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Entrevistas

Inés Kreplak: “Leamos, porque la lectura abre mundos, posibilidades y ejercita la empatía”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es posible encontrar un refugio, un espacio que contenga nuestras voces, un nido donde fluyan las palabras capaces de atravesar las cáscaras del mundo para alcanzar la libertad.

Hay en cada libro un camino de letras, un punto de encuentro en el invisible puente que se despliega en cada lectura, el nido compartido.

Inés Kreplak, escritora y docente, ha encontrado en la palabra un refugio en el que busca el punto de partida hacia otros mundos, un viaje hacia la ficción que roza el fango de la realidad y revela los versos callados.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, la autora presenta sus obras y cuenta acerca de su compromiso con la promoción de la lectura.

—En este comienzo, y a modo de presentación, nos gustaría que elijas un poema, tuyo o de otro autor, en el que te sientas reflejada.
—Este poema de Edith Södergran, una poeta finlandesa que escribe en sueco, es el que elegí como epígrafe para La ilusión de la larga noche y creo que está en sintonía con los textos que exploré en mi primer libro de poemas. Después, en términos generales, los poemas de Juana Bignozzi o de Juan Gelman me conmueven especialmente.   


El dolor

La felicidad no tiene canciones, la felicidad no tiene pensamientos,
la felicidad no tiene nada.
Vuelca tu felicidad para que se quiebre, pues la felicidad es mala.
La felicidad llega muy suavemente como el zumbido de la mañana
en la espesura dormida.
La felicidad huye en nubes ligeras sobre las profundidades azul sombrío,
la felicidad es el campo que duerme bajo el ardor del mediodía
o el infinito del mar bajo la quemadura de rayos verticales,
la felicidad es importante, duerme y respira y no sabe de nada.
¿Conoces el dolor? Es fuerte y grande, puños secretamente apretados.
¿Conoces el dolor? Sonríe de esperanza, los ojos enrojecidos por las lágrimas.
El dolor nos da todo aquello que necesitamos,
nos da las llaves del imperio de la muerte,
nos empuja por la puerta cuando dudamos todavía.
El dolor bautiza a los niños y vela con la madre
y forja todos los dorados anillos de boda.
El dolor reina sobre todos, alisa la frente del pensador,
pone la joya en el cuello de la mujer deseada,
está en la puerta cuando el hombre sale de casa de su amada…
¿Qué más da el dolor a los que ama?
No sé más.
Da flores y perlas, da canciones y sueños,
nos da mil besos que están vacíos,
da el único beso que es verdadero.
Nos da nuestras almas extrañas y nuestros gustos singulares,
nos da los premios mayores de la vida:
el amor, la soledad y el rostro de la muerte.


—¿Recordás en qué momento descubriste que la escritura era un camino posible en tu vida?
—Escribo desde que soy chica. Pasé mucho tiempo sola, jugando, y me inventé siempre historias para sobrellevar el dolor: jugando con playmobils, con adornos de mi tía abuela o en el papel. Tenía amigos por cartas, escribía muchas, muchas, cartas a mis familiares y ni bien tuve computadora con procesador de texto empecé a escribir historias en ella.

—¿De qué manera percibís el nacimiento de la poesía en tu interior y cómo trasladas al papel o la pantalla esas imágenes/palabras con las que construís tus poemas?
—La poesía llegó más tarde en mi vida. Si bien tuve formación escolar, universitaria y también tuve que dar clases sobre el género, como escritora siempre fue una inquietud. Tenía muy marcada la idea de “no sé cómo se escribe”.  En un momento tuve que editar un libro de poemas para un trabajo y me pasé un verano entero leyendo poesía. Después de eso, un día me senté frente a la computadora y escribí dos poemas y pensé “¿qué hice? ¿qué es esto?”. Y empecé un taller de poesía.  

—Contanos cómo fue el proceso creativo de tu poemario “La ilusión de la larga noche”.
—Lo trabajé en el contexto de un taller grupal con Laura Wittner, luego gané una beca del Fondo Nacional de las Artes y combiné algunos encuentros grupales con otros individuales, porque me di cuenta de que tenía un montón de poemas escritos y que creía formaban una serie que podía ser publicada en formato de libro.

—¿Cuál fue el punto de partida de tu novela “Confluencia” y que te impulsó a escribir esa historia?
—El punto de partida fue que quería conocer la Feria del Libro de Guadalajara y me presenté a un concurso de crónicas breves que tenía como premio ese viaje. La crónica contaba la historia de un grupo de mujeres que vivían en comunidad en el Delta. Cuando no gané me di cuenta de que había más para tirar de ahí y seguí escribiendo y escribiendo y escribiendo. Estaba haciendo taller con Hernán Vanoli y veía el entusiasmo de mis compañeras y compañeros en cada encuentro y me fui entregando a la historia que estaba contando. 

—¿Cómo llevaste adelante la creación de tus personajes y la construcción de los escenarios de esa obra? ¿Es posible encontrar tu reflejo en alguna de las protagonistas?
—La idea de “reflejo” en la literatura es un poco cuestionable. Pero sí hay un trabajo con el límite entre los géneros, la ficción, la no ficción, el ensayo, la investigación literaria, la etnografía, el diario. Creo que en ese sentido ponerle Inés a la narradora y un epígrafe sobre el uso del pronombre “yo” da bastantes pistas al respecto.

—¿Cuál fue tu experiencia como curadora en el proyecto “Leer es futuro”?
—Fue hermoso poder trabajar en un proyecto de promoción de la lectura por fuera de las instituciones educativas formales, aunque hecho y pensado desde el Estado y, a la misma vez, darles voz a narradores, narradoras, ilustradores e illustradores jóvenes o emergentes o prevenientes del sector independiente de varias partes del país.

—Contanos cómo surge la idea de realizar una “Biblioteca al paso” en Parque Chas, que luego se extendió a otros lugares, y qué vivencias rescatás de ese encuentro de los lectores.

—En 2016, tras el avance de un gobierno neoliberal y de la retirada violenta del Estado, se me ocurrió que era muy importante continuar con proyectos de promoción de la lectura y que fortalecieran los lazos comunitarios cuando los lazos sociales estaban comenzando a quebrarse. Si no estaba presente el Estado, tenía que ser de manera autogestiva. Así que se me ocurrió probar por mi cuenta, en mi barrio, y así fue que retomé la idea de las “Free Libraries” que había conocido viajando. Luego se contactó conmigo muchísima gente para replicar la idea en otros lugares y armamos una especie de red de bibliotecas al paso. Nos juntamos algunas veces, participamos de instancias de diálogo diversas y yo sigo aconsejando a quienes me escriben. Armé un mapa con la georreferencia de las bibiotecas al paso que sé que existen en todo el país, que son más de 50, y por ahora el proyecto se sostiene hace 4 años. Con respecto a lectoras y lectores, creo que al principio las personas adultas tenían mucho prejuicio, se acercaban con temor, como si hubiera algún engaño, y niños y niñas eran quienes incentivaban a sus padres, madres, abuelas y abuelos a que se acercaran y abrieran la puerta de la casita, mucho menos prejuiciosos, aunque algunos también repetían los discursos desganados de los adultos. Ahora la biblioteca ya es parte del paisaje urbano del barrio, está integrada, muchas veces hay gente que acomoda los libros, ordena, limpia, saca y pone, y eso me da mucha alegría porque habla de una apropiación y un cuidado colectivo de la biblioteca al paso. Eso sería ideal que sucediera en todas las bibliotecas al paso del país. 

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Estoy culminando mi primer guión de una película que veremos si algún día llega a filmarse, ojalá que sí. También me encuentro terminando de corregir un libro de cuentos en el que vengo trabajando hace años y estoy empezando a ordenar un montón de poemas que tengo sueltos para ver si arman sistema y puedo pensar en considerarlos en serie. Tengo muchas ideas de novelas dando vueltas, pero también estoy con mucho trabajo y me cuesta sentarme a escribir algo de tranco largo, esa es la verdad.

—Para cerrar nos gustaría que expreses un deseo que te gustaría compartir con los lectores.
—En este contexto tan particular de pandemia, mi deseo es que no perdamos los lazos sociales ni la empatía. Todos estamos atravesando momentos muy difíciles, seguramente, pero nadie se salva solo. Seamos lo más amorosos que podamos. Y leamos, porque la lectura abre mundos, posibilidades y ejercita la empatía.

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Artes Plásticas

Leo Frino: “No hay que forzar, sino simplemente hacer y estar atento a cómo todo se va desencadenando”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

No hay límites. Las páginas se abren en los márgenes de todas las posibilidades. Cada mirada se detiene en los detalles, atraviesa formas y colores, toca las diferencias que nos unen. Ahí, en ese punto de contacto, “si mirás con atención”, nacen las palabras.

“Si mirás con atención” (Editorial El Ateneo), el nuevo libro del diseñador e ilustrador Leo Frino, llegó a nuestras manos y queremos compartirlo con nuestros lectores.

Con ilustraciones que ayudan a contar una historia de semejanzas y diferencias, de diversidades que nos hacen humanos, este proyecto integral atraviesa distintos escenarios y temáticas para hacer foco en los recursos que cada quien tiene a su alcance durante el proceso de la vida.

Contarte Cultura charló con el autor para conocer los detalles de su trabajo en la producción y diseño de esta obra.

—Mirar con atención es detenerse en los detalles, en las similitudes y en las diferencias que hacen al mundo abundante y diverso. Para comenzar esta charla hagamos foco en los protagonistas del libro “Si mirás con atención”, tu nuevo proyecto integral. ¿Qué hilos invisibles creés que conectan a todos tus personajes?

—La forma geométrica del triángulo debe ser el hilo que va conectando un poco todo. Luego, el hecho de que todos los personajes habitan y todas las situaciones (o casi todas) trascurren en este planeta.

—¿Cuál fue el disparador de la historia que reúne a estos “seres ilustrados” que se vinculan entre sí a través de las páginas de tu libro?
—El texto se fue dando un poco pensando y reflexionando sobre esta idea, que se puso de moda en el último tiempo, de la “meritocracia”. Esta falsa creencia de que si hacés mérito obtenés lo que te corresponde. Idea que no comparto pues, como trato de visualizar en el libro, no todas las personas parten desde el mismo lugar, ni tienen las mismas opciones o recursos. La vida es muy azarosa a veces y poco otras tantas, es decir, en muchas ocasiones damos por sentado cosas, pero es solo porque las vemos desde nuestra mirada. Deberíamos detenernos un poco y darnos cuenta de que, por ejemplo, alguien inventó la luz eléctrica y gracias a eso tenemos luz de noche apretando un botón que nos permite estudiar o trabajar cuando afuera hay oscuridad, o que tenemos fuego fácil con fósforos o en una hornalla y podemos cocinar más rápidamente. Son cosas que están desde que nacemos, pero que no siempre estuvieron ahí. Incluso, hoy en día hay lugares donde se dan situaciones o condiciones poco dignas. Y yendo un poco más, si visualizamos desde un lado económico o financiero, hoy en día una persona en Argentina tiene que hacer mucho más esfuerzo o dedicar más tiempo para obtener la misma plata (o recurso) que otra persona en, por ejemplo, Francia, Alemania o Canadá. Eso no parece pero condiciona, y ahí es donde critico esta idea de hacer mérito y ya, pues depende de donde hayas nacido, cómo, en qué condiciones te desarrollaste y que oportunidades te esperan. A veces no alcanza más allá del esfuerzo hecho y su posterior mérito correspondido. Ejemplos de esas distintas desigualdades invisibles hay miles, entonces, en torno a eso, fue saliendo la historia.

—¿Cómo fue el proceso de darles vida a esos personajes en los que se destacan los rasgos geométricos? 

—El proceso fue divertido porque inició como un juego. Tenía unos pájaros hechos con triángulos hace un tiempo, y un día volví a verlos y me dije “¿y si armo más?¿Cuántos podré armar?”, y así fui creando varios, cambiando un poco las formas, combinando colores, pero siempre como algo experimental, es decir, estaba en una búsqueda sin mayor ambición más que divertirme y jugar un poco. En un momento decidí que ya tenía muchas aves y empecé a armar personajes basados en animales terrestres. El desafío siempre fue el mismo, saliendo de un triángulo, hasta donde podía llegar con pocas formas, limitando un poco ese recurso y mayormente combinando colores. En un momento sentí que ya tenía bastantes y el proceso fue terminando en su primera instancia, que era la de explorar, abrir y recopilar.

—Los colores, las texturas y los tamaños también son protagonistas en esta historia, ¿creés que te ayudaron a contar?

—Sí, claro. Durante el proceso de crear fui armando varios personajes y casi sin darme cuenta tenía muchos, parecidos pero diferentes, y una historia para contar. Creo que debe haber habido un momento donde ambas cosas se cruzaron, es decir, tenía una historia sobre similitudes y diferencias y personajes parecidos, pero distintos entre sí. Me pareció que ambas cosas se potenciaban recíprocamente, desde el lenguaje, desde el concepto. Porque aparece esto que decía, a veces parece que tenemos ciertas libertades, pero también tenemos límites, parece que somos iguales, pero ves que somos distintos. Y esto lo veía en las ilustraciones y en el texto, era inevitable que se junten.

—Y en ese proceso también había que hacer espacio a las palabras, ¿de qué manera lograste esa fusión?

—La fusión se dio de forma natural. Cuando visualicé que esas ilustraciones encajaban en el texto, todo se fue abriendo para que la historia tome forma de libro. Ahí apareció la parte de diseño y editorial, que fue ir partiendo el texto en el formato libro y, en base a eso, revisar las ilustraciones que tenía, ver si había que generar nuevas, ajustar o modificar alguna, etc. En esta etapa el juego es menos, porque aparece la parte del oficio, de ponerse el overol y trabajar y trabajar, aunque, esto es lo lindo que tiene esta profesión, siempre nos da la opción de que el trabajo se haga de una manera divertida, todo el tiempo da lugar, en alguna parte, a jugar. Así que las cosas van apareciendo en el hacer, es como que no hay que forzar sino simplemente hacer y estar atento a cómo todo se va desencadenando y hacia dónde va yendo o decantando todo lo logrado.

—¿Con qué técnicas trabajaste para llevar adelante este libro álbum?

—Trabajé con ilustraciones geométricas, y de forma vectorial. Soy fan del Illustrator.

—La mirada y la atención son los ejes que sostienen el libro, hay que “mirar con atención” para ver los detalles que nos rodean. ¿En qué escenarios de la vida cotidiana te inspiraste para recrear tus escenas de ficción?
—En situaciones de la vida diaria, o personas y sus vidas diarias. Pero traté de no personalizar tanto, sino pensar en figuras colectivas: la gente que trabaja, que estudia, la que hace deportes, la que no, etc. Me gusta escalar, veo que es un deporte que aprovecha mucho las capacidades de cada persona: si sos flaco, está bueno porque sos liviano; si sos grandote, tal vez tenés más fuerza o resistencia; si sos alta, llegás alto o lejos sin tanto esfuerzo, pero movimientos cortos te complican; y si sos más petisa, al revés. Es como que no hay un ideal para practicarlo, sino conocer tu cuerpo, con qué recursos contás, y luego cómo los usas. En base a eso, vas a ir moviéndote de una u otra forma. Eso lo tenía presente todo el tiempo. Ese concepto de que todas las formas están bien y te van a llevar a destino si te conocés y sabés moverte.

—¿Quiénes colaboraron en el nacimiento de este libro una vez que tuviste la idea terminada?

—Cuando armo algo, siempre se lo muestro a Luli, mi pareja, que es el primer filtro fuera de mis ojos. Luego, el texto lo compartí con mis amigas Bar, Maricel, Martina y Vero, que fueron aportando correcciones de redacción y opiniones o pareceres. Todo eso fue súper útil y bienvenido, y me ayudó para pulir y ajustar el texto. Por último, el toque final se lo dio Marina, editora de El Ateneo, que hizo los últimos ajustes junto a la gente de la editorial. También, no menor y en el medio entre tener la propuesta terminada y la publicación con la editorial, apareció ADA (Asociación Argentina de Dibujantes) que generó un catálogo de propuestas editoriales para mostrar a editoriales en la Feria del Libro de Buenos Aires. Gracias a eso, pude dar a conocer la propuesta que finalmente se editó.

—Si pudieras elegir una palabra que resuma el espíritu del libro, ¿cuál sería y por qué?

—Supongo que sería “respeto”, por todas las otras personas con quienes convivimos. Respeto por quienes son distintas a cada quien, por sus historias de vida, por sus devenires. Conocer distintas realidades nos va a permitir tener mayor empatía.

—Para terminar, contanos qué caminos te gustaría que tome tu libro. —Sería buenísimo que pueda ser bien recibido y trabajado en escuelas. La intención del libro es que sirva para eso, para generar reflexión, debate, empatía. También, al tenerme como autor integral, me gusta que pueda circular por la mayor cantidad de lugares posibles, ya que así me permite mostrar no sólo mi ilustración, sino cómo pienso y veo el mundo.

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Entrevistas

Damián “Ticky” Rodríguez: “Mis discos me representan un montón de amor, porque eso le dediqué a cada canción”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es la historia de un amor, la música que lo acompaña desde su infancia, el lazo invisible con los sonidos que despiertan desde adentro, en lo profundo, cruzando las líneas que nos separan, en lo simple, para que la magia suceda.

Damián “Ticky” Rodríguez, es un artista oriundo de la ciudad de La Plata. Comenzó su camino en la música a los 9 años de la mano del piano, la guitarra y el canto. Actualmente es compositor, intérprete y productor, y cuenta con dos discos de estudio como solista (Magia, de 2015, y Simple, de 2017) y múltiples sencillos publicados en plataformas. Es tecladista y corista de la banda platense Cruzando el charco, con la que se mantiene en constante actividad. 

Contarte Cultura charló con él para conocer su historia con la música y escuchar de qué tratan sus nuevos proyectos.

Para presentarte vamos a poner una lupa imaginaria sobre el momento en el que la música despertó en vos. Si pudieras mirar a la distancia ese tiempo y ese espacio donde nació ese vínculo, ¿qué objetos simbólicos veríamos en ese punto de partida en tu carrera?

—Lo primero que se me viene a la cabeza es un pianito azul, chiquito, con el que empezó todo. Con él saqué mis primeras melodías de oído y ése fue el disparador para que en mi casa se den cuenta de que me gustaba la música, que era por ahí, y me compraron un piano más grande, ya no de juguete, y empecé a tocar. Al poco tiempo apareció una guitarra y también la agarré enseguida.

Y seguramente hubo primeros pasos, saltos, avances y retrocesos en ese camino que emprendiste, ¿qué instrumentos son los que más han acompañado ese recorrido?

—El piano y la guitarra son los que más toco en general, pero también soy muy fan y toco la batería, el bajo y la percusión. Aunque el piano y la guitarra casi siempre son desde donde nacen mis canciones.

—¿Cómo vivís el proceso de componer tus temas? ¿Qué no puede faltar en tu espacio de creación?

—Mi proceso para componer es algo que siempre describo de la misma forma. Es sobre todo muy corto. Yo suelo componer mis canciones en minutos. Donde siento que está naciendo una melodía que me atrapa, que me interesa, enseguida me aparto y grabo lo que necesito en una nota de voz, y después lo llevo al instrumento apenas encuentro ese ratito. Entre el instrumento y las palabras, en cuestión de minutos, termino de escribir y estructurar una canción. Yo lo siento como un gran canal que se abre, en el que empieza a llover información textual y musical en mí, y casi sin dudarlo escribo y lo empiezo a plasmar en una canción.

Formás parte de la banda platense “Cruzando el charco”, ¿de qué manera surgió ese proyecto?

—Así es. La banda cumple 10 años en este 2022 y yo soy parte desde hace 7. Lo conocí a Fran (cantante de Cruzando), en el año 2000 aproximadamente, a partir de que tocamos juntos en una banda de reggae que yo tenía, y después, ya en el 2016, nos volvimos a encontrar, esta vez para compartir en Cruzando.  

Tu carrera como solista también fue dando sus frutos, “Magia” y “Simple” tus dos discos, son una síntesis de ese camino. ¿Qué palabras podrías utilizar para resumir el espíritu que mueve a cada uno de ellos? 

Magia y Simple son dos trabajos que aprecio mucho y que me di el gusto y el lujo de hacer prácticamente solo, con algunos pocos amigos que formaron parte, pero en general, la producción y grabación, la hice solo en ambos discos. Representan para mí un montón de amor, porque eso le dediqué a cada canción. Y ese espíritu lo sigo manteniendo en cada una de los temas que saco actualmente.  

Por estos días estás presentando el single “Historia de un amor”, una reversión del clásico bolero de Carlos Eleta Almarán, ¿cómo llegaste a esta versión moderna del tema? ¿Qué elementos compositivos te ayudaron de recrearlo?

—Es una canción que escuchaba mucho en casa de chico, porque mi vieja escuchaba mucho Luis Miguel, así que sobre todo escuché mucho su versión. Siempre me gustó interpretar esta canción, y esta vez no dudé en llevarla hasta el final. Dispongo de todo mi home estudio en casa para trabajar, así que con todo lo que tengo armé el beat y lo llevé a esa sonoridad fresca y moderna. Aunque todo empezó en la guitarra (risas).

¿Quiénes te acompañaron en el proceso creativo?

—Todo el proceso creativo de “Historia de un amor” fue un trabajo en solitario en mi casa, hasta que después reemplacé la bateria, el bajo y las guitarras. Ahí fue cuando hicieron su aporte Guille Salort (bateria), Ariel Colla (Guitarras) y Mauro Lopes Sein (bajo).

¿Este single formará parte del EP que verá la luz en el mes de noviembre? ¿Qué hilos temáticos atraviesan los temas de tu nuevo trabajo?

—No, Historia de un amor queda como un sencillo. El EP que va a ver la luz el 8 de noviembre y se llama Fuerza que guía, Vol 1. Son canciones en formato acústico, y sí hay un hilo conductor entre todas, que es el amor, la aceptación de los procesos, de las cosas que nos pasan, el estar mejor, ir directo al cielo con el corazón, y también es pensar en alguien y no decírselo.

Y el disco vendrá con un show, ¿dónde y cuándo será ese encuentro con el público?

—El 11 de noviembre en La Plata me presento con formato banda, para hacer un show que incluye todos temas propios, con unos músicos que además de ser talentosos, son amigos.

Para terminar, dejamos este espacio para que invites a nuestros lectores a escucharte, ¿Dónde pueden encontrar la música de Ticky?

—Estoy en Youtube, Spotify y demas plataformas de streaming, como Ticky.
En Instagram y en Twitter como @ticky_mago. Y en Tik Tok como @dtickyrodriguez

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Entrevistas

Recreo Uruguayo: “Creemos en el formato analógico y por eso es que editamos en cassette”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Una cinta guarda los sonidos, pliega y despliega la música de un tiempo dentro de otro tiempo, píxeles que giran aquí y allá, animados por palabras irrompibles que limitan el espacio compartido.

Recreo uruguayo es una banda berissense nacida en los bordes de una canción que fue el punto de partida de otras, el origen de un grupo atravesado por la música y los recuerdos.

Contarte Cultura charló con Emir Karim Nazar, el cantante de la banda, para viajar al principio, al lugar donde comenzó el proceso creativo del grupo y para acompañarlos en la presentación de su último disco “La fantástica aventura Otakudepresiva“.

PH: Matías de Mateos

—Para comenzar vamos a detenernos en un elemento simbólico que tiene que ver con el espíritu de la banda: el casette. Si pudieran elegir una palabra que sintetice el significado de ese objeto/símbolo en la historia musical de Recreo uruguayo, ¿cuál sería y por qué?

—La palabra que usaría es durabilidad, porque es casi irrompible. Vos ponés un cassette de hace 30 años y sigue sonando. No se raya y si se corta lo pegás con cinta. Hoy puede que no sea fácil de reproducir, pero nos gusta el formato porque nos remite a los ‘90, cuando te copiabas la música que te gustaba en cassette. Tiene esa cosa de compartir y difundir entre todos, bien punk.

—Y desde ese punto de partida vayamos al comienzo de ustedes como grupo, ¿quiénes lo integran? ¿Cuándo y cómo nació la banda que los reúne?

Recreo somos Emiliano Pasquier en el bajo, Karen Slipak en guitarra, Nicolás “Napo” Zein en batería y yo, Emir, que canto. Ahora también nos acompaña Maxi en teclas. Y un montón de gente más, porque siempre están las amistades que nos ayudan con diseños, fotos, filmaciones, puestas en la escena del recital. Nos parece importante visibilizar que atrás nuestro hay un montón de gente amiga que nos hace el aguante. La banda se formó con un mensaje de Emi, que estaba haciendo muchas canciones sin parar. Me escribió pidiéndome una frase para armar una, yo se la pasé y al toque me devolvió una melodía. A la noche se vino a casa y terminamos armando Ante Garmaz, el primer tema de Recreo. Cuando teníamos 4 o 5 temas, se sumó Napo, quien invitó a Karen, que tocaba en La Hydra y era su compañera de facultad.

—¿Cuáles creen que son los hilos temáticos que predominan en sus temas?

—La mayoría de los temas los canto yo, pero van construyendo un personaje que tiene un poco de los cuatro, porque las canciones las compusimos de manera colectiva. Ese personaje, el narrador, tiene algo un poco depresivo, un poco nostálgico y hasta apocalíptico por momentos, pero más allá de todo siempre mira las cosas desde un lugar luminoso, un poco despreocupado y también muy generacional. Con Emi y Maxi fuimos a la primaria juntos y tenemos muchos recuerdos compartidos y creo que por eso jugamos mucho con los recuerdos.

PH: Matías de Mateos

¿Y de qué manera sucede el proceso creativo de las letras y de la música?

—Con Emi creamos sin querer un método que se basa en la improvisación y en no pensar demasiado: la premisa de esas reuniones era empezar y terminar las canciones de un tirón. El método Recreo Uruguayo tiene pocas reglas pero importantes: juntarse con un amigo, un mate, una guitarra y alguna hierba de dudosa procedencia para fumar. Si hacés una canción en esa juntada, ganaste. Y si no, también, porque juntarse con amigos es lo más. La onda es perderle miedo a las letras, sin faltarles el respeto, pero quitándole la solemnidad al proceso de hacer una canción.

—Una imagen que represente la totalidad de su primer disco “Porro, guitarra y mate”

—Tengo el recuerdo del día que se grabaron la batería y el bajo, en el estudio El Naranjo, en Ensenada. Emi y Napo estaban tocando y como ya estaban casi todos los temas terminados, decidieron grabar La Beriso no es de Berisso. Ese tema lo había hecho Emi solo y nunca lo habíamos ensayado. Le explicó Napo cómo eran las vueltas y lo agarró al vuelo. En dos tomas lo resolvieron. Creo que ahí se sintetiza la capacidad que tiene el grupo de ir para adelante siempre.

—Por estos días están presentando su segundo álbum, “La fantástica aventura Otakudepresiva”, ¿qué emociones encierra este EP para ustedes y cómo vivieron el camino de darle vida a cada tema?

—En este EP cantamos los cuatro integrantes, casi por igual. Esa decisión de repartir las voces no es casual, nos parece importante resaltar un poco esta manera de hacer grupal y tratando de evitar las jerarquías, en una época en la que hay un boom de solistas, un poco lógico por la post-pandemia. Nos gusta resaltar el valor de los grupos en este momento. Para componer las canciones, el año pasado usamos el método de Recreo Uruguayo, pero lo ajustamos. En algunas canciones fue a distancia, a través de audios de whatsapp, en otras presencial. Hubo un poco de todo, pero lo importante es que en cada una de las canciones participamos de la composición al menos dos integrantes.

—¿Qué elementos del universo de los videojuegos y del animé japonés fueron disparadores de las canciones?

—Somos consumidores de ambos. Las dos cosas tienen que ver con el juego y la diversión, que es el espíritu de Recreo. También es imposible que no nos remita a un tiempo pasado, a la infancia. Antes las preocupaciones pasaban por ir a alquilar un cartucho de family y hoy las preocupaciones pasan por ver si llegás a pagar el alquiler. El EP tiene un poco esa nostalgia sobre la infancia, pero sin romantizar el pasado. Miramos siempre para adelante y lo cantamos en una canción: crecer no se parece a envejecer.

PH: Matías de Mateos

—¿Cuáles son los instrumentos que ayudaron a recrear esos universos y que dialogan en cada uno de los temas?

—En este EP hay teclados en todos los temas. Eso nos dio otra textura y la posibilidad de incorporar algunas melodías que están un poco ahí atrás, insinuadas. Por ejemplo, el teclado del final de Shonen tiene algo medio épico, tipo opening de animé y en 3 Vidas el mismo teclado te asoma una melodía de Game Over, pero no es explícito; va más por el detalle que por la cosa burda. Cristián D’agustini, que nos mezcló el EP, también trabaja componiendo música para videojuegos, así que le pedimos unos chiptunes (música que se compone con el sistema que usaban para las consolas) para dos canciones, que tiene un sonido de 8 bits que ayudan a darle una estética que se complementa con la tapa que nos hizo Valentín Loza, un amigo que hace unos trabajos en pixel art tan zarpados que hasta laburó para Bizarrap.

—¿Dónde se puede escuchar su música?

Recreo es una banda de románticos que todavía creen en el formato analógico y por eso es que editamos en cassette y también tenemos un VHS con el recital de la presentación del primer disco. Si no tienen casetera o video, nos pueden escuchar en Spotify, Youtube, Bandcamp y todas las plataformas que se usan ahora.

—¿Qué es lo que sigue para Recreo uruguayo?

—El 29 de octubre vamos a presentar nuestras nuevas canciones en Guajira. De ahí en adelante ojalá sea tocar mucho. Como decía Bulma: queremos seguir viviendo aventuras mil y algo más.

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2022-106152549
Edición Nº