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Entrevistas

La Biblioteca Popular Virrey del Pino y sus dos décadas de libros compartidos

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

Clarisa Abaúnza tiene el privilegio de habitar un mundo de palabras, un universo pequeño en el que los libros son protagonistas y la impulsan a abrir las puertas hacia aquello que existe, aunque no siempre se ve.

En algún momento, algo se gestó en su interior, invisible, como un sueño que se puso en movimiento hacia una meta, como una primera letra a la que su unieron otras y otras, para apilarse en los deseos y dar vida a un espacio en el que la magia de la cultura es posible. De esta manera, el 6 de diciembre de 1999 nació la Biblioteca Popular Virrey del Pino, que actualmente dirige, y que es una puerta abierta para una gran movida cultural de la que muchos son protagonistas.

Porque detrás de los libros la cultura fluye como un río caudaloso que convoca, que reúne, que es lugar de encuentro y punto de partida, porque desde la palabra escrita, nacen otras palabras que se pliegan a la música, que se convierten en imágenes, que levantan vuelo para ponerse en movimiento sobre el movimiento mismo y transformar.

En diálogo con ContArte Cultura la docente, fundadora y directora de la Biblioteca cuenta la historia y la actualidad de ese espacio en el que la cultura transita, permanece y se comparte.

—Contanos un poco de la historia y de qué manera se gestó el proyecto que dio vida a la Biblioteca Popular Virrey del Pino, que dirigís.
—La fundamos tres bibliotecarias: Adolfina Deliantoni, Mónica Martínez y yo, quienes compartíamos el sueño de un espacio cultural y educativo no formal para la localidad. La Biblioteca Popular “Virrey del Pino” abrió sus puertas al público un 6 de diciembre de 1999.  En la actualidad cuenta con más de veinticuatro mil volúmenes para ser consultados y disfrutados por socios y usuarios vecinos de nuestra localidad y de su zona de influencia. Realiza en forma permanente actividades de extensión en Promoción del libro y la lectura con diferentes grupos de la comunidad: bebés y familias, niños y jóvenes, adultos mayores, jóvenes y adultos privados de la libertad, préstamo de baúles viajeros a instituciones con narradores y cuenta cuentos, cuenta con una biblioteca ambulante, “El Andariego”, que contiene más de mil quinientos libros seleccionados especialmente, visitando plazas, escuelas e instituciones con promotores culturales y actividades relacionadas con el arte y  las palabras. Organizamos la feria del libro de la localidad. Es un proyecto que fue creciendo y se ha transformado en el símbolo cultural zonal por excelencia. En su 10° edición (realizada en septiembre de 2016) fue visitada por más de diez mil personas. En cuatro oportunidades fue distinguida con el reconocimiento de interés por el Ministerio de Educación de la Nación (período 2011/ 2014). Nuestra última propuesta fue reconocida con la Primera Mención del Premio Nacional “Graciela Cabal” de Promoción de Lectura otorgado por la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares). En el 2010 fuimos distinguidos con el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera”, otorgado por la Biblioteca Popular “Madre Teresa”. Y en el año 2012 hemos sido reconocidos con el Premio Pregonero en el rubro Biblioteca otorgado por la Fundación El Libro. Hoy seguimos trabajando en forma constante, posibilitándole a la comunidad el acceso libre y la democratización de los bienes culturales.

—¿Recordás cuál o cuáles fueron los primeros ejemplares que formaron parte de los cimientos de palabras de la biblioteca?
—¡Cómo no recordar los primeros libros que llegaron a nuestras manos ya en la biblioteca! Fue una colección de libros de literatura infantil editados por el periódico Página 12, que junto al sello Colihue conformaban nuestros primeros ejemplares: los del malabarista, los de Graciela Montes (creo que era una colección de mitología griega, Las mil y una noches, entre otros) que eran adaptaciones de los clásicos. Las bibliotecas personales de cada una de nosotras, y algunas donaciones súper importantes aportadas por vecinos y amigos. Cabe destacar que en ese momento también se adquirieron, con un aporte muy importante de la Cooperativa Telefónica, cerca de seiscientos libros de diversas temáticas que considerábamos infaltables en una entidad como la que estábamos abriendo.

—Están celebrando 20 años de trabajo en la difusión de bienes culturales, ¿qué cosas son las que rescatás en esos laberintos del tiempo en los que, seguramente, hubo muchos cambios?
—Indudablemente el evento más importante que realizó la biblioteca, y que ha quedado en la memoria de la comunidad, es la Feria del Libro durante 10 años consecutivos como explicaba anteriormente. Ha sido el evento por excelencia, porque nucleó todas las ramas del arte, y su influencia continua hasta nuestros días. Porque, como lo expresa en “La otra revolución”, el texto de María Teresa Andruetto dice: “Leer y dar de leer”, “como lo expresado por Michele Petit, mientras más difícil es el contexto, más necesario es mantener espacios para el ensueño, el pensamiento, la humanidad. Espacios abiertos hacia otra cosa. Espacios donde volver  a las fuentes, donde mantener la propia dignidad, porque la literatura es metáfora de la vida, una vida para los vivientes no siempre fácil de significar. Salir de uno mismo para ser por un momento otro, aunque sea de manera ilusoria, esto es, entre otras muchas cosas, lo que nos propone la literatura”. Y otro de los que me parece sustanciales es el proyecto de extensión y apertura comunitaria que va al encuentro de nuevos lectores, garantizando la llegada a todos los ciudadanos que habitan lugares distantes y desprotegidos de nuestra localidad., como lo es la Biblioteca Móvil “El Andariego”. Se promueven encuentros entre textos y lectores, observando las particularidades de las manifestaciones culturales de la población. Las actividades se llevan a cabo por parte de mediadores profesionales y voluntarios de la Biblioteca Popular. Se realiza animación a la lectura y al libro, en escenarios tradicionales comunitarios, pero especialmente en ámbitos no tradicionales con actividades en espacios a cielo abierto y en instituciones de la propia localidad y su zona de influencia. La presencia en esos espacios no convencionales constituye un desafío para que se hable de cómo, por qué, y para qué leemos, a vivir el libro y la lectura desde una visión más liberadora que encierra mensajes poderosos y estimulantes para la reflexión: Libros y Lectura para lectores y no lectores, y desde ahí el desafío de contribuir a formar lectores desde el no ser lector, conjugar formas de leer no tradicionales que los chicos y jóvenes manejan en general sin dificultades con la lectura convencional que parece ser patrimonio de otras generaciones. Y en eso consiste la promoción del libro y la lectura en diversos soportes para que lectores y no lectores de todas las edades y otros mediadores, puedan tener acceso de manera aparentemente informal en espacios no tradicionales a este mundo maravilloso y fascinante que está en permanente actualización…

—Hablemos de números, ¿con cuántos ejemplares cuenta hoy la biblioteca y cuál es el promedio de visitantes cada día?
—Actualmente estamos procesando el ejemplar número 24025 de nuestro inventario y el promedio de usuarios diarios es de alrededor de 50 personas. La biblioteca se encuentra muy actualizada, ya que todos los años participamos del Programa Libro %, y adquirimos las novedades editoriales y materiales solicitados por los socios de las más diversas temáticas.

—¿Es necesario asociarse para hacer uso de las instalaciones?
—Para usar las instalaciones no es necesario ser socio. Es un espacio gratuito, por eso somos una biblioteca popular, y el uso de los materiales en las salas se realiza sin ningún tipo de canon. Ser socio es necesario para retirar libros al domicilio particular. Asociarse a la Biblioteca Popular permite ser parte de esta entidad conformada como una asociación civil sin fines de lucro. Te posibilita participar activamente de las actividades que en ella se desarrollan, obteniendo como beneficios sociales una bonificación especial en talleres, seminarios y cursos. Las instituciones escolares o barriales pueden acceder a través de la asociación a visitas guiadas y baúles viajeros (préstamo quincenal de una colección de 80 ejemplares a elección de acuerdo a la temática que se encuentren trabajando) dos veces al año.


Actividades destacadas

Bebeteca: Espacio destinado a fortalecer el vínculo entre el bebé, el adulto y la lectura. (Para niños de 45 días a 3 años)

Narración de cuentos: Destinado a acercar la literatura y al arte de escuchar cuentos a los niñes.

Ludoteca: Espacio destinado a reencontrarse con el placer de jugar y compartir el tiempo lúdico con otros (Para niños de 6 a 99 años)

Banco de Lectores Narradores sociales “Curander@s de palabras”: Grupo de donadores de lecturas enmarcados en el proyecto Argentina Narrada de María Héguiz

Talleres experimentales:

Percusión Espacio de experimentación con instrumentos para chicos de 7 a 12 años y para jóvenes y adultos

Historieta  (para mayores de 12 años)

Dibujo y caricaturas: Para niños y jóvenes

Taller de Música con orientación en Guitarra (Arancelado)

Encuentro Regional de Historieta e historietistas

Festival Roldandevetacheada: Festival literario destinado a promover y difundir la obra literaria de Gustavo Roldán y Laura Devetach

Ciclo: “Agendado cita a las 18.00 hs.” Espacio mensual destinado a la presentación de novedades editoriales por parte de sus autores y sus ilustradores.

Cine Club: Espacio destinado a encontrarse, mirar y charlar sobre diferentes propuestas cinéfilas.


—La puerta de la biblioteca es una boca de entrada hacia la cultura en sus diversas formas, pero también una boca por la que salen “palabras viajeras” que pretenden llegar más allá, ¿cómo se vive la experiencia de la biblioteca ambulante “El Andariego” y qué son los “Baúles viajeros”?
—La experiencia con El Andariego es altamente satisfactoria, es una forma diferente de acercar y llevar libros y literatura a espacios no formales: plazas, sociedades de fomento, entre otros sitios. Por su parte, un baúl viajero, es como un cofre del tesoro, donde los libros brillan como piedras preciosas, maravillan como collares de perlas, pesan como verdaderas monedas de oro, es un botín esperando ser encontrado, descubierto. El mapa es fácil de seguir, unos cuantos pasos hacia la derecha, otros menos hacia la izquierda, subiendo las escaleras. Una colección de ochenta libros seleccionados especialmente para las instituciones asociadas que lo requieran.

—¿Cómo es un día típico entre los libros? ¿Quiénes son los que más consultan y qué buscan?
—El día es variado. Hay momentos de proceso del material bibliográfico, visitas guiadas de distintas instituciones, atención de usuarios, preparación de eventos, atención y seguimiento de redes sociales, planificación de nuevos proyectos. Tienden a ser vertiginosos algunos y otros más serenos, depende también de la época del año, de las propuestas para ser desarrolladas en ese tiempo, entre otras circunstancias que puedan darse. Nuestros usuarios mayoritariamente buscan literatura de autor. Contamos con un consumo de literatura infantil y juvenil muy importante. Nuestra sala infantil “Graciela Cabal”, es una sala excepcional de la biblioteca. También son un clásico los textos escolares para la realización de tareas. La biblioteca ofrece wifi gratis, lo que atrae al público adolescente, que además permite el uso del sector de historietas. 

—Un sueño que te gustaría compartir con nosotros para ese mundo de letras del que formas parte.
—El gran sueño creo que es poder contar con una casa o espacio propio para la entidad, donde seguir desarrollando este trabajo que nos acerca y nos permite acercar a otros al maravilloso mundo de las palabras.


Lo que resta de 2019

  • Encuentro de títeres gratuito a cielo abierto.
  • Encuentro con autores en el marco de “Agendado: Cita a las 18 hs.”
  • Talleres.
  • Imposición de la biblioteca abierta (casita de libros) en la plaza central de nuestro barrio.
  • Puesta en marcha de dos proyectos innovadores: la “Biblioteca de semillas” y la “Botica literaria”.
  • Festejos por la conmemoración de nuestros primeros veinte años de vida.

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Artes Visuales

Andrea Suárez Córica: “Mi práctica artística está ligada a mirar con todos los sentidos”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Todo se transforma, las calles se ensanchan en los pasillos de la memoria, son senderos nuevos, territorios escondidos, universos invisibles, palabras que mutan sobre la superficie de una hoja, voces texturadas, sonidos que nos habitan en el espacio cotidiano.

A veces, sólo basta mirar. Detenerse en el instante, retenerlo entre las pestañas, palpar sus formas, oler sus límites, percibir los fragmentos que descansan sobre las baldosas, degustar sus texturas. Sólo para preservarlos en los pasillos de la memoria, sólo para que logren transformarse en el interior de los ojos que aún no han visto la eternidad del instante.

Andrea Suárez Córica es artista visual y naturalista autodidacta. El espacio urbano es el territorio donde su arte logra transformar los pequeños retazos de cada día en verdaderos tesoros que atraviesan sus obras.

En diálogo virtual con ContArte Cultura invita a recorrer las calles, a sumergirse en el paisaje arbóreo y a detenerse para mirar más allá de lo evidente.

—¿En qué ramificaciones de tu vida descubriste tu vocación por el arte?
—Durante muchos años llevé a cabo una serie de actividades que no sabía que tenían que ver con el mundo del arte, esto es, recolectaba objetos que encontraba en la calle y formaba colecciones. No cualquier objeto, sino aquellos rotos, desgastados, incompletos, de algún modo con cierta orfandad e intemperie. Y, claro, también inutilidad. Incluso, dentro de ese universo, tenía una predilección especial por los metales oxidados, descubrí esa poética del óxido y de lo que hace el paso del tiempo con las cosas. Hasta que realicé un seminario con Roger Colom, artista y curador, en La Fabriquera y todo cambió. Su mirada sobre ese corpus, la basura, el detritus o “lo que queda”, como prefiero llamarlo, como materia del arte contemporáneo y la inscripción del mismo en un circuito por fuera de mi casa y dentro de los espacios de arte, me posibilitó descubrirme o, mejor dicho, reconocerme como artista. Su propuesta para realizar mi primera muestra y mi aceptación para involucrarme en eso, me fundó como artista visual.

Andrea con el libro de poemas de su madre Luisa Marta Córica

—¿Cuál es la importancia de la observación para un artista visual? ¿Creés que es posible “mirar” con todos los sentidos?
—Diría que mi práctica artística está ligada a mirar con todos los sentidos desde el mismo momento en que mis trabajos tienen mucho que ver con lo urbano, con las recolecciones, los recorridos por la ciudad. La presencia del cuerpo implicado en sus ritmos, direcciones, sensaciones, cambios de velocidad. Y cuando hablo de recolección, no me refiero solo a lo material, sino a la recolección de ideas, pensamientos, incipientes poemas, imágenes. Me gusta llamarme espigadora urbana, en homenaje a Agnés Varda. Mi amiga Leonor Arnao, artista plástica, me recomendó sus películas, en especial, Los espigadores y la espigadora. Antes de Varda me consideraba ciruja, que en definitiva es lo mismo, es ir detrás de los restos.

—Si la memoria fuera un baúl donde pudieras guardar tus tesoros, ¿qué objetos, espacios, territorios o sensaciones formarían parte de esa colección imaginaria?
—La memoria es una construcción y por lo tanto está en permanente movimiento. Esos tesoros, por ende, cambian, se transforman. Pero dentro de esas variaciones, guardo mi infancia junto a mi madre, mi infancia ya sin ella, pero con abuelos, mis vagabundeos con mis hermanos y la bandita del barrio por el centro de la ciudad, luego, con mis hijos, esos paseos donde descubríamos el barrio, sus casas, sus jardines, los perros, en definitiva, donde ejercíamos el bautismo pagano de nuestro propio universo. También atesoro mi colección de cuadernos y libretas y el herbario con unas 1000 hojas de árboles.

Gramática del Embalaje

—¿Cuáles son los materiales con los que trabajás habitualmente? ¿Qué elementos del espacio urbano se convierten en disparadores de tus obras?
—Se me hace difícil poder describir todos mis procesos de producción y los materiales que llaman mi atención, por su gran diversidad. Mis intereses son múltiples, me dejo llevar por lo que me atrae, sin prejuicios sobre qué tipo de artista soy. Tengo cuadernos donde voy anotando los proyectos que van surgiendo: con las colecciones de hojas de árboles, de aerosoles aplastados o de patas de madera de muebles viejos. También reflexiono sobre mí hacer, me interesa conceptualizar sobre las prácticas, su devenir, sus cruces. Escribir manifiestos como “Los siete pecados de un artista” “O decir después en el arte es el suicidio de la oportunidad (kairós)”.  Escribo poesía, he publicado Alas del alma (1993) e Imágenes rotas (1994). Realizo inventarios de las cosas que encuentro, desplegando ahí una maquinaria administrativa. Construyo cuadernos de artista como La gramática del embalaje, de 50 por 70 cm, y con 490 íconos de cartón pegados, es decir, enorme, y también El libro rojo del peronismo, de tamaño estándar, con una temática bien específica, el peronismo. Libro que después se publicó en formato fanzine, a pedido del público.  Los dos libros tienen la técnica del collage, del “busco, recorto y pego” de la escuela primaria. Organizo archivos que luego devienen obras o performances como La niña y el archivo (2019). Realizo instalaciones, como Modos de nombrar y no nombrar (2016), trabajo vinculado a la memoria de nuestro pasado reciente y al lenguaje. Colecciono relatos oníricos desde 1987, sobre mis propios sueños. De hecho, en 1996 publiqué el libro Atravesando la noche, 79 sueños y testimonio acerca del genocidio. Volviendo a la pregunta, pienso que la ciudad es generosa conmigo, tenemos un muy buen diálogo cotidiano. Transitarla es para mí una fiesta, mantengo una especie de atención visual flotante que me permite mantener renovado el asombro propio de la niñez.

Proyecto Arbórea

—¿En qué consiste el Proyecto Arbórea?
—Es una investigación poética sobre los árboles de la ciudad. Es descubrir la ciudad desde sus árboles, en una mirada que cruza arte, ciencia y ambientalismo. Propone el goce estético de su contemplación, el conocimiento de los ejemplares desde la botánica y su importancia para la vida, para la ciudad, el ambiente y los seres vivos. Empezó en 2008 junto a mi hijo Juan Manuel de siete años, en ese entonces lo llamamos Bosque Ambulante porque llevaba a las escuelas una valija con frutos, hojas y fotografías. Luego, se sumaron mapeos, registros fotográficos en diversas escalas, los herbarios y carpotecas más sistematizados, cuadernos de artista, “cuadros de apoyo” para las muestras en espacios de arte y también las caminatas, observando los árboles de las veredas, que son los que más me interesan en tanto son los que vemos a diario, los que tenemos a mano en nuestro andar cotidiano. Se trata de entrenar la mirada, entrando en el detalle de cada ejemplar para luego llegar al nombre de la especie. Creo que cuanto más conocemos, mejor podemos cuidar nuestro patrimonio vivo. De hecho, el Proyecto Arbórea integra el Foro en Defensa del Árbol de La Plata, que se propone visibilizar el arbolado público, su importancia y su preservación. Y además, acaba de ser declarado de interés municipal por unanimidad. Enorme alegría.

—Contanos acerca de la muestra “El abrazo de los objetos, ejercicios de memoria”, que se puede visitar en el Centro de Arte de la UNLP.
—La muestra indaga, por un lado, en la poética de los objetos (libros, ropa, adornos, discos, fotos) que pertenecían a mi madre, Luisa Marta Córica -víctima del Genocidio en 1975-, y por otro, en la posibilidad del arte de aportar a la construcción de la memoria de nuestro pasado reciente. Se pregunta por el tipo de sentidos a los que abre, si posibilitan o clausuran la reflexión sobre el Genocidio. Sabemos que las políticas en torno a la memoria generan determinadas condiciones de posibilidad en cada contexto. Lo que se puede decir, lo que se debe callar, lo que se puede o no nombrar. El Nunca Más, por ejemplo, constituyó un gran aporte en su momento, pero la memoria que aporta está vinculada principalmente a lo que nos hicieron, al horror de la tortura, de los centros clandestinos de detención, a los operativos de los grupos de tarea. Su lectura es insoportable. Uno espera cerrar el libro definitivamente. Esta muestra, si bien nos está hablando de una ausencia, la de Luisa, nos habla principalmente de una vida, de sus sueños y su lucha, sus gustos e intereses, alegrías y tristezas. Del amor, de los hijos y de la militancia. Humaniza la cifra 30.000. Le pone nombre, rostro, identidad política, un modo concreto de habitar este mundo. En este sentido, los objetos operan como poleas de transmisión entre las distintas generaciones, la de los compañeros de Luisa, sus hijos y sus nietos. Contrario a lo que impuso el Proceso de Reorganización Nacional, como el aislamiento, la muerte, el silencio, la diáspora, esta muestra nos permite juntarnos, ejercer la palabra y el disenso y construir de manera colectiva nuestra historia reciente.

El abrazo de los objetos

—¿En qué nuevos proyectos estás trabajando por estos días?
—La pandemia trastocó cualquier plan que tuvimos pero, a su vez, permitió que afloraran cosas quizá impensadas. El año pasado, en condiciones similares, fui haciendo un libro de artista que se llama Carne. Contiene imágenes y textos sobre artistas y escritores que influyen en mi trabajo, como Marcel Duchamp, Edgardo Vigo, Agnés Varda, Mark Dion, Joseph Cornell, Guillermo Hudson y también reflexiones y digresiones en torno a mi propia producción.  La incertidumbre hoy por hoy continúa, al igual que el confinamiento, así que ese es el marco desde donde pensar y producir. La virtualidad gana terreno y repliega los cuerpos. Todas las expediciones urbanas quedaron en suspenso, por lo que me gustaría poder organizar un taller para transmitir el “método Arbórea”, si es que podemos llamarlo así, en todo caso un método inacabado en permanente construcción y transformación. También estoy con un proyecto editorial, trabajando con una ilustradora platense de lujo, pero no quiero adelantar mucho sobre esto. Y, además, estoy con la re-edición de Atravesando la noche, un libro fundante de mi propia existencia y que jamás ha perdido su vigencia en estos 25 años, que es permanentemente solicitado. Respecto a las caminatas, tal vez organice recorridos personalizados que podrían ser una buena opción tanto para evitar aglomeraciones como para no extrañar el caminar y conversar con otros por los distintos barrios de la ciudad.

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Entrevistas

“Secretos al alba”, la nueva novela de Gabriela Exilart: “Es un enorme rompecabezas que se completa en las últimas páginas”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Resuenan. Vibran las voces de la guerra como un eco lejano. Son palabras deshabitadas, fragmentos de un mundo quieto, restos sobre restos, letras sin nombres, nombres enterrados en papeles arrugados, murmullos del más allá que viajan en hilos de tinta.

Y derraman la sangre derramada.

Una grieta de silencio.

Las palabras ascienden lentamente por las laderas del tiempo y del espacio.

Aún resuenan las balas y los gritos.

Aún resuenan los huecos de la guerra.

Aún resuenan, como “Secretos al alba”.

La escritora marplatense Gabriela Exilart vuelve a España, al escenario de su anterior novela, para completar una historia. Esta vez el mar no es escenario, pero con una escritura fluida y manteniendo el ritmo del oleaje que pone en movimiento las páginas, la historia corre sobre las letras y revela. Sólo basta sumergirse en la textura del papel para vivirla y conocer los “Secretos al alba” que dan nombre a su nueva novela.

—Para comenzar esta charla vamos a detenernos en la palabra que abre las puertas de esta historia: secreto. Si pudieras elegir un objeto o un lugar donde se esconde el gran secreto de esta novela, ¿cuál sería?
—La novela tiene varios secretos, pero podría decir que los principales los tienen escondidos las mujeres, y una de ellas está recluida en un convento perdido entre las montañas.

—Hay una vieja nota, un papel que deja al descubierto algunas huellas del pasado, ¿son esas letras las que llevarán a la protagonista a reencontrarse con sus orígenes?
—Esa nota lleva a María de la Paz Noriega a una ciudad desconocida para ella, y de allí a un pueblito donde empezará a desovillar la historia de su padre y de su familia entera.

—Si pudieras marcar en un mapa imaginario los puntos geográficos donde suceden los acontecimientos de esta novela, ¿dónde se encontrarían? ¿De qué manera trabajaste para construir esos escenarios con tus palabras?
—La novela transcurre mayormente en la ciudad de Burgos y en algunos pueblos aledaños, como Covarrubias. También hay pasajes muy importantes en un convento. Para narrar sobre esos sitios miré fotos de paisajes de la zona, pueblos de Castilla y mapas, más que nada para ver las distancias.

—Tracemos ahora una línea de tiempo: ¿En qué años se desarrolla la trama de esta historia? ¿Hay saltos temporales que permiten superponer las “fotografías” de distintas épocas y armar el rompecabezas que une el pasado con el presente?
—La novela es un enorme rompecabezas que se logra completar en las últimas páginas. Comienza en 1956, que es el presente de la historia, y todo el tiempo viaja a 1936, a los tiempos de la guerra, y al 1900, que es cuando nació Bruno Noriega, cuya historia se termina de dilucidar.

—¿Cómo lograste representar el silencio que atraviesa a tus personajes, tan fragmentados por la guerra?
—Son los hijos de la guerra los que van a hablar y a descubrir esos silencios que rodean a sus padres, tan golpeados por la guerra civil española.

—¿Qué nos podés adelantar de los protagonistas de esta historia?
—Hay muchos personajes que fueron surgiendo a medida que escribía, pero los principales son María de la Paz Noriega, una joven que pretende conocer el origen de su padre y sueña con ser escritora, y Antón Navarro, un hombre que oscila entre la seducción y el misterio; un hombre que oculta un secreto que por momentos lo vuelve violento y hermético, y que a la vez puede desplegar una gran fascinación.

—¿Cuáles son los temas centrales que aborda esta historia?
Hay un tema muy fuerte de abuso infantil que, si bien no es el principal de la novela, es el que desencadena todo. La guerra, la posguerra y sus secuelas, los secretos familiares, la búsqueda de la identidad y la violencia. Además de los lazos familiares que se estiran y se contraen todo el tiempo.

—¿Las olas de ese mar en el que te sumergiste para dar vida a tus personajes seguirán en movimiento o ya se detuvieron en un punto final escondido en alguna roca?
—En esta novela el mar no es protagonista, sin embargo, hay un oleaje profundo y constante a lo largo de la historia que encuentra su final en una playa de Gijón.

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“Germanicus”, un retorno al Imperio romano para que las historias encuentren su final

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Los caminos se bifurcan, cada pie en el sendero que le corresponde. La vida late. Hay un regreso al punto de partida, una distancia que quiebra las palabras. Una búsqueda. Todo está allí, en el origen de cada cosa. Entonces se escucha el latido. Y los caminos se tocan “Entre Marte y Venus” del otro lado de la guerra.

El abogado y escritor cordobés Luis Carranza Torres regresa con su pluma a Roma y vuelve a poner en movimiento a los protagonistas de “Germanicus”. Y ellos, empapados de tinta, aceptan el desafío de viajar entre las páginas. Sólo para descubrir cómo termina su historia.

—Regresaste a Roma, a un tiempo en el que tus personajes Publio Aquilio y Kendrya esperaban la continuación de su historia, ¿qué te llevó a regresar? ¿Sentías que sus vidas merecían nuevos capítulos?
—Es un mérito más de los lectores. Iba a ser un libro único, pero cuando empezaron a leerlo todos entendieron que había un después. Empecé a ver, frente a tanta opinión coincidente, y vi que tenían cierta razón. La historia tenía un posible camino para seguir. Una revancha de los protagonistas, una suerte de segundo tiempo, para decirlo en términos futbolísticos. Surgieron entonces diferentes escenas, imágenes de ese después que pronto se articularon en un hilo narrativo. En la novela estamos un poco después del año 90 de nuestra era, ya no en Roma, sino que además de esa ciudad de poco más de un millón de habitantes (el mundo no conocerá otra así hasta Londres en el siglo XIX), nos extendemos por el Imperio. Desde los bosques y aldeas de la Germania Magna, la parte bárbara y los puestos de frontera romanos, hasta las inmensas aguas del Nostrum Mare, como le decían por entonces al Mediterráneo.

—Dos caminos, una distancia que separa, pero a la vez puede llegar a unir, ¿se cruzarán en algún punto las rutas de tus protagonistas?
—Cuando dos personas tienen cuentas pendientes, el destino tiende a reunirlos alguna vez para saldarlas. No siempre de la mejor manera. Esto es lo que les pasa a los protagonistas. Siempre me gustó el concepto de sincronicidad que postuló Carl Jung en sus estudios psicoanalíticos y traté de aplicarlo en la construcción de la novela. Publio, Kendrya, Valeria Aquilia, todos tienen algo por perder, algo que quieren ganar. Y van a ufanarse por conseguirlo.

—¿Qué sucede entre Venus y Marte? Hay una fusión o una escisión entre los “dioses/guerreros”?
—Me gustó oponer la guerra al amor en esta trama y para ello qué mejor que los dioses que lo representaban en la Antigua Roma. En la mitología romana Marte era el dios de la guerra, la virilidad masculina, la violencia, la pasión, la sexualidad, la valentía, del horror y victoria en las guerras. Venus era, por su parte, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Viven, los personajes, entre el placer y el deber, entre perdonar o castigar, y, en el caso de Publio en particular, entre lo que deben ser y aquello que quieren ser.  

—¿Qué rutas de investigación te ayudaron a recrear los escenarios de esta novela?
—Intenté mantener la tensión de la trama sin alejarme de la verdad histórica en materia de hechos o costumbres, lo que implicó no pocos esfuerzos. Mucho de los que tenemos aceptado como parte de esa civilización, en realidad se trata de suposiciones basadas a partir de diversos hechos que sí han sido verificados. En esos casos, uno elige de las posibilidades, la que mejor se ajusta a donde se apuntaba con la historia. Además, la romana fue una sociedad en permanente evolución donde las costumbres variaban de época en época, pero no de forma brusca, sino que iban evolucionando, surgiendo y pereciendo de a poco, por lo que no fue muy sencillo respecto de determinadas prácticas, por caso el matrimonio, establecer que tanto regían en un momento determinado. Aun así, todo lo que sucede podría perfectamente haber pasado en la Roma de aquel tiempo. Traté de seleccionar los escenarios y costumbres sociales más representativas para articular los hechos que mueven la trama. Quise que el lector viviera todo eso con sus cinco sentidos. No sólo que viera la cotidianeidad de los romanos, sino que también la escuchara, la palpara, la sintiera en la piel de todas las formas posibles.  

—Si pudieras elegir un elemento simbólico que represente la esencia de esta historia, ¿cuál sería y por qué?
—El puggio, el puñal usado por los legionarios romanos un siglo antes y después de Cristo, que adoptaron de los pueblos hispanos. Bien puede resumir toda la historia, pero van a tener que leer la novela para entender el por qué.

—¿Cómo fue el proceso de escritura durante este tiempo tan particular que estamos viviendo?
—La escritura fue mi gran refugio en la pandemia. Un ámbito donde estaba a gusto. Tener un mundo interior en el cual soñar, imaginar, fue algo espectacular para mantener la cabeza y el ánimo en orden.

—¿Creés que los sucesos históricos se repiten una y otra vez en el tiempo, aunque muten las formas?
—Sí, definitivamente. Hay ciertos universales que son comunes a todas las culturas y los tiempos. Los que nos conectan como seres humanos sin importar lo distintos que podamos ser.

—¿Habrá un nuevo capítulo de estas vidas entrelazadas o ya pusiste el punto final a la historia de tus personajes?
—De mi parte, creo que estamos en el final de la historia. Pero si algo me ha enseñado este último tiempo es que no existen demasiadas verdades definitivas.

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