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Literatura

Tres libros de autoras argentinas entre los mejores de habla hispana del siglo XXI

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Luego de que el diario The New York Times presentara en julio pasado su lista de los mejores libros publicados en el siglo XXI, muchas voces se alzaron a modo de protesta. Como respuesta a eso, el portal de la BBC en español elaboró su propio ranking con la opinión de 38 expertos de diversas universidades españolas y latinoamericanas que eligieron los 20 mejores libros escritos originalmente en español desde el 1° de enero de 2000, entre los que figuran las obras de tres autoras argentinas: Gabriela Cabezón Cámara, Mariana Enriquez y Samanta Schweblin.

Las listas, al final, más que para establecer un orden de preferencia o de calidad, sirven para recuperar títulos que algunos no recordábamos, o que no sabíamos que habían gustado tanto. Nadie duda de la calidad de los tres primeros seleccionados, que están en boca de todos desde su publicación, pero algunos de los otros libros seleccionados pueden suponer un descubrimiento para muchos lectores.

2666, de Roberto Bolaño

Durante bastante tiempo soñé con Hans Reiter, personaje de 2666. Hans Reiter volvía a mí como cada tarde de domingo. Del mismo modo, la frialdad policial de las fichas sobre esas mujeres muertas, violadas, desaparecidas, torturadas se convertía en un fuego de rabia y dolor.

Roberto Bolaño parece anunciar en 2666 el final de Occidente, un apocalipsis caótico en el que los personajes se mueven en espacios de difícil definición, de contornos marcados por fronteras difusas e irreales; espacios habitados, en gran medida, por seres conocedores del horror.

Los murmullos fantasmales de Juan Rulfo ya no se pueden escuchar debido a los gritos no menos fantasmales que salen del violento horror de la frontera mexicana, de la Santa Teresa de Bolaño, aunque ahí, junto a las putas y los ejecutivos vemos también a las “indias con bultos a la espalda”, las mismas indias fotografiadas por Rulfo que han llegado a un destino en el que solo se las permite seguir cargando eternamente con sus bultos.

Isabel Giménez Caro, profesora titular de Literatura española, Universidad de Almería

El infinito en un junco, de Irene Vallejo

El infinito en un junco, de Irene Vallejo, ofrece un asombroso viaje por la historia de los libros, piezas de tiempos entrelazados a través del papiro, el pergamino y el papel.

Así, este ensayo nos invita a un recorrido que va desde los clásicos griegos hasta los manuscritos medievales, pasando por la Biblioteca de Alejandría, los talleres de copistas y las pantallas digitales.

Todo ello entretejiendo con maestría una gran cantidad de fuentes historiográficas, literarias y culturales junto a experiencias íntimas acerca del diálogo infinito que implica la preservación del conocimiento, la cultura y la identidad en el corazón de la palabra escrita.

María Di Muro Pellegrino, profesora e investigadora del Centro de Investigación y Formación Humanística, Universidad Católica Andrés Bello

La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Publicada en el año 2000, La fiesta del chivo puede que sea la última de las grandes novelas del escritor hispano peruano Mario Vargas Llosa, tras títulos de la relevancia de La ciudad y los perrosLa casa verde, La guerra del fin del mundo y, sobre todo, Conversación en la Catedral.

Supone, además, la culminación de toda una serie de excepcionales relatos de diferentes autores –El señor PresidenteYo, el supremoEl otoño del patriarca, etc.- que tienen como principal objetivo llevar a cabo una profunda reflexión sobre las dictaduras en América Latina. La obra de Vargas Llosa destaca, además, por su estilo y fuerza narrativa.

José Belmonte Serrano, profesor de Literatura Española, Universidad de Murcia

Tu rostro mañana, de Javier Marías

Tu rostro mañana, de Javier Marías, es una trilogía compuesta por Fiebre y lanza (2002), Baile y sueño (2004) y Veneno y sombra y adiós (2007). En ella, el autor explora a través de sus personajes diversos episodios de la historia reciente, personas y acontecimientos que han quedado marginados u olvidados, con los que se entremezcla la experiencia de su protagonista, Jaime Deza.

A través de una prosa que evoca la narrativa del grand style, Marías va construyendo un mundo en el que se funden las tramas de la novela de espías, la novela de campus y los acontecimientos históricos más relevantes del siglo XX, en una narración envolvente que arrastra al lector mientras reflexiona sobre el propio proceso de escritura y la constitución de un mundo en que ficción y realidad tienen límites muy difusos.

Juan José Lanz Rivera, catedrático de Literatura Española, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura

Esta novela se asemeja a las grandes del boom latinoamericano por su vocación totalizadora y su ambición histórica e identitaria, y se coloca al margen del marasmo de dudas, pensamiento débil y rendiciones distópicas de una gran parte de las novelas de nuestro siglo.

Padura sigue los cánones de la novela histórica moderna y ofrece un fresco monumental, como muy pocos se atreven a intentarlo, de una época en la que los regímenes totalitarios y el terror asolaron el mundo occidental, con un estilo muy ameno, sin dar lecciones de historia, por el que los lectores quedan subyugados, y tratan de establecer conexiones entre las diferentes historias que se combinan en el relato.

Yannelys Aparicio, catedrática de Literatura, Universidad Internacional de La Rioja

Crematorio, de Rafael Chirbes

La obra de Rafael Chirbes era apreciada por los críticos, pero desconocida en buena medida por los lectores hasta la aparición de Crematorio, una novela que anticipó el desastre económico que sufriría el mundo occidental a inicios del siglo XXI.

En un pueblo inventado de la costa levantina tiene su emporio comercial el arquitecto Rubén Bertomeu. Su riqueza se sustenta no solo en el hormigón, sino en inmoralidades públicas y privadas. Realiza actividades que todos los personajes de su entorno familiar parecen cuestionar, pero de las que no dudan en aprovecharse al máximo.

En el escaso tiempo que dura el traslado, desde el tanatorio hasta el crematorio, del cadáver del hermano de Rubén, Matías, todos los personajes, en largos e intensos monólogos interiores, reflexionan sobre la mezquindad que domina sus vidas.

Chirbes dibuja el declive de una época y un país a través de una familia en concreto, porque la destrucción del paisaje mediterráneo corre en paralelo a la destrucción moral de los Bertomeu.

José María Fernández Vázquez, profesor de Literatura Española, Universidad Pablo de Olavide

Pequeñas mujeres rojas, de Marta Sanz

Esta novela policiaca cuenta la historia de la saga familiar constituida por Jesús Beato a partir del enriquecimiento que experimentó con las interesadas delaciones ofrecidas a los falangistas en el verano de 1936.

El estigma de esta familia es la codicia y el crimen codicioso, y las muertes causadas por los Beato alimentan esta trama negra.

La novela edifica un monumento –no de piedra y no vandalizable– a la memoria y a la épica de los vencidos y las vencidas (pequeñas mujeres rojas) en la guerra civil española. Constituye un alarde estilístico, de estructura y de técnica literaria, que explora los modos de representación de la violencia y del dolor.

Con este fin proyecta la trama sobre el relato fantástico y de terror, en particular sobre las producciones de la factoría Disney desde los tiempos clásicos del “tío Walt” a los más recientes de Tim Burton.

María Ángeles Naval, catedrática de Literatura española, Universidad de Zaragoza

Lectura fácil, de Cristina Morales

La obra de Cristina Morales puede definirse como una apuesta decidida por la implosión del texto literario convencional. Pocas novelas hispánicas del siglo XXI llevan más lejos esa demolición que “Lectura fácil”, de la mano de sus cuatro voces narrativas y del lenguaje empleado, así como de los mecanismos y materiales que nutren la trama.

Pero, además, muy pocas de esas ficciones están insufladas por un propósito tan radical como sería el cuestionamiento de la noción de “discapacidad intelectual”. Su calado es de orden estético y ético; su creación, un logro ante el que palidece la cultura más adocenada.

Rafael Manuel Mérida Jiménez, catedrático de Literatura española y de estudios de género, Universitat de Lleida

Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara

Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara, es la primera novela del siglo XXII.

Lo mejor no es su re-escritura neobarroca, carnavalizada y paródica de la obra fundacional argentina, El gaucho Martín Fierro, a través de una prosa lírica salpicada de spanglish, guaraní y una mezcla procaz de géneros gramaticales, identidades, temporalidades y espacios, sino el genial hallazgo de que para subvertir el canon –patriarcal, mesocrático y colonial– no basta con hacer visible a las autoras y textos olvidados, sino que hay que travestir la propia ficción y su crítica. Sólo así el futuro literario será un poco más transfeminista. Y feliz.

Ana Gallego Cuiñas, catedrática de literatura latinoamericana en la Universidad de Granada, Universidad de Granada
 

Patria, de Fernando Aramburu

Patria destaca por el excelente diseño de los personajes novelescos, la coherencia de su discurso interior y dialógico con los hechos narrados y por la trabazón de causas y efectos que permea su evolución.

La polifonía del relato se conjuga magistralmente con la temática, pues aborda de una manera novedosa el tema de la violencia de ETA, transmitiendo el pensamiento de cada protagonista, sus creencias, ideas y sentimientos, a la vez que las causas subyacentes y explica desde su óptica su comportamiento.

Aporta desde la literatura una verdadera investigación histórica y social al tiempo que consigue emocionar y logra un disfrute estético e intelectual.

María Luzdivina Cuesta Torre, profesora de Literatura española, Universidad de León

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, reúne el horror sobrenatural característico del género gótico y los crímenes cometidos en la dictadura militar.

El vínculo entre ambos componentes es una familia privilegiada, iniciada en una secta que adora a un dios sanguinario al que llaman La Oscuridad.

Para asegurarse la protección de tal divinidad, los líderes de la familia secuestran a jóvenes a los que sacrifican en ceremonias tan violentas como lo fueron las torturas y desapariciones que la Junta Militar ejercía contra sus disidentes.

Al recurrir al gótico, Mariana Enriquez reflexiona sobre la realidad política de su país a la vez que se afirma en una tradición presente en Argentina desde principios del siglo XX.

Teresa Georgina González Arce, profesora investigadora del Departamento de Estudios Literarios, Universidad de Guadalajara

Distancia de rescate, de Samanta Schweblin

Distancia de rescate fue premiada con el Tigre Juan y el Ojo Crítico, nominada en 2017 al Booker International Prize, galardonada en 2018 con el Shirley Jackson, elegida por el Tournament of Books como mejor libro publicado en Estados Unidos y llevada al cine en 2021 por Claudia Llosa.

Se trata de una novela corta con los mejores rasgos del género: tensa, apabullante y terrorífica, introduce al lector en una espiral asfixiante desde su primera frase gracias al ritmo trepidante y el crescendo que le insufla la autora, especialista, además, en trazar perfiles psicológicos de gran profundidad.

Marcada a partes iguales por el lirismo y la potencia del diálogo, combina la denuncia ecosocial –mostrando los peligros del cultivo de glifosato en las comunidades campesinas más pobres– con la expresión del miedo a que aboca la experiencia de la maternidad.

Asimismo, transforma con maestría el característico locus amoenus en un espacio macabro, signado por la amenaza de la enfermedad a cada paso.

Francisca Noguerol Jiménez, catedrática de Literatura Hispanoamericana, Universidad de Salamanca

Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor

Temporada de huracanes da voz a una sociedad profundamente afectada tanto por la degradación medioambiental como por la violencia social.

La narrativa se articula a través de una polifonía de voces fragmentadas, cada una aportando una perspectiva particular sobre el brutal asesinato de la Bruja.

Mediante una prosa visceral y poética, que adopta características del flujo de conciencia y carece de divisiones en párrafos, Melchor ofrece un retrato descarnado de la condición humana en un entorno definido por la desesperanza.

Con resonancias del México de Juan Rulfo y el inframundo de “La Celestina”, la obra de Melchor examina desigualdades estructurales arraigadas, como la misoginia, la pobreza y la corrupción sistémica en un pueblo mexicano devastado por huracanes.

Goretti Teresa González, profesora de Literatura, IE University

Soldados de Salamina, de Javier Cercas

La literatura ha de ser necesariamente un espejo donde se mire la imaginación. Es una huida que nos acerca a la realidad de la que se finge escapar.

De ese juego de sombras y de luces nacen siempre las grandes obras, desde El Quijote a Soldados de Salamina, la novela con la que Javier Cercas dio un salto acrobático hacia un número infinito de lectores, renovó la novela de testimonio, convirtió la Guerra Civil y sus secuelas en materia literaria y recordó al mundo que el escritor –libre de géneros y leyes– es dueño y señor de sus historias, ya sean propias o de todos.

José Luis Vicente Ferris, profesor de Literatura Española, Universidad Miguel Hernández

Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes

Los pacientes del doctor García es una novela de ritmo ágil, impetuoso incluso, y prosa limpia, mimada, sin concesiones.

Las historias entrecruzadas que crea la autora se narran desde diferentes puntos de vista y tejen un tapiz humano denso y reconocible, en la estela de la novela realista del siglo XIX, con Galdós al fondo.

El resultado es una lectura estimulante, que nos reconcilia con los textos atractivos, poliédricos y formalmente bien armados.

Este episodio de una guerra interminable, una de las mejores versiones de la mejor Almudena Grandes, ha sido capaz de seducir tanto a críticos como a académicos, así como a un amplio espectro lector que, desde hace más de un lustro, ratifica su relevancia.

Montserrat Ribao Pereira, catedrática de Literatura Española, Universidade de Vigo

El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza

“El tiempo lo cura todo, excepto las heridas”. Esta es la historia novelada de la vida de Liliana, hermana de la autora, quien fue asesinada en julio de 1990 por un exnovio en Ciudad de México.

La novela trata del feminicidio en México como trasfondo, pero en realidad habla sobre las mujeres y la violencia en sus vidas, la impunidad de los delitos, y sobretodo del duelo y cómo lo procesa cada quien a su manera.

Un trabajo de reconstrucción familiar doloroso que es a la vez la reconstrucción memoriosa de nuestra sociedad. Liliana es más que su muerte. Liliana podemos ser (somos) todas.

María Teresa Orozco López, profesora de Escritura Creativa y Literatura Infantil, Universidad de Guadalajara

Ordesa, de Manuel Vilas

Ordesa, de Manuel Vilas, nos ofrece una versión sumamente original de un viejo tema literario como es el duelo por la pérdida de los padres.

En la novela asistimos a un emocionante y desgarrador desnudo del propio autor, donde deja aflorar de manera muy convincente, apenas sin encubrimientos ni trucos literarios, sus miedos, fobias y temores ante la pérdida, la soledad, la muerte y el fracaso, con los que lograron empatizar muchísimos lectores.

Pero, sobre todo, Ordesa nos deslumbra por esa inconfundible “marca Vilas”, un estilo único y especialmente reconocible, que aúna lucidez, valentía y elegancia con un inteligente sentido del humor.

Teresa Gómez Trueba, catedrática de Literatura Española, Universidad de Valladolid

Los aires difíciles, de Almudena Grandes

Los aires difíciles son los vientos que se cruzan en la costa gaditana –el levante y el poniente–, pero también son metáforas de las vidas de Juan Olmedo y Sara Gómez.

Ambos personajes escapan de un pasado en Madrid que les atormenta y en el entorno de una urbanización turística se encontrarán gracias a la asistenta de ambos, Maribel.

Los aires difíciles es una extraña historia de amistad entre desconocidos que nunca se hubieran encontrado en la que sin tapujos abren sus corazones para que los vientos del sur arrastren las propias pesadumbres que lastran sus vidas en busca de un futuro posible.

José María Fernández Vázquez, profesor de Literatura Española, Universidad Pablo de Olavide

Línea de fuego, de Arturo Pérez Reverte

Línea de fuego recrea la batalla del Ebro de la guerra civil española con un relato más atento a la intrahistoria unamuniana que a la dimensión histórica de la contienda.

Y este es, creo, su principal atractivo: saber mirar en profundidad a los hombres y mujeres que protagonizaron los hechos (sus sentimientos, sus miedos, sus expectativas, sus esperanzas, sus valores, sus miserias) y justipreciar, en un logrado y nada fácil equilibrio, cuánto de admirable y cuánto de reprobable hubo en ambos bandos, con un estilo caracterizado por la intensidad narrativa, la precisión en los detalles y la viveza en los diálogos.

Santiago Alfonso López Navia, catedrático de Filología, Universidad Internacional de La Rioja

Hecho en Saturno, de Rita Indiana

El viaje de desintoxicación de Argenis Luna a La Habana, desde su natal Santo Domingo, nos lleva a enfrentarnos con el desencanto de una revolución fallida y la desilusión ante unos ideales artísticos consumidos por el capitalismo.

En esta magistral novela de la escritora dominicana Rita Indiana, una de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana del siglo XXI, Argenis encarna las contradicciones de una generación que ha quedado a la deriva ante el derrumbe de los relatos redentores de unas ideologías que, como Saturno, han devorado a sus hijos.

María Teresa Vera Rojas, profesora e investigadora de literatura hispanoamericana y española, Universitat de les Illes Balears

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

Feria del Libro

Se pone en marcha la 7ma. edición de la Feria del Libro de Malvinas Argentinas

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Desde este viernes y hasta el 21 de septiembre, con entrada gratis, se realizará la 7ma. edición de la Feria del Libro de Malvinas Argentinas, con propuestas para todas las edades. Florencia Canale, Darío Sztajnszrajber, Reynaldo Sietecase, Julia Rosemberg, Beta Suárez, Margarita Luz Tarot, Hernán Navarro, Ariel Bosi, Miguel Rep y Pedro Saborido, serán algunos de los autores que participarán en esta nueva edición.

El acto inaugural será este viernes 11 de septiembre a las 11 y las palabras de apertura estarán a cargo de Leonardo Nardini, intendente del Municipio de Malvinas Argentinas, y de Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro.

“Cada edición de la Feria nos recuerda que la lectura es un derecho y que debe estar al alcance de todos. Por eso recibimos a miles de estudiantes, docentes y vecinos, garantizando que cada chico pueda llevarse su libro con el chequelibro, y ofreciendo un escenario donde escritores locales y personalidades de la cultura comparten sus obras y experiencias. Este encuentro abre puertas: a nuevas historias, a nuevos conocimientos, a voces que de otro modo no tendrían lugar. Es un espacio donde las familias se reúnen para compartir y los más jóvenes encuentran inspiración”, expresó Nardini.

En tanto, Rainone manifestó que “celebrar una nueva edición de la Feria del Libro de Malvinas Argentinas confirma la potencia de la articulación colectiva. Desde hace siete años, la Fundación El Libro tiene el orgullo de coorganizar este encuentro que no solo se consolidó en el calendario bonaerense, sino que hoy es un modelo de gestión cultural para todo el país”.

La Feria contará con más de 60 stands de expositores y una amplia programación que incluye conferencias y charlas, presentaciones de libros y diferentes actividades culturales y educativas. Funciones teatrales para toda la familia, espectáculos de narración oral y talleres de la Asociación de Dibujantes de Argentina (ADA), Martín Fierro Trap: una experiencia de lectura freestyle en clave gauchesca; y los sábados autores y bookfluencers como Flor Dapiaggi, Mila Kate, Gianna Freire y Meli Corbetto, se sumarán a la movida juvenil para debatir lecturas y repasar la actualidad de los libros para jóvenes que se editan en Argentina.

Escuelas y chequelibro

Los alumnos que visiten la Feria con sus delegaciones escolares recibirán un chequelibro por el valor de diez mil pesos, para utilizar en la compra de libros dentro del predio.

Además podrán participar de talleres de arte, espectáculos de narración oral para las infancias y actividades participativas para estudiantes secundarios.

Datos

  • Fecha: Del 11 al 21 de septiembre
  • Días y horarios: lunes a viernes de 9 a 20 horas / Sábados, domingos y feriado de 12 a 21 horas.
  • Lugar: Avenida Presidente Perón 4276, Ciudad de Malvinas Argentinas (Inmediaciones del
  • palacio municipal).
  • Entrada: libre y gratuita.

(Fuente: Prensa Feria del Libro)

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Textos para escuchar

El niño de las avispas – Victoria Bayona

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Victoria Bayona lee su cuento El niño de las avispas


“¿Por qué lo seguían?”, se preguntaban los habitantes de Cuerno Callado. Por un tiempo, nada más. Después, aunque parezca difícil de creerse, se olvidaron de él. Como si se hubiera desvanecido, no recordaban si había existido o lo habían soñado.

Fermín nació una madrugada en la que las estrellas parecían querer quedarse un tiempo más para esperarlo. Alrededor de las siete, un llanto menudo resonó en la casa. Los primeros insectos atravesaron la ventana poco después. Rodearon la cesta de trigos enlazados que les había regalado el hijo de un terrateniente. La madre reposaba aun dolorida por el parto, y fue el padre quien se encargó de espantarlos. Cerró las hojas de vidrio y vio cómo se agolpaban al otro lado. Buscaban cualquier resquicio para ingresar, rodeando el hogar con zumbidos y golpeteos. Lo que en un principio pareció un capricho curioso de la naturaleza, a los padres terminó por asustarles.

Cubrieron la cuna con velos, sellaron cada hueco, se ocuparon cuidadosamente de abrir solo unos segundos las puertas al entrar y salir, y consiguieron, por escasos meses, mantener a los invasores a raya. Pero Fermín crecía y, después de gatear, caminó. Tan pronto pudo acercar los bancos a los picaportes, era él quien dejaba entrar la plaga y la casa se llenaba de nubes bulliciosas.

Fue examinado por médicos, brujos y curanderas. Nada parecía explicar la atracción que sentían las criaturas por el niño. Picaban a cuanta persona estuviera al alcance. Al niño no. A él lo perdonaban de sus aguijones. Los padres entendieron que algo estaba realmente mal cuando escucharon que la primera palabra que su hijo pronunció fue “avispa”.

—¡No podemos seguir así! —gritó la madre un día, mostrándole al marido sus brazos lacerados—. ¡No podemos!

Lloraba a los gritos, y el niño la observaba parado, aferrado a los barrotes de la cuna. Al menos diez avispas revoloteaban a su alrededor. Cada vez que alguno de sus padres quería levantarlo, lo atacaban.

—Esto tiene que parar —repetía la mujer, hecha un ovillo sobre la cama—, tiene que parar.

Un extraño resentimiento crecía en sus corazones hacia el hijo. Al principio intentaron protegerlo, pero se fueron dando cuenta que los insectos no eran una amenaza para él, al contrario, parecía disfrutar su compañía. Pasaban los años y, aunque aun no pudieran confesarlo en voz alta, comenzaban a planear cómo deshacerse de él.

Casi sin mediar palabra, fueron construyendo una casita entre Cuerno Callado y Casadelmar, rodeada de árboles frondosos, bastante alejada del pueblo. Le pusieron un camastro rústico, una mesa, alacenas repletas de comida. Su plan era ir cada mediodía y cada noche a alimentarlo, que el niño durmiera allí, rodeado de los insectos sin que los afectara a ellos.

Cuando llegó el día, la madre tenía un ojo inflamado por una picadura. El padre ponía sobre las suyas un ungüento que les había formulado una curandera de Puerto Espinos. Hartos del martirio, esperaron a que Fermín, que ya tenía seis años, estuviera dormido. Lo envolvieron en una manta y lo dejaron en la cama que habían hecho para él. Lo miraron unos segundos. Cuando las avispas comenzaron a habitar la casa, huyeron.

Al día siguiente amanecieron sintiéndose extraños. El silencio era pesado. Poderoso. No había dentro de su casa un solo insecto. Nada les picaba. El cuerpo no ostentaba nuevas picaduras. Pero su hijo les faltaba. La madre rompió en llanto. El padre lloró también.

—¿Qué hicimos? —se reprocharon.

Salieron disparados rumbo a la casilla. Se convencieron de que encontrarían otras maneras de poder criarlo, que lo que habían ideado era una locura, que habían estado bajo los influjos de la alucinación producida por las picaduras. Que quizás el niño no hubiera despertado y nunca se enterara de que había pasado la noche lejos.

Cuando llegaron, Fermín no estaba. Desde entonces lo buscaron por todas partes. Pero el niño de las avispas nunca apareció.

Abrió los ojos. El olor era nuevo. Olor a madera. A bosque. Esa no era su casa, no era su cama, sin embargo se sentía bien ese despertar. Tan pronto se incorporó, varias avispas lo rodearon. Miró a un lado, a otro, era una casa pequeña. ¿Por qué estaba ahí? ¿Cómo había llegado? No sabía las respuestas a muchas de esas preguntas, pero en su inocencia terminó de entender algo que rompió su corazón: sus padres ya no lo querían.

Una extraña libertad latió en el pecho lastimado: nada lo aferraba al mundo en el que le tocó nacer. Si no corrió antes había sido por quedarse con ellos. Pero en ese momento, confirmó que había ocurrido algún error y que al fin podía enmendarlo. Extendió la mano con la palma al cielo y varios insectos se posaron en ella. Sonrió. Se sentía conectado con esas criaturas que habían sido desde siempre su familia. Por fin estaba en casa.

Corrió a través de los árboles añosos hacia lugares donde nunca había ido antes. Las avispas lo guiaban. Formaban hordas numerosas y, al pasar, los habitantes del bosque los miraban asombrados. Después de mucho tiempo, se detuvieron. Llegaron a una pared de roca que en su base tenía una zona ahuecada. Fermín sintió muchas ganas de descansar allí. Se quitó la ropa y se acurrucó en la superficie dura y fría, pero no le incomodó. Había algo reconfortante en esa rusticidad, en ese estar desnudo sin nada que lo separara de la naturaleza. Cerró los ojos y se sumió en un sueño muy profundo. Tan profundo que no advirtió las redes que los insectos tejían a su alrededor.

Despertó después de muchos meses. No abrió los ojos porque ya no tenía párpados. Simplemente pudo ver, ver. Una película lo separaba del mundo. Extendió sus brazos y rompió la crisálida que lo albergó durante su sueño. Podía sentirlo todo. La savia fluyendo en las venas de las plantas, el andar de las hormigas, el latir acelerado en el corazón de los animales. La brisa, la tierra que palpitaba en la base de sus pies. Se llevó las manos a la cara. La sintió huesuda. Sabía que algo se había transformado y quería verlo. Caminó, el instinto le indicaba dónde encontraría agua. Un séquito de avispas lo siguió.

Finalmente, el reflejo de un lago le sirvió de espejo. Su rostro se había alargado y sus ojos eran redondos, negros y brillantes. Su nueva apariencia no le disgustaba. Estaba aún estudiando sus facciones cuando sucedió lo más maravilloso: detrás de su espalda comenzaron a desplegarse destellos transparentes, un abanico mágico, el sueño que había tenido incluso antes de existir: le habían crecido alas.

Eran miles los insectos que se habían agolpado a presenciar el gran fenómeno. De pronto sus zumbidos se aunaron en uno y parecieron entonar una curiosa melodía. Estaban dándole la bienvenida. Él zumbó también. Hablaba la lengua de los insectos. Con ellos fue que se asentó en un lugar apartado y juntos construyeron un avispero magnífico, la fortaleza de cera y barro que se convertiría en el castillo de Fermín.

Con el tiempo fue olvidando sus años con los hombres. Olvidó primero el sabor de la comida, las camas, las plantas en macetas, el idioma de Cuerno Callado. Olvidó los horarios, las rutinas. Las visitas y los cantos. Y lo último que olvidó, como si no hubiera querido olvidarlas nunca, fueron las manos de su madre y la risa de su padre. Vivía con sus amigos en su nuevo hogar, recorría los alrededores, en ocasiones auxiliaba a aquellos animales que lo necesitaban. Se había convertido en un ser generoso que trabajaba por el bienestar del bosque.

Pasó una mañana. Escuchó un sonido como ningún otro. Se acercó, sigiloso, hacia donde si oído lo guiaba. En medio de un claro entre los árboles, la vio. Una joven muy bella seleccionaba y recogía plantas para luego guardarlas en su delantal. Mientras realizaba su labor, cantaba. Su canto le devolvió todo lo que había olvidado.

—Mamá —murmuró, en aquella lengua que no había usado en años.

Los ojos se le volvieron acuosos y su corazón pareció quebrarse una vez más.

Así lo encontró la joven. Aferrando sus rodillas, con la cabeza oculta.

—¿Qué pasa? —le preguntó.

Su voz era extremadamente dulce, como si no hubiera dejado de cantar.

Fermín alzó la vista. Por un segundo la muchacha se sobresaltó al enfrentarse a esos ojos negros y profundos. Solo después reparó en sus alas. Intentó que su asombro no se reflejara en sus facciones.

Fermín era un adolescente ya y había acumulado muchos años de rencores. Ver a la muchacha le abrió una herida aneja. De pronto estaba enojado. Enojado con su pasado, con sus padres, con sentirse solo en su singularidad. No lo pensó. La aferró entre sus brazos y voló hasta el castillo de cera, a encerrar a la joven que dolía en una torre de polen y de miel.

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Historias Reflejadas

“La brisa de la paz”

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La brisa de la paz

El viento sopla verdades, expandidas en el aire, con el olor de la muerte. En la profundidad de un silencio conveniente se esconden las tragedias del alma atormentada.

Una sombra cruza las miradas calladas, los ojos parpadean un llanto quieto.

La oscuridad del pasado busca emerger desde las entrañas de la tierra. Las voces calladas, prisioneras de un mutismo obligado, necesitan expresarse.

Todo está congelado en un instante difuso en el que quedaron atrapados los recuerdos inmóviles.

La sangre burbujea los odios que laten en las almas y se derraman en lagunas moradas, espejos en los que se refleja una pasión descontrolada.

Es posible mirar por encima de las guerras, aplacar la música que las contiene, atravesar las ideas y los motivos para trascenderlas.

Conviene bordear los caminos y abrirse paso entre los túneles de una historia encerrada en complicidades compartidas.

En un vértice de la guerra se eleva, tímida, la brisa de la paz.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “Napalpí, atrapada en el viento”, de Gabriela Exilart; “Mujeres de invierno”, de Luis Carranza Torres; “Un día las sombras hablarán”, de Sara Bonfante; y “Traslasierra”, de Andrés Rivera.

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