, Miranda Quarry y Lynne Frederick, pero al parecer su carácter tenía mucho de inestable, discutía a menudo con sus directores y compañeros de elenco -con su amigo Edwards estuvo siete años sin hablarse-, consultaba a un astrólogo y consumía demasiados tranquilizantes.

Su relación con las mujeres fue bastante conflictiva, según los medios del corazón, ya que provocó a su primera esposa Hayes al declararle en su presencia su amor a Sophia Loren mientras filmaban “Ella y sus millones”, sus celos incontenibles provocaron la ruptura con la bella Ekland y en 1973 mantuvo un sonado romance con Liza Minnelli -21 años menor que él-, en tiempos en que ambos estaban casados con otras personas.

(*) Agencia de noticias Telam

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