Literatura
55 años después, Vargas Llosa regresó al bar que inspiró “Conversación en La Catedral”
El escritor peruano Mario Vargas Llosa volvió, después de 55 años, al lugar que fue la fuente de inspiración de una de las obras más importantes de su carrera literaria, “Conversación en La Catedral” (1969). El recordado bar La Catedra fue el escenario donde se gestó la famosa novela que relataba la corrupción y tensiones sociales que vivía el Perú.
A través de sus redes sociales, su hijo, Álvaro Vargas Llosa, compartió una fotografía del premio Nobel de Literatura frente a la fachada de lo que, en algún momento fue, el bar La Catedral. La imagen estuvo acompañada de un breve texto.
“55 años después, retorno al (ex) bar ‘La Catedral’, en busca de los fantasmas de Zavalita y el zambo Ambrosio”, escribió Álvaro en su publicación en X, haciendo referencia a los protagonistas de “Conversación en La Catedral”.
El bar La Catedral fue un punto de encuentro para varios literatos de los años cincuenta y sesenta. Ubicado en la avenida Alfonso Ugarte 206, cerca de la Plaza 2 de Mayo, en Lima, el lugar actualmente luce abandonado. En su fachada deteriorada hay un cartel de “se vende”.
¿De qué trata “Conversación en la Catedral”?
La obra de Mario Vargas Llosa, publicada en 1969, es una de las más destacadas de su carrera literaria. En esta se aborda los efectos de la dictadura del general Manuel A. Odría, a través de una narrativa que combina historias reales con ficción. Una de las frases más recordadas, expuesta por el protagonista de la obra Santiago Zavala, periodista del diario La Crónica, es: “¿En qué momento se jodió el Perú?”.
La historia gira en torno a Santiago Zavala, un joven periodista de familia acomodada que trabajaba en el diario La Crónica, inmerso en la disyuntiva de su vida personal y la realidad política que afecta su país. En el bar La Catedral, Santiago se encuentra con Ambrosio, otro personaje que apoya el relato y empieza una serie de reflexiones sobre la corrupción, el abuso de poder y más.
Literatura
Cinco libros para entender el horror de la última dictadura cívico militar
A 50 años del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura cívico militar en Argentina (1976-1983), la memoria vuelve a ocupar un lugar central en el debate público. Aquel quiebre institucional inauguró uno de los períodos más oscuros de la historia del país: un sistema de represión ilegal basado en secuestros, desapariciones, torturas, robos de bebés, censura, persecución y terror, cuyas consecuencias aún atraviesan a la sociedad.
En ese marco, la literatura —en sus múltiples formas— se convirtió en una herramienta clave para reconstruir lo ocurrido, interrogar responsabilidades y dar cuenta de las marcas que dejó el horror. Desde la investigación periodística hasta la novela, distintos libros permiten revisitar esos años y pensar cómo se narran hoy.

Entre los trabajos fundamentales se encuentra Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso, de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta (Ediciones Colihue). La obra reconstruye el rol de los medios durante la dictadura a partir de cientos de tapas y citas, y plantea un debate aún vigente sobre complicidades, silencios y responsabilidades del periodismo.

Desde otra perspectiva, Rock y dictadura, de Sergio Pujol (Editorial Planeta), explora cómo el rock nacional funcionó como espacio de resistencia cultural. Figuras como Charly García, León Gieco y Luis Alberto Spinetta aparecen como protagonistas de una escena que, aun bajo vigilancia, sostuvo formas de disenso y expresión.

En clave testimonial, Herederos del silencio, de Gabriela Cerruti propone una reflexión incómoda sobre la “generación del medio”: aquellos que crecieron durante el régimen sin ser víctimas directas ni perpetradores. El libro se plantea como un mea culpa colectivo que interroga cuánto sabía la sociedad y qué grado de complicidad o indiferencia hizo posible el terror.

La no ficción también encuentra en Un crimen argentino, de Reynaldo Sietecase, una forma de narrar el clima de época. A partir de un caso policial ocurrido en 1980, el autor muestra cómo la lógica del terrorismo de Estado permeaba incluso los delitos comunes, replicando métodos y amparándose en la impunidad.

Por último, la no ficción aporta una dimensión íntima y conmovedora con La casa de los conejos, de Laura Alcoba. La novela reconstruye la experiencia de una niña en la clandestinidad, ofreciendo una mirada sensible sobre el miedo, la persecución y la pérdida desde la infancia.__IP__
A medio siglo del golpe, estos libros confirman que la memoria no es sólo un ejercicio del pasado, sino una herramienta para comprender el presente y sostener el compromiso con el “Nunca Más”.
(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)
Historias Reflejadas
“Escombros”

Escombros
Algo se rompe, estalla, seca la savia que recorre su cuerpo, los vacíos en el laberinto de su mente.
Es un agujero, un poro diminuto. Las palabras saltan, se escapan.
Es antes y después.
Hay una partición del espacio. Los restos flotan, se deslizan sobre una ola, como si fueran espuma en la distancia de la memoria.
Busca la mirada en el reflejo de sus ojos. No hay nadie. Ella se ha ido.
Lo que sobra y lo que falta se funde en las pupilas.
No es verdad.
La casa es un agujero, un espacio vacío de nombres, que cuelgan de las paredes como hilos transparentes y flotan en sus humores, justo en el punto de quiebre, justo donde mueren las palabras.
Y se instala el silencio.Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “Partida de nacimiento”, de Virginia Cosin; “El hombre que duerme a mi lado”, de Santiago Loza; “Bicho taladro”, de María Insúa; y “La perra”, de Pilar Quintana.
Literatura
Samanta Schweblin, finalista del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana
La escritora argentina Samanta Schweblin, con su obra “El buen mal ” fue elegida finalista del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, un nuevo galardón literario español que está dotado con un millón de euros, una cuantía que iguala la del Premio Planeta, que era hasta ahora el premio de literatura mejor dotado en España.
Junto a Schweblin, también alcanzaron la final las obras “Ahora y en la hora”, de Héctor Abad Faciolince; “Marciano”, de Nona Fernández; “Los ilusionistas”, de Marcos Giralt Torrente y “Canon de cámara oscura”, de Enrique Vila-Matas.
Se destacó también que más allá de quien resulte ganador, el resto de los autores recibirán 30.000 euros de premio.
En el anuncio de las obras finalistas, ocurrido en la Librería La Mistral, se encontraron presentes la escritora Rosa Montero, presidenta del jurado; el periodista Jesús García Calero, secretario del jurado, y los scouts Nuria Azancot y Antonio Martínez Asensio.
La novela ganadora de esta primera edición se dará a conocer en una ceremonia que tendrá lugar en Barcelona el próximo 8 de abril. Así lo hicieron saber hace unas semanas Montero y el presidente de Aena, Maurici Lucena. Allí también revelaron una de sus mayores particularidades y lo que distingue al premio del Planeta: el galardón se otorgará a obras ya publicadas. Un equipo compuesto por profesionales del periodismo cultural y literario de España e Hispanoamérica buscará reconocer las mejores obras de narrativa escritas en español y lenguas cooficiales y publicadas en 2025.
(Fuente: eldiarioar.com)
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