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Murió el actor y dramaturgo Sam Shepard
El actor, escritor y dramaturgo estadounidense Sam Shepard falleció este domingo a los 73 años, en su casa del poblado de Midway, en el estado de Kentucky, informó su familia a medios locales, luego de ser afectado en los últimos tiempos por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la misma enfermedad que padecieron los argentinos Roberto Fontanarrosa y Ricardo Piglia.
Considerado uno de los dramaturgos más importantes de su país y heredero de Eugene O’Neill, Tennessee Williams y Arthur Miller, había nacido en Illinois en 1943 y fue también un actor cotizado que sacudió los corazones femeninos, mantuvo posiciones políticas progresistas y estuvo casado mucho tiempo con Jessica Lange hasta que en 2009 la actriz se cansó de su simpatía por la botella, heredada de su padre, y terminó la relación.
Su gran lanzamiento internacional fue con “Días de gloria” (1978), de Terrence Malick, tras la cual se lo vio en “Resurección” (1980), de Daniel Petrie, y luego compartió con Lange el reparto de la intensa “Frances” (1982), de Graeme Clifford, un director australiano que luego se eclipsó; “Elegidos para la gloria” (1983), de Philip Kaufman, “Cosechas de ira” (1984), de Richard Pearce, “Crímenes del corazón”, de Bruce Beresford, otro australiano aunque sobreviviente en Hollywood, “Extraña pasión” (1985), de Roberto Altman, y “Flores de acero” (1989), de Herbert Ross.
Su carrera en la pantalla siguió con “Pecado de amor” (1991), de Volker Schöndorf, “Corazón de trueno” (1992), de Michael Apted, la exitosa “El informe Pelícano” (1993), de Alan Pakula, “Espíritu salvaje” (2000), de Billy Bob Thornton, “Código de honor” (2001), de Sean Penn, “Diario de una pasión” (2004), de Nick Cassavetes, “Don’t Come Knocking” (2005, en la Argentina editada en DVD), de Wim Wenders, “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” (2007), de Andrew Dominik, “Hermanos” (2009), de Jim Sheridan, y “Agosto” (2013), de John Wells, entre otros títulos.
Entre muchos otros títulos, escribió o coescribió los guiones de “Zabriskie Point” (1970), de Michelangelo Antonioni, “París-Texas” (1984), de Wim Wenders, y la adaptación de su propia obra “Buried Child” (2016), de David Horn.
Su obra teatral tiene mucho de autobiográfico, ya que tomó muchos temas de su época en que su padre militar se dedicó a la cría de ovejas en California y luego cayó en el alcoholismo, al tiempo que él ya soñaba con escribir para la escena entusiasmado por la lectura de “Esperando a Godot”, de Samuel Beckett.
Antes de instalarse en Nueva York para dar curso a sus sueños integró un grupo de teatro ambulante con el que recorrió el país entre 1962 y 1963 y ya en la Gran Manzana pudo estrenar en el off-off-Broadway un par de obras que recibieron buenas críticas y hasta fueron premiadas. Las becas Rockefeller y Guggenheim no se hicieron esperar.
Se casó en 1969 con una actriz de nombre raro, O-Lan Jones, luego tuvo un resonante romance con la rockera Patti Smith, vivió en Inglaterra y a su regreso conoció a Lange, se casó con ella y escribió tres obras fundamentales: “Curse of the Starving Class”, “Niño enterrado” y “El auténtico Oeste”, aquí protagonizada por Lorenzo Quinteros y el recordado Hugo Soto, aunque en Buenos Aires se prefirió sobre todo adaptar al teatro algunos de sus relatos.
La vinculación de Shepard con el rock fue muy grande, además de su relación con Patti Smith, con quien escribió a medias en el Hotel Chelsea en dos noches la obra “Cowboy Mouth!”, el actor también escribió en 1977 la “Rolling Thunder Logbook”, una crónica de la gira “Rolling Thunder” de Bob Dylan, con quien escribieron juntos la canción “Brownsville Girl” que apareció en el álbum “Knocked Out Loaded” del poeta de Duluth. Además Shepard solía aparecer a leer cuentos y póemas en el escenario del Max Kansas City y el CBGB, cunas del punk y la new wave, minutos antes de que subieran al escenario Talking Heads, el Patti Smith Group, Blondie, Ramones y The Voivoids, liderados por Richard Hell un admirador de la prosa de Shepard. entre otros.
Con el paso de los años y gracias a Patti Smith, conoció a Bruce Springsteen, que solía recomendar los cuentos y obras de Shepard por su crudo retrato de la sociedad estadounidense, de la inmensidad del campo en EEUU, de los westerns y del espiritu rockero que le daba a la vida del vaquero americano, además de su visión ácida y maldita del Sueño Americano.
A finales de la década de 1960, Shepard fue baterista del grupo Lothar and the Hand People y a partir de 1967 de The Holy Modal Rounders, y de vez en cuando componía algún canción que el alemán Wim Wenders incluyo en sus filmes.
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Adiós a Willie Colón, pionero e ícono de la salsa
El músico puertorriqueño Willie Colón, uno de los grandes pioneros de la salsa y figura central del movimiento nuyorican, murió este sábado a los 75 años en un hospital de Nueva York, según confirmó su familia en un comunicado. El artista, cuyo nombre real era William Anthony Colón Román, se encontraba internado por problemas respiratorios.
“Partió en paz esta mañana, rodeado de su amada familia. Aunque lloramos su ausencia, también nos regocijamos con el regalo eterno de su música”, expresaron sus allegados, que pidieron privacidad durante el duelo.
Cantante, compositor, arreglista, productor y virtuoso del trombón, Colón inició su carrera a los 16 años y dejó más de 30 discos, nueve Discos de Oro, cinco de Platino y más de ocho millones de copias vendidas. Fue uno de los pilares del sello Fania Records y una de las figuras esenciales de la expansión global de la salsa en las décadas de 1960 y 1970.
Su sociedad artística con Héctor Lavoe marcó un antes y un después en el género. En 1967 lanzaron “El Malo”, álbum que dio nombre al apodo con el que se lo conoció desde entonces y que fue evocado recientemente por Bad Bunny en su tema “Nueva Yol”. Con éxitos como “Calle Luna”, “Calle Sol”, “Che Che Colé” y “El día de mi suerte”, el dúo se convirtió en uno de los más influyentes de la música latina.
Colón también desarrolló una fructífera colaboración con el panameño Rubén Blades a fines de los setenta y comienzos de los ochenta. Juntos firmaron discos emblemáticos como “Canciones del solar de los aburridos”, consolidando una de las alianzas más importantes de la historia de la salsa. La sociedad artística se disolvió en 2003, en medio de un presunto desacuerdo financiero.
Nacido el 28 de abril de 1950 en el barrio del Bronx, Colón encarnó como pocos la identidad nuyorican. Nieto de puertorriqueños oriundos de Manatí, siempre reivindicó el legado cultural de la isla, al que dedicó trabajos como “Hecho en Puerto Rico”. Criado por su abuela Antonia Román Pintor, recordaba haber crecido en un contexto de discriminación racial en Estados Unidos durante las décadas previas a la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1964.
En 2021 había sufrido un grave accidente automovilístico en Carolina del Norte, del que logró recuperarse parcialmente. Su salud permanecía delicada desde entonces.
Con más de seis décadas de trayectoria, Willie Colón deja una huella indeleble en la música latina y en la historia cultural de la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos.
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Eligen un mural en honor a Maria Callas como el mejor del mundo
Un mural monumental en honor a Maria Callas fue elegido como el “Mejor mural del mundo” de 2025 por la plataforma internacional Street Art Cities, un reconocimiento que situó a la ciudad griega de Kalamata en el centro del mapa global del arte urbano.
La obra, emplazada en la fachada lateral de un edificio céntrico, no solo destaca por su escala y calidad técnica, sino también por su potente carga simbólica: la soprano aparece reinterpretada como una alegoría de la propia ciudad, su tierra fértil y su identidad cultural.
El galardón, otorgado tras una votación internacional organizada por la comunidad de Street Art Cities, convirtió al mural en nuevo punto de referencia para esta localidad del sur de Grecia, ubicada a unos 240 kilómetros al suroeste de Atenas y conocida históricamente por la producción de aceitunas y aceite de oliva.
El vicealcalde de planificación estratégica y neutralidad de emisiones, Vassilis Papaefstathiou, explicó que el proyecto nació con el objetivo de traducir en una imagen concreta los conceptos de desarrollo sostenible y crecimiento local. Kalamata es una de las pocas ciudades griegas que aspira a alcanzar la neutralidad climática para 2030.
“Queríamos una imagen clara y distintiva de lo que significa el desarrollo sostenible para una ciudad regional como la nuestra”, señaló el funcionario. La idea fue combinar los productos agrícolas emblemáticos —aceitunas, higos y uvas— con una figura de alto valor cultural.
La elegida fue Maria Callas, considerada una de las mayores cantantes de ópera del siglo XX y símbolo cultural en Grecia. Aunque nació en Nueva York, su padre era originario de un pueblo cercano a Kalamata, un vínculo que la ciudad reivindica con orgullo. Instituciones locales como la asociación de exalumnos de la escuela de música llevan su nombre, y el centro cultural municipal conserva cartas de su archivo personal.
El artista Kleomenis Kostopoulos, de 52 años, aclaró que el mural se titula “Kalamata” y no “Maria Callas”. Su intención fue representar a la ciudad de manera alegórica. La figura aparece envuelta en un vestido compuesto por ramas, aves autóctonas y frutos, símbolos de la fertilidad y la conexión con la tierra.
La ejecución demandó aproximadamente dos semanas de trabajo efectivo, distribuidas a lo largo de un mes debido a las condiciones climáticas. Kostopoulos utilizó principalmente pinceles, además de aerosol y una plataforma elevadora para cubrir la totalidad de la superficie.
Las autoridades locales señalaron que el reconocimiento internacional fortaleció la promoción turística y estimuló el debate sobre el arte en el espacio público. Varios propietarios manifestaron interés en impulsar nuevos murales.
Más allá del impacto cultural, el premio consolidó a Kalamata como ejemplo de cómo una intervención artística puede proyectar identidad, desarrollo y resiliencia a escala global.
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Subastarán en EEUU guitarras de Kurt Cobain, The Beatles y Eric Clapton
Una colección de instrumentos y objetos históricos vinculados a algunos de los artistas más influyentes de la música del siglo XX será subastada el próximo mes en Estados Unidos. El conjunto pertenece al coleccionista estadounidense Jim Irsay e incluye guitarras, baterías, manuscritos y recuerdos asociados a figuras como Kurt Cobain, The Beatles, David Gilmour, Prince, Jerry Garcia y Eric Clapton.
Entre las piezas más destacadas se encuentra la Fender Mustang de 1966 que Cobain utilizó al interpretar Smells Like Teen Spirit, uno de los himnos del grunge y de la cultura alternativa de los años 90. Especialistas estiman que el instrumento podría alcanzar hasta 5 millones de dólares, lo que la convertiría en una de las guitarras más caras jamás subastadas.
Nirvana – Smells Like Teen Spirit (Official Music Video)
La colección también reúne objetos clave de la historia de The Beatles, entre ellos el bombo con el logo de la banda que marcó su irrupción en Estados Unidos durante su presentación en The Ed Sullivan Show el 9 de febrero de 1964, seguida por unos 73 millones de espectadores. Se suman bocetos originales de Hey Jude y varios instrumentos que pertenecieron a John Lennon, Paul McCartney y George Harrison.
Según explicó Amelia Walker, representante de la casa de subastas Christie’s, el conjunto vinculado a The Beatles tiene un valor excepcional. “Es justo decir que esta colección de instrumentos de los Beatles es la más importante reunida por alguien que no fue miembro de la banda”, señaló. Entre las piezas figuran cinco guitarras de los Fab Four, el primer set de batería Ludwig de Ringo Starr y el piano de Lennon en el que compuso canciones de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.
El lote se completa con instrumentos de otros artistas que marcaron el siglo XX, como David Gilmour (Pink Floyd), Jerry Garcia (The Grateful Dead), Johnny Cash, John Coltrane y Eric Clapton, en un recorrido por distintas épocas y estilos de la música popular.
Christie’s estima que la batería de Ringo Starr podría alcanzar los dos millones de dólares, mientras que las guitarras de The Beatles rondarían el millón de dólares cada una. Para Walker, más allá de las cifras, el valor simbólico es central: “La guitarra de Cobain es un objeto talismánico para una generación. Smells Like Teen Spirit fue el himno de esa generación”.

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