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Entrevistas

Inés Kreplak: “Leamos, porque la lectura abre mundos, posibilidades y ejercita la empatía”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es posible encontrar un refugio, un espacio que contenga nuestras voces, un nido donde fluyan las palabras capaces de atravesar las cáscaras del mundo para alcanzar la libertad.

Hay en cada libro un camino de letras, un punto de encuentro en el invisible puente que se despliega en cada lectura, el nido compartido.

Inés Kreplak, escritora y docente, ha encontrado en la palabra un refugio en el que busca el punto de partida hacia otros mundos, un viaje hacia la ficción que roza el fango de la realidad y revela los versos callados.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, la autora presenta sus obras y cuenta acerca de su compromiso con la promoción de la lectura.

—En este comienzo, y a modo de presentación, nos gustaría que elijas un poema, tuyo o de otro autor, en el que te sientas reflejada.
—Este poema de Edith Södergran, una poeta finlandesa que escribe en sueco, es el que elegí como epígrafe para La ilusión de la larga noche y creo que está en sintonía con los textos que exploré en mi primer libro de poemas. Después, en términos generales, los poemas de Juana Bignozzi o de Juan Gelman me conmueven especialmente.   


El dolor

La felicidad no tiene canciones, la felicidad no tiene pensamientos,
la felicidad no tiene nada.
Vuelca tu felicidad para que se quiebre, pues la felicidad es mala.
La felicidad llega muy suavemente como el zumbido de la mañana
en la espesura dormida.
La felicidad huye en nubes ligeras sobre las profundidades azul sombrío,
la felicidad es el campo que duerme bajo el ardor del mediodía
o el infinito del mar bajo la quemadura de rayos verticales,
la felicidad es importante, duerme y respira y no sabe de nada.
¿Conoces el dolor? Es fuerte y grande, puños secretamente apretados.
¿Conoces el dolor? Sonríe de esperanza, los ojos enrojecidos por las lágrimas.
El dolor nos da todo aquello que necesitamos,
nos da las llaves del imperio de la muerte,
nos empuja por la puerta cuando dudamos todavía.
El dolor bautiza a los niños y vela con la madre
y forja todos los dorados anillos de boda.
El dolor reina sobre todos, alisa la frente del pensador,
pone la joya en el cuello de la mujer deseada,
está en la puerta cuando el hombre sale de casa de su amada…
¿Qué más da el dolor a los que ama?
No sé más.
Da flores y perlas, da canciones y sueños,
nos da mil besos que están vacíos,
da el único beso que es verdadero.
Nos da nuestras almas extrañas y nuestros gustos singulares,
nos da los premios mayores de la vida:
el amor, la soledad y el rostro de la muerte.


—¿Recordás en qué momento descubriste que la escritura era un camino posible en tu vida?
—Escribo desde que soy chica. Pasé mucho tiempo sola, jugando, y me inventé siempre historias para sobrellevar el dolor: jugando con playmobils, con adornos de mi tía abuela o en el papel. Tenía amigos por cartas, escribía muchas, muchas, cartas a mis familiares y ni bien tuve computadora con procesador de texto empecé a escribir historias en ella.

—¿De qué manera percibís el nacimiento de la poesía en tu interior y cómo trasladas al papel o la pantalla esas imágenes/palabras con las que construís tus poemas?
—La poesía llegó más tarde en mi vida. Si bien tuve formación escolar, universitaria y también tuve que dar clases sobre el género, como escritora siempre fue una inquietud. Tenía muy marcada la idea de “no sé cómo se escribe”.  En un momento tuve que editar un libro de poemas para un trabajo y me pasé un verano entero leyendo poesía. Después de eso, un día me senté frente a la computadora y escribí dos poemas y pensé “¿qué hice? ¿qué es esto?”. Y empecé un taller de poesía.  

—Contanos cómo fue el proceso creativo de tu poemario “La ilusión de la larga noche”.
—Lo trabajé en el contexto de un taller grupal con Laura Wittner, luego gané una beca del Fondo Nacional de las Artes y combiné algunos encuentros grupales con otros individuales, porque me di cuenta de que tenía un montón de poemas escritos y que creía formaban una serie que podía ser publicada en formato de libro.

—¿Cuál fue el punto de partida de tu novela “Confluencia” y que te impulsó a escribir esa historia?
—El punto de partida fue que quería conocer la Feria del Libro de Guadalajara y me presenté a un concurso de crónicas breves que tenía como premio ese viaje. La crónica contaba la historia de un grupo de mujeres que vivían en comunidad en el Delta. Cuando no gané me di cuenta de que había más para tirar de ahí y seguí escribiendo y escribiendo y escribiendo. Estaba haciendo taller con Hernán Vanoli y veía el entusiasmo de mis compañeras y compañeros en cada encuentro y me fui entregando a la historia que estaba contando. 

—¿Cómo llevaste adelante la creación de tus personajes y la construcción de los escenarios de esa obra? ¿Es posible encontrar tu reflejo en alguna de las protagonistas?
—La idea de “reflejo” en la literatura es un poco cuestionable. Pero sí hay un trabajo con el límite entre los géneros, la ficción, la no ficción, el ensayo, la investigación literaria, la etnografía, el diario. Creo que en ese sentido ponerle Inés a la narradora y un epígrafe sobre el uso del pronombre “yo” da bastantes pistas al respecto.

—¿Cuál fue tu experiencia como curadora en el proyecto “Leer es futuro”?
—Fue hermoso poder trabajar en un proyecto de promoción de la lectura por fuera de las instituciones educativas formales, aunque hecho y pensado desde el Estado y, a la misma vez, darles voz a narradores, narradoras, ilustradores e illustradores jóvenes o emergentes o prevenientes del sector independiente de varias partes del país.

—Contanos cómo surge la idea de realizar una “Biblioteca al paso” en Parque Chas, que luego se extendió a otros lugares, y qué vivencias rescatás de ese encuentro de los lectores.

—En 2016, tras el avance de un gobierno neoliberal y de la retirada violenta del Estado, se me ocurrió que era muy importante continuar con proyectos de promoción de la lectura y que fortalecieran los lazos comunitarios cuando los lazos sociales estaban comenzando a quebrarse. Si no estaba presente el Estado, tenía que ser de manera autogestiva. Así que se me ocurrió probar por mi cuenta, en mi barrio, y así fue que retomé la idea de las “Free Libraries” que había conocido viajando. Luego se contactó conmigo muchísima gente para replicar la idea en otros lugares y armamos una especie de red de bibliotecas al paso. Nos juntamos algunas veces, participamos de instancias de diálogo diversas y yo sigo aconsejando a quienes me escriben. Armé un mapa con la georreferencia de las bibiotecas al paso que sé que existen en todo el país, que son más de 50, y por ahora el proyecto se sostiene hace 4 años. Con respecto a lectoras y lectores, creo que al principio las personas adultas tenían mucho prejuicio, se acercaban con temor, como si hubiera algún engaño, y niños y niñas eran quienes incentivaban a sus padres, madres, abuelas y abuelos a que se acercaran y abrieran la puerta de la casita, mucho menos prejuiciosos, aunque algunos también repetían los discursos desganados de los adultos. Ahora la biblioteca ya es parte del paisaje urbano del barrio, está integrada, muchas veces hay gente que acomoda los libros, ordena, limpia, saca y pone, y eso me da mucha alegría porque habla de una apropiación y un cuidado colectivo de la biblioteca al paso. Eso sería ideal que sucediera en todas las bibliotecas al paso del país. 

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Estoy culminando mi primer guión de una película que veremos si algún día llega a filmarse, ojalá que sí. También me encuentro terminando de corregir un libro de cuentos en el que vengo trabajando hace años y estoy empezando a ordenar un montón de poemas que tengo sueltos para ver si arman sistema y puedo pensar en considerarlos en serie. Tengo muchas ideas de novelas dando vueltas, pero también estoy con mucho trabajo y me cuesta sentarme a escribir algo de tranco largo, esa es la verdad.

—Para cerrar nos gustaría que expreses un deseo que te gustaría compartir con los lectores.
—En este contexto tan particular de pandemia, mi deseo es que no perdamos los lazos sociales ni la empatía. Todos estamos atravesando momentos muy difíciles, seguramente, pero nadie se salva solo. Seamos lo más amorosos que podamos. Y leamos, porque la lectura abre mundos, posibilidades y ejercita la empatía.

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Mabel Pagano narra el camino recorrido en la escritura de “Eterna”, una biografía de Eva Perón

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Oma Buffarini //

Entre las páginas, la voz que muta, una murmuración sobre el ronquido de la muerte. La multitud en la ausencia. El nombre escrito en el aire, una vez, muchas veces, tinta sobre tinta, gotas de historia.

“Eterna”, la biografía novelada escrita por Mabel Pagano y publicada por Del Fondo Editorial, recorre las distintas etapas de la vida de Eva Duarte, quien cuenta su propia historia desde los distintos rincones del tiempo, gracias al movimiento de la pluma que la escribe, gracias a la tinta que resbala para darle forma a cada uno de los fragmentos que la constituyen.

En diálogo con ContArte Cultura, la autora cuenta cuáles fueron los caminos que la acercaron a la figura de Eva Perón y cómo llegó a escribir el libro, un cristal compartido.

—Antes de entrar de lleno al proceso que te llevó a escribir esta biografía novelada, comencemos la charla haciendo foco en la imagen de tapa de tu libro “Eterna” (Del Fondo Editorial). ¿Qué representa para Mabel Pagano esa imagen? Si pudieras elegir una palabra que sea síntesis de este trabajo que te acercó a la figura de Eva Perón, ¿cuál sería y por qué?

—Esta imagen fue el resultado de un intercambio de ideas con el diseñador de la editorial. Yo quería una imagen diferente de Evita. Un arte sobre su figura y su significado en la historia política de la Argentina. Interpretó muy bien mi sugerencia. Ahí, en esa tapa, está ella, plena de fuerza y energía, hablando a su pueblo y dándose y recibiendo de él todo el amor que se profesaban mutuamente. Me acercó a la figura de Eva Perón, ese profundo y convencido rechazo hacia la injusticia. Y también todo lo que hizo para remediarla. Es decir, no sería una sola palabra, sino dos: Justicia Social.

—¿Cómo despertó en vos la idea de este libro y cuáles fueron los primeros pasos que diste para comenzar a escribir?

—La idea de este libro la tuve desde muy joven, por el motivo que señalé anteriormente. Después, leyendo sobre su vida, todo lo que se escribió, a favor y en contra, pensé que había que escribir una biografía novelada que dejara testimonio de todos los actos que realizó en su breve vida, en favor de los demás. Aunque en su tiempo no existiera esa definición, para ella la patria era el otro. Para mí también. Los primeros pasos fueron reunir toda la documentación posible del período peronista y contactar a las personas que lo habían vivido de cerca, para informarme y, asimismo, reforzar mis ideas.

—A lo largo de las páginas vas y venís en el tiempo, ¿cuáles fueron las mayores dificultades con las que te encontraste al momento de ir hilvanando la historia?

—Ese ir y venir en el tiempo, como el cambio de las voces, es mi estilo literario, que aparece en los más de cincuenta libros que llevo publicados. No me he enfrentado con dificultad alguna en el momento de escribir.

—El libro está dedicado a “todos los que comparten tu pedazo de cristal”, ¿cómo viviste el proceso de recopilar información y testimonios como si fueran fragmentos de una vida que ha sido contada muchas veces y desde distintas perspectivas?

—El proceso de investigación tuvo momentos difíciles, porque –como también está expresado al comienzo del libro-, hubo gente que estuvo vinculada al período peronista que se negó a brindar testimonios. Pero fueron apareciendo otras personas que no solo me abrieron su casa y sus bibliotecas, sino también el invalorable aporte de su experiencia personal.

—Y hablando de esos testimonios, ¿cuál o cuáles fueron los que más te impactaron o sorprendieron?

—Sobre esta pregunta, debo citar a Enrique Pavón Pereyra, que fue el biógrafo oficial del general Juan Domingo Perón (vivió varios períodos en la quinta Puerta de Hierro de Madrid) y tiene una vasta obra sobre la vida del líder justicialista. A Cipriano Reyes, histórico dirigente del gremio de la carne, ejecutor del 17 de octubre, marcha que, sin costar una gota de sangre, marcó el nacimiento del Peronismo, con el ingreso de la clase trabajadora al escenario de la Argentina. Por fin, y especialmente, al padre Hernán Benítez, confesor de Evita (la acompañó hasta la muerte y le dio la extremaunción). Él vivía recluido en su casa de Vicente López. Carta de por medio, me recibió allí no sólo durante la elaboración de “Eterna”, cuyo original fue el primero en leer, y aprobar, sino que siguió haciéndolo posteriormente. Compartimos una cálida amistad, absolutamente enriquecedora para mí, hasta el último día de su vida.

—El libro termina con un destacado archivo de fotografías que ilustran a la protagonista en sus distintas etapas, ¿cómo llegaste a ese material y cómo fue el proceso de selección y organización del mismo?

—El tema de las fotografías, búsqueda, recopilación y armado, es un mérito de Ediciones del Fondo.

—Entre tus letras, y a medida que avanza el relato, se desliza una historia de amor, ¿qué detalles de ella te movilizaron especialmente durante el relato?

—Distintos comentarios del padre Benítez, que convivió con la pareja presidencial durante mucho tiempo, me convencieron de que entre Perón y Evita había existido una verdadera historia de amor. Hay un detalle revelador: compartieron habitación y cama conyugal, hasta que por la enfermedad de ella hubo que acondicionarle un cuarto que respondiera a las necesidades de la situación. El que visite la Quinta 17 de Octubre, en San Vicente, lugar en el que la pareja solía pasar algunos días de descanso, verá que en los dormitorios hay una cama matrimonial.

—Para terminar y deteniéndonos en la imagen de la llama encendida que mencionás en la contratapa de tu obra, ¿qué creés que encendió en Mabel Pagano la figura de Eva Duarte después de escribir esta biografía?

—Lo de la “llama de su eternidad”, frase con la que cierro la novela, se me ocurrió porque, a mí, como a la inmensa mayoría del pueblo argentino, el de antes, el de ahora y el del futuro, nos deslumbró ese fuego que la iluminó durante su vida y que se agrandó después de su muerte, en la veneración que enciende su recuerdo.

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Éter Retornable: “Amamos esta obra porque sabemos que la historia que contamos es emocionante”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es un círculo. Todo se repite una y otra vez, las palabras retornan, una encima de la otra, superpuestas, se parten, se unen. Renacen. Para evitar la muerte. Para asegurar la vida. Rotan. Para regresar al punto de partida.

“Éter retornable” es una tragicomedia en la que el absurdo es protagonista. Desarrollada en un único acto, la obra de Angie Oña, dirigida por Laura Álvarez, es un círculo en el que vale la pena entrar para hacerse parte de una historia que podría ser la de cualquiera de los espectadores.

Contarte Cultura habló con sus protagonistas, Camila Sebio y Pablo Rusconi, quienes levantaron el telón y nos acercaron al espíritu de la obra.

—Comencemos esta charla con un juego de presentación. Para eso les pedimos que elijan alguno de los objetos que forman parte de la escenografía de “Éter retornable” y que nos digan qué representa para cada uno de ustedes, tanto en lo personal como dentro del escenario.

Camila: —Los marcos vacíos en la obra son una clara señal de aquello que podría haber sido pero no es. A Madelón, mi personaje, la angustia la nada, desea rellenar la vida con lo que sea porque no puede permitirse la incertidumbre de la ausencia, y esa característica de persona como actriz me convocó muchísimo. Me pareció siempre un desafío encontrar la forma de contar su historia porque en algún punto es algo que nos pasa a todos.
Pablo: —¡Los cigarrillos imaginarios! Para mí los objetos no son lo importante, sino el significante que tienen, por lo tanto no necesito que estén físicamente pero si en el imaginario.

—En toda obra existe una fusión entre la ficción que se desarrolla sobre las tablas y la realidad representada por los espectadores, ¿cómo recibe el público en general ese primer contacto con ustedes y qué le ocurre a medida que transcurre la trama?

—El primer contacto es impacto total. Los personajes pasan del “todo mal” al “todo bien” y viceversa. En cualquier momento interpelan al público de una u otra manera, no hay forma de que no haya identificación porque todos sus aspectos están llevados a la mayor exponencia. Estos personajes rompen y arreglan, arreglan y rompen, se aman, se pelean, se vuelven a amar. ¿Quién no?

—Y hablando de esa trama y de espectadores, “Éter retornable” es una tragicomedia que bien podría atravesar la vida de cualquiera de los presentes en la sala, ¿de qué manera trabajaron desde lo corporal para lograr transmitir esas emociones tanto a través del humor como del drama?

—Físicamente probamos mucho. Somos dos actores a los que nos divierte jugar, el laboratorio creativo creemos que es nuestro fuerte. Esta obra crece función a función, indagamos en escena porque vivimos el aquí y ahora durante los 60 minutos que dura Éter. Entonces, ninguna función es igual porque las acciones que hacemos devienen de las emociones que van atravesando nuestros personajes, pasando de la comedia al drama y del drama a la comedia, constantemente. Contamos una historia de amor, con sus idas y vueltas, por eso estamos permeables a mirarnos para vivir de verdad lo que le pasa a Elmer y Madelón, que en el fondo son una pareja como cualquier otra.

—Hay una temática que va envolviendo otras, pequeñas, cotidianas, que son espejos en los que es posible mirarse, ¿cómo fue el proceso de ir dando forma a esa circularidad que sostiene la obra?

—El texto lo es todo en este sentido. El eterno retorno a la nada, a hablar de la nada buscando un todo nos permitió hacernos cargo corporalmente de esa propuesta. Con un texto tan hermoso y contundente, teníamos el desafío de lograr lo mismo con el cuerpo, que a su vez, debería decir lo que Elmer y Madelón no dicen con sus palabras.

—La música, la iluminación y el lenguaje simbólico marcan también el ritmo de lo que se cuenta, ¿cuáles fueron las principales dificultades al momento de armar esa sincronía sobre el escenario?

—Para ser honestos, no hubo complicaciones, todo fue surgiendo, como decíamos antes, del propio juego. Nos divertimos mucho haciendo esta obra, la amamos porque sabemos que la historia que contamos es emocionante. Pasa por todas las emociones, la gente se ríe, se pregunta cosas, se siente identificada, ¡les pasa de todo! Por eso, la iluminación, el sonido y todo lo simbólico de los objetos que utilizamos son parte de ese devenir de sensaciones que atravesamos con el público, en esta experiencia absurda tan linda que vivimos todos los domingos.

—¿Qué les gustaría destacar de la puesta en escena y del vestuario?

—Ambas intentan cargar con lo peor de ellos, con sus pretensiones y el fracaso de una vida buscando sentido a lo que no lo tiene.

—¿Quiénes colaboran en el detrás de escena?

—Para el detrás de escena contamos con asistentes de dirección que han ido variando a lo largo de estos meses, pero mayoritariamente también somos nosotros (Pablo y Camila) quienes nos encargamos de todo. Actuamos, pero también producimos nuestro espectáculo. Estamos en las redes, en el diseño y la comunicación que se da por Instagram en un feed back precioso con el público. También en el diseño de marquesina, flyers y volantes que circulan por Corrientes. Realizamos el diseño y en el armado del espacio que ve el público cuando llega al Multiescena y se encuentran con la casa de Elmer y Madelón. Somos también quienes consiguen notas para difundir a full este laburo que amamos. En fin, estamos en cada detalle porque deseamos que quienes vengan a vernos disfruten de este espectáculo tanto como nosotros.

—¿Dónde y cuándo se puede disfrutar de “Éter retornable”?

—Todos los domingos a las 21.30, en el Teatro Multiescena, de avenida Corrientes al 1764 de la ciudad de Buenos Aires.

—Para terminar, si pudieran sintetizar en una palabra, ¿ qué es lo que queda en el éter que los rodea después de cada función?

Camila: —Amor. Desde muy chica la pasión por este oficio es lo que me mueve a dedicarme a él, y cada domingo, al finalizar Éter, refuerzo ese sentimiento. El placer de contar una historia que emociona al público tanto como a mí, es el porqué de todo el laburo que hacemos durante la semana para que esta obra se sostenga.
Pablo: —Emoción.

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Matías Bragagnolo: “A la primera persona que tiene que resultarle digna de contar una historia es al autor”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Los ojos permanecen abiertos, cada músculo tenso en un instante. No se ve, afuera es noche sin tiempo. Los párpados pesan, se arrugan en el deseo de dormir. No pueden. Todo es oscuro. Y un pueblo parpadea los restos, sangre sobre sangre, acumulada en las palabras.

“Dormiré cuando esté muerto” , la última novela de Matías Bragagnolo publicada por Del Fondo Editorial, pinta la geografía y las costumbres de un pueblo que parece dormido pero no lo está.

Con el pulso puesto en cada letra, las palabras detonan una historia escondida. El insomnio es un protagonista invisible que se entrelaza con otros hilos de una trama ágil y profunda, donde nadie muestra su verdadero rostro.

Contarte Cultura charló con el autor platense para conocer el paso a paso de la creación de sus historias y para acompañarlo en la presentación de su última obra.

—Para comenzar esta charla vamos a poner en las “manos de tu imaginación” un cubo negro en cuyo interior se balancea una palabra que nos puede contar algo de vos en relación con esa imagen/objeto. ¿Cuál sería esa palabra? ¿Cómo comenzaría una historia de Matías Bragagnolo a partir de ese cubo?

—La palabra sería “disciplina”. Es un dogma en mi vida, un principio rector. La disciplina ha sido el medio para alcanzar lo poco que he logrado como escritor. Hace falta disciplina incluso para ejercer el ocio, si realmente uno quiere llevar a cabo una obra literaria seria. Especialmente en un mercado en el que se premia el oportunismo, el amateurismo y la corrección política. Especialmente si trabajás diez horas por día para ganarte el pan y la hora de escribir llega mientras los demás duermen.

—¿En qué momento de tu vida descubriste que la escritura atravesaba tus días o tus noches?

—Incluso antes de aprender a leer y escribir. Mi obsesión por los dinosaurios y el antiguo Egipto me llevaba a revisar enciclopedias y diccionarios todo el tiempo. Mi madre y mi abuela me leían mucho, y me dormía mirando los lomos de los libros de la biblioteca, sabiendo que algún día iba a ser lo suficientemente grande como para poder leerlos.

—¿De qué manera se revela una historia que necesita ser contada? ¿Cuáles suelen ser sus disparadores?

—A la primera persona que tiene que resultarle digna de contar una historia es al autor. En mi caso, el disparador puede estar en una conversación casual, en una imagen vista al pasar o en un sueño. Una buena historia siempre está a la vuelta de la esquina. Lo cual no quiere decir que todas las historias que se publican, sea en un diario o en un libro, sean dignas de ser contadas, claro está.

—Los protagonistas de tus novelas tienen caracteres muy definidos ¿Cuál es el trabajo que realizás para construir la psicología de esos personajes?

Alberto Laiseca decía que un escritor es un poco un actor, porque actúa a sus personajes en su cabeza para poder darles vida en el papel. Algo de eso hay en la forma en que compongo mis personajes. No pierdo el tiempo describiéndolos. Describirlos sin excusas, de buenas a primeras, en abstracto, es un enorme error, muy común en los autores que publican antes de tirar sus primeros borradores. A los personajes hay que caracterizarlos con y durante sus actos, mostrándolos en acción.

—¿Cómo llegaste a la novela negra y qué desafíos implica dar vida, continuidad y tensión a las palabras que hacen avanzar una trama policial?

—El género negro está incluso en los lugares no tan obvios. Hay quienes lo han encontrado en episodios bíblicos como el de Caín y Abel o en Romeo y Julieta. Realmente no sé si es tan así, pero aun aquellos que desprecian la novela negra por considerarla un género menor o por su violencia, terminan consumiendo el género en otros lugares sin darse cuenta. Dormiré cuando esté muerto es la única de mis novelas que podría ser considerada policial en sentido estricto, puro. Y, para aquellos que subestiman al género, debo decir que no es nada fácil estructurar una investigación de tipo policial. De ahí quizás nazca la gran admiración que tengo por autores como J.H. Chase o James Ellroy. Después, claro está, está la novela negra en sentido genérico, que no necesariamente tiene que tener una trama con investigación y resolución. En ese sector del género podría ubicarse al resto de mis novelas.

—En tus libros pareciera que el tiempo está por encima de los espacios, hay una especie de tic-tac que marca los pasos de cada personaje, ¿lo pensás así desde el comienzo o eso se va dando durante el proceso de escritura?

—No, es algo mayormente espontáneo. El ritmo lo es todo, ya sea que vaya al galope o que por momentos se aletargue en función del efecto buscado.

—Tu última novela, “Dormiré cuando esté muerto” (Del Fondo Editorial), es un ejemplo de ese juego entre espacio/tiempo. En una geografía que parece dormida, los relojes avanzan sobre una continuidad de hechos que aceleran los latidos de los lectores. ¿Cuál fue el punto de partida de esta historia y cómo nació la voz de ese narrador tan particular?

—El punto de partida fue un comentario que me hizo mi novia mientras estudiaba medicina. Me habló de la enfermedad que aparece en la novela y me pidió que escribiera un cuento al respecto. Ese cuento resultó ser una novela de 65.000 palabras. El narrador surgió por el problema que tenemos los argentinos a la hora de buscar un investigador para una novela policial: cuesta que sea un policía. A la policía argentina no se la asocia precisamente con la sagacidad, la probidad o el ingenio. Y la opción de un “periodista” de pueblo, inescrupuloso y chusma (personaje que en muchos pueblos existe), resultaba muy jugosa.

—Cada capítulo inicia con la imagen de un ojo que es una puerta de entrada a la temática central de la trama: el insomnio. ¿Cómo fue el trabajo integral con quienes realizaron la gráfica que representa tan bien las emociones de los personajes que construiste?

—La editorial tiene a un diseñador de portadas y a un diseñador de interior que son excelentes. Con respecto a la portada, la vi terminada sin saber que habían estado trabajando en eso, y quedé tan sorprendido como fascinado. He tenido muy buena suerte con las portadas de mis libros, todas me gustan mucho. Con respecto al diseño de interior de Dormiré…, sí, hubo una colaboración de mi parte, al menos en cuando a la idea, si bien el diseñador ya tenía algo perfilado.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

—Está en el tintero una novela sobre el porno, un tema que ya toqué en varios de mis trabajos, y otra sobre el caso real de la secta Niños de Dios. Esta última involucró un trabajo de investigación muy extenso, tres tomos. Estoy en la mitad del segundo, y quizás llevé un par de años más terminar el tercero. Pese al interés que generan las sectas en libros, series, documentales y películas, a las editoriales a las que les ofrecí el material no les resultó atractivo, así que en el peor de los casos, terminado el trabajo, será un regalo para mí mismo: la novela que siempre quise que se escribiera.

—Para terminar, y volviendo a nuestro cubo del comienzo, ¿qué palabra te gustaría dejar encerrada en su interior, como si pudiera fermentar y ser historia?

—”Pornografía”. Pasan los años desde que escribí mi primera novela publicada, Petite Mort, y el hecho de que haya gente dispuesta a vender parte de su sexualidad frente a una cámara y de que el resto consumamos ese producto no ha dejado de generarme todo tipo de interrogantes. Interrogantes que intento responder cada vez que vuelvo al tema en un cuento o una novela.

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