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Literatura

Con presencia argentina, arranca la Semana Negra de Gijón entre la virtualidad y la presencia física

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A caballo entre la virtualidad y la presencia física, la Semana Negra de Gijón celebrará desde mañana y hasta el 12 de julio su 33° edición con la participación de más de un centenar de escritores y una importante delegación argentina, que incluye charlas y presentaciones a distancia a cargo de Juan Sasturain, María Inés Krimer, Kike Ferrari y Mariana Enriquez.

A medida que avanza el desconfinamiento gradual de Europa, algunos países relajan sus fronteras y reabren museos y espacios culturales, también los festivales -que hacen a la identidad de ciudades y pueblos- empiezan a buscar alternativas para no abandonar sus ediciones.

En esa dirección se asoma la Semana Negra de Gijón, el evento del género más longevo en español que se desarrolla desde este viernes y hasta el 12 de julio en la ciudad costera del norte de España, y que según su director, Ángel de la Calle, significa “el primer festival presencial que se celebra en el mundo desde el inicio de la pandemia”.

Claro que en esta edición no habrá fiestas masivas ni callejeras: “Lo que vamos a hacer es justo lo contrario. Públicos minoritarios de aforo controlado; altísimas medidas de seguridad sanitaria; entrada gratuita, pero electrónica; visitas controladas a las exposiciones; charlas que tendrían 400 espectadores van a tener 38 de máximo; conciertos musicales que congregarían a miles de personas solo podrán ser vistos en presencial por 50 personas. Firmas de libros, tras una pantalla de metacrilato”, grafica de la Calle.

Más de 100 escritores y escritoras

Sin embargo, pese a las restricciones, el evento no se achica con la pandemia: este año participan más de un centenar de escritores y escritoras. Unos 90 lo harán en persona, otra veintena de residentes no europeos, a través de teleconferencias frente a la imposibilidad de viajar, como las argentinas María Inés Krimer, Dolores Reyes, Mariana Enríquez, Liliana Escliar y Miriam Lewin, y sus pares Kike Ferrari, Juan Sasturain y Horacio Lutzky.

Como en ediciones anteriores, la representación nacional en el festival no es novedad pandémica: el grueso de argentinos como referentes del género es una constante en las filas de la Semana Negra. En palabras de su director, “la novela argentina es la vanguardia en la novela de género y de mestizaje en estos momentos en el español. Con nombres de México, Chile, Colombia y otros lugares, por supuesto, pero por cantidad de propuestas, mi opinión personal es que la punta de lanza es Argentina”.

De hecho, en esta oportunidad, cuatro autores locales son finalistas de los distintos premios que se darán a conocer durante el evento: María Inés Krimer es candidata al Premio Dashiel Hammett por “Cupo” -que el año pasado fue para el actual director de la Biblioteca Nacional, Juan Sasturain-; Dolores Reyes opta al Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela de género negro en español, mientras que Mariana Enriquez por “Nuestra Parte de la noche” y Kike Ferrari por “Todos nosotros” son candidatos al Premio Celsius a la mejor novela de Ciencia Ficción y Fantasía.

Además de aspirar a los galardones -que se darán a conocer el viernes 10 de julio en horario mediodía de España-, los finalistas argentinos presentarán sus libros mediante videoconferencias que se transmitirán en las redes y en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón.

La programación incluye la participación de la escritora Liliana Escliar, quien presentará su última publicación, “Tumbas rotas”, mientras que Miriam Lewin -recientemente elegida como Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual- y Horacio Lutzky darán cuenta de la investigación que escribieron a cuatro manos, “Iosi, el espía arrepentido”.

Otro invitado local de Semana Negra es uno de los máximos exponentes, promotores y conocedores de la literatura policial y el género negro en Argentina, Juan Sasturain. El actual director de la Biblioteca Nacional, autor de “Manual de perdedores” y compilador de numerosas antologías del género, será de los primeros en sumarse al festival con una charla prevista para el próximo sábado a las 18.30, hora de España.

“A la literatura no la mata un virus”

Con más de tres décadas de vida, la cita se coloca como “un encuentro literario de primer nivel mundial dentro de una gran fiesta popular cuyo objetivo es la promoción de la lectura”. Y si bien este año tuvo que transformar su “histórico formato tradicional” no pierde “el espíritu iconoclasta y comprometido que desde hace 33 años nos lleva a proponer nuevas ideas para el debate y a retomar argumentos que la actualidad nos incita a situar en las mesas de discusión”

Así, con el lema “a la literatura no la mata un virus”, la Semana Negra de Gijón se propone despejar el fardo de estos últimos meses atípicos haciendo pie en la literatura y la lectura. Y aunque su nombre parezca concentrarse en un género, la realidad -dice de la Calle- es que “las fronteras están para que los escritores las rompan. No hay muros que separen los géneros. ¿Las novelas de John Connolly son negras o fantásticas? ¿El ‘Cometierra’ de Dolores Reyes es terror o género negro? Vivimos en sociedades donde la pureza debe ser la bondad y no el color”.

Sin embargo, como su nombre indica, el festival abreva en una tradición que se caracteriza por su capacidad crítica con las relaciones de poder y precisamente en un contexto donde la humanidad se piensa en peligro, ¿la literatura puede abrir horizontes para el debate?: “En sociedades altamente criminalizadas como en las que vivimos, la literatura que habla del crimen se vuelve realismo, realismo sucio, claro. No es misión de la literatura dar respuestas, sino hacer las preguntas adecuadas”, sugiere de la Calle.

La 33° edición de la Semana Negra de Gijón se puede seguir por el canal de YouTube de la Semana Negra, al que se accede desde la página web de la www.semananegra.org, o desde las páginas de los organismos y medios de comunicación que replicarán la señal en todo el mundo.

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Literatura

“El canto invisible”, los silencios y las fracturas de la Argentina en la pluma de Claudia Piñeiro

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La escritora Claudia Piñeiro regresa a la ficción con “El canto invisible”, su nueva novela, una historia atravesada por la amistad, el duelo y los secretos, en la que el canto de las aves funciona como punto de partida para indagar en la dificultad de escuchar al otro en una sociedad marcada por tensiones políticas y generacionales.

Publicada por Alfaguara, la novela tiene como protagonista a Julia Muntaner, una editora de 64 años que acaba de perder a Marina Martinelli, su amiga desde los tiempos universitarios en La Plata. Bióloga especializada en aves, Marina muere atropellada después de una discusión ocurrida durante una protesta contra los recortes presupuestarios en el Hospital Garrahan.

Tras su muerte, Julia se instala en la casaquinta que su amiga le dejó como herencia y comienza a trabajar en el manuscrito que Marina no llegó a terminar, dedicado al canto de los pájaros y sus vínculos con el arte, la literatura, la música y el cine. Esa tarea también abre un recorrido por una amistad de décadas y conduce a Julia hacia una verdad que Marina mantuvo oculta durante toda su vida.

Piñeiro construye el relato a través de distintos registros: el monólogo de Julia dirigido a su amiga muerta, una voz omnisciente que sigue a los demás personajes y fragmentos del libro inconcluso de Marina. En ese cruce aparece una de las ideas centrales de la obra: oír constituye un acto fisiológico, mientras que escuchar requiere atención, voluntad y disposición para recibir aquello que otro intenta comunicar.

La novela traslada esa pregunta a las relaciones familiares, las diferencias entre generaciones y las discusiones políticas. La Argentina contemporánea aparece a través de los reclamos por la salud pública, el crecimiento de las nuevas derechas entre sectores jóvenes y una grieta ideológica que también atraviesa los vínculos personales.

El canto invisible aborda además la experiencia de la vejez y la sensación de invisibilidad que enfrenta Julia a los 64 años, cuando se reconoce vital y llena de proyectos mientras adquiere una conciencia cada vez más concreta sobre la finitud.

Autora de “Las viudas de los jueves”, “Elena sabe”, “Catedrales” y “El tiempo de las moscas”, entre otros títulos, Piñeiro vuelve así sobre uno de los territorios recurrentes de su literatura: el modo en que los secretos privados, los mandatos familiares y los conflictos íntimos terminan por revelar las tensiones de una época.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

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Historias Reflejadas

“Un colorado Había una vez”

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Un Colorado “Había una vez”

Detrás del Colorín Colorado, en el espacio que sigue al punto final, siempre era posible encontrar una nueva historia.

En cambio, en el instante que seguía al “Había una vez”, justo allí sobre esa burbuja de palabras, existía algo que alguien alguna vez contó.

A veces, se trataba de un viaje interplanetario, hacia planetas lejanos en los que era necesario recuperar los recuerdos. La magia de las palabras creaba el ambiente adecuado. Como si fueran ladrillos unidos para edificar, ellas se encargaban de traer a la memoria aquello que había sucedido o quizás lo que jamás sucedió, pero era necesario inventar: un cuento…Y Colorín Colorado…

De pronto, varios animales caminaban por las páginas de un libro para hacerse escuchar. Algunos levantaron vuelo para tejer una historia de historias que era necesario revelar. Había una vez…

Dicen que para atrapar un sueño es necesario viajar hasta el arcoíris, abrazar sus colores y dejarse pintar por sus rayas. Colorín amarillo. Hubo un color que se perdió y la historia quedó descalza.

No era sencillo viajar en un zapato, eso lo sabía aquel pie que se desprendió de uno de ellos, que hasta entonces había sido su compañero inseparable. Había una vez un zapato, sin pie, que se animó a caminar para contar su propio cuento, sin Colorín ni Colorado.

A menudo había que tener varios ojos para no perderse los detalles. Era posible que detrás del Colorín Colorado naciera un cuento de cuentos en el que el Colorado perdido ya formara parte del siguiente “Había una vez”…

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “Los planetas Elfos”, del libro Familias raras de este planeta y otros de Graciela Repún, ilustrado por Sara Sedrán; “Cuando un águila piensa”, del libro Cuentos del bosque de Cristina Ramos, ilustrado por Marcela Calderón; “Prohibido el elefante”, del libro Prohibido el elefante de Gustavo Roldán, con ilustraciones de Luis Pereyra; y los cuentos “Pedro, el zapato” y “Siete colores”, del libro Cuentos para siete colores de Susana Gesúmaría y Aarón Cupit, ilustrado por Héctor Martínez.

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Textos para escuchar

Pasar por el espejo – Luis Carranza Torres

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El escritor cordobés Luis Carranza Torres lee su cuento Pasar por el espejo

Mi reflejo en el espejo no era yo sino aquella que había sido antes. De alguna forma, sabía eso. Parada frente al espejo, fogonazos de esa vida que no alcanzaba a comprender, me azotaban la mente y me sacudían en lo profundo del espíritu. Otra yo en otra vida, espejo de por medio. Mi imagen se reflejaba distinta sobre el vidrio pulido, provocándome una gran confusión. No entendía muchas cosas pero sabía que esa, al otro lado del espejo, era yo. Aun cuando tuviera un palmo más de altura, o el color de su cabello no fuera castaño sino negrísimo. Lo confirmaba al verla a los ojos, a pesar del distinto color alrededor de las pupilas. A mi tono ámbar el espejo lo devolvía como un gris apagado. Pero podía ver la misma mirada de estupor que estaba sintiendo. Una mezcla de temor y ansiedad, pero también de creciente excitación.

Observaba, maravillada, como no se parecía en nada a mi actual aspecto. Claro que, también pensé, tampoco yo lucía del mismo modo que al nacer, o cuando niña.

No me cabía duda alguna, me reconocía por lo que mostraban esas facciones: angustia, orfandad. Siempre me había visto así, más acá o más allá del espejo. Castaña o morocha, más alta o más baja.

—No luches—me dijo la figura al otro lado del espejo. Movía sus labios aunque yo tuviera paralizado los míos—. Es inútil. No depende de ti ni de mí. Sólo tiene que suceder. Volver a ser una. La felicidad pasa por estar completas.

El espejo, o ella en el espejo, me atrajo hacia el otro lado. Se trataba de una sensación extraña, que principió con un cosquilleo y luego prosiguió en tremendos espasmos. Una corriente inmaterial que me arrastraba hacia lo que tenía en frente, espejo de por medio. La imagen de la que era en otra parte o había sido en otro tiempo. Un otro yo que me buscaba, para unirse a mí. Nuestras palmas de las manos se tocaron a uno y otro lado. Experimenté entonces una especie de una corriente eléctrica, intensa. Una sacudida dolorosa pero liberadora que, por alguna razón, contenía una promesa de paz. Asustada, estremecida, no pude dejar de mirarla, ni de ir hacia ella. Me resultaba imposible dejar de observarla o resistirme a ser arrastrada. Ella me atraía, como un imán espiritual poderoso, a lo profundo del espejo, a fundirme con esa que era yo. Tras todas dudas y algo de pelea, me dejé ir. Mi rostro se agrandó hasta ser tragado por el espejo en un estallido de estrépito.

Todo se volvió blanco. De un blanco brillante que deslumbraba. Dolor. Me sentí flotar. El resplandor se transformó en luz. Parpadeé para acostumbrarme, desde la oscuridad dolorosa en la que había caída, a la nueva claridad donde me hallaba.

Un hombre de blanco y lentes me observó. Muy serio.

—¿Que me pasó?—pregunté.

El hombre de blanco me respondió con voz cansada:

—Otra vez olvidaste tomar tus pastillas.

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