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Símbolos en la literatura (3ra. Parte): Los relojes

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Horas marcadas

Me enredó en sus horas y en ellas se me fue la vida. Seguí su ritmo atrapada en cada uno de sus perfectos latidos. Su tiempo ordenó mis pasos alentados por las rítmicas sonoridades de su desafiante tic- tac, que todo lo controla.

Me entregué a sus agujas, inútiles hechiceras de los instantes y fui prisionera de sus mandatos.

Encerrada en su circular trajín de números apurados, me perdí en su pulso cansado.

Él guarda, ahora, mis horas dormidas, de memorias olvidadas, y yo, que fui cómplice de su monótono caminar lo contemplo serena desde mi cama.

Claroscuros de mi vida quedarán cautivos en su corazón de piedra. Las palabras que dije y las que nunca llegaré a expresar, lo que callé y también lo que ya ni recuerdo son en este minuto la totalidad de mis horas.

En este instante finito donde la eternidad confluye con la pausa del tiempo, me entrego al último tic- tac y me pierdo en la muerte que promete liberarme de la esclavitud de sus agujas.

Andrea Viveca Sanz

Historia de los relojes

Desde sus orígenes el hombre necesitó medir el tiempo para organizar sus actividades diarias. Los calendarios de las primeras sociedades agrícolas cumplieron esa función ya que sobre ellos se ordenaban los tiempos de siembra y de cosecha.

Aparecieron, más tarde, métodos más precisos entre los que se encontraban los llamados relojes de sol. La sombra de un poste vertical, que caía sobre una esfera delineada en forma regular, marcaba las horas del día.

También hubo otros relojes primitivos como la clepsidra o reloj de agua, muy utilizada en el antiguo Egipto, que consistía en un recipiente lleno de agua que se vaciaba a intervalos regulares por un orificio ubicado en su parte inferior.

Los anglosajones utilizaron la vela-reloj, que era justamente una vela marcada a intervalos regulares que medía el tiempo a medida que se iba derritiendo.

En el siglo XIII se popularizó el uso del reloj de arena, formado por dos recipientes de vidrio unidos por su parte más estrecha. El tiempo que tardaba en vaciarse un recipiente correspondía a una hora.

Luego vinieron los primeros aparatos mecánicos que funcionaban con mucho peso y eran inexactos.

Con la invención del péndulo por parte de Christian Huygens, se logra mayor exactitud y se agregan los minuteros.

Relojes a cuerda, de cuarzo, eléctricos, siguieron haciendo el camino de la relojería.

En nuestros días los relojes forman parte de todo nuestro entorno, ya que los encontramos en electrodomésticos, en los autos, en celulares, computadoras y es evidente que en estos tiempos cada uno de nuestros días están perfectamente marcados por sus presencias.

Simbología de los relojes

Todo reloj simboliza el tiempo y por lo tanto su imagen nos hace reflexionar acerca de la vida y de la muerte. Pasado, presente y futuro quedan hermanados entre las agujas de los relojes que custodian nuestros días.

Cada uno de ellos se comporta como un testigo silencioso de momentos únicos e irrepetibles que el tiempo envuelve y se lleva sin piedad.

El tiempo se cuela entonces en cada tic-tac, en cada grano de arena que se desliza apurado marcando minutos, o en la longitud de la sombra que señala las horas en un reloj solar. El tiempo está allí, en las clepsidras que dejaron escapar toda el agua, en las velas que se consumen de a poco, como la vida misma, en los relojes apurados de instantes felices o en aquellos que alargan las horas de vivencias tristes. Todo reloj nos conecta con el sentido de caducidad que encierran los días y, a su vez, nos arraiga a lo cotidiano marcando nuestras rutinas.

Relojes literarios

Los escritores de todos los tiempos han elegido al reloj como símbolo en sus creaciones literarias. Ya sea representado al tiempo, a la vida o a la muerte, los relojes se pueden descubrir acompañando a numerosos personajes o siendo ellos mismos protagonistas de muchas historias.

El gran Julio Cortázar en “Instrucciones para dar cuerda a un reloj” lo considera más bien una carga y lo asocia a la muerte:

“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire” …
“Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo” …

En toda la obra de Borges el tiempo está presente de una u otra forma. En su poema “Reloj de arena” utiliza imágenes que nos permiten ver el paso del tiempo a través de un artilugio de esas características:

…“Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana”…

Adolfo Bioy Casares juega con el tiempo y alude a la vejez y la muerte en varias de sus obras. Así en “Las vísperas de Fausto” el reloj, símbolo del tiempo que termina, cierra la historia:

“Con valerosa indiferencia postergó hasta el último instante la resolución de huir o de quedar.
La campana del reloj sonó” …

Antonio Machado en su poema “Daba el reloj las doce…y eran doce” menciona al reloj de agua:

“Daba el reloj las doce… y eran doce
golpes de azada en tierra…
– ¡Mi hora! …-grité. El silencio
me respondió:-No temas;
tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla.
Dormirás muchas horas todavía
sobre la orilla vieja,
y encontrarás una mañana pura
amarrada tu barca a otra ribera”.

El autor español Fran Muño en su libro de poemas “La Hora de los relojes“ utiliza distintos tipos de artefactos que, reales y figurados, juegan con el tiempo:

“Hay una hora secreta
en la que el mundo se detiene,
todo se paraliza,
nadie se mueve…
Y los relojes salen,
hacen sus recados,
se cuentan poemas,
dan paseos,
se divierten”…

En “La vuelta al mundo en ochenta días”, Julio Verne menciona varios relojes, en este párrafo se pone de manifiesto el valor afectivo de algunos de ellos.

– ¿Las doce? ¡Vaya! ¡Si no son más que las nueve y cincuenta y dos minutos!
-Vuestro reloj atrasa- respondió Fix.
– ¡Mi reloj! ¡Un reloj de familia que procede de mi bisabuelo! No discrepa ni cinco minutos al año. ¡Es un verdadero cronómetro!

El autor inglés David Mitchell, en su obra “Relojes de hueso”, va y viene en el tiempo mediante un creativo movimiento de personajes.

También en la literatura fantástica, en especial para niños y jóvenes, los relojes son protagonistas.

Lewis Carrol, en “Alicia en el país de las maravillas” atrapa al sombrerero loco y a la liebre de marzo en una fiesta eterna en la que siempre son las seis de la tarde.

J. K Rowling, en la saga de Harry Potter da vida a un giratiempo, que permitía regresar al pasado y crea una sala del tiempo en la que los relojes están hechizados.

La autora María Inés Linares, en su libro “Hechicera de los relojes”, cuenta una historia de amor marcada por el tiempo de estos.

Encerrados en las páginas de muchísimos libros, los relojes, marcan el ritmo de las historias. Detienen el tiempo o lo aceleran, pulsan segundos que crean suspenso y laten muchas veces dominando las escenas.

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Historias de confinamiento para épocas de coronavirus: la leyenda del castillo de Drácula

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Por Carlos Sala (*)

En la noche oscura, nada hay salvo el propio corazón. Los monstruos que vendrán a atacarte serán aquellos que tú mismo hayas creado. Bajo esta leyenda se esconde el nombre de Vlad III, el Empalador o Vlad, Drácula, príncipe de Valaquia, el personaje histórico que inspiró a Bram Stoker. Si algo fascinó a la sociedad victoriana de finales del XIX de esta leyenda fue el célebre castillo de Drácula, levantado en las montañas de Transilvania. Lo curioso del caso es que el castillo nunca fue suyo, sino del líder militar húngaro Juan Hunyadi, uno de los mayores estrategas de la historia militar europea, responsable de la muerte del padre de Vlad el Empalador, el rey Vald II, y fue el castillo donde el mítico Drácula estuvo encerrado durante trece años, de 1462 a 1475.

Durante estos largos años, los relatos de la crueldad de Vlad III empezaron a circular por toda Europa y los libros que recogían sus batallas, leyendas y torturas se convirtieron en auténticos “best seller” de la época, sobre todo en los reinos alemanes e italianos. En Rumanía era un héroe popular. Todos querían saber qué crueldades había cometido contra los otomanos, enemigo de todos los pueblos europeos, por un lado temiendo su rabia y violencia y por otro celebrándola al cargarla contra un enemigo común.

Sus estratagemas para vencer a un ejército que les superaba en más de 4 a 1 fueron múltiples, de mandar al campo de batalla a niños y mujeres para tener más cuerpos con los que detener el avance enemigo hasta envenenar pozos que pudieran usar los otomanos, pasando por desplegar enfermos de peste a las líneas enemigas. Aunque si por algún motivo se convirtió en leyenda fue por matar a más de 20.000 otomanos en avanzadilla y recibir al ejército del sultán con un bosque de cadáveres impalados que aterrorizó a los turcos. ¿Quién podía ser capaz de algo así?

La victoria fue celebrada y Vlad convertido un héroe de la región rumana, pero justo después de su gran victoria fue capturado por las tropas húngaras y hecho prisionero en el Castillo de Hunyard, también conocido como el castillo Corvino, nombre del hijo de Juan Hunyard. ¿Qué pasó durante esos trece años que vivió encerrado en el castillo? Poco se sabe, pero a día de hoy todavía se oyen voces de ultratumba entre sus paredes. Algunos dicen que es el propio Vlad, que ansía escapar de su encierro. Otros, que son los grito de horror y sufrimiento de sus víctimas.

El caso es que Vlad fue liberado sólo para morir meses después a manos de los otomanos. Sus enemigos le capturaron y la leyenda dice que lo descuartizaron en 43 pedazos, repartiéndolos por diferentes lugares para que nunca pudiese volver a la vida. La ironía es que con los años se convertiría en epítome de no muerto y figura de cuerpo eterno. Vlad volvía a derrotar a los otomanos después de muerto.

Situado en las montañas Calimani, en Transilvania, en lo que es la actual frontera con Moldavia, hoy es una gran atracción turística, y lo más cerca que existe a una “casa de Drácula”. Entre los fantasmas que dicen que asolan el castillo están los de tres prisioneros turcos a los que se les prometió la libertad si cavaban un pozo y encontraban agua. Después de quince años de fatigoso trabajo, los tres prisioneros encontraron agua, pero cuando reclamaron su libertad lo único que consiguieron fue una cruel burla. Se dice que Hasan, uno de los torturados soldados otomanos, escribió bajo la piedra, “ahora tenéis agua, pero no tenéis alma”. Una nueva demostración que toda casa encantada comienza con un cruel confinamiento.

De estilo gótico renacentista, lo cierto es que este inusual castillo despierta todos los anhelos de lo paranormal. Quizá la figura del vampiro sólo es la del fantasma que ansía un cuerpo con el que volver a conquistar el mundo. Junto a la Winchester Mistery House, es, desde luego, de las edificaciones más espeluznantes que se hayan construido nunca. El mito de Drácula sediento de sangre es en realidad el del fantasma sediento de cuerpo para seguir su vida de venganza, muerte y conquista, el triángulo del mal.

(*) Diario La Razón de España

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Preocupaciones, experiencias y sueños de los libreros, en tiempos de aislamiento social

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Por Walter Omar Buffarini /
Entrevistas: Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)//

A casi cincuenta días de decretado el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio para hacer frente a la pandemia de coronavirus en la Argentina, muchos son los efectos colaterales de una medida que apuntó fundamentalmente, y hasta el momento con buenos resultados, a cuidar la salud de cada uno de los habitantes.

Entre esas consecuencias no deseadas se cuentan los daños en prácticamente la totalidad de la actividad productiva, realidad a la que la industria del libro tampoco ha podido escapar.

Para entender un poco más acerca de este inesperado momento y cómo pararse frente a él, ContArte Cultura consultó a representantes de algunas de las más importantes librerías de la ciudad de La Plata, quienes contaron sus experiencias y se animaron a delinear el futuro inmediato.

Respecto de las consecuencias inmediatas tras decretado el aislamiento, los libreros coincidieron en que la caída de las ventas fue total, habiendo podido mitigarlo mínimamente con la autorización de la venta online.

City Bell Libros (13c Nº246 e/ Cantilo y 473bis)

En ese sentido, Ana Borean, de City Bell Libros, manifestó que “las ventas han caído abruptamente y el método online con envío incrementó costos y dificultó la comercialización”.

Por su parte, desde Rayuela Libros Guadalupe explicó: “La primera consecuencia fue la librería cerrada”. Asimismo, detalló que ante esto sus primeras actividades fueron “arreglar las bases de datos desde casa y generar contenido para las redes sociales”.

Un tanto más preocupado Eduardo, desde la librería Atenea, aseguró estar “sin posibilidad de ninguna venta durante 30 días, con facturación cero”.

Jorge García, uno de los propietarios de La Normal Libros, explicó que “inicialmente se rompió la cadena de pagos, lo que nos produce un retraso importante con nuestros proveedores, servicios y demás. Un perjuicio muy grande a largo plazo, ya que lo que no se vendió en su tiempo no se recupera”.

Ampliando en ese aspecto, García afirmó necesitar de “un lapso de trabajo de un año para volver a estar al día. Si antes veníamos con carga impositiva muy alta más los gastos que prácticamente no nos dejaba margen, esto nos hace muy difícil afrontar deudas y más a futuro”.

Librería Atenea (Diagonal 80 Nº 1010 esq. 49)

Nuevas estrategias

Ante este panorama, los libreros pusieron en marcha diversas y variadas medidas para sostener su comercio, entre las que se destacan los descuentos y las entregas a domicilio, como así también las ventas a futuro.

“En Rayuela hicimos tarjetas de regalo para pasada la cuarentena y algunas ventas telefónicas con descuentos especiales y a través de nuestra página web”, afirmó Guadalupe, quien aseguró que “no es una tarea sencilla”.

En City Bell Libros la modalidad optada fue “tomar pedidos por Whatsapp (221 5897352), responder así consultas de todo tipo y coordinar entregas en La Plata y toda las Zona Norte que abarca, City Bell, Gonnet, Villa Elisa, Arturo Segui, Los Porteños, Ringuelet y Gorina, entre otras zonas”.

“Nosotros tuvimos la suerte de que teníamos ya preparado todo nuestro sistema a través de la web para ventas electrónicas con entregas y solo tuvimos que hacer un par de ajustes”, sintetizó García, ampliando que “en La Normal entregábamos por Glovo, pero esa modalidad ya no fue aceptada por la Municipalidad y debimos cambiar el método de envío, que implica un costo extra tanto para el cliente como para nosotros”.

Rayuela Libros (Plaza Italia Nº 187 e/ 44 y diagonal 77)

Agradecidos a los lectores

Si bien todos destacan que no pueden compararse las ventas en librería con aquellas que se hacen por envío, los resultados no han sido tan malos.

“Gracias a nuestros fieles clientes, nos encontramos con una gran demanda de pedidos, la que tratamos de responder en tiempo y forma. La gente está urgida de leer o necesitan los libros escolares para hacer las tareas. Tratamos de adaptarnos a esta situación lo más rápido posible y de la mejor manera” afirmó Borean.

Jorge García remarcó que en La Normal tuvieron “muy buena aceptación de los clientes al delivery”, y que “mucha gente nos agradece por hacerles más amena la cuarentena. Un libro es algo fundamental para estos momentos.

En Atenea contaron su experiencia destacando que “la venta electrónica, sea como fuera, es fácil para vender Sacheri, Allende o cualquier otro bestseller, pero es muy difícil para una librería especializada como la nuestra”. De igual modo explicaron que “al no tener página web hacemos las ventas por Facebook, Instagram o correo electrónico, lo que es un poco complicado o engorroso, pero que poco a poco vamos mejorando”.

Desde Rayuela explicaron que la nueva experiencia que les toca vivir es “caótica”, pero a la vez “cargada de emoción y ansiedad”. Del mismo modo se saben “unos privilegiados”, ya que “poder estar trabajando es una suerte”.

Aunque también reconocen inconvenientes: “Como toda forma nueva de trabajo, recién ahora nos vamos organizando. Siempre tenemos activas nuestras redes sociales y a principio de año lanzamos nuestra página web, así que podríamos decir que estábamos preparados”.

La Normal Libros (Avenida 7 Nº 1125 e/55 y 56)

Por la vuelta a la normalidad

Finalmente, en relación a lo que los libreros creen necesario para contener su actividad, principalmente figura la necesidad de poder volver a tener gente en sus locales.

“Somos una librería de público presencial en el local”, insiste Eduardo de Atenea, entendiendo que “las opciones para nosotros como para otros comercios similares son implementar horario reducido o, como está sucediendo en otros lugares, salidas reducidas del público según la terminación del documento”.

En el mismo sentido opinó Jorge García: “Lamentablemente vemos un panorama sombrío. Nuestra librería en particular es más un paseo para nuestros clientes. Aquí pueden mirar, hojear, elegir, es una experiencia que ninguna web puede dar. Tener que decirle a un cliente que quiere venir a buscar un libro que no puede, que no podemos atenderlo en la librería, es un puñal para nosotros”.

“Agradecemos que nos hayan tenido en cuenta dentro de las medidas que nos permiten poder vender algo, pero lamentablemente de esta manera sólo podemos cubrir los costos y no mucho más. Entendemos la situación de la pandemia y estamos alineados con la cuarentena, pero sin clientes dentro del local, viendo los libros, asistiendo a las presentaciones de los autores, intercambiando opiniones con el librero, no veo que se pueda mejorar”, aseguraron desde City Bell Libros.

Y en esa mirada hacia adelante, desde Rayuela afirman: “¡Vemos más gente leyendo!” y se atreven a asegurar que “las condiciones cambiarán”.

“Pensábamos transcurrir todo el 2020 cumpliendo nuestros 29 años y festejando los 30 por llegar, pero si bien no vamos a poder llenar la librería de niñas y niños, autores y lectores, ya veremos que vuelta le encontramos. La cosas van a estar difíciles para todos, pero la lectura siempre es un buen refugio”.

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Cadenas: eslabones entrelazados en la cultura y en el arte

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

Encadenada

Algo se había roto y, sin embargo, todavía seguía atada al último eslabón de su desdicha. Sobre el suelo descansaban los otros, fríos y oxidados, tan solo el recuerdo de aquello que la había esclavizado.

En su mente cansada, se enredaban las palabras sobre los hechos y estos se manifestaban en su cuerpo dolorido. La bronca se hacía nudo en su espalda y el silencio era hielo en su garganta. Sus ojos buscaban un rumbo que los pies no se animaban a tomar. El universo se había quedado quieto y se expandía delante de ella en nieblas de incertidumbre.

Todo había acabado, la cadena que la unía a su pasado se había roto. Y, sin embargo, esa extraña sensación de libertad era lo único que la mantenía inmóvil. Quizás, todavía seguía atada al último eslabón de su desdicha.


Simbología de las cadenas

Toda cadena está constituida por eslabones o anillos y desde el punto de vista simbólico puede representar la unidad, dada por la afinidad entre aquellos que se vinculan a través de ella, como así también la esclavitud, mediante algún tipo de atadura física o psicológica que cercena la libertad de los encadenados.

En tribus ancestrales, como algunas africanas, las cadenas formaban parte de poderosos Totem en los que se unían dos figuras para convertirlas en una. En muchas sociedades antiguas, como la romana, se usaban para condecorar a los soldados destacados en la guerra, o para resaltar a los que ejercían el poder como sucedía entre los galos.

De la misma manera, aparecen en diversas culturas e incluso han sido centro de infinidad de mitos.

Las cadenas en la mitología

Desde la antigüedad, las cadenas se han utilizado como figuras o metáforas de las que se valieron los distintos autores. Entre los filósofos griegos, por ejemplo, Platón hablaba de la esclavitud y de las cadenas en el famoso Mito de la Caverna, que trata de poner en evidencia el tema de la educación y de las ideas en la historia de la humanidad. Ésta, esclavizada por su propia ignorancia e inconsciente de ella, no puede descubrir lo que existe más allá de la caverna de las costumbres. Con un lenguaje cargado de metáforas y utilizando a las cadenas como un verdadero símbolo, Platón trata de explicar el recorrido que deberían hacer los prisioneros para liberarse de esa prisión que los mantiene anclados a viejas creencias:

Del libro República

(514a) – Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, uno como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos. – Me lo imagino. – Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan. – Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros. – Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? – Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas… (ver mito completo)

Asimismo, en otro famoso mito, Prometeo es castigado por Zeus, quien lo encadenó por haber robado el fuego divino para ponerlo en manos de la humanidad.


Cadenas en la literatura

Poemas y cuentos han sido en muchas oportunidades el espacio en el que los autores utilizaron las cadenas como símbolo para contar una historia.

Así el caso del escritor Lope de Vega en su poema “Cadenas desherradas, eslabones”:

Cadenas desherradas, eslabones,
tablas rotas del mar en sus riberas,
tronchadas astas de alabardas fieras,
reventados mosquetes y cañones;

ruinas de batidos torreones
a cuya vista forma blancas eras
el labrador, jirones de banderas,
abollados sangrientos morriones;

jarcias, grillos, reliquias de estandartes,
cárcel, mar, guerra, Argel, campaña y vientos
muestran en tierra o templos suspendidos.

Y así mis versos en diversas partes
mi amor cautivo, el mar de mis tormentos
y la guerra mortal de mis sentidos.

El escritor Miguel de Cervantes Saavedra también se vale de la imagen de las cadenas en uno de sus poemas:

Las cadenas

Hay quien piensa que en el mundo las cadenas
solo están para atrapar en las prisiones
dónde dicen que se enjugan las condenas,
los pesares se consuelan con las penas
olvidando que han de andar con condiciones.

Que hay cadenas con sus muchos referentes,
las que ocultan de la vista la mirada,
las que suelen rodear a nuestras mentes,
las que impiden que seamos más conscientes,
las que dan a la razón una patada.

Las que toman su alimento de otras fuentes
en que el agua nace ya contaminada,
que se dejan seducir por indigentes
con olores putrefactos, malolientes
que recuerdan que ha de haber ropa quemada.

Todas ellas van trenzadas de eslabones,
todas ellas van fingiendo ser seguras,
todas ellas repitiendo sus razones,
que es llevarte a su redil con sus sermones
y dejarte en tu zurrón sus amarguras.

Del mismo modo, Pedro Calderón de la Barca simboliza la esclavitud y las ataduras de las cadenas en su comedia “Las cadenas del demonio”. A continuación, un fragmento de la obra:

Jornada primera

(Salen Irene, y Flora y Silvia deteniéndola.)

Irene: Dejadme las dos.

Flora: Señora,
mira…

Silvia: Oye…

Flora: Advierte…

Irene: ¿Qué tengo
de oír, advertir y mirar,
cuando miro, oigo y advierto
cuán desdichada he nacido,
solo para ser ejemplo
del rencor de la Fortuna
y de la saña del tiempo?
Dejad, pues, que con mis manos,
ya que otras armas no tengo,
pedazos del corazón
arranque, o que de mi cuello,
sirviéndome ellas de lazo,
ataje el último aliento;
si ya es que, porque no queden
de tan mísero sujeto
ni aun cenizas que ser puedan
leves átomos del viento,
no queráis que al mar me arroje
desde ese altivo soberbio
homenaje, en fatal ruina
de la prisión que padezco.

Silvia: ¡Sosiega!

Flora: ¡Descansa!

Silvia: ¡Espera!

Irene: ¿Qué descanso, qué sosiego
ha de tener quien no tiene
ni esperanza de tenerlo?

Silvia: El entendimiento sabe
moderar los sentimientos.

Irene: Ésa es opinión errada;
que antes el entendimiento
aflige más cuanto más
discurre y piensa en los riesgos.

Flora: Es verdad, pero también…

Irene: No prosigas; que no quiero
desaprovechar mis iras
ahora en tus argumentos.
Dejadme sola, dejadme,
idos, idos de aquí presto.

Flora: Dejémosla sola, pues
sabes que solo es el medio
de su furor el dejarla.


En las artes plásticas

Tanto en pintura como en escultura las cadenas forman parte de diversas obras. Entre tantas, unas cuantas que sirven de ejemplo:





En la música

Las cadenas no se encuentran ausentes en infinidad de composiciones musicales:

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2019-79370965 Edición Nº