Distrito Universal: “Las canciones se viven, se respiran, se vibran, uno no sale igual luego de cada concierto”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Un vuelo distinto, como de alas que atraviesan los límites, despliega letras que emergen de la tierra y son voces en un corazón que muta, la revelación en un fuego cruzado, música que crece en rituales nuevos, y reina en la “Concepción”, el álbum debut de Distrito Universal.

La banda de Quilmes, formada por los hermanos Federico y Herman Steiner, recorre las formas del folklore latinoamericano, de la música urbana y electrónica, atravesando el tango, el rock y la sinfónica. Abre sus alas y se atreve al vuelo sobre distintos géneros, estilos y ritmos, con una fusión de instrumentos que sintetizan el espíritu de su música.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, Federico Steiner cuenta acerca de los comienzos de la banda y del camino recorrido en el sendero de la creación.

Para presentarse, si delante de ustedes se desplegara una hoja de ruta imaginaria, ¿en qué lugar del camino ubicarían el nacimiento de “Distrito Universal” y qué sitios, atravesados por el espíritu de su música, resaltarían?
—Distrito Universal tiene su semilla en los primeros años de la infancia, como hermanos. A muy temprana edad comenzamos a transitar el camino de las artes y en particular de la música. Herman (percusionista) comenzó a tocar la batería a los 9 años, y yo (instrumentos de teclado y voz) tuve mi primer amor con las artes plásticas desde niño, para luego abordar de lleno el estudio de la música a través del piano. Si bien explorábamos la música de manera individual motivándonos mutuamente, no fue hasta entrada la adolescencia que comenzamos a pensar en armar un proyecto conjunto, en donde la canción tuviera protagonismo. Si tuviéramos que definir el espíritu de la música podríamos decir que en su sincretismo expresa temas diversos -al menos en Concepción– como el amor, la justicia, el sentido de comunidad, lo espiritual, y las formas de poder en el más amplio sentido.

¿Quiénes forman parte de esta banda y cuál es el aporte de cada uno en el proceso creativo?
—La banda está conformada por Herman y yo, pero en vivo se suman en el bajo eléctrico Esteban Nicolás Leotta (alias “El Cabe”), quien además en Concepción transitó el proceso de las maquetas previas aportando ideas en las líneas de bajo y grabó en estudio, y en la percusión Nicolás Rodríguez (“Chatran”). El concepto general fue algo opuesto a lo que uno estaría acostumbrado a pensar, si tenemos en cuenta el modo tradicional en que se aborda una banda de rock. En este sentido, las canciones fueron grabadas antes de tocarse en vivo, con lo cual luego acomodamos la situación de representación en vivo a las demandas sonoras del disco. Así, tuvimos que administrar toda una serie de timbres y texturas para disponerlas de tal manera que cuatro músicos pudieran sonar representando la naturaleza que detenta cada canción. Actualmente, a la hora de crear, encabezo la composición y letras pre-produciendo, para luego trabajar en conjunto con Herman modificando, incluso radicalmente, múltiples aspectos que van desde la prosa, lo rítmico, hasta cuestiones formales como la naturaleza tímbrica y el sentido conceptual.

Herman Steiner

—Hay en sus temas una fusión de sonidos que provienen de distintos instrumentos, ¿de qué manera trabajan para llevar adelante el nacimiento de cada canción, tanto desde la música como de las letras?
—El planteo en DU nace naturalmente de una visión sincrética, que deja de lado las categorías fijas, entendidas tanto como instrumentos que representan un conjunto de música popular según denominaciones de género, como también la manera en que se entiende y cree que es hacer música en una realidad latinoamericana dentro del siglo XXI. Tanto la música como la prosa se piensan sobre la base de un sujeto atravesado por múltiples realidades e inquietudes: el amor, el status quo, la precarización, el sentido vital, la movilidad social, el tiempo, y las formas de la violencia. Todo en un aire reaccionario, en miras a atravesar el tiempo y el espacio, escapando a toda categoría fija impuesta desde afuera. Poesía y música son unidad emancipadora.

¿Cómo eligen los instrumentos que van a dialogar en cada canción?
—La paleta de colores (instrumental general) nos parece fundamental. Debe representar el costo emocional/espiritual de cada canción y a su vez responder orgánicamente a la idea de disco como formato que engloba una serie, una unidad. La música lo requiere, sobre todo si uno está comprometido en el universo de lo que discurre sonoramente. Las canciones se viven, se respiran, se vibran, uno no sale igual luego de cada concierto. Vivir los colores, las situaciones anímicas. En otro sentido, las canciones dialogan transversalmente manteniendo una unidad en la gama tímbrica. En Concepción, desde “Revelación” (track 1) hasta “Luz y Fuerza” (track 10) existe un hilo rojo que conecta todo el relato.

¿Recuerdan cuál fue el primer tema que compusieron como banda?
—Sí claro, la primera canción trabajada dentro de este proyecto fue “Revelación”; un relato sobre la posesión y los finales en miras a renacer. Todo en una clave de cumbia épica, cargada de tambores, sintetizadores, pianos y bajo eléctrico.

Hablemos un poco más de “Concepción”…
Concepción es nuestro primer LP. Un disco que contiene elementos de diversos géneros musicales de manera yuxtapuesta: timbre, ritmo, armonía e instrumental. Por diversas razones nos llevó tiempo concebir este disco, su gestación. Fue a lo largo de un año de trabajo en nuestro home studio, donde diseñamos las maquetas para luego afirmar todo el material grabándolo en diferentes lugares. A su vez, el nombre representa dualmente nuestro nacimiento y un modo particular de pensar la idea de los conceptos que tenemos en general sobre diversas situaciones, tanto espirituales como materiales, lo que puede verse sobre todo en la prosa de las canciones. En particular el track 8, que lleva el nombre del disco, reza en una de sus secciones medias: “… hasta cuándo tendremos que correr, ignorando los signos de un amor, el sueño de una nueva concepción”.

Federico Steiner

¿De qué manera surgieron los distintos temas y cómo lograron reflejarlos en la gráfica que los representa?
—Los temas surgieron en diversos momentos del día a día, tanto laboral como de ocio. Escribo todo el tiempo, llevo un cuaderno de notas y al mismo tiempo una lista de grabaciones en el celular a modo de audio-ideas, como forma de disparadores diversos para pensar un material poético-sonoro. La gráfica en sí representa un momento clave de nuestra infancia, que asociamos claramente al lugar de pertenencia del cual venimos: el conurbano bonaerense. 

Y hablando de la imagen de este álbum debut, ¿cuál fue el camino hasta llegar a la tapa del disco?
—La situación mitad campo, mitad ciudad, los entredichos entre aspiraciones socioculturales relegadas, el espacio barrial como corolario genuino de una naturaleza y un conjunto de vivencias familiares en casa de abuelos donde a la vuelta estaba la vieja toma de agua que se ve en la tapa del disco. Para nosotros, bien representativa de todo lo dicho.

¿En qué proyectos están trabajando por estos días?
—La coyuntura 2020 nos cambió todo el panorama. Este año pensábamos tocar el disco por todos lados, así habíamos arrancando, con esa idea. Pero todo lo sucedido nos incitó a retomar arduamente el camino de seguir produciendo música nueva, todavía con más fervor. En eso estamos en estos días, pensando nuevo material y trabajando múltiples aspectos de ello.

Un deseo que les gustaría dejar en la hoja de ruta del comienzo, como un punto a alcanzar en el camino de su música.
—Expandir la música, el lenguaje, conectar. Vivenciar el camino de la mejor forma es el punto máximo, la clave es compartirlo.

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