Adriana Ponce: “La poesía nace desde las entrañas, sin red”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Hay en la memoria un rumor de palabras antiguas, aromas y sonidos de otros tiempos guardados en la sangre, como si la tierra a la que pertenecemos se hubiera quedado quieta y cada latido la obligara a regresar.

Existen relatos arraigados en la geografía que los contiene, voces que se elevan y desdibujan los límites, la vida se expande y se convierte en metáfora, en un simple poema enrollado en la historia.

Adriana Ponce está habitada por la poesía, sus palabras se estiran gustosas sobre cada hoja en blanco y construyen las imágenes necesarias, las que están allí, al otro lado de las letras.

En esta oportunidad, la escritora compartió con ContArte Cultura una charla virtual para presentar su primera novela, “Como las viñas”, una obra en la que la metáfora y la poesía se introducen en la historia y en la geografía de nuestro país para construir una ficción que merece ser leída.

—Para comenzar esta charla virtual nos gustaría que nos regales uno de tus poemas y resaltes en él cinco palabras que te representen.

Borda en el cosmos

Pasa la aguja.
Borda la ausencia, hila partidas.
Hunde la punta y quiebra la trama.
Y en cada punto suelta el deseo
que guardan las almas.
Fuera, alejados unos de los otros,
caminando entre las horas de la lucha,
rondan las manos.
Las que empujan sus uñas,
las que susurran incoherencias en las veredas
para que el aire las lleve
y queden sonriendo en sus oídos.
Las que se sienten flotar entre sus hebras.
Las que la nombran en lágrimas,
las que buscan su sombra.
Aquellas que respiran
su perdido hálito de vida.
Hoy bordan docenas de dedos
el mandala de su esencia y ella…
Hunde la aguja, quiebra la trama,
planea las flores, vive en los colores,
flota en el aire, cubre los cielos
vaga su aliento, toma distancia.
Vuelve a la tierra, danza en el verde.
Borda en el cosmos.

¿En qué momento te sentiste llamada a escribir?
—Escribo desde muy joven. Tenía alrededor de 20 años cuando comencé a volcar en cuadernos los primeros poemas. A medida que la vida cambiaba, fui incorporando cuentos infantiles para mis hijas, cuentos para adolescentes, y recién llegué a la narrativa hace seis años.

¿Quiénes han sido tus maestros, tus guías o tus fuentes de inspiración en el camino de la escritura?
Concurrí varios años a talleres de poesía y narrativa. Julio Vinci, Silvia Miguens, Liliana Bodoc, Gabriela Margall, fueron moldeando, cada uno a su forma, parte de la visión que tenía de mi escritura, enriqueciéndola. Y desde sus libros los autores son incontables: Buck, Tagore, Brontë, Austen, García Márquez, Cristina Bajo, Domingo F. Sarmiento, Lojo, Viñas, Conan Doyle, Amado, Mishima, Murakami, Sábato… Leo muchos autores por año y recuerdo cada libro. En poesía es casi imposible nombrar a uno. Borges, Paz, Neruda, Lorca, Juárez, Garro, Olds, Belli, Cucurto, son muchos y todos amplían la mirada del poeta.

¿En dónde nace la poesía que forma parte de vos?
Nació conmigo, como el canto o la artesana. Es algo arraigado que descubrí como forma de expresión. Ya ni recuerdo cuando, si sé, que era y es el aire que respiro. Soy “yo” desde mis poemas, a flor de piel.

¿Qué cosas son fundamentales a la hora de sentarte a crear?
—La poesía nace desde las entrañas, sin red. Suelo elegir una foto, un instante, escribir en el momento y subirlo a Instagram o Facebook, sin tomarme el tiempo de pensarla. Escribo de corrido, a ciegas. La narrativa, en cambio, debe tener una investigación previa, seria y completa. Me lleva tiempo encontrar los datos necesarios y a través de los datos históricos, nacen las otras historias, las humanas. Es lo más importante, la rigurosidad. Si dudo de un dato, me desconecta.

Contanos en qué lugar se gestó la semilla de “Como las viñas”, tu primera novela.
—Decidí hacer un cuento, que obviamente no logré. Pero era histórico, y buscando material para el mismo me topé con la mítica batalla de Angaco y, sin darme cuenta, dentro mío creció una historia imparable. Desde el recuerdo llegaban imágenes de los cerros, los caminos, mi padre contándome anécdotas, mi familia paterna, todo fue empujándome hasta terminar viajando y decidiendo que Como las Viñas sería una novela.

¿De qué manera dibujaste los escenarios de esa obra?
Gran parte del territorio de la provincia de San Juan, donde se desarrolla, la conozco. Otros lugares llegaron a partir de buscar fotos, mapas, escritos. La finca de uno de los protagonistas se levanta en el mismo lugar donde viven familiares, el valle de Zonda, y Jáchal también estaba en mis recuerdos de joven. Sabía del color de sus montañas, de sus vientos y estrellas.

¿En qué tiempo histórico se desarrolla y cuál es la temática que une sus páginas?
Transcurre entre 1830 y 1860, desde el comienzo de las luchas entre unitarios y federales, hasta la llamada “cuestión San Juan” a fines de 1860. Es la historia de dos hombres, con sus familias, ideales, amores, y las consecuencias políticas sobre su vida, según desean vivirla. Hay quien logra sobreponerse a todo y hay quien no. Además de tener personajes femeninos muy fuertes, ya que, como toda vida, tiene dolores, batallas y amores apasionados.

¿Cómo lograste dar vida a cada uno de los personajes?
—Desde el primer momento tengo en claro los personajes centrales y los secundarios. Hago un árbol genealógico, un listado de propiedades, actividades y lugar de residencia de cada uno. Además de una ficha con sus características físicas, personalidad y los hechos que marcaron su crecimiento. Llego a usar las ruedas de obstetricia para nacimientos. Soy muy puntillosa y toda esa información moldeará el carácter de cada uno de los personajes y cómo afrontarán la historia que desarrollo.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Como las viñas está pensada como una trilogía de libros independientes, sin necesidad de leerlos de corrido. El segundo libro ya está terminado y me encuentro trabajando en el tercero, situado mucho más adelante en la historia del país. Y también estoy trabajando en un libro de relatos sobre las mujeres de mi familia, partiendo desde la Alemania de 1860.

Te regalamos este renglón para que dejes un deseo.
—Mi deseo más importante tiene que ver con algo comunitario. Desde mis propios libros en otras manos, compartiendo las palabras en el entorno y de allí a mi país. Es importante el libro como elemento para la educación, para el crecimiento intelectual del pueblo y hasta para la cordura de los lectores empedernidos como es mi caso. Desearía que se poblaran los hogares con sus páginas y fueran más accesibles a todos.  

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