Marcela Chiquilito: “Un día comencé a escribir, movida por la necesidad de evadirme del mundo, y ya no pude parar”

Por Andrea Viveca Sanz

Arrastrada por un impulso de su corazón, Marcela Chiquilito se dejó llevar por las palabras que le abrieron las puertas al mundo de las novelas.

Con entusiasmo, se entregó a la construcción de las tramas que sostienen a sus personajes, esos seres especiales que, gracias a la magia de la escritura, circulan entre las páginas de sus libros y permanecen vivos en el alma de cada lector, como un retazo de lo que ella quiere transmitir, como una semilla capaz de germinar en aquellos que se acerquen a sus letras.

En diálogo con ContArte Cultura la autora marplatense comparte sus vivencias en el camino de la escritura.

—Para presentarte, elegí un color, un aroma y un sabor que te representen.
—Amo los colores pasteles y elijo el celeste, tiene mucho de cielo, de libertad, de aire y de vida. Un aroma, el de los jazmines, porque trae alegría a cualquier espacio. Y un sabor que me represente es el mate, porque tiene el sello de compartir.

—¿Cuándo sentiste que podías convertirte en escritora?
—Nunca ‘sentí’ que podía llegar a ser escritora, los caminos de la vida me llevaron a serlo… Un día comencé a escribir en un cuaderno, movida por la necesidad de evadirme del mundo, y ya no pude parar. No hubo premeditación, fue un impulso del corazón, y así nació mi primera novela.

—¿Qué cosas te inspiran a la hora de escribir?
—Mis novelas pertenecen al género realista. Me inspiran muchas cosas: la lectura de la historia (soy profesora de Historia), la letra de una canción, un relato periodístico o alguna historia de vida.

—Contanos aquello que no puede faltar en tu lugar creativo.
—No puede faltar un buen café y ruido. Por eso amo escribir en la mística que recrea un café. Esa conjunción de música de fondo, voces y un café, hacen que las palabras fluyan solas. Luego, frente a la notebook, necesito de la compañía de la música, Norah Jones y los grandes del rock nacional disparan mis sentimientos hacia el papel.

—¿Cómo fue el proceso de construcción de cada una de tus novelas?
—Fueron muy diferentes. Retazos de almas era mi tesis de licenciatura en Historia, todo mi trabajo de investigación sobre el teatro anarquista y el movimiento obrero en Mar del Plata, terminó convirtiéndose en novela. En Semillas de mandarina en cambio, hubo una planificación consciente de toda la trama. La novela se fue puliendo con los aportes del Taller de novela de Gabriela Exilart. Allí fui descubriendo herramientas valiosas que me ayudaron a mejorar la escritura; sumado a los generosos aportes de los compañeros del taller que hicieron del proceso de escritura, que de por sí es solitario, algo enriquecido con la mirada de otros.

—¿De qué manera lograste dar vida a tus personajes?
—Mis personajes tienen la particularidad de sentirse vivos. Muchos de ellos están extraídos de la vida, algunos son arquetípicos claramente reconocibles. En el caso de Semillas de mandarina, todos debemos tener alguna amistad similar a las amigas de Gabriela. Cuando pienso en un personaje tengo que sentirlo vivo, no suelo hacer una descripción detallada desde lo físico. Pero a los personajes uno se los puede recrear en la imaginación a partir de sus dichos y actitudes.

—Tres palabras que te permitan definir tu primera novela “Retazos de almas. Memorias de una costurera anarquista”.
—Las tres palabras que definen a Retazos de almas son: sensible, emotiva y llena de esperanza.

—¿Qué nos podés contar de “Semillas de mandarina”?
—Es una novela que plantea la búsqueda de la felicidad. El personaje central se llama Gabriela, una maestra atravezada por una profunda crisis existencial y de pareja. Su mundo se ve sacudido a partir de la desaparición de su madre, Isabel. Desesperada la busca, en un pueblo que guarda silencio en plena dictadura militar. Descubre un mundo de secretos que se retrotraen a la Segunda Guerra Mundial. Gabriela se da cuenta que no sólo debe encontrar a su madre, también a ella misma. Las semillas de mandarina terminan por definir el destino de Gabriela y esconden además un arte necesario para algunos momentos de la vida…

—¿Estás trabajando en una próxima obra?
—Sí, terminé de escribirla y se encuentra en pleno proceso de corrección. Es una novela histórica. El primer capítulo arranca con un hecho histórico que muchos marplatenses no conocen. En 1945 se entregaron dos submarinos nazis en la Base Naval de Mar del Plata. La trama recorre todo el proceso por el cual los nazis llegaron a Sudamérica, la llamada “ruta de las ratas”. Quería escribir algo diferente… por eso otro género y otro tipo de personajes. Y ya comencé con algunas líneas en borrador de la segunda parte de Semillas de mandarina, atendiendo al reclamo de amigos y lectores que querían “más de la historia”. Sentí que Gabriela y Gladys tenían muchas cosas aún por vivir y descubrir; había dejado algunas líneas abiertas a la imaginación… y ahora los personajes las van a definir.

—¿Un sueño que te gustaría cumplir?
—Los sueños son como la “utopía” de Eduardo Galeano, es lo que nos pone en movimiento. No tengo un único sueño para cumplir, tengo cientos de sueños para construir con los afectos, para seguir creciendo y aprendiendo. Los necesito para recrear la vida. Sueño despierta para hoy y para el mañana y voy tras ellos.


Marcela Chiquilito

Nació en Mar del Plata en 1970. Es Profesora de Historia y ejerce como docente. Publicó varios artículos sobre la Historia del teatro libertario con el GIE (Grupo de Investigaciones Estéticas), perteneciente a la Universidad Nacional de Mar del Plata, y colaboró con el GETEA de la Universidad de Buenos Aires. Su primera novela fue Retazos de almas. Memorias de una costurera anarquista (2013). En 2017 publicó Semillas de mandarina.

Conocé más de Marcela Chiquilito aquí.

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