Inés Kreplak: “Leamos, porque la lectura abre mundos, posibilidades y ejercita la empatía”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es posible encontrar un refugio, un espacio que contenga nuestras voces, un nido donde fluyan las palabras capaces de atravesar las cáscaras del mundo para alcanzar la libertad.

Hay en cada libro un camino de letras, un punto de encuentro en el invisible puente que se despliega en cada lectura, el nido compartido.

Inés Kreplak, escritora y docente, ha encontrado en la palabra un refugio en el que busca el punto de partida hacia otros mundos, un viaje hacia la ficción que roza el fango de la realidad y revela los versos callados.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, la autora presenta sus obras y cuenta acerca de su compromiso con la promoción de la lectura.

—En este comienzo, y a modo de presentación, nos gustaría que elijas un poema, tuyo o de otro autor, en el que te sientas reflejada.
—Este poema de Edith Södergran, una poeta finlandesa que escribe en sueco, es el que elegí como epígrafe para La ilusión de la larga noche y creo que está en sintonía con los textos que exploré en mi primer libro de poemas. Después, en términos generales, los poemas de Juana Bignozzi o de Juan Gelman me conmueven especialmente.   


El dolor

La felicidad no tiene canciones, la felicidad no tiene pensamientos,
la felicidad no tiene nada.
Vuelca tu felicidad para que se quiebre, pues la felicidad es mala.
La felicidad llega muy suavemente como el zumbido de la mañana
en la espesura dormida.
La felicidad huye en nubes ligeras sobre las profundidades azul sombrío,
la felicidad es el campo que duerme bajo el ardor del mediodía
o el infinito del mar bajo la quemadura de rayos verticales,
la felicidad es importante, duerme y respira y no sabe de nada.
¿Conoces el dolor? Es fuerte y grande, puños secretamente apretados.
¿Conoces el dolor? Sonríe de esperanza, los ojos enrojecidos por las lágrimas.
El dolor nos da todo aquello que necesitamos,
nos da las llaves del imperio de la muerte,
nos empuja por la puerta cuando dudamos todavía.
El dolor bautiza a los niños y vela con la madre
y forja todos los dorados anillos de boda.
El dolor reina sobre todos, alisa la frente del pensador,
pone la joya en el cuello de la mujer deseada,
está en la puerta cuando el hombre sale de casa de su amada…
¿Qué más da el dolor a los que ama?
No sé más.
Da flores y perlas, da canciones y sueños,
nos da mil besos que están vacíos,
da el único beso que es verdadero.
Nos da nuestras almas extrañas y nuestros gustos singulares,
nos da los premios mayores de la vida:
el amor, la soledad y el rostro de la muerte.


—¿Recordás en qué momento descubriste que la escritura era un camino posible en tu vida?
—Escribo desde que soy chica. Pasé mucho tiempo sola, jugando, y me inventé siempre historias para sobrellevar el dolor: jugando con playmobils, con adornos de mi tía abuela o en el papel. Tenía amigos por cartas, escribía muchas, muchas, cartas a mis familiares y ni bien tuve computadora con procesador de texto empecé a escribir historias en ella.

—¿De qué manera percibís el nacimiento de la poesía en tu interior y cómo trasladas al papel o la pantalla esas imágenes/palabras con las que construís tus poemas?
—La poesía llegó más tarde en mi vida. Si bien tuve formación escolar, universitaria y también tuve que dar clases sobre el género, como escritora siempre fue una inquietud. Tenía muy marcada la idea de “no sé cómo se escribe”.  En un momento tuve que editar un libro de poemas para un trabajo y me pasé un verano entero leyendo poesía. Después de eso, un día me senté frente a la computadora y escribí dos poemas y pensé “¿qué hice? ¿qué es esto?”. Y empecé un taller de poesía.  

—Contanos cómo fue el proceso creativo de tu poemario “La ilusión de la larga noche”.
—Lo trabajé en el contexto de un taller grupal con Laura Wittner, luego gané una beca del Fondo Nacional de las Artes y combiné algunos encuentros grupales con otros individuales, porque me di cuenta de que tenía un montón de poemas escritos y que creía formaban una serie que podía ser publicada en formato de libro.

—¿Cuál fue el punto de partida de tu novela “Confluencia” y que te impulsó a escribir esa historia?
—El punto de partida fue que quería conocer la Feria del Libro de Guadalajara y me presenté a un concurso de crónicas breves que tenía como premio ese viaje. La crónica contaba la historia de un grupo de mujeres que vivían en comunidad en el Delta. Cuando no gané me di cuenta de que había más para tirar de ahí y seguí escribiendo y escribiendo y escribiendo. Estaba haciendo taller con Hernán Vanoli y veía el entusiasmo de mis compañeras y compañeros en cada encuentro y me fui entregando a la historia que estaba contando. 

—¿Cómo llevaste adelante la creación de tus personajes y la construcción de los escenarios de esa obra? ¿Es posible encontrar tu reflejo en alguna de las protagonistas?
—La idea de “reflejo” en la literatura es un poco cuestionable. Pero sí hay un trabajo con el límite entre los géneros, la ficción, la no ficción, el ensayo, la investigación literaria, la etnografía, el diario. Creo que en ese sentido ponerle Inés a la narradora y un epígrafe sobre el uso del pronombre “yo” da bastantes pistas al respecto.

—¿Cuál fue tu experiencia como curadora en el proyecto “Leer es futuro”?
—Fue hermoso poder trabajar en un proyecto de promoción de la lectura por fuera de las instituciones educativas formales, aunque hecho y pensado desde el Estado y, a la misma vez, darles voz a narradores, narradoras, ilustradores e illustradores jóvenes o emergentes o prevenientes del sector independiente de varias partes del país.

—Contanos cómo surge la idea de realizar una “Biblioteca al paso” en Parque Chas, que luego se extendió a otros lugares, y qué vivencias rescatás de ese encuentro de los lectores.

—En 2016, tras el avance de un gobierno neoliberal y de la retirada violenta del Estado, se me ocurrió que era muy importante continuar con proyectos de promoción de la lectura y que fortalecieran los lazos comunitarios cuando los lazos sociales estaban comenzando a quebrarse. Si no estaba presente el Estado, tenía que ser de manera autogestiva. Así que se me ocurrió probar por mi cuenta, en mi barrio, y así fue que retomé la idea de las “Free Libraries” que había conocido viajando. Luego se contactó conmigo muchísima gente para replicar la idea en otros lugares y armamos una especie de red de bibliotecas al paso. Nos juntamos algunas veces, participamos de instancias de diálogo diversas y yo sigo aconsejando a quienes me escriben. Armé un mapa con la georreferencia de las bibiotecas al paso que sé que existen en todo el país, que son más de 50, y por ahora el proyecto se sostiene hace 4 años. Con respecto a lectoras y lectores, creo que al principio las personas adultas tenían mucho prejuicio, se acercaban con temor, como si hubiera algún engaño, y niños y niñas eran quienes incentivaban a sus padres, madres, abuelas y abuelos a que se acercaran y abrieran la puerta de la casita, mucho menos prejuiciosos, aunque algunos también repetían los discursos desganados de los adultos. Ahora la biblioteca ya es parte del paisaje urbano del barrio, está integrada, muchas veces hay gente que acomoda los libros, ordena, limpia, saca y pone, y eso me da mucha alegría porque habla de una apropiación y un cuidado colectivo de la biblioteca al paso. Eso sería ideal que sucediera en todas las bibliotecas al paso del país. 

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Estoy culminando mi primer guión de una película que veremos si algún día llega a filmarse, ojalá que sí. También me encuentro terminando de corregir un libro de cuentos en el que vengo trabajando hace años y estoy empezando a ordenar un montón de poemas que tengo sueltos para ver si arman sistema y puedo pensar en considerarlos en serie. Tengo muchas ideas de novelas dando vueltas, pero también estoy con mucho trabajo y me cuesta sentarme a escribir algo de tranco largo, esa es la verdad.

—Para cerrar nos gustaría que expreses un deseo que te gustaría compartir con los lectores.
—En este contexto tan particular de pandemia, mi deseo es que no perdamos los lazos sociales ni la empatía. Todos estamos atravesando momentos muy difíciles, seguramente, pero nadie se salva solo. Seamos lo más amorosos que podamos. Y leamos, porque la lectura abre mundos, posibilidades y ejercita la empatía.

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