Claudia Sobico: “Un buen poeta es quien logra meterse en vericuetos que trasciendan la semántica”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Las palabras se mueven a su alrededor, son voces superpuestas a la morfología de lo cotidiano, sonidos que despiertan, huellas que toman vida y se convierten en música sobre los escombros, sutiles flechas que atraviesan lo evidente para transformarlo en poesía.

Claudia Sobico se deja llevar por el misterio de las palabras, las busca, saborea sus letras, recorre sus formas, escucha los sonidos que emergen desde sus bordes, se deja caer en los abismos de silencio y juega con ellos para crear el paisaje que habita en cada una de sus obras.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora habla de sí misma, de su obra, cuenta en qué se encuentra trabajando por estos días y se anima a dejar un deseo fruto de su pasión.

—Para comenzar la charla, mencionanos algo que te represente, ya sea un objeto, un verso o una imagen que diga algo de vos.
—Me tatué la imagen de una Venus en mi espalda, diosa del amor, la belleza y el erotismo. Pero esta Venus no es una escultura, sino una mujer viva. En ella conviven el pasado y el presente. La Venus no tiene brazos, sabe de sus limitaciones, las impuestas y las propias, pero tiene, sin embargo, voz y mirada. Ojalá pueda reflejar algo de su sabiduría en mi escritura. 

—¿Qué significa “la palabra” en tu vida?
—Representa varias cosas. Búsqueda de significado, por un lado. Uso mucho el diccionario en español y en inglés (soy profesora de inglés). Los diccionarios son indefectiblemente las dos primeras ventanas en mi pantalla. La palabra tiene también para mí un borde lúdico. Me gusta jugar con el sonido de las palabras, buscar una rima, una aliteración que logre atravesar la barrera del significado. Creo que un buen poeta es quien logra justamente eso, meterse en vericuetos que trasciendan la semántica. La palabra es también, creo, una forma de la libertad y la salud. ¿Cuánto mejor nos sentimos después de decir? 

—¿Lográs descubrir poesía en todo lo que te rodea? ¿Cuáles podrían ser los gérmenes de un poema?
—No sé si logro poesía de lo que me rodea, lo que sí logro es ver belleza donde quizás otros u otras no la vean. Eso, a veces, se vuelve un poema. Los gérmenes pueden ser varios. Algo que me preocupe, o un tema que me venga rondando hace tiempo. El amor y el cuerpo son temas recurrentes. 

—¿Qué libros de tu biblioteca son inspiradores a la hora de crear?
—Es difícil mencionar alguno en particular porque van cambiando. Casi siempre es poesía. Depende qué esté escribiendo busco el tono que me meta en ese ritmo de escritura. Últimamente me estuvo acompañando Descubrimientos, crónicas inéditas de Clarice Lispector

—Contanos qué no puede faltar en tu mesa de trabajo.
—Mate o tinto, depende la hora. Diccionarios. Música. Dos pitadas, si se puede. 

—¿Cuál fue el punto de partida de tu novela “La Grafa” y de qué manera construiste las distintas voces?
—El punto de partida fueron las ganas de escribir un texto homenaje a mi tía Elba, porque se había enfermado. Escribí un texto corto que dio paso a la aparición de un texto tras otro, como si hubiera abierto un baúl de recuerdos. La primera voz en surgir y horadar la memoria fue la de la niña. Después, de tanto meterme en ese espacio de mis cinco y seis años, se manifestó la voz de la madre, guardada como intacta en algún rincón. Por último, apareció la voz del padre. Una voz de fragmentos mínimos, casi austeros. El montaje de la presentación de esas voces que se entrecruzan lo decidí al final, después de haber escrito todo el texto. 

—¿Cómo fue el proceso de búsqueda de los distintos elementos u objetos que pintan los escenarios y el tiempo histórico de esta novela?
—No hubo búsqueda consciente. Escribí La Grafa desde la ficción de mis propios recuerdos, sin evaluar consecuencias, ni hacer especulaciones. Nací en el 73, así que el terror y las dificultades económicas de una familia obrera fueron parte de mi escenario. Narro en La Grafa la percepción de esa realidad desde los ojos de una niña. 

—¿Qué palabra elegirías para sintetizar lo que encierra tu libro de poemas “Venus en acuario”?
—Cuerpo

—¿En qué proyectos estás trabajando por estos días?
—Estoy tratando de cerrar una novela corta, trabajando en un proyecto de escritura no creativa y también escribiendo algunos cuentos infantiles y relatos. 

—Un deseo que te gustaría ver cumplido en tu camino literario.
—Describir la belleza. Desearía escribir un solo texto, tan solo uno, si pudiera, que sea luz, un redondel o canción que te deje un gustito en la boca. 

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