Historias Reflejadas
“La canción escondida”

La canción escondida
El paisaje se había quedado mudo, las voces escondidas en sus bolsillos de pasto y de árbol, de nubes y de viento, esperaban la lluvia. Una canción flotaba en el aire, era el rumor de una melodía antigua, como un murmullo que empujaba su música de atrás para adelante, hacia el lugar exacto donde termina el silencio quieto y se expanden los sueños.
En la oscuridad, justo donde el camino atravesaba los espacios vacíos, podían descubrirse sonidos imperceptibles, que rodaban lentos sobre las hojas, ascendían entre las alas de los pájaros, flojos, y se perdían como un eco para hacerse parte de la lluvia. Más adelante, se convertían en arroyo rumoroso en cuyas aguas se guardaba la música del paisaje.
Debajo y detrás del silencio, siempre era posible atrapar una canción escondida para convertirla en leyenda y liberarla.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes cuentos: “Estampida”, de Márgara Averbach; “Espanta y Pájaros”, del libro “Reyes y pájaros” de Liliana Bodoc; “La lluvia sobre el mundo”, del libro “La lluvia sobre el mundo, cuentos y leyendas” versión de Irma Verolín; “¿Dónde está el don de la música?”, del libro “De luces y sirenas, de embrujos y quenas” de Adela Basch y Alejandra Erbiti.
Historias Reflejadas
“Sonrisas guardadas”

Sonrisas guardadas
La risa, como las palabras, se escondía dentro de la boca. Uno podía percibir su presencia, el gusto que dejaba entre los dientes, su sabor dulce pegado a la lengua. Sin embargo, adentro llovía y la risa no se atrevía a salir.
Una tormenta de bronca avanzaba por los ojos, el viento curvaba las pestañas y volaba los pensamientos, pura furia de nubes densas. Entonces llovían las lágrimas. Y se inundaban los espacios de aquí y de allá, como si cada pena fuera líquida y no se pareciera a ninguna otra, como si la risa buscara el sol de las palabras para asomarse en sus bocas.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Valentín se parece a”, de Graciela Montes con ilustraciones de Martín Morón; “A Luciano se le va la mano”, de Adela Basch con ilustraciones de Mariano Martín; “La niña más intensa del mundo”, de Pablo Medici; y “Así soy yo”, de Mariángeles Reymondes.
Historias Reflejadas
“Desiertos”

Desiertos
Había que cruzar el desierto, avanzar sobre los escombros que presionaban sus cuerpos fragmentados. Era tiempo de partir, de atravesar las fronteras donde se escondían los fantasmas.
Anduvieron con el ritmo del paisaje, respiraron con él, el aire sobre el aire que escapaba de sus bocas, las pieles fusionadas con las pieles, el grito en el grito y el canto en las alas, como si la queja pudiera borrarse para resistir, para que la espera se volviera nada en aquella partida.
Caminaron otras vidas, los ojos leyendo el territorio de las palabras. Y las palabras quietas en las piedras, necesitadas de expresarse.
La vida rodaba, una sucesión de memorias efímeras, como repliegues de humo en las fisuras del tiempo, las lenguas enredadas en voces ausentes.
Y por dentro, en ese espacio seco donde nadie podía llegar, un desierto sin fronteras.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Las Galván”, de Facundo Gómez Romero; “Las aventuras de China Iron”, de Gabriela Cabezón Cámara; “Enterrados”, de Miguel Vitagliano; y “Correrías de un infiel”, de Osvaldo Baigorria.
Historias Reflejadas
“Carnaval”

Carnaval
Fue el viento, el mismo viento que desató la tragedia, el que se llevó las palabras, una arriba de la otra, como si ya no fueran necesarias, como si la música de los tambores dijera cosas que se escondían en el silencio de la noche.
Todo sucedió lentamente, cada hecho encadenado con el otro. El tiempo era una cadena de voces invisibles. Y guardaba secretos, como si fueran sonidos lejanos que invitaban al movimiento, un círculo dentro del otro, la danza sobre el cuerpo y el cuerpo sobre la danza, la música vibrando en palabras sueltas, libres, sin máscaras, sólo para atravesar la tragedia y animarse a bailar con el viento.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia las siguientes obras: “Presagio de carnaval”, de Liliana Bodoc; “Nos vamos, nomás nos vamos, un relato murguero”, de Mercedes Pérez Sabbi con ilustraciones de Roberto Cubillas; “Candombe, fiebre de carnaval”, de Diego Bianki; y “Una mágica víspera de carnaval”, de Carmen Muñoz Hurtado con ilustraciones de Raquel Echenique.
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