Bosques y árboles, mucho más que símbolos

Secreto vital

El secreto estaba allí, merodeando entre las hojas siempre nuevas, removiéndose eterno entre las raíces, convertido en aroma, en suavidad rugosa, en tronco, en fruto, en delicia.

Era en ese interminable reciclaje de vida donde se ocultaba lo que todos buscaban.

Miles de senderos clorofílicos abrazaban con grandeza los rayos de luz que se antojaban inalcanzables. La pequeñez, transformada en semilla se hundía y luchaba para completar lo perdido, hilos de savia se expandían nutriendo lo que estaba llamado a ser, y cada criatura se contenía a sí misma para contener el todo. Y en esa totalidad cada uno era parte de la perfecta arquitectura de la vida, que se detenía en particularidades para que la diversidad ayudara al encuentro.

El secreto sigue allí, guardando siglos, asimilando tiempo, recogiendo la siembra, entregando la cosecha, abrazando la armonía de las cosas.

El secreto es el árbol, que cobija y nutre, es su raíz, que sostiene y permanece, son sus hojas, que alimentan y se donan, es su tronco, que se eleva y ramifica.

El secreto es la vida que rueda entre los árboles, iguales y distintos, sin repetirse jamás.

El secreto son los bosques, en los que cada día sucede el milagro de la existencia.

Andrea Viveca Sanz

Simbología de los bosques

¿Qué nos sucede cuando nos internamos en un bosque? ¿Qué imágenes se disparan en nuestra cabeza al evocar una caminata por sus senderos?

Sin duda son lugares cargados de misterio, en los que la abundancia de criaturas visibles e invisibles genera las más variadas historias.

Desde la antigüedad han sido ambientes que estimularon la imaginación y es por eso que aún hoy siguen siendo espacios en los que la vida sucede y se entremezcla con la magia o con el terror.

Las luces y sombras que caracterizan a los bosques se trasladan muchas veces a la ficción y dan origen a cuentos, leyendas o mitos en los que las criaturas reales e imaginarias tejen argumentos capaces de atrapar a grandes y chicos.

Es que en ellos se comunican dos mundos, uno el real y otro que no se ve con los ojos del cuerpo pero que puede ser percibido por aquellos que expanden sus sentidos a través de la magia.

La oscuridad se asocia al peligro, a lo desconocido, a lo secreto, y por eso perderse en un bosque genera angustia y opresión. Sin embargo, en esa inmensidad vegetal también es posible detenerse a reflexionar, caminar sin presiones, y entonces podría convertirse en un gran refugio en el que es posible el encuentro con uno mismo.

El bosque representa lo inconsciente, lo desconocido y, por ello quizás, despierta temores y fobias.

Hadas, duendes y otros seres fantásticos habitan en ese laberinto vegetal y se hacen presentes en innumerables relatos.

Tal vez, detrás del misterio deberíamos rescatar el milagro, ya que es en medio de la diversidad de especies que forma parte de esos ambientes en donde la vida cumple sus ciclos y se manifiesta a pesar de los tantos excesos a los que han sido sometidos.

Algunos bosques famosos, en imágenes

Aquello que se esconde al límite de la civilización, esa franja de duda e incertidumbre que nos convoca y nos cuestiona, lo enterrado y lo que renace, todo eso se hace presente en los bosques.

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Letras

En la literatura, la imagen del bosque como lugar de encuentro, desafío, misterio o miedo, ha sido y sigue siendo muy utilizada.

Muchos de los cuentos infantiles tradicionales se desarrollan en un bosque, tal es el caso de Blancanieves y los siete enanitos, Caperucita Roja y el lobo, Hansel y Gretel, Beowuff, entre otros tantos.

También en muchas leyendas, mitos, novelas y cuentos, el escenario principal es un bosque.

La escritora Isabel Allende en El bosque de los pigmeos utiliza ese ambiente para dar lugar a aventuras que generan miedo y suspenso, acompañadas por un mensaje que promueve la protección y el respeto por esos ecosistemas vitales para el planeta:

“El sendero era invisible, pero sus pequeños guías lo habían recorrido muchas veces y para avanzar no necesitaban consultar las señales en los árboles. Pasaron frente a un claro en la espesura, donde había otras muñecas vudú parecidas a las que habían visto antes, pero éstas eran de color rojizo, como óxido. Al acercarse vieron que se trataba de sangre…”

Para la escritora Liliana Bodoc el bosque es un sitio que muta. Utilizando imágenes cargadas de poesía nos permite transitar por un mismo espacio en distintas circunstancias. En Los días del Fuego un antiguo y verde bosque de coníferas se transforma en un Bosque de Púas, lo que encierra un verdadero mensaje:

“El nuevo emisario del Amo avanzaba en su sueño por un bosque enfermo.
El Bosque de Púas había sido un espléndido paraje de coníferas verdes, azules, grises, estiradas, metidas en el cielo. Un bosque colmado de silencio que consiguen juntos los pinos y el viento. Ahora el Bosque de Púas, donde se alzan los castillos de los Magos y el lugar del Recinto, había enfermado. Los árboles tenían color parduzco. Muchos yacían en el suelo. Otros se habían inclinado para apoyarse en árboles contiguos. Un viento helado rondaba en lo alto. Y una plaga de hongos negros tapizaba la tierra…”

Pablo Neruda, en su poema El cazador en el bosque expresa lo que ese verde espacio le hace sentir:

Al bosque mío entro con raíces,
con mi fecundidad: De dónde
vienes?, me pregunta
una hoja verde y ancha como un mapa.
Yo no respondo. Allí
es húmedo el terreno
y mis botas se clavan, buscan algo,
golpean para que abran,
pero la tierra calla.
Callará hasta que yo comience a ser
substancia muerta y viva, enredadera,
feroz tronco del árbol erizado
o copa temblorosa.
Calla la tierra para que no sepan
sus nombres diferentes, ni su extendido idioma,
calla porque trabaja
recibiendo y naciendo:
cuanto muere recoge
como una anciana hambrienta:
todo se pudre en ella,
hasta la sombra,
el rayo,
los duros esqueletos,
el agua, la ceniza,
todo se une al rocío,
a la negra llovizna
de la selva.
El mismo sol se pudre
y el oro interrumpido
que le arroja
cae en el saco de la selva y pronto
se fundió en la amalgama, se hizo harina,
y su contribución resplandeciente
se oxidó como un arma
abandonada.
Vengo a buscar raíces,
las que hallaron
el alimento mineral del bosque,
la substancia
tenaz, el cinc sombrío,
el cobre venenoso.
Esa raíz debe nutrir mi sangre.
Otra encrespada, abajo,
es parte poderosa
del silencio,
se impone como paso de reptil:
avanza devorando,
toca el agua, la bebe,
y sube por el árbol
la orden secreta:
sombrío es el trabajo
para que las estrellas sean verdes.

En las artes plásticas

Aquí también es posible descubrir obras maravillosas que se inspiran en los bosques:

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A través de la música

En la música también los bosques han cobijado a algunos autores, como es el caso de Moris con “El Oso”.

Yo vivía en el bosque muy contento,
caminaba, caminaba sin parar.
Las mañanas y las tardes eran mías,
por la noche me tiraba a descansar.

Pero un día vino el hombre con sus jaulas,
me encerró y me llevó a la ciudad.
En el circo me enseñaron las piruetas,
y yo así perdí mi amada libertad.

Confórmate me decía un tigre viejo,
nunca el techo y la comida han de faltar,
sólo exigen que hagamos las piruetas
y a los niños podamos alegrar.

Han pasado cuatro años de esta vida,
con el circo recorrí el mundo así.
Pero nunca pude olvidarme de todo,
de mis bosques,
de mis tardes y de mí.

En un pueblito alejado,
alguien no cerró el candado,
era una noche sin luna,
y yo dejé la ciudad.

Ahora piso yo el suelo de mi bosque,
otra vez el verde de la libertad.
Estoy viejo, pero las tardes son mías,
vuelvo al bosque,
estoy contento de verdad.

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