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Literatura

Tres libros de autoras argentinas entre los mejores de habla hispana del siglo XXI

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Luego de que el diario The New York Times presentara en julio pasado su lista de los mejores libros publicados en el siglo XXI, muchas voces se alzaron a modo de protesta. Como respuesta a eso, el portal de la BBC en español elaboró su propio ranking con la opinión de 38 expertos de diversas universidades españolas y latinoamericanas que eligieron los 20 mejores libros escritos originalmente en español desde el 1° de enero de 2000, entre los que figuran las obras de tres autoras argentinas: Gabriela Cabezón Cámara, Mariana Enriquez y Samanta Schweblin.

Las listas, al final, más que para establecer un orden de preferencia o de calidad, sirven para recuperar títulos que algunos no recordábamos, o que no sabíamos que habían gustado tanto. Nadie duda de la calidad de los tres primeros seleccionados, que están en boca de todos desde su publicación, pero algunos de los otros libros seleccionados pueden suponer un descubrimiento para muchos lectores.

2666, de Roberto Bolaño

Durante bastante tiempo soñé con Hans Reiter, personaje de 2666. Hans Reiter volvía a mí como cada tarde de domingo. Del mismo modo, la frialdad policial de las fichas sobre esas mujeres muertas, violadas, desaparecidas, torturadas se convertía en un fuego de rabia y dolor.

Roberto Bolaño parece anunciar en 2666 el final de Occidente, un apocalipsis caótico en el que los personajes se mueven en espacios de difícil definición, de contornos marcados por fronteras difusas e irreales; espacios habitados, en gran medida, por seres conocedores del horror.

Los murmullos fantasmales de Juan Rulfo ya no se pueden escuchar debido a los gritos no menos fantasmales que salen del violento horror de la frontera mexicana, de la Santa Teresa de Bolaño, aunque ahí, junto a las putas y los ejecutivos vemos también a las “indias con bultos a la espalda”, las mismas indias fotografiadas por Rulfo que han llegado a un destino en el que solo se las permite seguir cargando eternamente con sus bultos.

Isabel Giménez Caro, profesora titular de Literatura española, Universidad de Almería

El infinito en un junco, de Irene Vallejo

El infinito en un junco, de Irene Vallejo, ofrece un asombroso viaje por la historia de los libros, piezas de tiempos entrelazados a través del papiro, el pergamino y el papel.

Así, este ensayo nos invita a un recorrido que va desde los clásicos griegos hasta los manuscritos medievales, pasando por la Biblioteca de Alejandría, los talleres de copistas y las pantallas digitales.

Todo ello entretejiendo con maestría una gran cantidad de fuentes historiográficas, literarias y culturales junto a experiencias íntimas acerca del diálogo infinito que implica la preservación del conocimiento, la cultura y la identidad en el corazón de la palabra escrita.

María Di Muro Pellegrino, profesora e investigadora del Centro de Investigación y Formación Humanística, Universidad Católica Andrés Bello

La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Publicada en el año 2000, La fiesta del chivo puede que sea la última de las grandes novelas del escritor hispano peruano Mario Vargas Llosa, tras títulos de la relevancia de La ciudad y los perros, La casa verde, La guerra del fin del mundo y, sobre todo, Conversación en la Catedral.

Supone, además, la culminación de toda una serie de excepcionales relatos de diferentes autores –El señor Presidente, Yo, el supremo, El otoño del patriarca, etc.- que tienen como principal objetivo llevar a cabo una profunda reflexión sobre las dictaduras en América Latina. La obra de Vargas Llosa destaca, además, por su estilo y fuerza narrativa.

José Belmonte Serrano, profesor de Literatura Española, Universidad de Murcia

Tu rostro mañana, de Javier Marías

Tu rostro mañana, de Javier Marías, es una trilogía compuesta por Fiebre y lanza (2002), Baile y sueño (2004) y Veneno y sombra y adiós (2007). En ella, el autor explora a través de sus personajes diversos episodios de la historia reciente, personas y acontecimientos que han quedado marginados u olvidados, con los que se entremezcla la experiencia de su protagonista, Jaime Deza.

A través de una prosa que evoca la narrativa del grand style, Marías va construyendo un mundo en el que se funden las tramas de la novela de espías, la novela de campus y los acontecimientos históricos más relevantes del siglo XX, en una narración envolvente que arrastra al lector mientras reflexiona sobre el propio proceso de escritura y la constitución de un mundo en que ficción y realidad tienen límites muy difusos.

Juan José Lanz Rivera, catedrático de Literatura Española, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura

Esta novela se asemeja a las grandes del boom latinoamericano por su vocación totalizadora y su ambición histórica e identitaria, y se coloca al margen del marasmo de dudas, pensamiento débil y rendiciones distópicas de una gran parte de las novelas de nuestro siglo.

Padura sigue los cánones de la novela histórica moderna y ofrece un fresco monumental, como muy pocos se atreven a intentarlo, de una época en la que los regímenes totalitarios y el terror asolaron el mundo occidental, con un estilo muy ameno, sin dar lecciones de historia, por el que los lectores quedan subyugados, y tratan de establecer conexiones entre las diferentes historias que se combinan en el relato.

Yannelys Aparicio, catedrática de Literatura, Universidad Internacional de La Rioja

Crematorio, de Rafael Chirbes

La obra de Rafael Chirbes era apreciada por los críticos, pero desconocida en buena medida por los lectores hasta la aparición de Crematorio, una novela que anticipó el desastre económico que sufriría el mundo occidental a inicios del siglo XXI.

En un pueblo inventado de la costa levantina tiene su emporio comercial el arquitecto Rubén Bertomeu. Su riqueza se sustenta no solo en el hormigón, sino en inmoralidades públicas y privadas. Realiza actividades que todos los personajes de su entorno familiar parecen cuestionar, pero de las que no dudan en aprovecharse al máximo.

En el escaso tiempo que dura el traslado, desde el tanatorio hasta el crematorio, del cadáver del hermano de Rubén, Matías, todos los personajes, en largos e intensos monólogos interiores, reflexionan sobre la mezquindad que domina sus vidas.

Chirbes dibuja el declive de una época y un país a través de una familia en concreto, porque la destrucción del paisaje mediterráneo corre en paralelo a la destrucción moral de los Bertomeu.

José María Fernández Vázquez, profesor de Literatura Española, Universidad Pablo de Olavide

Pequeñas mujeres rojas, de Marta Sanz

Esta novela policiaca cuenta la historia de la saga familiar constituida por Jesús Beato a partir del enriquecimiento que experimentó con las interesadas delaciones ofrecidas a los falangistas en el verano de 1936.

El estigma de esta familia es la codicia y el crimen codicioso, y las muertes causadas por los Beato alimentan esta trama negra.

La novela edifica un monumento –no de piedra y no vandalizable– a la memoria y a la épica de los vencidos y las vencidas (pequeñas mujeres rojas) en la guerra civil española. Constituye un alarde estilístico, de estructura y de técnica literaria, que explora los modos de representación de la violencia y del dolor.

Con este fin proyecta la trama sobre el relato fantástico y de terror, en particular sobre las producciones de la factoría Disney desde los tiempos clásicos del “tío Walt” a los más recientes de Tim Burton.

María Ángeles Naval, catedrática de Literatura española, Universidad de Zaragoza

Lectura fácil, de Cristina Morales

La obra de Cristina Morales puede definirse como una apuesta decidida por la implosión del texto literario convencional. Pocas novelas hispánicas del siglo XXI llevan más lejos esa demolición que “Lectura fácil”, de la mano de sus cuatro voces narrativas y del lenguaje empleado, así como de los mecanismos y materiales que nutren la trama.

Pero, además, muy pocas de esas ficciones están insufladas por un propósito tan radical como sería el cuestionamiento de la noción de “discapacidad intelectual”. Su calado es de orden estético y ético; su creación, un logro ante el que palidece la cultura más adocenada.

Rafael Manuel Mérida Jiménez, catedrático de Literatura española y de estudios de género, Universitat de Lleida

Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara

Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara, es la primera novela del siglo XXII.

Lo mejor no es su re-escritura neobarroca, carnavalizada y paródica de la obra fundacional argentina, El gaucho Martín Fierro, a través de una prosa lírica salpicada de spanglish, guaraní y una mezcla procaz de géneros gramaticales, identidades, temporalidades y espacios, sino el genial hallazgo de que para subvertir el canon –patriarcal, mesocrático y colonial– no basta con hacer visible a las autoras y textos olvidados, sino que hay que travestir la propia ficción y su crítica. Sólo así el futuro literario será un poco más transfeminista. Y feliz.

Ana Gallego Cuiñas, catedrática de literatura latinoamericana en la Universidad de Granada, Universidad de Granada
 

Patria, de Fernando Aramburu

Patria destaca por el excelente diseño de los personajes novelescos, la coherencia de su discurso interior y dialógico con los hechos narrados y por la trabazón de causas y efectos que permea su evolución.

La polifonía del relato se conjuga magistralmente con la temática, pues aborda de una manera novedosa el tema de la violencia de ETA, transmitiendo el pensamiento de cada protagonista, sus creencias, ideas y sentimientos, a la vez que las causas subyacentes y explica desde su óptica su comportamiento.

Aporta desde la literatura una verdadera investigación histórica y social al tiempo que consigue emocionar y logra un disfrute estético e intelectual.

María Luzdivina Cuesta Torre, profesora de Literatura española, Universidad de León

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, reúne el horror sobrenatural característico del género gótico y los crímenes cometidos en la dictadura militar.

El vínculo entre ambos componentes es una familia privilegiada, iniciada en una secta que adora a un dios sanguinario al que llaman La Oscuridad.

Para asegurarse la protección de tal divinidad, los líderes de la familia secuestran a jóvenes a los que sacrifican en ceremonias tan violentas como lo fueron las torturas y desapariciones que la Junta Militar ejercía contra sus disidentes.

Al recurrir al gótico, Mariana Enriquez reflexiona sobre la realidad política de su país a la vez que se afirma en una tradición presente en Argentina desde principios del siglo XX.

Teresa Georgina González Arce, profesora investigadora del Departamento de Estudios Literarios, Universidad de Guadalajara

Distancia de rescate, de Samanta Schweblin

Distancia de rescate fue premiada con el Tigre Juan y el Ojo Crítico, nominada en 2017 al Booker International Prize, galardonada en 2018 con el Shirley Jackson, elegida por el Tournament of Books como mejor libro publicado en Estados Unidos y llevada al cine en 2021 por Claudia Llosa.

Se trata de una novela corta con los mejores rasgos del género: tensa, apabullante y terrorífica, introduce al lector en una espiral asfixiante desde su primera frase gracias al ritmo trepidante y el crescendo que le insufla la autora, especialista, además, en trazar perfiles psicológicos de gran profundidad.

Marcada a partes iguales por el lirismo y la potencia del diálogo, combina la denuncia ecosocial –mostrando los peligros del cultivo de glifosato en las comunidades campesinas más pobres– con la expresión del miedo a que aboca la experiencia de la maternidad.

Asimismo, transforma con maestría el característico locus amoenus en un espacio macabro, signado por la amenaza de la enfermedad a cada paso.

Francisca Noguerol Jiménez, catedrática de Literatura Hispanoamericana, Universidad de Salamanca

Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor

Temporada de huracanes da voz a una sociedad profundamente afectada tanto por la degradación medioambiental como por la violencia social.

La narrativa se articula a través de una polifonía de voces fragmentadas, cada una aportando una perspectiva particular sobre el brutal asesinato de la Bruja.

Mediante una prosa visceral y poética, que adopta características del flujo de conciencia y carece de divisiones en párrafos, Melchor ofrece un retrato descarnado de la condición humana en un entorno definido por la desesperanza.

Con resonancias del México de Juan Rulfo y el inframundo de “La Celestina”, la obra de Melchor examina desigualdades estructurales arraigadas, como la misoginia, la pobreza y la corrupción sistémica en un pueblo mexicano devastado por huracanes.

Goretti Teresa González, profesora de Literatura, IE University

Soldados de Salamina, de Javier Cercas

La literatura ha de ser necesariamente un espejo donde se mire la imaginación. Es una huida que nos acerca a la realidad de la que se finge escapar.

De ese juego de sombras y de luces nacen siempre las grandes obras, desde El Quijote a Soldados de Salamina, la novela con la que Javier Cercas dio un salto acrobático hacia un número infinito de lectores, renovó la novela de testimonio, convirtió la Guerra Civil y sus secuelas en materia literaria y recordó al mundo que el escritor –libre de géneros y leyes– es dueño y señor de sus historias, ya sean propias o de todos.

José Luis Vicente Ferris, profesor de Literatura Española, Universidad Miguel Hernández

Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes

Los pacientes del doctor García es una novela de ritmo ágil, impetuoso incluso, y prosa limpia, mimada, sin concesiones.

Las historias entrecruzadas que crea la autora se narran desde diferentes puntos de vista y tejen un tapiz humano denso y reconocible, en la estela de la novela realista del siglo XIX, con Galdós al fondo.

El resultado es una lectura estimulante, que nos reconcilia con los textos atractivos, poliédricos y formalmente bien armados.

Este episodio de una guerra interminable, una de las mejores versiones de la mejor Almudena Grandes, ha sido capaz de seducir tanto a críticos como a académicos, así como a un amplio espectro lector que, desde hace más de un lustro, ratifica su relevancia.

Montserrat Ribao Pereira, catedrática de Literatura Española, Universidade de Vigo

El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza

“El tiempo lo cura todo, excepto las heridas”. Esta es la historia novelada de la vida de Liliana, hermana de la autora, quien fue asesinada en julio de 1990 por un exnovio en Ciudad de México.

La novela trata del feminicidio en México como trasfondo, pero en realidad habla sobre las mujeres y la violencia en sus vidas, la impunidad de los delitos, y sobretodo del duelo y cómo lo procesa cada quien a su manera.

Un trabajo de reconstrucción familiar doloroso que es a la vez la reconstrucción memoriosa de nuestra sociedad. Liliana es más que su muerte. Liliana podemos ser (somos) todas.

María Teresa Orozco López, profesora de Escritura Creativa y Literatura Infantil, Universidad de Guadalajara

Ordesa, de Manuel Vilas

Ordesa, de Manuel Vilas, nos ofrece una versión sumamente original de un viejo tema literario como es el duelo por la pérdida de los padres.

En la novela asistimos a un emocionante y desgarrador desnudo del propio autor, donde deja aflorar de manera muy convincente, apenas sin encubrimientos ni trucos literarios, sus miedos, fobias y temores ante la pérdida, la soledad, la muerte y el fracaso, con los que lograron empatizar muchísimos lectores.

Pero, sobre todo, Ordesa nos deslumbra por esa inconfundible “marca Vilas”, un estilo único y especialmente reconocible, que aúna lucidez, valentía y elegancia con un inteligente sentido del humor.

Teresa Gómez Trueba, catedrática de Literatura Española, Universidad de Valladolid

Los aires difíciles, de Almudena Grandes

Los aires difíciles son los vientos que se cruzan en la costa gaditana –el levante y el poniente–, pero también son metáforas de las vidas de Juan Olmedo y Sara Gómez.

Ambos personajes escapan de un pasado en Madrid que les atormenta y en el entorno de una urbanización turística se encontrarán gracias a la asistenta de ambos, Maribel.

Los aires difíciles es una extraña historia de amistad entre desconocidos que nunca se hubieran encontrado en la que sin tapujos abren sus corazones para que los vientos del sur arrastren las propias pesadumbres que lastran sus vidas en busca de un futuro posible.

José María Fernández Vázquez, profesor de Literatura Española, Universidad Pablo de Olavide

Línea de fuego, de Arturo Pérez Reverte

Línea de fuego recrea la batalla del Ebro de la guerra civil española con un relato más atento a la intrahistoria unamuniana que a la dimensión histórica de la contienda.

Y este es, creo, su principal atractivo: saber mirar en profundidad a los hombres y mujeres que protagonizaron los hechos (sus sentimientos, sus miedos, sus expectativas, sus esperanzas, sus valores, sus miserias) y justipreciar, en un logrado y nada fácil equilibrio, cuánto de admirable y cuánto de reprobable hubo en ambos bandos, con un estilo caracterizado por la intensidad narrativa, la precisión en los detalles y la viveza en los diálogos.

Santiago Alfonso López Navia, catedrático de Filología, Universidad Internacional de La Rioja

Hecho en Saturno, de Rita Indiana

El viaje de desintoxicación de Argenis Luna a La Habana, desde su natal Santo Domingo, nos lleva a enfrentarnos con el desencanto de una revolución fallida y la desilusión ante unos ideales artísticos consumidos por el capitalismo.

En esta magistral novela de la escritora dominicana Rita Indiana, una de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana del siglo XXI, Argenis encarna las contradicciones de una generación que ha quedado a la deriva ante el derrumbe de los relatos redentores de unas ideologías que, como Saturno, han devorado a sus hijos.

María Teresa Vera Rojas, profesora e investigadora de literatura hispanoamericana y española, Universitat de les Illes Balears

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

Literatura

Josefina Licitra ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela “Crac”

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La periodista y escritora argentina Josefina Licitra ganó el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2026 por su novela “Crac”, una obra de no ficción que explora la ruptura del vínculo con su padre y sus consecuencias sobre la memoria, la identidad y la escritura. El reconocimiento, dotado con 15.000 dólares, será entregado el próximo 2 de diciembre durante la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en México.

La autora, nacida en La Plata en 1975, fue elegida por unanimidad entre 135 postulantes de doce países. El jurado destacó su capacidad para transformar una experiencia autobiográfica en una reflexión literaria sobre el duelo, el desarraigo y los vínculos familiares.

“Crac” reconstruye el distanciamiento de Licitra con su padre, quien se exilió en Europa en 1978 y dejó de hablarle durante años por motivos que ella desconocía. Ese silencio también afectó su relación con la escritura, hasta convertirse en el punto de partida de una novela que combina recuerdos personales, investigación y recursos narrativos.

“‘Crac’ es un libro íntimo, doliente, un poco impúdico. Y fue escrito desde la incertidumbre”, expresó la autora tras conocer la distinción, que recibió con sorpresa, felicidad y alivio.

El jurado valoró especialmente el manejo de diferentes registros narrativos, el sentido del humor y el tratamiento del desarraigo. También destacó la estructura de la obra, que permite convertir una experiencia personal en un relato literario.

Licitra cuenta con una extensa trayectoria en el periodismo narrativo. Entre sus libros figuran “Los imprudentes”, “Los otros. Una historia del conurbano bonaerense”, “El agua mala” y “38 estrellas”. Actualmente dirige la edición de la revista de narrativa “Orsai”.

Con este reconocimiento, se suma a otras escritoras argentinas distinguidas con el Sor Juana Inés de la Cruz, como Tununa Mercado, Claudia Piñeiro, Camila Sosa Villada y Gabriela Cabezón Cámara.

El premio, creado en 1993, reconoce novelas escritas originalmente en español por mujeres. En esta edición, el jurado también otorgó una mención honorífica a la boliviana Giovanna Rivero por “Alma oscura del alba”.

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Textos para escuchar

El tiempo que nos une – Alejandro Palomas

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Alejandro Palomas lee un fragmento de su novela El tiempo que nos une


Es un vacío, un tropezón de aire que se te atraganta en los pulmones cada vez que respiras. Como un pellizco, a veces suave, a veces agudo y a traición. No es ni un antes ni un después. Es lo que no habrá de llegar. Sueños no articulados por falta de tiempo, no de imaginación. Es un crujido en el alma, eso es exactamente: el momento en que sabemos que tenemos alma porque la hemos oído crujir.
Es la muerte.
Es la muerte de una hija.
Es la muerte de una hija cuyo cadáver nunca apareció, empotrándome contra la peor de las preguntas: «¿Y si no? ¿Y si no fue? ¿Y si no fue y sigue viva en alguna parte?».
Es invocarla en secreto.
Es no bajar nunca al mar por miedo a ver entre las rocas alguna señal, algún rastro de ella.
Es seguir nadando de espaldas contra las olas, a ciegas, sin miedo a tocar lo intocable. Aprender a vivir con un jadeo de angustia al despertar por la mañana. No está. Mi hija no está. Salió a navegar y desde entonces no existe. ¿Qué madre se conforma con eso? Helena y su ausencia. Yo no sé hablar de muerte. Helena no está.
Está ida.  Literalmente. Exactamente.
Me dijeron que era más fácil así. Que si hay que perder a un hijo, más vale que sea de golpe, desde lo inesperado, que no haya tiempo para predecir, que el dolor no logre hacerse hueco entre él y tú por la puerta de la enfermedad. La muerte de un hijo es inexplicable. Ningún padre es capaz de imaginarla, por mucho que te la cuenten, por mucho testimonio y mucha confesión en primera persona que intenten hacerte llegar. No es posible. No es pensable. Incapacita la mente.
Si es accidente, el tiempo se paraliza y la vida se te cae de las manos como una hucha medio llena, estampándose contra el suelo, hecha añicos. Dedicas el resto de tu tiempo a pegar trozos, montando un rompecabezas inmenso sobre la mesa del salón mientras lo que queda va devolviéndote poco a poco una cara que no reconoces, que no te interesa.
Si es enfermedad, el tiempo gasta y mancha, matando a contrarreloj.
Pero si es accidente y no hay cuerpo que velar, queda siempre la imaginación. Sólo una madre de un hijo ausente lo sabe: la combinación trenzada de duelo, ausencia e imaginación crea monstruos.
Un día, hace un par de años, después de oírme hablar por teléfono con Helena, Flavia me dijo que lo que más envidiaba de mí era la relación que tenía —y que tengo aún— con mis hijas.
—Sobre todo con Helena —añadió, un poco a disgusto, torciendo la mirada para que no pudiera verle los ojos.
Sonreí al oírla hablar así. Quién me iba a decir a mí veinte años antes que mi niña mayor, ese iceberg de ojos blancos y manos de alambre que durante tanto tiempo me había convertido en el espejo de la peor de sus sombras, era, desde las dos semanas que habíamos pasado juntas en Berlín, mi mejor amiga.
—Qué extraño, ¿no? Con lo mal que os habíais llevado siempre —continuó Flavia, como no hablándole a nadie—. Y de repente, así, sin más…
Sin más. Claro. Cómo no.
Sin más no, Flavia.
Helena nunca me perdonó como madre. Probablemente, a su edad era ya consciente de que nunca aprendería a hacerlo. La madrugada en que la llamé a Berlín y me dijo que estaba embarazada, no supe oír lo que no me estaba diciendo. «Lía», eso fue lo que dijo. Lía. Mi hija decidió entonces rebautizarme con mi propio nombre y despojarme del papel que no había sabido representar para ella. Incapaz de dejar de odiar a su madre, tenía que cambiarla por otra, había que matarla para dejar entrar a Lía, para dejarme entrar.
Porque no hay hija capaz de pedirle a una madre que la ayude a deshacerse de su bebé. Ni siquiera cuando corre peligro su vida.
A una amiga sí. A Lía sí.
Sin más no, Flavia.
La ayudé, claro.
Muerta la madre, llegó la amiga. No hubo nada que perdonar. Ningún reproche. Lía y Helena. Nos reinventamos. Supimos hacerlo y funcionó. Nadie lo entendió.
Y Martín empezó a odiarme.
Desde hace meses vivo convencida de que es imposible entender la muerte de alguien como Helena. Imposible concebir la existencia de un ser como ella. Hay personas así, es cierto. Son pocas y parecen demasiado humanas, de vida demasiado grande para la pequeñez de lo vivido. Ésa era Helena. Cuando hablabas con ella, tenías la sensación de estar compartiendo unos minutos preciosos con alguien que había llegado a la vida aprendida, con las cartas marcadas, siempre dispuesta a darte una lección con esa alegría que a mí me robaba el aliento y con esas verdades generosas y a bocajarro que te arrugaban el corazón y de las que ella ni siquiera era consciente.
Desde que se fue, ya nadie me llama Lía. No con su voz. No desde un aeropuerto entre el rebote de voces aburridas de las azafatas de tierra anunciando vuelos. Desde que se fue, no consigo encontrarme la mía. Mi voz. La de la amiga.
“Mala mar. Hija de puta”, me oigo pensar con una sonrisa de vergüenza, apartando en seguida los ojos de una enorme vela blanca que cruza el horizonte más cercano y que no tarda en perderse cielo adentro. Una vela. Ocultándose tras el faro.
—Mala mar. Hija de puta —susurro sin darme cuenta mientras partimos y vamos alejándonos poco a poco desde el pequeño embarcadero rumbo a la isla.

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Literatura

Luciano Sposari lanzó “Yo no soy raro, el mundo sí”

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El músico y escritor Luciano Sposari (sobrino de Ignacio Copani) lanzó el libro “Yo no soy raro, el mundo sí”, un texto que nace desde la experiencia como padre de un niño autista y una mirada distinta acerca del tema. 

El libro, que cuenta con prólogo de Hernán Casciari y fuera editado por Editorial Orsai, tendrá su salida oficial el 14 de noviembre y ya se encuentra disponible para la compra en la tiendo virtual del sello.

La obra que Sposari lanza el mismo día de su cumpleaños, cuenta con 28 historias reales sobre la crianza de su hijo Valentino.

En el texto hay brujas, duendes, vampiros, fútbol y música. También una silla sensorial importada de China que pierde contra su propia caja. Una gata negra que trae de regalo una comadreja. Un grillo que no deja dormir a nadie y termina perdonado y convertido en canción. Y un guardavidas que, en la parte honda de una pileta de barrio, tiene que decidir a quién rescatar.

Las anteriores son algunas de las escenas de “Yo no soy raro, el mundo sí”, ni más ni menos que el libro en el que Luciano Sposari cuenta la vida con su hijo Valentino, protagonista de cada historia. Lejos del manual y del tono clínico, son relatos de la vida cotidiana de una familia, contados con humor y sin drama: el autismo visto desde adentro, donde lo raro no es el chico, sino cómo reacciona el mundo a su alrededor.

La obra editada por Orsai, forma parte de la Colección Entrelíneas del sello.

Sobre la obra, el propio Sposari sostuvo: “No escribí un libro para explicar el autismo. Escribí un libro para mirar el mundo como lo mira Valentino: con humor, con amor y con mucha honestidad”.

Ficha de “Yo no soy raro, el mundo sí”

Sobre el autor

Luciano Sposari nació en Monterrey, México, y vive en Guernica, provincia de Buenos Aires. Es escritor, cantautor con más de veinte años de trayectoria e instructor de meditación y mindfulness. Vivió más de un año en Puerto Vallarta, cantando todas las noches, y hoy vive en la zona sur del conurbano bonaerense. Cuenta con una discografía propia, es periodista de formación, con estudios de escritura creativa. Es papá de Valentino, y de la vida con él nació “Yo no soy raro, el mundo sí”.

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