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Florencia Ghio: “Quiero crear una obra que quien la lea no la pueda soltar y que cuando la termine, la extrañe”

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Por Andrea Viveca Sanz

Con una infancia cargada de libros que la invitaron a sumergirse en las historias que escondían,  Florencia Ghio se enreda hoy en palabras y situaciones que la rodean en su profesión y se atreve a transitar el camino de la ficción.

En ese recorrido catártico, es capaz de jugar con la realidad construyendo personajes que libera en páginas cargadas de suspenso y acción.

Se desplaza con soltura en ambientes y temas que le son propios y logra  pintar esos espacios con gran habilidad.

Es autora de numerosos cuentos y de una novela en los que pone de manifiesto su pasión por las letras y su compromiso con cada historia que nos regala.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora cuenta su experiencia en el mundo de las palabras y nos invita a entrar en sus libros para hacernos parte de sus universos creados.

—A modo de presentación, ¿Cómo sería el comienzo de tu autobiografía?
—Comenzaría contando que soy una mujer que pasó su infancia rodeada de montañas, potreando todo el día y cuando no se podía –porque nevaba o llovía con mucha frecuencia- como vivía en una casa repleta de libros, incluso sin saber todavía leer, me la pasaba curioseándolos, intentando deducir por sus tapas e ilustraciones –cuando las tenían- qué historias se esconderían dentro de ellos. Muchísimo antes de que pudiera empezar a ver televisión por primera vez –porque allí no había- ya tenía unas cuantas novelas leídas en mi haber. Me gustaba el romance, pero no era la típica chica que devora cuentos de princesas, no, disfrutaba mucho de historias de aventuras y también de aquellas que me conmovieran, como Oliver Twist o los cuentos del libro Corazón. A los doce años se me dio por escribir una novela cortita, y en la adolescencia cuentos y poemas. Después apareció mi vocación por el derecho y elegí esa carrera. Desde que me recibí, como todo abogado, me la pasé escribiendo, entonces allí estaba bien canalizada mi inquietud. Pero llegó un día en el que tantas historias que conocí a través de mi profesión comenzaron a inspirarme para escribir ficción, y aquí estoy respondiendo a estas preguntas por haber publicado mi novela El Ciudadano y mi libro Amor Ciego y Otros Cuentos.

—¿Cómo fue el proceso por el cual las vivencias de tu profesión de abogada se convirtieron en ficción?
—Creo que empezó como una manera de hacer catarsis, por cosas que he visto en mi profesión con las que no comulgo, y encontré esta manera de expresarme. Después descubrí que era mucho más que una descarga, sino algo que disfrutaba muchísimo haciéndolo, y entonces, desde ese momento, no paré de escribir ficción. Y le estoy poniendo mucha energía y pasión a esta nueva faceta.

—Describinos el espacio físico en el que te dedicás a gestar tus historias.
—La verdad es que tengo una capacidad de abstracción muy grande y puedo escribir en cualquier parte, por lo que diría que no hay un lugar determinado. En definitiva, el escenario es cualquiera en que se den dos requisitos indispensables: que tenga tiempo para hacerlo y haya una computadora fija o lugar donde apoyar mi notebook. Soy muy metódica para escribir, si estoy trabajando en una novela, me impongo escribir todos los días, como sea, y si ese día no me surgió ninguna idea, o estoy trabada, por así decirlo, releo y corrijo lo que ya escribí. No me quedo esperando que aparezca la inspiración, sino que me enfrento a la hoja vacía y la relleno, después, veo si me sirve o no, pero la clave para mí es hacerlo.

—¿De qué manera construís a tus personajes?
—En mi novela El Ciudadano y en la que estoy escribiendo actualmente, e incluso en algunos cuentos de Amor Ciego, hay personajes que atraviesan o son sobrevivientes de historias de violencia familiar. Para construir esos personajes me fue de gran utilidad una especialización que hice en esa temática, de allí extraje síntomas y comportamientos. Y me pareció importante trabajar en esto para ayudar a concientizar a la gente, porque nada se habla de cómo es la vida cotidiana de un sobreviviente de violencia doméstica, que tiene síntomas que se han comparado a los de personas que estuvieron cautivas en campos de concentración, y por lo tanto todo se les hace cuesta arriba en su vida social. Y luego investigo muchísimo. Ahora, en mi nuevo proyecto, la protagonista es adicta al juego, entonces, aparte de leer sobre esa temática, me estoy reuniendo periódicamente con psicólogos expertos en ludopatía para que me orienten. Después, hay personajes que son una suerte de rompecabezas de un montón de personas que he conocido, nadie con sus rasgos puros, pero un poco de cada uno.

—¿Qué pueden encontrar los lectores en tu novela “El ciudadano”?
—De todo un poco. Aquellos primeros pasos que di cuando me convertí en la lectora que hoy soy, marcaron mi estilo de escritura: suspenso, romance y un planteamiento sobre temas sociales o si se quiere cuestiones profundas que le suceden al hombre. Pero por sobre todas las cosas van a encontrar una historia que no los dejará indiferentes, que seguro los conmoverá y les llegará al corazón.

—Contanos cuáles son los grandes temas que se tocan en “Amor Ciego y otros cuentos”.
—En Amor Ciego, hay una mezcla de géneros: policial, fantástico, histórico, sátira, realismo. Temas profundos como el amor, la locura, la muerte, la justicia, la belleza y su rol en la sociedad, entre otros, y personajes de los más variados, de diversas culturas, clases sociales, personalidades. Como digo siempre, van a encontrar de todo como en botica.

—¿Hay algún nuevo libro en camino?
—Afortunadamente sí, estoy trabajando en una novela en la que reaparecen personajes de El Ciudadano. Así, la protagonista va a ser Aleida San Martín, que entonces fuera la abogada de Franklin Bustamante Pari. En esta oportunidad, ella se va a interesar en un crimen que tiene por principal acusado a un muchacho que dice ser un chivo expiatorio. Ese es uno de los ejes de una historia con grandes tintes policiales, pero que conforme a mi estilo tendrá también romance y cuestionamientos sobre diversos temas que aquejan al hombre y a la sociedad actual.

—¿Cuál es tu mayor sueño como escritora?
—Que con mis libros pase lo mismo que a mí me sucede a veces como lectora, y cuando me pasa lo celebro infinitamente: poder crear una obra que quien la lea no la pueda soltar y que cuando la termine, la extrañe. Trabajo duro para lograr escribir ese tipo de libros, cambiando los puntos de vista, mutando permanentemente de mi rol de escritora al de lectora de mis propias obras.


Florencia Laura Ghio

Nació en Buenos Aires y es abogada (U.J.F. Kennedy/2001) especialista en violencia familiar, título
adquirido en la Universidad Museo Social Argentino en el año 2003.

En 2009 culminó un posgrado en Derecho Penal en la Universidad de Palermo.

Desde 1999 se desempeña en el Ministerio Público de la Defensa de la Nación.

En 2015 inició el taller literario que dicta el escritor Pablo Gaiano y un año más tarde publicó en Ediciones Deldragón su primera novela, El Ciudadano, con la que obtuvo elogiosas críticas.

Conocé más de Florencia L. Ghio aquí.

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“Senderos de odio”: Luis Carranza Torres desanda los caminos de su nueva obra

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es un disparo. Y otro. Es la sangre derramándose, la muerte que clama. Es un latido seco, la llamarada y el viento que derriba fronteras. Es el sonido de las armas, un corte en la piel, en el tiempo. Son los límites, los territorios de la guerra y de los cuerpos. Son las batallas internas y en las orillas de la vida, el amor.

El escritor Luis Carranza Torres, en “Senderos de odio”, su nueva novela editada por Del Fondo Editorial, transita por caminos peligrosos, viaja una y otra vez con sus palabras para contar una historia donde el odio y el amor se entrelazan sobre la sangre derramada. En cada página las balas perforan el corazón de los personajes y de los lectores. Es un disparo y otro que hacen avanzar una trama al ritmo de las guerras.

ContArte Cultura charló con el autor cordobés para conocer dónde y cómo nació esta historia.

—Comencemos poniendo la mirada en la frase de Pitágoras de Samo que encabeza el prólogo de tu novela, “El principio es la mitad de todo”, ¿cómo y cuándo comenzó esta historia? ¿Percibiste la mitad de todo lo que ibas a escribir a partir de ese principio?

—Al empezar a escribir ya tenía los grandes rasgos de la historia en mente. La cita tiene lo particular de llamar la atención sobre ese encadenamiento de hechos que resulta la vida. Cuando algo inicia, es que existe otro acontecimiento previo. Se ve muy claro en el prólogo, lo que ven es solo el resultado de muchas otras cosas que se irán revelando a lo largo de la novela.

—A medida que uno va caminando por las páginas de tu novela puede ver con los ojos de la imaginación paisajes, colores, vestimentas y hasta percibir aromas o sonidos de los escenarios que elegiste. ¿Cuál fue el recorrido que tuviste que hacer para ambientar tan detalladamente esos lugares?

—Hemos ido a esos lugares con mi familia en varias oportunidades. Recorrido sus bosques, escalado alguna de sus montañas y navegado sus lagos, hasta el límite mismo con Chile. Son lugares entrañables con los que me he encariñado mucho. Quise plasmar eso en la historia. No es solo su belleza, se trata de sitios donde la naturaleza es imponente, pero también dura e implacable.

—También hay una descripción minuciosa de las armas que usan tus personajes. ¿Cómo llegaste a esas imágenes que tienen tanto que ver con la guerra?

—Me gusta y mucho la historia. Soy de los que cree que una época, un tipo de personas o un hecho, no puede quedar descripto sin hablar de los objetos más paradigmáticos de esa época, lugar, o clase de gente. Un fonógrafo, unas tenazas para enrular el cabello o las armas que han definido un tiempo. Por ser seres que habitan una frontera indómita, y muchos de ellos haber tomado parte en la Primera Guerra Mundial, a la que por entonces se le decía de otra forma (“Gran Guerra”), sobre todo porque la segunda no había ocurrido todavía, la relación con las armas es muy particular. Quise mostrar eso. Párrafo aparte (sonrisas) es la relación que tengo con el fusil máuser, como muchos otros en el mundo que lo han empleado. En mi caso, nunca lo disparé, pero mi padre sí y hasta logró un campeonato de tiro con esa arma. Sus experiencias al tirar con ella están en la novela.

—Y unas batallas tienen que ver con otras, las personales. ¿Qué senderos propios transitaste para darles vida a Guillermo y a Ema, tus protagonistas?

—En esta obra la historia de amor se desarrolla en el contexto de una venganza. Situación que se las trae, pues como leí al documentarme para la novela, en un artículo de Miguel A. Hernández titulado “La venganza en la literatura”, con ella se busca restablecer un equilibrio frente al agravio. Es subjetiva y unilateral, lo que convierte a todo el asunto en una cuestión, en definitiva, ética. No por nada la diosa griega Némesis, quien tenía la venganza en sus manos, era también la deidad de la justicia retributiva, la solidaridad, el equilibrio y la fortuna. Resulta también una paradoja de roles: la víctima se convierte en justiciero para algunos y en victimario para otros, pues la violencia, y eso es lo que tiene de dañino, siempre genera víctimas. Aunque algunos se tengan merecido lo que les cae.  

—También el Juez y su esposa Alejandra tienen su historia. ¿Qué cosas de ese magistrado se desprenden de tus propias vivencias?

—Lo he visto no en jueces, sino en empresarios. Personas que tienen todo y sienten que les falta algo, que no se relaciona con lo material. Y que, incluso, en algunos casos se hallan en una jaula de oro. Con todo cuanto se puede ambicionar, pero incapaces de poder ser como querrían, por diversas causas. Esa incapacidad es la que me gustó desarrollar en la novela. Además de una historia de amor, bastante abierta, desapegada, y a dónde conduce ese sendero.

—En muchos capítulos la sangre es también protagonista, como si formara verdaderos senderos de odio. Contanos qué emociones se despiertan en vos al dar muerte a algunos de tus personajes.

—Creo que con los mismos sentimientos que los lectores al descubrirlos. Por ahí uno se encariña con el personaje y cuesta contar su fin, pero la trama es implacable muchas veces en exigirlo. En ese punto, no es distinto que en la vida misma.

—Y entre los senderos de odio despierta el amor. ¿Creés que esta historia no hubiera sido posible sin ese sentimiento?

—Definitivamente. Es, en primer lugar y sobre todo, una historia de amor. No fue lo que tuve en mente al inicio, cuando me senté a escribirla, pero fue adoptando esa forma. Como diría Wilbur Smith, detrás de toda novela hay una historia de amor.

—Hay en esta trama varios personajes secundarios muy destacados, ¿cuál de ellos fue el que más disfrutaste al momento de dibujar con tus palabras sus formas y emociones?

—Te podría decir dos, por motivos opuestos: en el médico italiano me gustó contar el proceso interior que ocurre cuando alguien tirado en el piso empieza a querer levantarse. Y en el caso del bandolero ruso, el narrar la sicología de alguien que es una basura de persona. Cómo se llega a eso.    

—¿Sabremos más de estos protagonistas en una próxima novela?

—Es difícil dar una respuesta concluyente. Hay personajes fuertes que suelen volver en una nueva historia, y ellos lo son. Pero hoy por hoy, los tengo como de una sola historia.

—Para concluir, ¿cuál sería el aroma que representa el espíritu de “Senderos de odio”?

—El de las coníferas luego de la lluvia. Un recordatorio que la misma vida, que puede ser dura, brinda también segundas oportunidades donde menos se lo espere.

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Un paseo por “Inadmisible”, la novela de Mariano Rodríguez en donde ficción y realidad se fusionan

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Una misión busca abrir viejas puertas, indagar acerca del pasado, despertar preguntas. Es una misión que intenta espiar, sumergirse en los recovecos del tiempo para encontrar las respuestas.

En un largo camino de investigación, el periodista y escritor Mariano Rodríguez bucea en las huellas de la historia para dar vida a una trama donde la ficción y la realidad se funden, palabras adentro, para dar vida al amor.

En diálogo con ContArte Cultura, el autor cuenta acerca de su propio recorrido para llegar al corazón de “Inadmisible”, obra editada por Del Fondo Editorial, donde cada pista abre una puerta.

—Vamos a comenzar esta charla haciendo foco en el nombre de esta novela que busca bucear en una parte de la historia mundial y de nuestro país. ¿Cómo llega este título que es la puerta de entrada a tu obra?

—El título de la novela me gustó porque es fuerte, una sola palabra, fácil de memorizar, y es impactante también. Y al mismo tiempo responde a que durante el proceso de investigación, de escritura, me fui topando con información que para mi era inverosímil, increíble. Que los más altos rangos militares de los nazis hayan estado ocultos en Argentina, entre ellos los propios Adolf Hitler y Eva Braun, al amparo del gobierno de turno, codeándose con la sociedad de Bariloche de ese entonces como si fueran uno más, y habiendo sido quienes llevaron adelante crímenes de guerra, asesinatos masivos, ni hablar de todo lo que fue la persecución nazi a lo largo del mundo. Entonces me parecía que era inadmisible que estos asesinos y personajes nefastos de la historia mundial estuvieran al amparo del gobierno de Edelmiro Farrel, quien estaba de presidente en Argentina cuando llegaron en 1945, y Juan Perón como Ministro de Guerra, que al año siguiente asumiría la presidencia. Entonces el título se compone justamente de todos estos aditamentos. Primero me parecía que era impactante para una novela que busca serlo, no sólo por la investigación periodística, sino también por la trama que lleva a los personajes a vincularse, donde hay amor, donde hay misterio, donde hay también ribetes policiales. Todavía me sigue pareciendo inadmisible, pese a todo lo investigado y el conocimiento de la causa, la desclasificación de archivos y demás, que esto haya ocurrido en Argentina.

—Y porque todo tiene un principio, una semilla que le da vida, nos gustaría saber cuál fue el germen de esta novela. ¿Cómo y cuándo surge esta historia en vos?

—Todas mis novelas, todos mis libros, parten de una iniciativa propia y de una curiosidad por saber más del tema que me interesa, que intento desarrollar, y que sea atractivo también para el lector. Hace tiempo que giraba en mi cabeza mucha incertidumbre sobre la llegada de los nazis a Argentina. Había escuchado historias que eran increíbles y de las que no podía dar fe, así que me dije “tengo que investigar, tengo que conocer un poquito más”. Ahí me puse el traje de periodista y comencé a entrevistar a historiadores, a otros autores que ya habían ido sobre los rastros de los nazis en la Argentina, como el propio Abel Basti o Nicolás Gilardi, quien escribe para Infobae y había tenido bajo su responsabilidad la redacción de artículos sobre los nazis en nuestro país. Así fueron surgiendo informaciones que venían de distintos estamentos, y de ese modo me fui generando una idea de lo que fue pasando en esos tiempos y tratando de recrear las vivencias que había rescatado, que habían llegado a mí por personas que vivían y residían en la zona y que me contaban sus testimonios. Pero siempre parto de la base de que el tema tiene que interesarme a mí. No podría escribir sobre algo que no me resultara atractivo, porque tampoco lo podría hacer interesante para los lectores si yo no los encaro con la pasión, las ganas y el deseo de saber más y poder contarlo.

—¿Qué caminos de investigación tuviste que llevar adelante para construir la trama narrativa?

—Los caminos fueron varios. La consulta, como contaba anteriormente, con algunos historiadores que han indagado muchísimo sobre el nazismo en Argentina y han documentado también. Me nutrí de esos valiosos aportes. La verdad es que me fue muy sencillo, porque en cada lugar donde comentaba que estaba escribiendo un libro sobre el nazismo en Argentina, todos tenían alguna historia. Recuerdo una vez que salía de hacer el servicio informativo de radio Continental, a las 6 de la mañana y me tomé un taxi —en ese momento estaba en pleno proceso de escritura en donde uno se va nutriendo de todos los canales por donde puede buscar, indagar, conocer— y estaba viendo un documental en YouTube sobre el nazismo. El conductor escuchó y me preguntó, y al enterarse en que andaba me contó una anécdota que le habían relatado sobre que en el cementerio de la Recoleta en un momento se hizo una ceremonia muy íntima, para muy poquita gente en el más absoluto de los secretos, y se pasó una canción para despedir al féretro que era la preferida de Hitler, hecho que provocó un revuelo muy grande. Y así se dio con muchas otras historias que yo desconocía y situaciones que se fueron repitiendo a lo largo de la investigación. Como el caso en que siendo profesor de una materia en el ISET 18, en la carrera de Locución, una alumna me contó que procedía de Bariloche y que allí había una hostería que todos los meses de abril, en el día en que se cumple el nacimiento de Hitler la cerraban y lo conmemoraban. Así me fui nutriendo de cosas que volqué en el libro, además de lo que pude recabar a través de internet o de otros testimonios, como el de Carlos Perciavalle, quien dice que junto con China Zorrilla, en el hotel El Casco de Bariloche, fueron invitados por los dueños a acompañarlos en una velada y se toparon con Hitler y Eva Braun. Hay muchas cosas que se han dicho y que son muy difíciles de comprobar, pero todo está volcado en el libro. Siempre la premisa es no convencer a nadie. En este caso, que cada uno lea Inadmisible y que después saque sus propias conclusiones, más allá de mi convencimiento y que la historia parte de que descreo de lo que cuenta justamente la historia oficial acerca de que Hitler se suicidó junto a su mujer en su búnker de Berlín.

—A lo largo de las páginas tus personajes recorren espacios que tienen su propia historia, ¿realizaste esos recorridos mientras escribías?

—Algunos lugares pude visitarlos previamente, como el Hotel Edén de La Falda, donde indagando en su historia caigo en la cuenta que no sólo ese hotel fue importante para que Hitler existiera y el nazismo fuera lo que terminó siendo a lo largo de su historia, sino para la Argentina misma. Desde ese hotel, que era de capitales alemanes y cuyos dueños eran los matrimonios de los hermanos Walter y Bruno Eichhorn, se enviaban los fondos, o parte de estos, a Berlín para ayudar a la campaña política del führer. A veces no dimensionamos, pero en Argentina se gestó parte de lo que fue la operación nazi, tal vez sin saber en lo que podría llegar a convertirse con el paso del tiempo. Así también se presume que Hitler visitó en un par de oportunidades ese hotel y que allí estuvo alojado, más precisamente en el casco central en donde vivían los propietarios. Además también está el Hotel Gran Viena, en la localidad de Miramar de Ansenuza en Córdoba, sobre la vera de la laguna Mar Chiquita, que también pude conocer tiempo después. En Bariloche recorrí algunos lugares previo y post escritura del libro, entre ellos el hotel El Casco, el Club Andino, algunos sitios que yo menciono en el libro y por los que los nazis fueron dejando huella. También el colegio Primo Capraro y varios lugares donde se fue entretejiendo la historia y fui reconstruyendo el rompecabezas. Siempre me gusta, si puedo hacerlo, visitar los lugares previamente al proceso de escritura, conocer a las personas, tratar de indagar. Eso es lo que hace que las historias que escribo sean tan reales.

—¿Cómo fue el proceso de construir a Elkin y Agnes?

—Elkin fue el primero que apareció en mi cabeza. Necesitaba encontrar un personaje fuerte, osco, infranqueable, como para que fuera quien llevara adelante esta investigación y que en su persona yo pudiera ir contando todos los detalles de la misma. Pero no me alcanzaba con eso, también necesitaba encontrarle una persona que lo pudiera movilizar, que pudiera vulnerar justamente su personalidad y hacerlo bajar la guardia, y así generé a Agnes, una mujer hermosa que si bien es argentina es de ascendencia alemana, lo que generaba un montón de controversias en cuanto a la investigación que el ruso desarrollaba en nuestro país: ni más ni menos que desmitificar y recorrer los últimos pasos de Hitler y de los nazis en Argentina. Entre ellos se entreteje una delgada línea entre confianza, amor y también traición, y creo que es lo que hace que el personaje de Elkin se vuelva tan fuerte, apuntalado por Agnes, que no solo se enamora de él, sino que lo acompaña en un gran tramo de la investigación, haciéndolo un poco más humano.

—Como contabas, a medida que se avanza en los misterios de la realidad también crece una historia de amor en la ficción. ¿Pensaste en algún final diferente para la pareja protagonista?

—A medida que se fue construyendo la historia, tuve al personaje principal, Elkin, al que se le anexó Agnes, y con el correr de los capítulos surgió el nombre de la novela, Inadmisible. Pero cuando fui llegando al final, este cambió tres veces. Entiendo que eso enriqueció el texto, porque le fue dando giros inesperados a la trama que a mí mismo me fueron sorprendiendo. Iba a terminar de una manera, pero se me ocurrió que la elegida era la más simple que se podía dar y entonces busqué complejizarla un poco más. Así lo hice en dos ocasiones hasta alcanzar el final definitivo, que entiendo que es el que mejor cierra la historia, porque lleva al lector a elucubrar distintas hipótesis de qué es lo que pueda haber pasado en esos momentos. Fue muy atractivo para mí cómo se fue generando la historia y cómo esos cambios en los finales enriquecieron la obra.

—Decíamos que la realidad y la ficción se rozan todo el tiempo en tu novela, al punto de ensamblarse una con la otra, ¿De qué manera trabajaste para lograr esa fusión?

—Para mi siempre hay una línea muy delgada entre realidad y ficción. Trato de respetar con la mayor seriedad y veracidad posible el transcurso de los hechos en tiempo y forma, cronológicamente, y también prestando atención a los sucesos tal cual se dieron, sean estos buenos o malos, trágicos en la gran mayoría de los que abordo en mis libros. Para lograr esa fusión, primero tengo que conocer al detalle el tema para después saber cómo lo vinculo con la ficción y no apartarme de lo que realmente ocurrió. Esa es una constante y un común denominador en mis novelas, porque así me lo propongo. El que lea mis historias se va a encontrar con una trama de ficción pero que va a ir amparándose al detalle de lo que fue la realidad, o por lo menos la realidad a la que tuve acceso y pude indagar a través de las herramientas que me ha dado el periodismo en todo este tiempo. Por eso creo que hay una línea muy delgada entre ambas que al lector le cuesta descubrir al ir siguiendo la trama, saber si eso ocurrió realmente o si es parte de la ficción, y es lo que lo hace ir a indagar. Y no es una suposición, sino que me lo han contado varios lectores y lectoras a lo largo de este camino recorrido en la literatura y es algo que me genera mucho placer, porque quiere decir que el objetivo se cumplió. Yo no hago un libro de historias, no hago un manual Santillana de mis novelas, pero sí van a enterarse de un montón de cosas aunque les cueste darse cuenta, porque los datos estarán realmente vinculados y entretejidos con la trama de ficción que, en este caso, diseñé para Inadmisible.

—¿Recordás cuál fue el capítulo que más te costó escribir? Y en caso de ser así, ¿por qué creés que fue?

—Creo que todos los capítulos se fueron construyendo con el paso de las horas y con mis ganas y sensaciones. No soy de los escritores que se dice “la novela va a tener 20 capítulos y cada capítulo va a tener diez hojas, cinco, cuatro, tres…”. Voy escribiendo y cuando tengo la necesidad de generar un capítulo nuevo lo hago, y cuando tengo la necesidad de cerrarlo lo cierro. No entiendo de porcentajes o de cantidades, sí de que cuando la trama pide algo especial, un apartado, hay que aceptarlo, porque eso es lo que hace que las novelas sean bastante versátiles y diferentes unas a otras. Entonces no sigo un cronograma, no sigo una fórmula, voy detrás de mis sensaciones, de mi percepción, voy escribiendo lo que a mi me gustaría leer si fuera el que está del otro lado leyendo la historia. Creo que de esa manera se hace más genuina, distinta, y que también puede vincular al lector con la trama. Que no sea algo tan rígido en cuanto a lo gramático, a lo estructural, sino que vaya generando las mismas sensaciones que a mí me generó.

El periodista y escritor Mariano Rodríguez en la 48º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

—Me encuentro trabajando en la secuela de Inadmisible, que por supuesto no va a llevar el mismo nombre. Es la continuidad de la historia de Elkin Petrov y Agnes Gallinger con otra misión. En lo que se llamará El misterio de los cielos, el teléfono de Elkin suena nuevamente y hay un pedido imperioso y urgente para que se ocupe de una misión que solamente él puede resolver. Ahí el investigador, ya retirado, se debate entre volver o no y en su decisión el lector va a sentir que forma parte. El tema que le toca investigar es muy interesante, de hecho es uno de los misterios que todavía permanece sin resolver a pesar del paso del tiempo. Es la desaparición de un avión militar en el año 1965. Una nave de la Fuerza Aérea Argentina que desaparece en su vuelo de bautismo en Costa Rica y Elkin tendrá que utilizar todas sus herramientas para poder descifrar que pasó con el avión y con su tripulación, de la que nada se sabe. Este es un tema real que aún hoy en día el gobierno argentino y la Fuerza Aérea tiene una deuda pendiente con la sociedad, y principalmente con los familiares de quienes iban en ese vuelo, tanto los cadetes que egresaban de la Escuela Militar de Córdoba como el resto de los tripulantes. Creo que va a ser una historia muy conmovedora, basándose en otro hecho trágico y misterioso, en donde Elkin y Agnes tendrán que volver a ponerse el traje de investigadores y salir al ruedo. La idea es que el próximo año ya esté al alcance de los lectores.

—Para culminar, si pudieras elegir un objeto que represente el espíritu de tu novela, ¿cuál sería?

—No sé si hay un objeto que represente la novela, sí hay varios elementos que aparecen y que a lo largo de la trama son familiares por el lugar donde ocurren y por los personajes, como por ejemplo la infusión del té que Elkin tomaba muchísimo en Rusia y que, acostumbrado a eso, lo hace en tierras patagónicas. También el chocolate de Bariloche, que es uno de los más ricos y codiciados de todo el mundo amparado en recetas que llegan desde la vieja Europa. Y después los hoteles que formaron parte del esplendor de la belle époque argentina y que hoy en su mayoría están en ruinas. Mencionaba al principio el hotel de La Falda, que una parte se ha recuperado para turismo pero luego de varios saqueos que ha tenido que soportar a lo largo de la historia ha quedado desbastado en muchos sectores. El Hotel Gran Viena de Córdoba, el hotel Club Sierra de la Ventana, que ha sido uno de los más fastuosos no sólo de Argentina sino de América. Y así muchas cuestiones que van atravesando la historia y que creo que son elementos que sin ellos no sería lo mismo la trama de Inadmisible.

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Cynthia Edul repasa “El punto de costura”, una obra donde lo familiar y lo laboral disparan y sostienen la historia

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es un hilo más otro hilo. Y otro. Manos urdiendo la trama, el lenguaje de los dedos, un sonido que teje. 

Es una palabra encima del hilo, las voces cosidas, el acento en la aguja, un hilván que sostiene.

Es la tela y el hilo en la tela, la tijera y el silencio, texturas superpuestas, voces asomándose entre los puntos, una costura del verbo.

Es antes y después, todos los hilos y todas las palabras, la sintaxis de la trama.

“El punto de costura” es una obra que se introduce en el universo textil, una trama tejida con hilos personales que se expande más allá del escenario.

En diálogo con ContArte Cultura, Cynthia Edul, autora de los textos, directora y responsable de la lectura en la obra, tira de un hilo y de otros, indaga, cose y corta con su voz, con los sonidos que despiertan, texturas y nombres, en el punto de sus propias costuras.

—Sin dudas a lo largo de nuestras vidas existen hilos de historias que nos cosen por dentro, palabras en las telas de los cuerpos, costuras que nos definen. Para comenzar y a modo de presentación, si pudieras elegir la imagen de una “costura” que te represente, ¿cómo sería? ¿Qué hilos formarían parte de esa trama?

—Creo que la imagen textil que me representa es el Boro. En Japón es un tipo de costura como el patchwork que se hace con retazos y esas prendas se heredan de generación en generación. Cada generación sigue usando ese traje y las memorias de toda la familia se conservan en ese texto.

—Y porque hay hilos que permanecen a lo largo del tiempo, nos gustaría llegar a los orígenes, a tu propio primer punto de costura. ¿Qué vivencias personales te acercaron al mundo textil?

—En mi caso, mi familia paterna se dedicó a lo textil. Desde que llegaron de Siria se iniciaron en ese rubro, así que la tradición del trabajo familiar era ese. Y también el mandato de ese negocio pesaba mucho en mi familia. Yo me dediqué a la literatura, pero siempre estuve involucrada en el negocio familiar y en la pandemia me tuve que hacer cargo… no tuve opción. Entonces empecé a escribir sobre qué sentidos puede tener regresar a los oficios familiares, a la historia del trabajo familiar y recuperar mis experiencia con todo ese mundo.

—¿Cuáles fueron los disparadores para empezar a poner en palabras esas vivencias hasta llegar a dar vida a tu obra “El punto de costura”?

—El primer disparador, como comentaba antes, fue el regreso a los oficios familiares textiles en primera persona. A partir de ahí comencé a construir esa primera línea, que tenía que ver directamente con el motivo del regreso. Después empecé a tirar hilos que se relacionaban con la historia familiar: la historia del algodón, las historias de las hilanderas. Y a sumar otras como las historias de opresión y de resistencia a través del textil. Recuperando eso fui reencontrando las vivencias personales, a la luz de otras vivencias, históricas y sociales.

—Toda la escenografía da cuenta de ese universo donde una trama se superpone a la otra, la palabra y la imagen, el sonido y las texturas, ¿quiénes colaboraron en el proceso creativo del mundo textil sobre el escenario?

—La escenografía fue algo que fuimos construyendo con María Venancio y Nicolás Zuñiga, en un principio, y luego con Sebastián Francia. La idea era hilar texto, imagen y sonoridad, construyendo de alguna manera las mesas de costura. En una trabaja Guillermina Etkin y en otra yo, con un espacio que es la alfombra, el espacio textil tan sagrado para muchas religiones también. Y así, simplificando pero dándole sentido específico a cada función, fuimos construyendo ese espacio, que tiene en el centro al telar y la máquina de coser. Dos elementos que se vuelven centrales en el relato.

—También hay un trabajo muy interesante con la música, un paisaje sonoro que se une a la voz y al piano para crear texturas nuevas. ¿Cómo fue el trabajo con Guillermina para lograr esa fusión de sonidos que ayudan a narrar?

—Con Guillermina leíamos el texto y a partir de eso ella empezaba a componer sonoridades, canciones, tonos, que expresaran el sentido profundo que le provocaba lo que leía. Así que fuimos buscando parte por parte, investigando la sonoridad en cada momento. Además, teníamos una premisa que era usar los textiles como elementos sonoros: de ahí el telar, la máquina de coser, las telas, el costurero y la amplificación de esos sonidos que, como decía John Cage, “actúan”.

—Para concluir, detengámonos entonces en esos sonidos. Si pudieras elegir el que represente el espíritu de la obra, ¿cuál sería y por qué?

—Difícil pregunta, pero si tengo que elegir uno: la máquina de coser. Ese sonido mecánico y al mismo tiempo familiar, ese objeto con el que trabajaron nuestras abuelas, nuestras madres, nuestras tías. Hay está el espíritu de las mujeres costureras. Creo que ese representa muy bien el espíritu de la obra.

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