Literatura
“¡Adivíname!”: Luján, Bernasconi, poesía e ilustración
Con ilustraciones de Pablo Bernasconi y poemas de Jorge Luján, “¡Adiviname!” es el primer libro en el que ambos trabajaron, desde Bariloche y desde México, para plasmar un universo de enigmas que busca resolverse a partir de rituales y objetos vinculados a ese momento que antecede al sueño.
“El trabajo en conjunto fue de un aprendizaje continuo, Jorge es muy meticuloso (yo también) y creo que cada uno, desde su espacio de saber, pudo sumar mucho a un proyecto que desde el principio tenía un alma definida, que orbitaba por espacios de poesía visual y escrita”, explica Bernasconi (Buenos Aires, 1973) en diálogo con la agencia de noticias Télam desde la ciudad rionegrina donde reside.
Para el también autor de los títulos de literatura infantil “El Zoo de Joaquín”, “Los Súper Premios” y de libros para adultos “Retratos” y “Finales”, el trabajo con Luján fue “un proceso con una apuesta lúdica para actuar con sus distintas herramientas”.
Bernasconi señaló que “lo más constructivo” fue coincidir sobre lo que querían generar, más allá de cómo iban a lograrlo y advirtió que “a veces los recorridos son muy erráticos, y la forma de explorar las soluciones son lo que termina definiendo la personalidad de cada proyecto”.
Para Luján (Córdoba, 1943) ese trabajo “tuvo una parte de reflexión y otra de juego” en la que recibir “las imágenes de Pablo que provocaban un ping pong de ideas, versos y dibujos” y la definió como “una experiencia creativa y simultáneamente un descubrimiento del otro, la construcción de un álbum ilustrado y de una amistad”.
En el libro editado por La brujita de papel, las ilustraciones son las que dan las pistas para las adivinanzas y, según Bernasconi, eso “tuvo que ver con una búsqueda, en la que el punto era justamente no develar las incógnitas, sino más bien generar un punto de atención sobre cada adivinanza”.
“Esa premisa se fue dando a medida que avanzábamos sobre la idea de dialogar acerca dos tipos de libro, uno de poesía, y otro de adivinanzas. Finalmente decidimos que fueran ambos, y que el libro se pudiese leer de las dos maneras. Así, la ilustración progresa en paralelo con un hilo (le llamamos en éste caso lana) narrativa, que acompañase al lector sin ser condescendiente, concepto que ambos evitamos en cada decisión que tomamos”, describe el ilustrador.
Sobre el trabajo para conciliar esa combinación, Luján, arquitecto, licenciado en Lengua y Letras Hispánicas (Universidad Nacional Autónoma de México), músico, escritor y poeta, “esa combinación de poesía y la adivinanza, lenguaje metafórico y enigma, requería de ilustraciones insinuantes, sutiles y a la vez divertidas”.
¿Cuál es la mayor diferencia al momento de trabajar con otro? Bernasconi considera que tiene que ver con “incorporar los puntos de vista, lograr multiplicar el sentido que otro puede darle a algo que uno hizo, y viceversa. Potenciar con nuestras herramientas lo que otro genera”.
Para Luján, radicado en México desde 1976, “trabajar en equipo con camaradas ilustradores, y con Pablo en particular, es gozar de cada de cada paso, ser cómplices en los descubrimientos”.
Después de esta experiencia con Bernasconi, Luján sigue trabajando en proyectos literarios compartidos, ya que junto con Diego Bianki trabaja en “Vocales al vuelo”, con Morteza Zahedi en “Me iré sin llevarme nada” y con Piet Grobler en “El duende de la guitarra”.
Por otra parte, Bernasconi se encuentra abocado a “una muestra interactiva sobre el infinito, cruzando arte con filosofía y ciencia”, para lo que convocó a integrantes del Instituto Balseiro y del Conicet “para darle un sustento teórico más formal”, que este momento lo lleva a estudiar la constante física conocida como “constante de Planck”.
(Fuente: Agencia de noticias Telam)
Textos para escuchar
Pasar por el espejo – Luis Carranza Torres
El escritor cordobés Luis Carranza Torres lee su cuento Pasar por el espejo
Mi reflejo en el espejo no era yo sino aquella que había sido antes. De alguna forma, sabía eso. Parada frente al espejo, fogonazos de esa vida que no alcanzaba a comprender, me azotaban la mente y me sacudían en lo profundo del espíritu. Otra yo en otra vida, espejo de por medio. Mi imagen se reflejaba distinta sobre el vidrio pulido, provocándome una gran confusión. No entendía muchas cosas pero sabía que esa, al otro lado del espejo, era yo. Aun cuando tuviera un palmo más de altura, o el color de su cabello no fuera castaño sino negrísimo. Lo confirmaba al verla a los ojos, a pesar del distinto color alrededor de las pupilas. A mi tono ámbar el espejo lo devolvía como un gris apagado. Pero podía ver la misma mirada de estupor que estaba sintiendo. Una mezcla de temor y ansiedad, pero también de creciente excitación.
Observaba, maravillada, como no se parecía en nada a mi actual aspecto. Claro que, también pensé, tampoco yo lucía del mismo modo que al nacer, o cuando niña.
No me cabía duda alguna, me reconocía por lo que mostraban esas facciones: angustia, orfandad. Siempre me había visto así, más acá o más allá del espejo. Castaña o morocha, más alta o más baja.
—No luches—me dijo la figura al otro lado del espejo. Movía sus labios aunque yo tuviera paralizado los míos—. Es inútil. No depende de ti ni de mí. Sólo tiene que suceder. Volver a ser una. La felicidad pasa por estar completas.
El espejo, o ella en el espejo, me atrajo hacia el otro lado. Se trataba de una sensación extraña, que principió con un cosquilleo y luego prosiguió en tremendos espasmos. Una corriente inmaterial que me arrastraba hacia lo que tenía en frente, espejo de por medio. La imagen de la que era en otra parte o había sido en otro tiempo. Un otro yo que me buscaba, para unirse a mí. Nuestras palmas de las manos se tocaron a uno y otro lado. Experimenté entonces una especie de una corriente eléctrica, intensa. Una sacudida dolorosa pero liberadora que, por alguna razón, contenía una promesa de paz. Asustada, estremecida, no pude dejar de mirarla, ni de ir hacia ella. Me resultaba imposible dejar de observarla o resistirme a ser arrastrada. Ella me atraía, como un imán espiritual poderoso, a lo profundo del espejo, a fundirme con esa que era yo. Tras todas dudas y algo de pelea, me dejé ir. Mi rostro se agrandó hasta ser tragado por el espejo en un estallido de estrépito.
Todo se volvió blanco. De un blanco brillante que deslumbraba. Dolor. Me sentí flotar. El resplandor se transformó en luz. Parpadeé para acostumbrarme, desde la oscuridad dolorosa en la que había caída, a la nueva claridad donde me hallaba.
Un hombre de blanco y lentes me observó. Muy serio.
—¿Que me pasó?—pregunté.
El hombre de blanco me respondió con voz cansada:
—Otra vez olvidaste tomar tus pastillas.
Literatura
Distinguen al escritor portugués Gonçalo M. Tavares con el Premio Formentor de las Letras 2026
El escritor portugués Gonçalo M. Tavares fue distinguido por unanimidad con el Premio Formentor de las Letras 2026, según se anunció el martes. El jurado destacó que su obra “enriquece la escuela de la gran literatura”, sigue “la huella del desorden narrativo de la existencia” y evoca “la parabólica alegoría del enigma universal”.
El galardón, que desde 1961 reconoce la trayectoria de autores cuya obra ensancha las fronteras de la literatura contemporánea, valoró en esta edición la capacidad del autor para “desvelar las inesperadas implicaciones de una humanidad asustada de sí misma” y narrar “la paradójica epopeya del extravío contemporáneo”, según el acta.
El jurado —integrado por Elide Pittarello, Gerald Martin, Sonia Hernández, Pilar del Río y Basilio Baltasar— subrayó la osadía de Tavares al construir una narrativa ajena “a las tentaciones de la obviedad” y su permanente dilución de los límites entre géneros literarios. En sus ficciones, añadieron, confluyen el misterio del dolor y el fulgor del deseo, en escenarios que evocan tanto la penumbra del alma humana como la búsqueda de redención en una historia agotada.
Criado en el norte de Portugal, Tavares es escritor, dramaturgo y poeta, y está considerado una de las voces más originales de la narrativa europea actual. De formación multidisciplinar —estudió Física, Deportes y Arte—, es profesor de Teoría de la Ciencia y Epistemología en la Universidad de Lisboa, una impronta intelectual que atraviesa su obra con precisión conceptual y una constante exploración de los límites de la lógica y la razón.
Desde su debut en 2001 con “Livro da dança”, ha construido un universo literario vasto y coherente, traducido a más de cincuenta idiomas y publicado en cerca de setenta países. Es el tercer autor portugués más traducido, después de Fernando Pessoa y Eça de Queiroz, con más de doscientas ediciones internacionales.
Entre sus proyectos más reconocidos figura el ciclo novelístico “El Reino”, que reúne títulos como “Un hombre: Klaus Klump”, “La máquina de Joseph Walser”, “Jerusalén” y “Aprender a rezar en la era de la técnica”; también la serie de ficciones breves “El barrio” y la epopeya “Un viaje a la India”. Su libro más reciente es la sátira distópica “O Fim dos Estados Unidos da América” (Relógio D’Água, 2025).
A lo largo de su trayectoria recibió, entre otros reconocimientos, el Premio José Saramago (2005), el Premio Camilo Castelo Branco (2006), el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia (2010), el Premio Literario Europeo (2011), el Grande Prémio de Romance e Novela (2011), el Premio Vergílio Ferreira (2017) y el Prix Laure-Bataillon (2021).
Dotado con 50.000 euros y con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, el Premio Formentor fue fundado en 1961 por un grupo de editores europeos, entre ellos Carlos Barral, Claude Gallimard y Giulio Einaudi. Tras su recuperación en 2011, distinguió a autores como Carlos Fuentes, Javier Marías, Annie Ernaux y César Aira.
El premio y las Conversaciones Literarias están organizados por la Fundación Formentor, con sede en Mallorca, enclave que en los años 60 fue punto de encuentro de la vanguardia editorial europea.
Historias Reflejadas
“Carnaval”

Carnaval
Fue el viento, el mismo viento que desató la tragedia, el que se llevó las palabras, una arriba de la otra, como si ya no fueran necesarias, como si la música de los tambores dijera cosas que se escondían en el silencio de la noche.
Todo sucedió lentamente, cada hecho encadenado con el otro. El tiempo era una cadena de voces invisibles. Y guardaba secretos, como si fueran sonidos lejanos que invitaban al movimiento, un círculo dentro del otro, la danza sobre el cuerpo y el cuerpo sobre la danza, la música vibrando en palabras sueltas, libres, sin máscaras, sólo para atravesar la tragedia y animarse a bailar con el viento.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia las siguientes obras: “Presagio de carnaval”, de Liliana Bodoc; “Nos vamos, nomás nos vamos, un relato murguero”, de Mercedes Pérez Sabbi con ilustraciones de Roberto Cubillas; “Candombe, fiebre de carnaval”, de Diego Bianki; y “Una mágica víspera de carnaval”, de Carmen Muñoz Hurtado con ilustraciones de Raquel Echenique.
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