Conéctate con nosotros

Entrevistas

Patricia Fitti: “Cuando se me ocurre una idea que podría llegar a ser una buena historia, la pienso en imágenes”

Publicado

el

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Un universo de palabras, enredadas en líneas de grafito, rueda sobre las páginas; el viento desparrama las formas y los colores, todo toma una dimensión nueva, como si cada parte adquiriera volumen y levantara vuelo, como si las palabras estuvieran vivas y comenzaran a crecer, pura textura sobre los silencios.

Son esos silencios los que la escritora e ilustradora Patricia Fitti ha logrado capturar con sus manos y con su voz; es en esos espacios mudos en los que sus obras toman vida y se expanden hacia las manos de sus lectores.

En un diálogo virtual con ContArte Cultura la autora cuenta de qué manera vive el proceso creativo de sus obras y adelanta algunos de sus proyectos.

—Sobre este primer renglón que nos conecta vamos a dejarte un puñado de hojas secas y un lápiz, ¿cuál es la primera imagen que viene a tu cabeza para crear algo que te sirva para presentarte con esos elementos?
—Estoy en mi mesa de trabajo, justamente con esos elementos que ofrecés imaginariamente para presentarme: hojas secas y un lápiz. Pero esta vez prescindo del lápiz. Y es porque, desde que me mudé al campo, entre las sierras, hace solo unos meses, estoy tan fusionada con la naturaleza que las imágenes se me vienen en forma de hojas. O de semillas, de ramitas, de piedras… Así que lo que hago es mirar esas hojas para ver qué me sugieren sus formas. Y lo primero que viene a mi mente es la imagen de un pez. Tal vez me surge esto porque como un pez, cuando estoy creando, me sumerjo en las profundidades tanto, que a veces me olvido de que existe un mundo en la superficie. Buceo, me hundo, observo y vivo un mundo submarino donde otros sólo ven mar y olas. En la profundidad de esas aguas también me conecto con mi mundo infantil, ese que en realidad está siempre latente en mi vida, creo que soy una eterna niña encerrada en un cuerpo adulto; tal vez por eso siempre fui docente de los más pequeños, tal vez también por eso me dedico a la literatura y a la ilustración infantil.

“Soy docente de alma, aunque ya no ejerzo, pero tenía otra vocación postergada: desde chica quería dibujar y pintar como mi papá lo hacía.”

¿En qué rincones de tu infancia se gestó tu gusto por la ilustración y las palabras?
—Mi papá era un artista. Vivió en La Boca e incluso conoció a Quinquela Martín y contaba que en una oportunidad expuso junto a él.  Vino de Italia después de pelear en la Segunda Guerra Mundial, y aunque era mecánico aeronáutico, le apasionaba el arte. Lo hacía como hobby, claro, ya que tenía que mantener a su familia -esposa y tres hijas-, y “del arte no se puede vivir”, decía. De chiquita lo imitaba: iba a su taller, buscaba sus cinceles e intentaba repujar algún trozo de metal.  Imaginate que, entonces, yo me crié sumergida, como el pez, en el mundo del arte. Con respecto a la literatura, mi amor por las palabras y la lectura se desarrolló en la escuela. Aunque mis padres no eran lectores ni había en mi casa una biblioteca, mi mamá me estimulaba a escribir, leer o dibujar. Siempre me decía “tenés que escribir un libro”, creo que para ella era el escalón más alto a donde podía llegar. Recuerdo que, apenas supe escribir, me compraba cuadernos de hojas lisas y los cortaba a la mitad horizontalmente para que quedaran rectangulares como una revista de historietas. Y precisamente fue lo primero que hice: historietas. Más tarde, como a los 8 años, escribía a máquina mis cuentos y los ilustraba, les hacía la tapa con cartón e incluso le había inventado un nombre a la editorial y a la colección de cuentos. Pero, curiosamente, no supe de esta profesión hasta después de los treinta años. Siendo docente de nivel primario me acerqué mucho más a la literatura y comencé a investigar lugares donde poder aprender ilustración, así como también a talleres literarios. Cursé en diferentes escuelas, con varios reconocidos ilustradores de variados estilos y corrientes, y también me formé estudiando Artes Visuales.

“Mi padre era una persona increíble, no había nada que no supiera hacer. En la casa donde vivíamos no había rincón que él no hubiese embellecido. Yo lo admiré siempre.”

—¿Qué no puede faltar en tu espacio creativo?
—Tengo un taller lleno de cosas. Cajas con telas, papeles pintados, revistas, recortes, cositas para collage, frascos con semillas, piedritas y cientos de elementos naturales, otras cajas con perlas, cintas, hilos, botones… Y por supuesto estantes con tintas, acuarelas, acrílicos, óleos, pasteles, lápices, tizas, gesso, témperas, gouache… podría decirse que tengo una librería personal. Es difícil que pueda faltarme algo, y si eso sucede, alguna otra cosa puede reemplazarlo. Pero lo que sí no puede faltar y considero fundamental, es un espacio amplio ya que suelo esparcirme, luz, música o completo silencio, mate o café. Antes de comenzar un trabajo necesito sentir paz en el ambiente y ordenar el lugar. Un espacio ordenado da un efecto visual agradable y me inspiro mucho mejor. Eso sí, el orden dura muy poco…

—Contanos de qué manera lográs que tus textos se fundan o completen las ilustraciones que realizás.
—Cuando se me ocurre una idea que considero que podría llegar a ser una buena historia, la pienso en imágenes. Pero nunca parto de las ilustraciones sin antes escribir, aunque más no sea, un boceto de la historia. Necesito mínimamente tener la trama definida y resumida en algunas palabras, luego procedo a ilustrarla. Por eso invertiría la pregunta: yo no fundo o completo el texto de acuerdo a la imagen, sino que pienso la imagen y la completo de acuerdo al texto. Una vez que ambas cosas están encaminadas, sí, trabajo con el texto y la imagen simultáneamente, modificando, adecuando, completando o ajustando una cosa con respecto a la otra.

—¿Y cuando el texto es de otro autor?
—Cuando es así, lo primero que hago es darle una leída rápida, pero más por ansiedad que por otra cosa. Luego profundizo en la historia y la releo varias veces. Me documento si es necesario, y comienzo con un “casting” de personajes. Intento darle un enfoque personal, una mirada original a lo que quiero graficar, pero siempre pensando en qué querría mostrar con imágenes el escritor. En lo posible trato de contactarme con el autor para trabajar en forma conjunta. A pesar de que hay editoriales que no acostumbran o no facilitan la conexión y el intercambio entre ilustrador y escritor, yo creo que es fundamental, que el resultado es mucho más consistente, rico, acabado. El texto y la ilustración deben dialogar, complementarse para que el libro sea una obra armónica. Lo mismo sucede con la tipografía y el diseño. Creo firmemente que para hacer un buen libro, el escritor, el ilustrador, el diseñador y el editor deben trabajar en equipo. 

—¿Qué técnicas y materiales son las que utilizás para dar vida a tus obras?
—Me encanta experimentar técnicas nuevas. Pero las que más utilizo son acrílico sobre papel blanco, en los casos en que quiero trabajar con mucho detalle y con un acabado prolijo, o acrílico sobre papel misionero, con acrílico puro y pinceles más duros para darle un toque más pictórico. También utilizo tinta y nogalina, las que trabajo como si fueran acuarelas, sobre papel de alto gramaje, y por último collage con elementos naturales, aunque a veces incorporo papel. Prefiero trabajar de forma analógica; disfruto mucho ensuciarme las manos, estar en contacto con el material, dejar mi impronta y mi huella imperfecta sobre el papel. A veces termino alguna ilustración digitalmente, pero nunca trabajo plenamente con la computadora. Generalmente me piden una técnica determinada o yo pregunto cuál prefieren, aunque suelo sugerir cuál es la adecuada para esa historia en particular, porque las técnicas, los materiales y los colores que utilizamos también nos cuentan cosas. No transmiten la misma sensación una línea gruesa y pesada que se traza con presión sobre el papel, los colores oscuros de la acuarela liviana que fluye o los colores pasteles. El collage, por ejemplo, es ideal para escenas más sencillas o infantiles; las imágenes son frescas, fáciles de interpretar y visualmente llamativas. Por otro lado, la tinta y la nogalina sugieren delicadeza, calidez.  Y el acrílico, según como se lo manipule, puede adaptarse a cualquier situación.

—Contanos el proceso que llevás adelante para convertir esos materiales en personajes o escenarios de tus libros.
—En primer lugar, como ya mencioné antes, hago un “casting” de personajes. Comienzo a probar, hago pruebas de colores y técnicas para ver cuál cuadra mejor con lo que pide la historia. Después realizo, a grandes rasgos, un primer storyboard para ubicar las escenas en cada viñeta, ver cuántas páginas tendrá el libro, cuántas de ellas serán simples o dobles… en fin, toda la estructura que es necesario armar para ordenar lo que en definitiva será el libro. Más tarde, diseño un story más detallado, en un tamaño de hoja más grande, y ubico el texto. A partir de allí comienzo a construir simultáneamente la escritura y la imagen. Es un arduo trabajo de pulido, porque en el armado de esa sociedad, en la que conviven el lenguaje escrito con el gráfico, es donde surgen las dudas, los problemas, donde se ve la necesidad de hacer ajustes, inserciones, cambios. Siempre hay que estar dispuestos a la posibilidad de una transformación absoluta del proyecto. A veces sucede que uno termina eliminando algo que le gustaba mucho, incorporando elementos que no estaban en la idea original o incluso cambiando el final que teníamos pensado desde un comienzo. Cuando todo esto está finalmente resuelto, planteo todo digitalmente, corrigiendo tamaños, eligiendo cuidadosamente la tipografía, la paleta de color y todo el trabajo que realizaría un diseñador gráfico. Luego de imprimir todo, realizo una maqueta con las ilustraciones en blanco y negro y por último, si todo se aprueba, paso a darles color.

“Me defino como autora, aunque la palabra que más se acerca a lo que hago es ‘creadora’. Prácticamente todo el tiempo estoy pensando, creando, imaginando algo, y esto no se limita a la literatura o el arte, sino a lo cotidiano.”

—Fuiste galardonada con el premio Destino Infantil Apel-Les-Metres, de editorial Planeta en España, por tu libro “El niño que no quería ser azul, la niña que no quería ser rosa”, ¿qué nos podés contar de esa obra y ese reconocimiento?
El niño que no quería ser azul, la niña que no quería ser rosa nació originalmente como un cuento, no como un libro álbum. La idea era contar la historia de la Cenicienta desde el punto de vista del príncipe; lo que yo quería era mostrar la presión que sienten los varones partiendo de una realidad que está aún vigente en la sociedad: una educación segmentada y desigual con respecto a las mujeres. La mayoría de las historias que se proponen hoy en día están contadas y pensadas desde lo femenino, y no desde lo masculino, y yo creo que, para romper con estos estereotipos, hay que repensar la educación que le damos a los varones, sobre todo. Después de escribir el cuento de Celestino, ya que así se llamaba originalmente el libro que presenté en la convocatoria, me di cuenta de que podía ser un libro álbum y que no necesariamente debía hablar del príncipe de Cenicienta. Entonces transformé toda la historia, respetando el objetivo que me había planteado desde un comienzo. A medida que iba armando mi proyecto, como sucede la mayoría de las veces, fui modificando ideas. Por ejemplo, en cuanto al color, decidí que desde la introducción hasta el conflicto el libro solo tuviera dos colores: celeste y rosa. Estos colores enfatizaban más esa idea de estereotipo y de división; todos los personajes femeninos, incluyendo la tipografía, serían de color rosa, y todos los masculinos, celeste. A medida que el libro llega al final, van apareciendo otros colores. Hay muchos prejuicios todavía sobre este tema, muchos padres y docentes consideran que es algo delicado y difícil de abordar; por eso recurrí a la metáfora de los colores, es una forma sutil que deja el camino abierto a varias interpretaciones. Me sentí muy honrada de recibir ese premio, fue una sorpresa muy grata. El jurado destacó “el importante mensaje que esconden sus páginas y la originalidad en la ejecución”. Afortunadamente, el libro ya va por su tercera edición en año y medio y se publicó no solo en España sino también en Turquía y Corea.

—¿En qué proyectos estás trabajando por estos días?
—Actualmente estoy trabajando en varios proyectos. Tengo tres libros terminados como para presentar en editoriales o concursos; dos de ellos troquelados, para niños de 2 a 7 años aproximadamente. Son libros que trabajan contenidos como “los opuestos”, pero de una manera muy original y sorpresiva. Los otros dos proyectos están orientados a un público más adulto. Uno es un libro álbum en el que el relato es una poesía y las ilustraciones están realizadas con la técnica de collage solo utilizando materiales naturales que encuentro en la tierra. Es un libro que considero muy expresivo y profundo, también fuera de lo común, teniendo en cuenta la técnica. La historia habla sobre una hoja de otoño que se enamora del viento e intenta gustarle tomando otras formas. En la historia se puede entrever el tema del maltrato y la falta de autoestima. El segundo, es un libro álbum que salió finalista en el Concurso Biblioteca Gran Insular Islas Canarias a fines del año pasado y que próximamente será publicado en Colombia. Y, por último, estoy por ilustrar, me lo acaban de confirmar, un libro para una nueva colección de AZ.

—Si pudieras dejar un sueño escondido entre las páginas de un libro, ¿cuál sería?
—Un sueño… qué complicado. Tengo sueños utópicos en los que la humanidad entera saldría beneficiada, pero no sería la única en tener esos ideales y seguramente muchos nunca se van a cumplir. Por eso, voy a hablar de mis sueños personales: tengo la suerte de haber cumplido la mayoría de los sueños que tenía cuando era chica; quería ser “dibujanta y cuentista”, y después de mucho tiempo de espera, hace solo nueve años, se hizo realidad. Viajé y conocí lugares con los que también soñaba; tengo dos hijas maravillosas; una familia lindísima, amigos, vivo en el campo, entre las sierras, con un compañero ideal, como también soñé de adolescente, ¿qué más puedo pedir? Pero hay un sueño que no pudo ser: me hubiera gustado mucho que mi papá viviera unos años más; sé que lo habría hecho muy feliz ver a dónde me llevó ese camino que él trazó para mí, sin saberlo.


Conocé más sobre Patricia Fitti en www.patriciafitti.com.ar


Sigue leyendo
Haga clic para comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entrevistas

Gabriela Exilart presenta ‘Pulsión’: “Me gustaría que esta novela sirva para mirar más a nuestros chicos”

Publicado

el

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Algo se apaga, es un latido encima del otro, el pulso muerto en la boca, un silencio que crece, se hace cuerpo en los cuerpos. Después, en los límites de la verdad, un hilo de sangre corre y desborda como una mancha repetida.

“Pulsión”, la nueva novela de Gabriela Exilart, se sumerge en las profundidades de una realidad que nos desborda para recortar una historia que late por debajo, justo ahí donde brotan las verdades reveladas a medias.

Con un ritmo que marca las pulsaciones de cada lector, esta nueva obra de la escritora marplatense invita a reflexionar sobre la vida y la muerte, tan cercanas en su lejanía.

En diálogo con Contarte Cultura, la autora cuenta acerca de sus vivencias en la escritura de este libro.

—Comencemos esta charla deteniéndonos en la palabra que te sirvió para dar nombre a tu nueva novela: Pulsión. Si pudieras volver hacia atrás, al punto donde todavía ni siquiera era una idea, ¿cuál o cuáles fueron los primeros latidos que movilizaron la escritura de la historia?

—Esta novela se disparó por la angustia, por el miedo, por el dolor que generó en mí un nuevo caso de violencia colectiva. No empecé a escribir pensando en una novela, empecé a escribir porque fue una necesidad. No podía acercarme a ese tipo de noticias sin romperme, me enojaba con los miembros de mi familia que hablaban de “eso” que yo no podía ver. Y como yo sano escribiendo, empecé a escribir, sin un rumbo definido, sin formato de novela, sólo tenía la voz de una madre. La otra madre.

—Seguramente tuviste que recortar imágenes y sensaciones de la vida misma para comenzar el proceso de contar. Y para eso elegiste ponerte en la piel de Ada y de Magda, dos narradoras de un mismo hecho, dos puntos de vista que completan la trama. ¿Qué fue lo que te llevó a elegir contar desde esos cuerpos y esas almas y cómo viviste la experiencia de ser a la vez dos voces tan particulares y necesarias?

—Como mamá, me puse a pensar qué me pasaría si un día me levanto y me avisan que uno de mis hijos está detenido por ser sospechoso de matar a otro chico. Siempre había pensado la situación desde el punto de vista de la madre de la víctima, un lugar desgarrador que te rompe de solo esbozar la idea. Pero nadie piensa en la otra madre, y traté de ponerme en esos zapatos. Así nació el personaje de Ada, y fue durísimo escribir desde ese sitio, porque ella repasa todo el tiempo qué hizo como mamá y hace lo imposible para defender a su hijo. Y como no quería quedarme sólo con esa parte del relato, quise contar también qué pasa con los jóvenes, cómo viven ellos la experiencia de la noche, el amor en la adolescencia, los pactos de silencio, entonces imaginé a una chica, una amiga, alguien con otra mirada que tiene que ver con lo generacional.

—¿Cuáles fueron tus fuentes de inspiración a la hora de ponerle voz a esa madre que necesita creer a pesar de sus contradicciones?

—Me miré como madre, pensé qué haría yo, qué no haría yo para creer en mi hijo y salvarlo. También tomé partes de relatos de otras mujeres cercanas a mí, de cosas que les pasaron en momentos difíciles de la vida, cómo los demás te van apartando como si tuvieras una peste y te vas quedando sola.

—¿Y cómo viviste el encuentro con la voz adolescente?

—Por suerte tengo tres en mi casa… o dos, porque uno ya es más adulto que adolescente, y los indagué bastante, sobre los boliches, la noche, el vocabulario y la lealtad entre ellos. Quería saber cuál es el límite del silencio.

—¿Sentís que tus protagonistas te contaron más de lo que esperabas a través de las páginas escritas? 

—No sé si me contaron más, yo los escribí a ellos, pero sí tengo que admitir que fue todo un ejercicio y que, como madre, me hizo dar cuenta de que uno no conoce a fondo a sus hijos, así como yo he sentido que mis padres no me conocen. Y eso cambió la perspectiva de abordaje hacia ellos, un cierto afán de llegar desde otro lado, porque sabemos que, por lo general, los adolescentes son cerrados a sus padres, ellos se comunican más con sus pares, y uno tiene que estar ahí, alerta y dispuesto.

—La falta de libertad es uno de los temas que ruedan de una página a la otra, un latido encima del otro, la pulsión en nuestras propias cárceles. ¿Qué te dejó a vos, como madre y como escritora, ese recorrido por las cárceles reales y las simbólicas? 

—Me dejó sensible, atenta, reflexiva. Pero también me abrió la mente en el sentido de otro diálogo y otro abordaje con mis hijos.

—Si hiciéramos foco en un detalle de la escena que más te costó escribir, ¿qué veríamos?

—La escena que más me costó fue la de la salida del boliche, cuando se produce el ataque en manada. Veríamos violencia grupal, deshumanización, desprecio por la vida, encubrimiento.

—Si este libro fuera un puente, ¿qué te gustaría encontrar al otro lado, una vez que los lectores y lectoras crucen tus letras?

—Me gustaría que esta novela sirva para mirar más a nuestros chicos, para generar diálogos constructivos, para desterrar para siempre esa frase aplicable a todo que es “algo habrá hecho”, “habrá provocado”. Me gustaría encontrar empatía, respeto por las diferencias, amor.

Sigue leyendo

Entrevistas

Ivo Ferrer: “Siento en la música algo que me mueve mucho y también una excusa de encuentro”

Publicado

el

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Sucede un movimiento sutil, una danza imperceptible, vientos como preguntas, un reflejo; las flores se abren, el centro disponible, una polinización de notas nuevas, fecundas, dan vida a las canciones; se mueven los sonidos, son rituales perfumados. Los pétalos caen, todo se transforma: nace un fruto, nace un disco, como otra transformación.

“Las flores y los frutos”, el nuevo álbum del músico y gestor cultural Ivo Ferrer es el fruto visible de un proceso de búsquedas y encuentros. Rodeado de un halo místico donde la exploración y la experiencia sonora se manifiestan en cada uno de los temas, este disco ya está preparado para dispersar sus primeras semillas.

En diálogo con ContArte Cultura, el ex líder de la banda “Los Tremendos” cuenta cómo fueron los pasos en el camino de su propia transformación.

PH: Sofía Roatta

—Vamos a comenzar esta charla adentrándonos en una imagen, la de una flor que se entrega al fruto, lentamente, como una continuidad de la vida. A partir de esa foto imaginaria donde sucede un movimiento imperceptible, ¿qué palabra elegirías para definir ese proceso de cambios en tu carrera de músico? 

—Al pensar en esa imagen y en mi quehacer musical, se me viene no una sino dos palabras: “mutación constante”. Si bien mis contactos con la música se fueron dando desde antes de nacer, siento que hay un gran nuevo comienzo hace diez años, con mis primeras canciones. Cada tanda de temas (algunas se convirtieron en EPs, alguna en disco de Los Tremendos) me llevó a querer, por un lado, hacer algo distinto y, por otro e ineludiblemente, ir integrando cosas aprendidas en procesos anteriores. Siempre con el movimiento y cambio como parte consciente y también natural.

—Sin dudas, en ese camino de transformaciones, hubo una semilla donde se gestó tu gusto por la música y el arte. ¿Cómo, cuándo y en qué tierras comenzó tu vínculo con las melodías y los ritmos?

—Crecí escuchando música y viendo música ejecutarse por ser hijo de músicos. Desde chico estuve en situaciones musicales. Hubo sí algunas situaciones de chico que me llevaron a los ritmos. Recuerdo un cumpleaños de 80 de una amiga de mi madre. Se festejaba en un salón de un club de Adrogué en el que por esos tiempos hacía artes marciales e iba a jugar al pool con compañeros de colegio. Yo tenía alrededor de 10 años o menos. En el cumpleaños, había varias guitarras sonando, canción folklórica tras canción folklórica. Muchas las conocía. No se cómo fue, pero me terminaron invitando a tocar el legüero. Iba siguiendo la música. Estuve horas seguidas sin parar de tocar y a cada momento se iba ablandando más. Unos días después, de visita en la casa de mi abuelo paterno, él me enseñó algunos toques básicos de bombo. Años después, mi padre (contrabajista) pegó un acordeón y estaba aprendiendo a tocarlo, y me regaló un redoblante para que lo acompañe. Tocamos eso un tiempo. Luego, a los 15, pedí una batería. Me la regalaron y me mandaron a profes. Ahí empecé a estudiar ritmos. Contemporáneo, anterior y posterior a todo esto, el ritmo siempre me movió. Los ritmos me provocan cosas y no dejan de conmoverme.

—¿Quiénes formaron parte de ese recorrido, de la siembra y de las primeras cosechas?

—De este recorrido forman parte un poco todas las personas que me voy encontrando en el camino. Estoy cumpliendo una década de estar compartiendo música compuesta o improvisada por mí. Pasan los años y mi vínculo para con el tocar y para con el crear va mutando y se va enriqueciendo. Hasta hace unos tres años toqué ritmos en varios proyectos de canciones de otras personas y bandas. Siento que todo eso fue súper enriquecedor. Y siento que también lo es cada encuentro a tocar. Siento en la música algo que me mueve mucho y siento también ahí una excusa de encuentro, de compartir. Del recorrido forman parte todas las personas con las que tengo oportunidad de tocar. Escucho mucha música y eso también me marca y siento que esas personas que hacen la música que escucho e me inspira también es parte. Y ya que la nombro, siento que la inspiración es de las cosas más lindas que puede dejar el arte a su paso. Y agradezco a músicas y músicos con quienes he tocado y toco.

—Justamente, por estos días estás presentando tu nuevo álbum “Las flores y los frutos”, ¿de qué manera se fueron encadenando los temas que forman parte de este disco y qué hilos temáticos o sonoros los unen?

Las flores y los frutos es un disco que temáticamente, desde las letras, tienen mucho que ver con el sentir. Y con el sentir a veces intenso. Creo que el disco logra un balance de ese sentir intenso con el ritmo, que hace que uno no piense demasiado y hace todo un poco más liviano. Un sentir bailado. En lo sonoro creo que se filtraron muchos tintes de músicas que fui descubriendo, me fueron presentando y con las que estuve en contacto en los tiempos de estar componiendo y grabando el disco. Estuve muy copado con músicas de África, distintas músicas latinoamericanas, músicas rituales, músicas gitanas y también música de ahora que incorpora elementos electrónicos y me gusta mucho. Creo que en el disco hay cositas que llevan a eso, y a la vez no lo siento súper explícito. 

—¿Cuáles son los instrumentos que ayudan a crear la trama de esta obra?

—Los instrumentos que llevan a crear esta obra son: la voz, considerada un instrumento cada vez para conmigo mismo más libre y siendo usada no sólo para cantar palabras, sino también como instrumento multitímbrico, la Nord Drum 3p, que es un sintetizador que se toca con palos y me permitió conjugar lo rítmico con notas, y después usamos mucho también un djembe tremendo y en algunos temas elementos de Ableton Live, algún que otro sample pero no mucho.

PH: Sofía Roatta

—Y ya que nombraste el Nord Drum 3p, contanos cómo llegaste a incorporarlo y qué pétalos musicales se abrieron a partir de él.

—Mi encuentro con ese instrumento fue mágico. Como recién contaba, me permitió conjugar lo rítmico con notas, y fue un gran disparador. Cinco de las siete canciones del disco fueron compuestas con ese instrumento. Nico Pestarino, con quien grabamos el disco, una vez me prestó la suya y en unos días que la tuve compuse Regar. Luego la necesité. Ahorré y pude comprarme una. Y siento que me abrió muchos mundos posibles. Hoy por hoy toco con la Nord, con un bombo de batería en el pie derecho y estoy incorporando una parte de live set. Me encanta la búsqueda desde el set. Siento también que tiene aún jugo y partes que explorar, y luego también, por eso de los cambios constantes y mis ganas de ir haciendo cosas distintas, el set también seguirá mutando. Muy divertido todo.

—Este disco atraviesa las distintas emociones e invita a sentir con el cuerpo desde la danza. ¿Creés que nuestra imagen inicial resume esa danza, el movimiento y la contemplación que propone el disco?

—¡Re! Y lo siento un movimiento orgánico. La verdad es que me encanta el balance que encontramos entre el movimiento y las palabras, que en algunas canciones son pocas y también permiten ese movimiento.

—Y deteniéndonos en esa imagen hablemos del arte de tapa: ¿Quién o quiénes formaron parte de ese proceso creativo?

—El arte de tapa fue fruto de un montón de intentos y búsquedas, y de tapas anteriores. En ese proceso creativo participaron la artista Sofia Roatta, a quien le voy mostrando cosas que voy haciendo y opina y me gusta su gusto. Formaron parte del proceso también varias fotos que sacamos con ella y con Savia Flor, artista visual y conceptual (ahora también musical) de Olavarría radicada en La Plata, y también el pintor y músico Alejandro Sordi. Antes de hacer la tapa del disco hice algunas tapas que iban a ser para algunos temas que saldrían sueltos o como “adelanto” de disco. Finalmente tomé la decisión de sacar el disco entero y esas tapas no las usamos. En la portada usé una foto movida sacada con un rollo vencido de un malvón de mi tía, en el delta del Tigre. La encontré buscando en mi archivo de fotos analógicas (en la medida en que puedo tener rollos de foto me gusta siempre tener uno andando). Sobre la foto probé dibujar el título en un iPad, apareció el guiño oriental que había aparecido en otro trabajo creativo, y luego Sordi me ayudó entre mates a disponer los tamaños y disposiciones.

PH: Savia Flor

—¿Cuándo y dónde será la presentación de “Las flores y los frutos”?

—Ahora, el 17 de este mes, vamos a hacer una presentación en El Club Secreto, por Chacarita. Va a ser una puesta 360 en un lugar que nos permite proponer desde los olores hasta la decoración y la comida y bebida (que será temática). Es una invitación a bailar en patas. Se reserva por privado y ya van quedando muy pocos lugares.

—Para terminar, si pudiéramos completar ese recorrido de transformaciones viendo los frutos que se abren, ¿en qué lugares te gustaría sembrar las semillas de este disco? —La verdad es que estoy con muchas ganas de viajar y compartir música para bailar por distintos lados. Me encantaría recorrer desde conurbanos, pueblos y ciudades de Argentina, ir a otras provincias, me gustaría también ir en invierno al verano europeo (ya que le damos rienda suelta al deseo), me encantaría conocer México por ejemplo y tocar ahí, conocer lugares de Latinoamérica en general… o sea, viajar y tocar y conocer y conocer gente de otros lados y también generar cruces con otras músicas y músicos.

Sigue leyendo

Artes Plásticas

Leo Frino: “No hay que forzar, sino simplemente hacer y estar atento a cómo todo se va desencadenando”

Publicado

el

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

No hay límites. Las páginas se abren en los márgenes de todas las posibilidades. Cada mirada se detiene en los detalles, atraviesa formas y colores, toca las diferencias que nos unen. Ahí, en ese punto de contacto, “si mirás con atención”, nacen las palabras.

“Si mirás con atención” (Editorial El Ateneo), el nuevo libro del diseñador e ilustrador Leo Frino, llegó a nuestras manos y queremos compartirlo con nuestros lectores.

Con ilustraciones que ayudan a contar una historia de semejanzas y diferencias, de diversidades que nos hacen humanos, este proyecto integral atraviesa distintos escenarios y temáticas para hacer foco en los recursos que cada quien tiene a su alcance durante el proceso de la vida.

Contarte Cultura charló con el autor para conocer los detalles de su trabajo en la producción y diseño de esta obra.

—Mirar con atención es detenerse en los detalles, en las similitudes y en las diferencias que hacen al mundo abundante y diverso. Para comenzar esta charla hagamos foco en los protagonistas del libro “Si mirás con atención”, tu nuevo proyecto integral. ¿Qué hilos invisibles creés que conectan a todos tus personajes?

—La forma geométrica del triángulo debe ser el hilo que va conectando un poco todo. Luego, el hecho de que todos los personajes habitan y todas las situaciones (o casi todas) trascurren en este planeta.

—¿Cuál fue el disparador de la historia que reúne a estos “seres ilustrados” que se vinculan entre sí a través de las páginas de tu libro?
—El texto se fue dando un poco pensando y reflexionando sobre esta idea, que se puso de moda en el último tiempo, de la “meritocracia”. Esta falsa creencia de que si hacés mérito obtenés lo que te corresponde. Idea que no comparto pues, como trato de visualizar en el libro, no todas las personas parten desde el mismo lugar, ni tienen las mismas opciones o recursos. La vida es muy azarosa a veces y poco otras tantas, es decir, en muchas ocasiones damos por sentado cosas, pero es solo porque las vemos desde nuestra mirada. Deberíamos detenernos un poco y darnos cuenta de que, por ejemplo, alguien inventó la luz eléctrica y gracias a eso tenemos luz de noche apretando un botón que nos permite estudiar o trabajar cuando afuera hay oscuridad, o que tenemos fuego fácil con fósforos o en una hornalla y podemos cocinar más rápidamente. Son cosas que están desde que nacemos, pero que no siempre estuvieron ahí. Incluso, hoy en día hay lugares donde se dan situaciones o condiciones poco dignas. Y yendo un poco más, si visualizamos desde un lado económico o financiero, hoy en día una persona en Argentina tiene que hacer mucho más esfuerzo o dedicar más tiempo para obtener la misma plata (o recurso) que otra persona en, por ejemplo, Francia, Alemania o Canadá. Eso no parece pero condiciona, y ahí es donde critico esta idea de hacer mérito y ya, pues depende de donde hayas nacido, cómo, en qué condiciones te desarrollaste y que oportunidades te esperan. A veces no alcanza más allá del esfuerzo hecho y su posterior mérito correspondido. Ejemplos de esas distintas desigualdades invisibles hay miles, entonces, en torno a eso, fue saliendo la historia.

—¿Cómo fue el proceso de darles vida a esos personajes en los que se destacan los rasgos geométricos? 

—El proceso fue divertido porque inició como un juego. Tenía unos pájaros hechos con triángulos hace un tiempo, y un día volví a verlos y me dije “¿y si armo más?¿Cuántos podré armar?”, y así fui creando varios, cambiando un poco las formas, combinando colores, pero siempre como algo experimental, es decir, estaba en una búsqueda sin mayor ambición más que divertirme y jugar un poco. En un momento decidí que ya tenía muchas aves y empecé a armar personajes basados en animales terrestres. El desafío siempre fue el mismo, saliendo de un triángulo, hasta donde podía llegar con pocas formas, limitando un poco ese recurso y mayormente combinando colores. En un momento sentí que ya tenía bastantes y el proceso fue terminando en su primera instancia, que era la de explorar, abrir y recopilar.

—Los colores, las texturas y los tamaños también son protagonistas en esta historia, ¿creés que te ayudaron a contar?

—Sí, claro. Durante el proceso de crear fui armando varios personajes y casi sin darme cuenta tenía muchos, parecidos pero diferentes, y una historia para contar. Creo que debe haber habido un momento donde ambas cosas se cruzaron, es decir, tenía una historia sobre similitudes y diferencias y personajes parecidos, pero distintos entre sí. Me pareció que ambas cosas se potenciaban recíprocamente, desde el lenguaje, desde el concepto. Porque aparece esto que decía, a veces parece que tenemos ciertas libertades, pero también tenemos límites, parece que somos iguales, pero ves que somos distintos. Y esto lo veía en las ilustraciones y en el texto, era inevitable que se junten.

—Y en ese proceso también había que hacer espacio a las palabras, ¿de qué manera lograste esa fusión?

—La fusión se dio de forma natural. Cuando visualicé que esas ilustraciones encajaban en el texto, todo se fue abriendo para que la historia tome forma de libro. Ahí apareció la parte de diseño y editorial, que fue ir partiendo el texto en el formato libro y, en base a eso, revisar las ilustraciones que tenía, ver si había que generar nuevas, ajustar o modificar alguna, etc. En esta etapa el juego es menos, porque aparece la parte del oficio, de ponerse el overol y trabajar y trabajar, aunque, esto es lo lindo que tiene esta profesión, siempre nos da la opción de que el trabajo se haga de una manera divertida, todo el tiempo da lugar, en alguna parte, a jugar. Así que las cosas van apareciendo en el hacer, es como que no hay que forzar sino simplemente hacer y estar atento a cómo todo se va desencadenando y hacia dónde va yendo o decantando todo lo logrado.

—¿Con qué técnicas trabajaste para llevar adelante este libro álbum?

—Trabajé con ilustraciones geométricas, y de forma vectorial. Soy fan del Illustrator.

—La mirada y la atención son los ejes que sostienen el libro, hay que “mirar con atención” para ver los detalles que nos rodean. ¿En qué escenarios de la vida cotidiana te inspiraste para recrear tus escenas de ficción?
—En situaciones de la vida diaria, o personas y sus vidas diarias. Pero traté de no personalizar tanto, sino pensar en figuras colectivas: la gente que trabaja, que estudia, la que hace deportes, la que no, etc. Me gusta escalar, veo que es un deporte que aprovecha mucho las capacidades de cada persona: si sos flaco, está bueno porque sos liviano; si sos grandote, tal vez tenés más fuerza o resistencia; si sos alta, llegás alto o lejos sin tanto esfuerzo, pero movimientos cortos te complican; y si sos más petisa, al revés. Es como que no hay un ideal para practicarlo, sino conocer tu cuerpo, con qué recursos contás, y luego cómo los usas. En base a eso, vas a ir moviéndote de una u otra forma. Eso lo tenía presente todo el tiempo. Ese concepto de que todas las formas están bien y te van a llevar a destino si te conocés y sabés moverte.

—¿Quiénes colaboraron en el nacimiento de este libro una vez que tuviste la idea terminada?

—Cuando armo algo, siempre se lo muestro a Luli, mi pareja, que es el primer filtro fuera de mis ojos. Luego, el texto lo compartí con mis amigas Bar, Maricel, Martina y Vero, que fueron aportando correcciones de redacción y opiniones o pareceres. Todo eso fue súper útil y bienvenido, y me ayudó para pulir y ajustar el texto. Por último, el toque final se lo dio Marina, editora de El Ateneo, que hizo los últimos ajustes junto a la gente de la editorial. También, no menor y en el medio entre tener la propuesta terminada y la publicación con la editorial, apareció ADA (Asociación Argentina de Dibujantes) que generó un catálogo de propuestas editoriales para mostrar a editoriales en la Feria del Libro de Buenos Aires. Gracias a eso, pude dar a conocer la propuesta que finalmente se editó.

—Si pudieras elegir una palabra que resuma el espíritu del libro, ¿cuál sería y por qué?

—Supongo que sería “respeto”, por todas las otras personas con quienes convivimos. Respeto por quienes son distintas a cada quien, por sus historias de vida, por sus devenires. Conocer distintas realidades nos va a permitir tener mayor empatía.

—Para terminar, contanos qué caminos te gustaría que tome tu libro. —Sería buenísimo que pueda ser bien recibido y trabajado en escuelas. La intención del libro es que sirva para eso, para generar reflexión, debate, empatía. También, al tenerme como autor integral, me gusta que pueda circular por la mayor cantidad de lugares posibles, ya que así me permite mostrar no sólo mi ilustración, sino cómo pienso y veo el mundo.

Sigue leyendo


Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2022-106152549
Edición Nº