Literatura
Una docente neuquina se adjudicó cuarta edición del Mundial de Escritura
La cuarta edición del Mundial de Escritura, de la que participaron 13 mil personas provenientes de 47 países, consagró como ganadora en su categoría mayor a Violeta Jiménez, una docente neuquina de 58 años que se impuso con un texto titulado “Después de mañana”.
En lo que constituyó la mayor convocatoria lograda hasta el momento por este evento, iniciado en 2020, el jurado integrado por la escritora argentina Ariana Harwicz, la colombiana Margarita García Robayo y el chileno Alejandro Zambra resolvió otorgar la distinción mayor a Jiménez.
En paralelo a la performance individual de Jiménez, se consagró también ganador en la categoría general su equipo, llamado Pehuenia e integrado por María Amelia Bustos Fernández, Gustavo Genovese, Analía Lezcano, María Angélica Reybet, María Bernarda Torres y Cintia Valenzuela.
Ese grupo obtuvo el puntaje más alto entre todos los combinados, al sumarse el rendimiento obtenido por el escrito ganador y el puntaje por efectividad alcanzado colectivamente durante el juego.
Consagrada paralelamente por decisión del jurado y como favorita en el voto del público, la autora del texto elegido es de Neuquén, tiene 58 años, estudió profesorado y licenciatura en Letras, y fue docente de Literatura y Lengua.
“Desde pequeña recitaba versos con mi abuelo español, quien me hablaba de libros y de autores. Participo de un grupo de escritura ficcional y mi deseo central es leer. Leer y escribir son mi forma de vida”, contó la ganadora.
“Tiene una inversión excelente en descripciones e imágenes y, aunque desde el principio se sospecha lo que sucede, nunca lo revela ni lo explica. Está lleno de detalles en la caracterización de los padres, se puede ver muy claramente cada una de sus acciones y la carga emocional con la que son realizadas, pero está escrito de un modo sobrio y seco que endurece la situación narrada y evita el sentimentalismo”, caracterizó García Robayo al trabajo ganador.

El segundo lugar se lo llevó “El semental”, de Ivana Schiaffino, una actriz argentina de 30 años, egresada de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático, donde también realizó el curso de Dramaturgia, en tanto que el tercer puesto fue para “Cecilia Terciopelo”, de Milena González, una joven de 22 años que vive en La Plata y también es actriz, además de estudiante de Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes.
“Escribir siempre es el ejercicio de ir al extremo de algo, a su hipótesis final. Es también ir a ver lo que nadie ve. ‘El semental’ intenta una forma, un ritmo y una voz. Intenta armar una fábula marginal, falopera, alucinada”, describió Harwicz.
En tanto Zambra, otro de los miembros del jurado resumió: “No fue fácil elegir, los diez cuentos me parecieron muy buenos. De algunos recordaré siempre su calidez, su condición ‘conversada’, por así decirlo, y de otros su sentido del vértigo, su osadía”.
De esta manera llegó a su fin esta cuarta convocatoria del Mundial de Escritura en el que durante dos semanas se produjeron más de 100 mil textos de los que surgieron los desempeños individuales y grupales ganadores de las tres categorías que se disputaban: general, adolescentes y niños.
Por su parte, el jurado de la categoría de chicos y chicas, conformado por Pablo Bernasconi, María Inés Falconi y la colombiana Yolanda Reyes definió como ganador el texto “Una oportunidad imperdible (para la seño)”, de Jimena Zurschmitten. La ganadora tiene 13 años y vive en San Jerónimo Norte, provincia de Santa Fe. El segundo lugar fue para “Terror adorable”, de Malena Iadanza, mientras que en el tercer puesto quedó “Hablemos de negocios” de Milagros Ruppel.
Por su parte, Los Grimm es el equipo campeón de la categoría, sus integrantes son Teresa García Re (12), Lorenzo Fumagalli (12), María Eugenia Hilal Ferrara (13), Franca Rossi Pompilio (13), Milagros Ruppel (13), Camila Ruzzier (11), Josefina Ruzzier (12), Manuel Spinelli (13) y Trinidad Wechsberg (12).
En la categoría adolescentes, Julia Moret, María José Navia y Julia Szjenblum definieron como ganador al texto “El trinar de los horneros”, de Lara Ubierna, que tiene 18 años y vive en Garín, provincia de Buenos Aires. Los textos “Los ángeles oscuros de la pintura en aerosol”, de Francisca Fantini, y “La tempestad”, de Beltrán Albareda, ocuparon el segundo y tercer lugar respectivamente.
Los autores de los textos finalistas serán parte de un taller exclusivo de escritura creativa y los ganadores podrán acceder a distintos cursos de literatura en la Escuela de Escritura del escritor Santiago Llach, uno de los organizadores de la iniciativa, que desde su primera edición, en abril de 2020, convocó más de 15.000 personas de 50 países que fueron parte de la experiencia, en la que también participaron escritores nacionales e internacionales como los argentinos Beatriz Sarlo, Claudia Piñeiro, Tamara Tenenbaum, la colombiana Carolina Sanín, la española Milena Busquets, el escocés Irvine Welsh o el galés Cynan Jones, entre otros.
Todos los textos ganadores y finalistas se pueden leer en https://mundialdeescritura.com/.
En agosto se jugará la quinta edición, que incluirá también un Mundial de Poesía al que todos los participantes podrán sumarse de manera optativa y otras novedades.
Literatura
“Entre Mares”, la obra prima de Ángeles Alonso Saavedra que nació desde el dolor
La autora argentina, Ángeles Alonso Saavedra, en su primera novela “Entre Mares” (Pacto de Lectura, marzo 2026), no solo se animó a escribir y publicar, sino que lo hizo en uno de los momentos más transformadores y vulnerables de su vida: durante su licencia por maternidad, tras atravesar un embarazo de alto riesgo marcado por trombofilia.

“Entre mares, entre silencios, entre verdades”, reza la sinopsis de su ópera prima. Y esa frase adquiere ahora una dimensión mucho más profunda, porque la novela, ambientada en el ficticio pueblo costero de Bahía Alerce, habla de cicatrices que no sanan.
Se trata de una novela romántica con toques dramáticos que sigue a Vittoria, una joven que llega al mar a los 17 años cargando un pasado marcado por abusos y una relación rota con su propio cuerpo. A través de sus ojos, Alonso Saavedra explora con delicadeza y crudeza emocional la experiencia de su primer amor encarnado en las figuras luminosas y opuestas de Lorenzo y Tomás.
El libro cruza temas profundos como la salud mental, la ansiedad, los trastornos alimenticios y las pérdidas. “Nadie debería acostumbrarse a lo malo”, sentencia la sinopsis. Y esa frase funciona como un latido constante a lo largo de toda la obra.
Lectoras que ya tuvieron acceso a la novela destacan su capacidad para “envolver como el sonido del mar” y su final que deja con ganas de más.
Ángeles convirtió el encierro de la licencia de maternidad en un espacio de creación, donde el mar —símbolo recurrente en su libro— se convirtió tanto en escenario como en metáfora de sus propias emociones: inmenso, impredecible, a veces bravío, pero también sanador.
En un mercado literario donde las voces femeninas siguen abriéndose paso con fuerza, “Entre Mares” llega como una propuesta sensible, adictiva y valiente. Una historia que, según sus primeras lectoras, “te atrapa desde la primera página y te deja impactada”.
Textos para escuchar
Álbum de figuritas – Graciela Aletti
Graciela Aletti narra su cuento Álbum de figuritas
Me enamoré de Cachito, en sexto grado, en el mismísimo momento que él, antes de salir al recreo largo, sacó de la cartuchera la figurita abrillantada y la colocó sobre mi pupitre; justo tapando el agujero donde iba el tintero. Era la última que me faltaba para llenar el álbum. El ramo de rosas rojas… toda llena de brillitos. Lo miré y le estampé un beso cerca de la comisura del labio, menos mal que la maestra no me vio. Salí corriendo a mostrársela a Dorita, mi mejor amiga, también le conté del beso. Cuando sonó el timbre para volver al aula, él seguía parado en el mismo lugar, con los cachetes enrojecidos que la maestra le dijo: ¿Carlos Alberto Pérez… se siente bien? y la buchona de Dorita gritó: ¡Cachito tiene novia! ¡Tiene novia! ¡Chela es la novia!
Y así empezó el noviazgo; juntos a los cumpleaños de 15, él de saco y corbata y yo … rellenando el corpiño con algodón para parecer más señorita; juntos a los malones (yo llevaba una torta y Cachito la Vidú Cola. Bailábamos lentos; me gustaba más el twist pero Cachito no tenía habilidades para el baile, así que para que no se pusiera celoso me quedaba sentada… aburrida.
En el picnic para la primavera íbamos a la quinta del hijo del Intendente y jugábamos a la botellita, claro que nadie se animaba a darme un beso… Yo le era fiel a Cachito.
A los 19 años, Cachito entró al ferrocarril, compramos el terrenito, y los fines de semana, ladrillo tras ladrillo hicimos la casa. Y a los 20 me casé con él, por civil, por iglesia y virgen como Dios mandaba.
La heladera me la regalaron mis padres, una Siam verde; en la puerta le pegué la figurita: nuestro signo de amor. Al año nacieron los mellizos y me regaló la Singer… así ahorraba en la ropa.
Cachito se iba temprano, yo limpiaba, cocinaba, cosía y cuidaba a los niños; los domingos… ravioles con su madre viuda y al otro domingo asado con mis padres.
Cachito era bueno y previsible… para cada cumpleaños me compraba un electrodoméstico y para el día de la madre o para el arbolito de Navidad también. Bueno pero aburrido y olvidadizo… tenía que recordarle… Cachito ¿pagaste la boleta luz? Cachito ¿encargaste la garrafa? Todavía no teníamos gas natural porque Cachito se olvidó de hacer el trámite cuando vino la cuadrilla.
Siempre tenía velas (otra vez nos cortaron la luz… Cachito ¡no pagaste la boleta!), las encendía y me quedaba mirando como iluminaba la figurita, que año tras año iba perdiendo los brillitos… como se perdía mi amor por Cachito.
Creo que la Providencia, el Destino o la Cooperativa eléctrica ante las reiteradas cuentas impagas, decidió mandar a casa al cobrador… un muchacho de anteojitos, menudo y tímido, que según decía Dorita, que seguía siendo mi amiga, que era algo raro…. tenía la manía de agregarles a las boletas poemas de amor…
El primero dudé en aceptárselo por si lo veía Cachito, que seguí siendo celoso… pero al final lo tomé con las manos, lo doblé y me lo metí en el corpiño, como el relleno de algodón de cuando era jovencita. Lo leí cuando Cachito se durmió y temblé de emoción… “esa muchacha de pechos de luna, esas manos perfumadas de azahares, ese amor que explotaba como fuegos artificiales”, (así decía el poema) sentí que era yo.
Al siguiente mes, lo esperé perfumada con Mary Stuart, que me habían comprado los mellizos, y me puse el vestido de los domingos, total Cachito, que ya era jefe de estación, casi todo el día estaba controlando los horarios de los trenes. Y el cobrador llegó con la boleta impaga y un atrevido poema… casi erótico… ¡tan tímido no era!
Se fue cuando sentimos el silbido del tren nocturno. Me cambié… arreglé las sábanas y guardé el poema… siempre en el corpiño.
Un año de poesías y amor para mí, agradecida de que Cachito no pagara las boletas y al ferrocarril que lo tenía todo el día ocupado.
Me olvidé de la figurita y el día que se le cayó el último brillo… Armé la valija…, hice una carpeta con los poemas; saqué la figurita de la heladera y la dejé sobre la mesa con una nota:
“Cachito… te la devuelvo… Encontré un álbum mejor…”
Historias Reflejadas
“El árbol de los relatos”

El árbol de los relatos
Existe un árbol en el que cuelgan historias eternas, un árbol mágico que guarda en su madera las voces de todos los tiempos. Lo que escuchó y también aquello que calló, forman parte de sus secretos.
Abonadas por la fertilidad de la tierra, sus palabras se abren paso entre hilos de barro y de agua, que se entrelazan para moldearlas. En sus raíces, habita la esencia de una lengua viva, capaz de sostenerlas.
Una savia, fresca y liviana, en la que ruedan los cuentos y se estiran las leyendas, asciende por el tallo y se enriquece con el murmullo de voces nuevas para expandirse sobre las hojas y perderse en el viento, que cuenta lo que el árbol calla.
En un lugar lejano, las palabras florecen. Sus letras son pétalos, plegados sobre el germen que las encierra y entonces son frutos, que abren sus bocas para dejar caer las semillas de un cuento siempre nuevo.
Existe un árbol de muchas ramas, en el que cada día es posible descubrir el brote joven de una historia vieja, guardada en su vientre de madera.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “El lobizón oculto y otras leyendas de miedo”; de Ana María Shua con ilustraciones de Alejandra Karageorgiu; “17 de Miedo”, antología en la que participan Jorge Accame, David Wapner, Italo Calvino, Oche Califa, Graciela Falbo, Canela, Antonio Machado, Gustavo Roldán, Graciela Pérez Aguilar, Eduardo Galeano, Horacio Quiroga, Luis María Pescetti, Javier Villafañe, Shel Silverstein, Ana María Shua, Perla Suez y Shaki; “El dueño de los animales”, de Jorge Accame; e “Historias de fantasmas, bichos y aventureros”, de Beatriz Actis.
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