Gabriela Romero: “Me sentí una escritora cuando empecé a recibir los comentarios de los lectores”

Por Walter Omar Buffarini

Respaldada en la tranquilidad de un ciclo profesional concluido y habiendo superado la etapa de crianza de sus hijos, Gabriela Romero se lanzó a la fascinante aventura de escribir historias.

Lo que comenzó como un desafío con ella misma, hoy se convirtió en una forma de vida, donde las historias pasaron a ser parte de su rutina y los procesos de edición, caminos que disfruta transitar.

La autora platense dialogó en exclusiva con ContArte Cultura y desanduvo con pasión la ruta que la llevó a descubrir a la escritora que se encontraba escondida detrás de la maestra jardinera que fue.

—¿Cuándo comenzaste a transitar el camino de la escritura?
—Siempre me encantó la posibilidad de ser escritora, pero nunca me había sentado a escribir, ni se me ocurría ninguna historia que valiera la pena. A los 16 años escribí alguna poesía, con algunas amigas, pero fue recién en 2012 cuando inicié este camino. Un año antes, en 2011, salí a acompañar a mi marido a realizar unos trámites y al pasar por un sitio vi un cartelito que decía “Clínica de Novela”. Se lo comenté, se me rio y ahí quedó. Cuando me jubilé como maestra jardinera en 2012, volví a pasar por el lugar, no lo dudé, y entré. Allí conocí a Sara Bonfante y Javier Bibiloni, quienes fueron los que me enseñaron y guiaron mis primeros pasos.

—¿Y cómo llegó tu primera novela?
—Es una historia que empieza mucho antes de que iniciará el taller de escritura. Unos cuatro años atrás. Viajé con mi hermana y mi marido a Santa Fe, y en el Museo Histórico vi el retrato de un hombre que me deslumbró. Se trataba de Luciano Torrent, un constituyente de 1853, al que no dudé en sacarle una foto y ponerlo como fondo de pantalla del celular. En ese momento me vino una idea que compartí con mi hermana: “Mirá que bueno para una novela. La historia de una mujer que toda su vida sueña con un hombre y encuentra su retrato en el museo histórico”. Esa fue la semilla. Volví a mi casa y comencé a investigar cómo era Santa Fe en 1853 y armé una carpeta en la PC que decía “Novela”, y puse todo lo que había averiguado sobre el constituyente y su época. Y allí quedó guardado. Cuando comencé el taller y me pidieron que les llevará un proyecto, les conté esa experiencia y comencé a trabajar sobre ella y lo que finalmente sería Aquí estoy mi querida E, mi primera novela, que finalmente publiqué en 2014.


“Me encanta todo el proceso para la

publicaciónpor eso me encargo

también de la confección de las tapas y

la elección y procesamiento de las imágenes“


—Estás a punto de presentar tu segunda novela y ya trabajás en una tercera ¿Cómo surgieron?
—A principios de 2013 terminé Aquí estoy mi querida E y empecé a escribir Viento tras los ojos, que va a salir este año. Por distintas circunstancias estuvo mucho tiempo sin avanzar, primero porque no terminaba de convencerme, y luego por cuestiones familiares que inclinaron mi ánimo hacia otras actividades, como dibujar y pintar. Un tiempo después, tal vez más de un año, cuando regresaba de un viaje tomé el ipad y me puse a leer lo que había escrito y me dije “¡Qué bueno!”. Y ahí volvió y de inmediato me puse a trabajar.

¿Cuánto de los tiempos que le dedicás a la escritura le debés quitar a la rutina familiar?
—Empecé a escribir a los 50 años, con los chicos grandes y ya jubilada, entonces tengo todo el tiempo para mí. Desde ese punto de vista, de lo inmediato familiar, para la organización de la familia, tengo todo el tiempo. Hoy no estoy limitada por una rutina.


Aquí estoy mi querida E

Emilia comienza a recordar una vida pasada a través de los sueños.
Una ciudad lejana; un viaje en barco; la llegada a Buenos Aires; un casamiento; la vida en el campo; Santa Fe.
Un nuevo destino: Guardia del Monte; hijos… Una sucesión de sueños que al principio no siguen un orden cronológico y una lectura de registros akáshicos, en la que él le pide perdón, la obsesionarán.
Paralelamente, Ana Paula encuentra datos corroborando la realidad de los sueños, pero decide no contárselo ni a Emilia ni a Florencia, su otra hermana; esta decisión la llenará de culpas frente a un final inesperado.


—¿Y por qué escribís? ¿Qué esperás al hacerlo?
—Demostrarme que puedo. Nunca pensé que iba a ser escritora, y cuando empecé a hacer el curso de novela, porque amo las novelas, lo hice como un reto. Quería saber si iba a ser capaz de escribir. Y ahora es como que le encontré el gustito. Aunque cuando terminé la primera novela me dije “¿y si no se me ocurre nada más?”, y ahora me parece mentira ya estar escribiendo la tercera novela, que será la continuación de Aquí estoy mi querida E. En verdad es un reto conmigo misma, después, lógicamente, estará aquel al que le guste y al que no.

—¿Existe un momento en que comenzaste a sentirte una escritora?
—Cuando empecé a recibir los comentarios de los lectores. Hasta ese momento yo decía “escribo”, pero no me atrevía a llamarme escritora. Cuando me comenzaron a llegar las opiniones de quienes habían leído la novela, o en las redes sociales aparecieron los “Me gusta”, entonces empecé a sentirme verdaderamente una escritora.

—¿Creés que cualquiera puede escribir?
—Uh, ese es todo un tema. Porque yo puedo estar muy contenta con lo que escribo, pero me analiza un crítico literario y tal vez no le guste nada, o diga que lo que hago no es literatura. En lo personal, no hubiera podido escribir si no realizaba previamente un curso. Uno tiene que tener cierto conocimiento para escribir y también es importante haber sido un gran lector. Pero, en definitiva, hay gustos para todo. Podemos debatir que es buena o mala escritura y ponernos en exquisitos. Podemos hacer como algunos críticos y hablar de literatura y diferenciarla de los best sellers, pero en definitiva no deja de ser la obra de alguien que escribe.


“Al igual que sucede cuando uno lee,

que imagina lo que está leyendo,

cuando el escritor escribe también

ve la imagen de lo que va a contar”



—¿Sos de la idea de que los personajes son quienes terminan escribiendo su propia historia?
—Es obvio que es el autor el que determina qué va a suceder en cada historia, pero también es cierto que cuando los personajes están bien arraigados, se cuelan cosas que surgen de ellos mismos, increíblemente, como si fueran independientes de quien escribe. Aunque muchas veces el escribir es un ejercicio catárquico, en donde el escritor pone en boca de sus personajes cosas que no se animaría a decir él mismo.

—Y a la hora de leer, ¿qué elegís?
—En mi adolescencia leía best sellers. Posteriormente, y más aún una vez iniciados los cursos de escritura, comencé a conocer otros autores y así, de grande, leí a Jorge Luis Borges y verdaderamente lo disfruté como lectora. Como escritora, me tomo los tiempos suficientes para alternar la escritura con la lectura, y en la elección de los libros evito leer obras que tengan que ver con eso que escribo. Lo evito porque me da miedo que esa lectura pueda influenciarme. Aunque lo que no dejo de hacer es leer muchísimo el material de investigación para la obra que llevo adelante.


Viento tras los ojos

Buenos Aires, 28 de febrero de 1785. Es dejada en la Casa de Niños Expósitos una niña de pocos días de vida. La registran como Antonia, de padres desconocidos y blanca. Pero con el transcurrir de las semanas la piel comienza a oscurecerse y el color celeste agua de sus ojos se acentúa. Mulata. La hija del diablo, decían algunas de las mujeres del orfanato. Porque Antonia es diferente. Corre el año 1812 y se le agita la sangre con las voces revolucionarias que proclaman “romper con las cadenas de la esclavitud”. Lucha entonces por la libertad de su esposo Antonio Obligado y la de su gente: negros y negras, mulatos y mulatas… Los esclavos. Antonia nace fuerte, por eso sobrevive. Crece con amores prestados y es bendecida con almas generosas que la socorren. Ossaim es su orixá protector. Tenaz, decidida y a veces contradictoria, ¿podrá aquietar su Viento tras los ojos?


—¿Contás con alguien que te lee y corrige a medida que escribís?
—Nadie toca mis obras hasta que no las he terminado. Luego si, se la doy a gente allegada y lectora, entre ellos mi marido, e intento corregir aquellas cosas que me refieren que no están del todo claras. Porque lo que verdaderamente me interesa es que cuando llegue al lector este la entienda y no sea confusa.

—¿Por qué optaste por la autopublicación?
—En realidad, cuando había terminado la primera novela tuve la posibilidad de enviarla a una editorial para intentar que la publicaran, pero mientras esperaba que me respondan me puse a pensar que, teniendo la posibilidad de autopublicarme, no quería estar esperando y tocando puertas. Sería lindo que una editorial tomara mis novelas, pero entiendo que comencé a escribir de grande y todo lo que la vida me está entregando son bonus tracks. Lo importante es que me puse una meta, la alcancé y lo disfruto, sin presiones de ningún tipo, sólo las que yo me impongo.


Conocé más de Gabriela Romero aquí.

Gabriela Romero

Nació en la ciudad de La Plata en el año 1961. Durante su niñez y adolescencia vivió en Buenos Aires, San Martín de los Andes, Tandil y Magdalena. Volvió a su ciudad natal, donde aún reside, en 1979.
Es Licenciada en Educación Inicial de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Tandil). Diplomada en Constructivismo y Educación y posee una Especialización en Elaboración y Evaluación de Materiales Didácticos (ambos en FLACSO). Participó en la preparación de materiales educativos en torno a la concientización del agua para el Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO, sea tanto para Argentina como para Amércia Latina, y ha trabajado como especialista en estos temas en Guatemala (2006), México (2011) y municipios del Gran Buenos Aires (2014).

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