Historias reflejadas: “El arte de contar”

El arte de contar

Conectadas por palabras invisibles, existen historias que se alargan, avanzan, retroceden, se aquietan para girar y, de pronto, se interrumpen para soltar en el aire preguntas inquietas, que caen como una lluvia suave, más allá de los renglones.

Cada día, entre giros y medias vueltas, estiran sus brazos de letras para buscar el principio, ese punto difuso que asoma en el sitio exacto donde uno se detiene a mirar y que el tiempo ha masticado despacio, con sus dientes de viento.

Un sonido de voces subterráneas asciende como un murmullo y se pierde en una telaraña de recuerdos, porque las historias tienen vida propia y crecen sobre la oscuridad del silencio, tanto como esperan.

En el círculo de la existencia, los hilos de letras se buscan para tejer instantes nuevos, hilvanados por las sutilezas de un relato que se agranda por debajo, lento y rumoroso.

Expandidos en el aire, los finales buscan aquietarse sobre otro punto lejano, para volver a empezar, para que el regreso sea más liviano, para que la magia del encuentro con aquellos que se esconden detrás de cada historia sea posible.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “Dos magias y un dinosaurio”, de Márgara Averbach; “Cartas amarillas, de La Boca a Rosario”, de Mercedes Pérez Sabbi; “Piedras volando sobre el agua”, de Marcelo Birmajer; “El país de Juan”, de María Teresa Andruetto.

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