Fernando De Vedia: “La magia me permite golpear a la puerta de los chicos para después entrar con mis libros”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Vivimos en un mundo habitado por palabras. Palabras que se buscan, se rozan, se miran, se encuentran, se separan y giran, como en una calesita, para volver a encontrarse sobre los renglones del camino.

Son esas mismas palabras las que, empujadas por la brisa de la imaginación, saltan hacia las páginas en blanco y dan forma a otros mundos, los de ficción, desde los que emergen criaturas fantásticas, seres mitológicos o personajes de tinta capaces de atravesar la realidad y transformarla.

Cada libro es un salto hacia otros universos, dibujados por letras, una puerta de entrada a las respuestas dormidas sobre las preguntas.

Fernando De Vedia es escritor y mago. Sus trucos se expanden para construir mundos soñados, puentes que se alarguen sobre la tierra fértil de la infancia, donde siempre es posible plantar la semilla de una idea.

En diálogo con ContArte Cultura el escritor nos acerca a su mundo creativo, cuenta en qué proyectos está trabajando actualmente y revela uno de sus sueños.

—Para dar comienzo a esta entrevista vamos a entregarte una varita. Esta tiene la particularidad de ser invisible, pero en su interior habitan letras de colores, palabras que necesitan ser liberadas. ¿Cuál es la primera frase que escuchás salir de nuestra varita y qué tiene que ver con vos?
—Escucho una palabra: “Infancia”. El mundo de los chicos y de las chicas desde que nacen hasta que cumplen 12 años, es mi planeta preferido. Me entiendo mucho con ellos, los disfruto, me divierten, me cargan de energía positiva y esperanza. Me permiten mantener vivo a mi nene interior y me inspiran con sus ocurrencias, sus pensamientos o sus juegos. Si más seres humanos mantuviéramos vivo un pedacito de nuestra infancia, con los valores en que creíamos entonces, el espíritu lúdico, la creatividad, los sueños, la confianza y cierta dósis de inocencia y capacidad de asombro, el mundo sería un lugar mucho más lindo para vivir.

—¿En qué momento de tu vida despertó el deseo de contar historias?
—A los ocho años, cuando se me ocurrió hacer una historieta que contara las aventuras de dos detectives bastante salames. Se llamaban “Toscano y Narigueta” y me divertí mucho escribiéndola. A partir de ahí no paré de imaginar historias y personajes.

—¿Cómo lográs que germine la semilla de un cuento, la idea que lo hace posible?
—Cualquiera que se lo proponga lo puede hacer, porque las historias están ahí fuera esperando para ser contadas. Eso sí, hay que saber escuchar, estar atentos y ser muy curiosos para poder descubrirlas. Muchos de mis cuentos surgieron de ver o escuchar a mis hijos o a los chicos de las escuelas que visito como autor. Una vez mi hija Clara estaba con una amiga en la playa, haciendo montoncitos de arena con algas y caracoles. Decían que eran remedios para sirenas, para curarlas cuando se lastimaban con los anzuelos. Y yo que estaba haciendo la plancha en el mar dije: “¡Remedio para sirenas! ¡Qué buena idea para un cuento!”. Bueno, hace años que publiqué un libro con ese título. En otra ocasión, mi hijo Joaquín tenía un año y se la pasaba empujando sillas de aquí para allá sin parar. Una costumbre muy graciosa que inspiró mi cuento El empujador de sillas.    

¿Qué no puede faltar en un personaje de Fernando De Vedia? ¿De qué manera trabajás para construir a cada uno de ellos?
—El humor y la ternura me parecen fundamentales. Incluso cuando escribo historias de terror que dan mucho miedo y no tienen ninguno de esos dos condimentos, son presentadas por Morton Fosa, un ser de ultratumba bastante ridículo que sí los tiene. Que un personaje te divierta y sea capaz de emocionarte son dos características que trato de darle a la mayoría de mis personajes, por dos razones: por un lado, porque son dos condiciones magnéticas para chicos y chicas de cualquier edad. Por otro, porque creo que los adultos necesitamos más humor y ternura para entendernos y vivir mejor.

—Muchos de los protagonistas de tus libros son más bien antihéroes que se sobreponen a las adversidades que se les presentan, ¿cómo creas la voz de esos personajes como Paco del Tomate, Lalo Lalupa, Marvin y otros?
—Me gustan mucho los antihéroes, los supuestos “perdedores”, porque son más reales y creíbles que los personajes ejemplares que a veces se les presentan a los chicos. A todos nos cuesta esfuerzo lograr algo que nos proponemos, el camino suele estar lleno de obstáculos que, en ocasiones, si no somos perseverantes, nos frustran o nos impiden continuar. Mis personajes intentan reflejar eso, lo cual facilita la empatía del lector. Tienen siempre una cuota de “fracaso”, pero eso les permite hacerse fuertes y casi siempre conseguir lo que se proponen. Muchos de ellos están construidos con pedacitos de mi vida. Paco del Tomate es un inventor de cosas inútiles, y a mí de chico me encantaba inventar; Lalo Lalupa es un arqueólogo que nunca puede descubrir nada, y a mí me fascinaba la arqueología. Y así…

¿Cuáles son las temáticas que atraviesan tus libros y cómo lográs reflejar algunas de las problemáticas del mundo real a través de la ficción?
—Está muy presente el amor infantil porque, aunque algunos adultos crean que no, como me lo han dicho, los chicos se enamoran y mucho. Incluso de manera profunda. Antes hablábamos del antihéroe, por eso este amor en mis historias suele no ser correspondido. También hablo del valor de la amistad, de los miedos que nos paralizan. Y del poder de la imaginación, de la creatividad, como un recurso divertido e imprescindible para encontrar soluciones y respuestas. Para reflejar estos temas en la ficción, nada mejor que ponerlos en boca y en acción de los chicos, que son los protagonistas de la mayoría de mis historias.

En estos tiempos en los que la imagen pareciera estar por encima de las palabras, ¿cuál es el trabajo conjunto que deben realizar autores e ilustradores para dar vida a un texto?
—En efecto, a medida que nos hemos ido sumergiendo en el adictivo mundo de las pantallas y la imagen parece haberse convertido en la gran tirana de nuestros tiempos, la labor de los ilustradores ha tomado cada vez más importancia y dimensión. Este proceso ha ido de la mano de la aparición de nuevas generaciones de talentos, verdaderos artistas que le han sumado a la ilustración editorial una cuota de frescura, originalidad, profesionalismo y creatividad muy necesarios para que el libro siga siendo una opción entre tantas alternativas que atraen la atención de los chicos y las chicas de hoy. Pero, así como resulta imprescindible que los escritores pensemos historias cada vez más magnéticas, los ilustradores deben convertirse también en narradores. Esto significa que sus dibujos ayuden a contar la historia, la complementen o le sumen nuevos elementos. Está el ilustrador que solo adorna, y está el que narra en imágenes junto con el escritor. Creo que hacia donde va el futuro del libro infantil, cada vez vamos a necesitar más de estos últimos.       

—¿Cómo lográs unir tus dos pasiones, la magia y la escritura, para fomentar la lectura en los niños y niñas de hoy?
—Así como a los ocho años comencé a tomarle el gusto a escribir historias, fue a esa misma edad que mi tía Cuqui me regaló una caja de magia. Desde entonces hasta hoy la escritura y la magia se convirtieron, como bien mencionás, en mis dos grandes pasiones. La vida me ha dado la oportunidad de unirlas en las visitas que realizo a escuelas, ferias e instituciones de todo el país. Siempre digo que la magia me permite golpear a la puerta de los chicos para después entrar con mis libros. Se ha convertido en un gran recurso para captar a chicos y chicas que son nativos digitales y a los que cuesta mucho llamarles la atención. Y al mismo tiempo les cambia y les actualiza la imagen del escritor que muchos tienen asociada a un tipo distante, aislado y silencioso, y esto me ayuda en gran manera a atraerlos y amigarlos mucho más con los libros, la lectura y la escritura.

Contanos en qué proyectos estás trabajando por estos días y qué libros verán la luz a lo largo de este año.
—Los proyectos, a cualquier edad, son imprescindibles para mantener nuestra mente joven y uno de los motivos que nos ayudan a vivir más y mejor. Me siento afortunado y muy agradecido por poder seguir disfrutando de numerosos y variados proyectos. Por un lado, estoy relanzando muchos de mis libros con nuevas editoriales, con nuevos formatos e ilustraciones. Por ejemplo, Sudamericana acaba de publicar mis dos primeros libros de Paco del Tomate, y Planeta mis dos libros de Morton Fosa. En cuanto a nuevos lanzamientos, en breve saldrán con otras editoriales unos libros con pictogramas, que nunca antes había hecho, una colección de libros de bichos y de terror para los más chiquitos, y un libro muy divertido protagonizado por animales de la granja. También me encuentro trabajando en un libro sobre las emociones, que me han pedido. Por otro lado, continúo con una columna de radio sobre literatura infantil para adultos en el programa “Al fin sucede”, de Gisela Busaniche, que va por radio Metro 95.1 los domingos de 18 a 21. Y seguiré dando, de tanto en tanto, talleres de escritura para grupos o instituciones, actividades que me brindan muchísimo placer.

Volviendo a nuestra varita, si pudieras dejar guardado un sueño en su interior, ¿cuál sería?
—Tengo tantos que no me alcanzaría la varita para guardarlos. Pero voy a elegir uno que tiene relación directa con mi actividad. Las investigaciones indican que en nuestro país a cuatro de cada diez chicos de hasta 13 años nunca jamás les han leído un cuento, ni tienen material de lectura en sus hogares adaptados para sus edades. Y esta situación cruza a todos los niveles socioeconómicos. Mi sueño entonces es que esto empiece a cambiar y que nunca más un chico se quede sin la posibilidad de que le lean un cuento. No digo leerles todas las noches, que sería ideal, pero ¿diez minutos tres veces por semana? ¿Una vez por semana? Creo que no es un sueño difícil de alcanzar. Depende en parte de que muchos adultos cambien algunas prioridades. Y no sería un logro solo por los beneficios que ya sabemos que brinda la lectura, sino también por todo lo que significa ese rato de compartir un libro en términos de intimidad emocional, comunicación y cuidado amoroso, que toda criatura en este mundo tiene derecho a disfrutar.

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