Historias Reflejadas
“Secretos en paz”
Secretos en paz
En un retazo del pasado están guardados los secretos. Desde allí, emergen los oscuros pensamientos que saltan a través de las generaciones y atan las historias construidas con tensos hilos de odio.
Una telaraña de broncas atrapadas enreda los corazones engañados y los atrapa en una red de sufrimientos imaginados, reflejados en rostros mudos de emociones.
Una maraña de miserias y mentiras inmoviliza el aire y lo hace denso. La crueldad enquistada en el alma supura y, más tarde, se convierte en lamento.
En los límites del miedo, agazapadas en un rincón doloroso de la existencia, se ocultan las palabras capaces de abrir las heridas que, en silencio, buscan la venganza.
Una batalla de ideas y sensaciones estalla detrás de la oscuridad de los secretos, gérmenes de las mentiras y de las traiciones perpetuadas en el tiempo.
Los mandatos se desdibujan detrás del amor que desata las cadenas y libera de la prisión a aquellos que se encuentran en una callada guerra contra sí mismos.
Hay que atravesar los límites de la resistencia y atreverse a cruzar las barreras del odio para aprender a mirar con ojos nuevos, despojados de la ceguera del rencor.
Sólo en el olvido es posible encontrar la paz.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “El infierno en tu piel”, de Camucha Escobar; “Secreto bien guardado”, de Viviana Rivero; “En alas de la seducción”, de Gloria Casañas; y “El cuerpo prohibido”, de Cynthia Wila.
Historias Reflejadas
“Sonrisas guardadas”

Sonrisas guardadas
La risa, como las palabras, se escondía dentro de la boca. Uno podía percibir su presencia, el gusto que dejaba entre los dientes, su sabor dulce pegado a la lengua. Sin embargo, adentro llovía y la risa no se atrevía a salir.
Una tormenta de bronca avanzaba por los ojos, el viento curvaba las pestañas y volaba los pensamientos, pura furia de nubes densas. Entonces llovían las lágrimas. Y se inundaban los espacios de aquí y de allá, como si cada pena fuera líquida y no se pareciera a ninguna otra, como si la risa buscara el sol de las palabras para asomarse en sus bocas.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Valentín se parece a”, de Graciela Montes con ilustraciones de Martín Morón; “A Luciano se le va la mano”, de Adela Basch con ilustraciones de Mariano Martín; “La niña más intensa del mundo”, de Pablo Medici; y “Así soy yo”, de Mariángeles Reymondes.
Historias Reflejadas
“Desiertos”

Desiertos
Había que cruzar el desierto, avanzar sobre los escombros que presionaban sus cuerpos fragmentados. Era tiempo de partir, de atravesar las fronteras donde se escondían los fantasmas.
Anduvieron con el ritmo del paisaje, respiraron con él, el aire sobre el aire que escapaba de sus bocas, las pieles fusionadas con las pieles, el grito en el grito y el canto en las alas, como si la queja pudiera borrarse para resistir, para que la espera se volviera nada en aquella partida.
Caminaron otras vidas, los ojos leyendo el territorio de las palabras. Y las palabras quietas en las piedras, necesitadas de expresarse.
La vida rodaba, una sucesión de memorias efímeras, como repliegues de humo en las fisuras del tiempo, las lenguas enredadas en voces ausentes.
Y por dentro, en ese espacio seco donde nadie podía llegar, un desierto sin fronteras.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Las Galván”, de Facundo Gómez Romero; “Las aventuras de China Iron”, de Gabriela Cabezón Cámara; “Enterrados”, de Miguel Vitagliano; y “Correrías de un infiel”, de Osvaldo Baigorria.
Historias Reflejadas
“Carnaval”

Carnaval
Fue el viento, el mismo viento que desató la tragedia, el que se llevó las palabras, una arriba de la otra, como si ya no fueran necesarias, como si la música de los tambores dijera cosas que se escondían en el silencio de la noche.
Todo sucedió lentamente, cada hecho encadenado con el otro. El tiempo era una cadena de voces invisibles. Y guardaba secretos, como si fueran sonidos lejanos que invitaban al movimiento, un círculo dentro del otro, la danza sobre el cuerpo y el cuerpo sobre la danza, la música vibrando en palabras sueltas, libres, sin máscaras, sólo para atravesar la tragedia y animarse a bailar con el viento.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia las siguientes obras: “Presagio de carnaval”, de Liliana Bodoc; “Nos vamos, nomás nos vamos, un relato murguero”, de Mercedes Pérez Sabbi con ilustraciones de Roberto Cubillas; “Candombe, fiebre de carnaval”, de Diego Bianki; y “Una mágica víspera de carnaval”, de Carmen Muñoz Hurtado con ilustraciones de Raquel Echenique.
Debes iniciar sesión para publicar un comentario. Acceso