Un artista español adelantó el aislamiento en las obras de arte

La inquietante versión de Ballester de la “Última cena” de Da Vinci

Cristo y sus apóstoles parecen haber acatado la orden de recluirse en casa a la hora de la cena. Igual sucede con la infanta Margarita, su perro y por supuesto, Velázquez, grandes ausentes en “Las Meninas”. Acostumbrados a ver muchedumbres dentro y fuera del cuadro, las imágenes del madrileño José Manuel Ballester sorprenden al haber dejado los espacios icónicos de la pintura universal como están ahora las calles y plazas de muchas ciudades del mundo por el coronavirus: en silencio.

La “Última cena”, original de Da Vinci.

La ausencia domina en la obra del pintor y fotógrafo, licenciado en Bellas Artes e interesado principalmente por las escuelas italianas y flamencas de los siglos XV y XVIII.

Su trabajo siempre estuvo enfocado en los espacios vacíos, los espacios públicos, los lugares industriales o las zonas en obras o en proceso de transformación. Sin embargo, en los últimos trece años, a partir de su serie “Espacios Ocultos” (2007) experimentó con desaparecer de la composición en pinturas representativas del Renacimiento italiano cualquier figura humana, quedando únicamente el espacio arquitectónico o paisajístico en el que se enmarcaba.

“Anunciación”, del pintor Giotto, y su versión de Ballester

Al eliminar sus icónicos personajes, deja en su lugar escenas extrañas y particularmente familiares. De pronto, las figuras desaparecen y las pinturas parecen bodegones, paisajes o caprichos arquitectónicos.

El extraordinario “Fusilamientos del 3 de mayo”, de Goya, y su versión vaciada de Ballester. Del original solo queda el rastro de lo que sucedió: el candil y la sangre en el suelo.

“Me interesa la presencia humana pero a través de las huellas, no directamente a través de la acción”, comentó el artista a la prensa. En efecto, eliminar estas presencias ofrece una perspectiva totalmente nueva a cada cuadro, y fortalece la certeza de su importancia como centro del drama.

Riguroso “Cristo crucificado” de Velázquez y ausente versión del fotógrafo.

¿Cómo se le ocurrió la idea? El artista comentó que tuvo un sueño en el que corría por el Museo del Prado y los protagonistas de los cuadros habían desaparecido. Luego pidió permiso al museo para tomar las fotografías de sus obras principales y en su estudio, con la computadora, inició su peculiar “limpieza”.

El objetivo del artista es contar la vida de un espacio a partir del momento en que queda deshabitado, cuando nuestra presencia se desvanece. Sin duda, una experiencia que hoy vivimos en carne propia. Basta abrir la ventana y mirar hacia la calle: la urbe nos confronta con el vacío.

(Nota de Enrique Planas, publicada en el diario El Comercio de Perú)

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