Historias Reflejadas
“Sueños coloridos”
Sueños coloridos
En una noche oscura y silenciosa una niña intentaba colorear sus sueños. Todo sucedió muy rápido, una pinturita llamó a la otra y ésta a otra más, hasta que unidas en una alegre ronda pintaron las cuatro paredes de la habitación.
Manchas multicolores se daban abrazos de témperas y crayones y bailaban formando figuras. Fue justamente en un lugar de una mancha brillante donde apareció un caballero montado en su caballo. Se lo veía flaco y cansado y, además, estaba un poco confundido. Su único deseo era vivir muchas aventuras y tal vez por eso se encontraba ahí.
La niña quiso ayudarlo a encontrar el camino, pero en ese momento se desató una tormenta que ningún paraguas pudo detener. Primero llovió un elefante, que quedó enroscado con su trompa sobre el acolchado verde, más tarde las grandes gotas trajeron a un malabarista, y luego a un trapecista y más tarde a un mago, que rápidamente hizo desparecer al caballero andante.
Tan cansada estaba la niña de esa lluvia de personajes que cerró sus ojos y se perdió en un colorido sueño.
Cuando el sol bostezó sus primeros rayos, ella pudo ver a su lado un elefante de madera, rojo y tibio, con el brillo de los tesoros que esconden la magia en su interior.
Recordando lo sucedido, supo que había llegado del país de los sueños donde lo imposible se hace posible y donde los colores logran transformar los grises de la vida.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “Las increíbles aventuras de don Quijote y Sancho Panza”, de Adela Basch; “Puro Pelo, la pintora de sueños”, de Juan Chiavetta y Fabián Sevilla; “Sol”, de Márgara Avervach; y “El viernes que llovió circo”, de Fabián Sevilla.
Historias Reflejadas
“Una vuelta hacia la verdad”
Una vuelta hacia la verdad
Todo comenzó en una biblioteca, una noche silenciosa en la que una calesita se puso en marcha.
Tal fue la felicidad de todos sus ocupantes, que juntos levantaron vuelo para encontrar la libertad.
En ese torbellino de risas contagiaron a los habitantes de otros libros quienes despertaron de su aburrimiento para subirse a la calesita voladora.
Vuelta tras vuelta, se fueron sumando más y más personajes conocidos que salían de sus libros para no perderse el espectáculo.
El Gato con Botas invitó a la Cenicienta para que lo acompañara, Caperucita desafió al Lobo, la Sirenita en el apuro salpicó con su cola, todavía mojada, a la pobre Blancanieves que dormía un hechizo y uno de los tantos príncipes llegó justo a tiempo.
A la hora señalada, una puerta transparente se abrió sobre ellos y, como estaban de aventura, decidieron atravesarla.
Emocionados y sorprendidos se encontraron de repente en el País de la Verdad, y en ese espacio sin formas se atrevieron a soñar.
Todo fue un golpe de suerte, porque la alegría no puede postergarse y para todo existe el momento oportuno.
Desde ese mundo verdadero ellos nos invitan a atravesar la puerta detrás de la cual la verdadera magia siempre es posible.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “Había una vez ¿Y después?”, Antología de Ana María Shua, María Inés Falconi, Adela Basch, Ángeles Durini, Olga Drennen, Graciela Pérez Aguilar, Mercedes Pérez Sabbi, Cecilia Pisos, Federico Combi; “Un golpe de buena suerte”, de Perla Suez; “La puerta para salir del mundo”, de Ana María Shua; y “La calesita voladora”, de Fabián Sevilla.
Historias Reflejadas
“El tesoro de un cuento”

El tesoro de un cuento
La historia se había desatado de a poco, como si cada palabra hubiera necesitado abrazarse a la siguiente para dar forma al relato y extenderlo, como si los rostros se ocultaran entre los renglones y espiaran detrás de los silencios.
El misterio estaba allí, adentro y afuera de las páginas, la magia atrapada en cada letra, un truco imposible de evitar. Las voces se estiraban entre puntos y comas, mientras huían del miedo que corría apurado y las alcanzaba. Una puerta detrás de otra, la historia avanzaba en remolinos, claro sobre oscuro, blanco sobre negro, grises en las sombras del cuento.
Más allá, en los límites del final todo parecía aquietarse, ya no había vientos ni trucos. Ya no había dudas ni secretos. La verdad asomaba. Alguien había encontrado su tesoro.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes relatos: “Mago”, de Fabián Sevilla con ilustraciones de Pablo Pino; “El secreto de la casa gris”, de Gabriela Armand Ugon con ilustraciones de Carlos Manuel Díaz; “El sospechoso viste de negro”, de Norma Huidobro con ilustraciones de Alberto Pez; y “Sombras y temblores”, de Olga Drennen con ilustraciones de Vik Arwen (Project)
Historias Reflejadas
“Palabras de fuego”

“Palabras de fuego”
Un eco de voces lejanas, guardadas en la memoria del fuego, permanece entre las llamas y se expande.
Las palabras ascienden sobre el humo del tiempo, son palabras de aire que giran en las bocas de aquellos que las escucharon, son chispas que se avivan entre las chispas, son silencios que recorren el origen de cada cosa para descubrirlas.
Hay criaturas escondidas en las palabras del fuego, criaturas elásticas que emergen de un fogón antiguo y se manifiestan entre las raíces que las sostienen.
Hay historias que ruedan entre los oídos atentos, historias livianas que se convierten en mitos, que se vuelven leyendas, que se multiplican en el punto exacto en el que se encienden para perpetuarse.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “El guardián del último fuego y otras leyendas argentinas”, de Cristina Bajo con ilustraciones de Alberto Pez; “Los amantes del Nahuel Huapi y otras leyendas tradicionales argentinas”, antología narrada por Julia Saltzmann; “El origen del fuego”, de Margarita Mainé y Héctor Barreiro con ilustraciones de Chachi Verona; “Patagonia, tiempo de leyenda”, de Gustavo Roldán; y “Bestiario mitológico, seres fantásticos de la Argentina”, de Leo Batic.
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