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Historias Reflejadas

“Gotas de amor atrapadas en la historia”

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Gotas de amor atrapadas en la historia

Las huellas del pasado se desdibujan en el barro de la historia. Pasos lejanos se pierden en el eco de los recuerdos, sombras que se desvanecen en los límites de otros tiempos.

En los bordes de la memoria un grito se apaga en el silencio, el murmullo de las espadas atrapa la queja y el dolor de aquellos que caminaron las batallas, detrás de las batallas.

Los secretos, enredados en los años, precipitan por la pendiente de una vida sin sueños y se detienen en una laguna de venganzas, sangre sobre sangre, en la que no es posible mirar atrás.

Hilos de amor recorren las líneas del destino para calmar las ansias de la guerra, para alcanzar una paz que no llega.

Las plumas derraman angustias sobre papeles cansados y, justo allí, como si en cada gota de tinta se encerrara la vida, el enemigo puede ser derrotado.

Las huellas del pasado se pierden en el recuerdo, las voces murmuran aquello que no puede ser revelado.

Todo es silencio, gotas de amor redimen la historia…

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia las siguientes novelas: “Deuda de sangre”, de Mercedes Giuffré; “El cuarto arcano”, de Florencia Bonelli; “Salvaje”, de Florencia Canale; y “El perfume de las gardenias”, de Brianna Callum.

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Historias Reflejadas

“Estornudo de cuentos”

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Estornudo de cuentos

En los senderos del tiempo quieto nada era lo que parecía. Mucho menos la extraña boca que se había abierto sobre los escalones de la biblioteca.

Todo había sucedido después de un suspiro prolongado que, sin mediar palabras, había provocado aquel estornudo de cuentos. Ante la vista de los pocos presentes, los cuentos se precipitaron y comenzaron a rodar por la gran escalinata de mármol.

Allí, donde las horas eran días y los días eran horas, se produjo una gran confusión. Los renglones se anudaron, las letras chocaron y los puntos se abrazaron a las comas. En minutos, que fueron segundos, las páginas vacías levantaron vuelo y el viento se llevó en sus brazos un mar de cuentos.

En la escalinata, los autores, aferrados a las curvas y las rectas del “Había una vez”, pusieron en marcha el reloj del tiempo quieto y se entregaron a un tic-tac de historias nuevas.

Andrea Viveca Sanz // @andreaviveca

En esta historia, y acompañando las vacaciones de invierno en la que los más chicos tienen largos ratos para disfrutar, se reflejan todos los cuentos que a ellos pudieran fascinarlos.

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“El otro lado del silencio”

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El otro lado del silencio

Las palabras resbalan sobre la superficie de un silencio. Un hilo se suelta. Las voces sin voz, como un eco que raspa y lastima, repiten el lamento de una historia callada.

Por debajo, en la oscuridad, las raíces absorben el recuerdo de la tierra y rescatan los sonidos de la memoria.

Arriba el mundo se quiebra, la verdad asciende, crece, arde y se detiene en un detalle imperceptible, apenas un punto viscoso por donde el grito asoma y conmueve.

El tiempo se estira, elástico, dentro de las bocas que esconden las palabras. Los círculos se cierran, sin distancias. Lo inevitable sucede, las mentiras se alargan y resbalan sobre la superficie del miedo.

Las voces toman vida, emergen lentamente desde el fondo, se expanden como ondas y finalmente se manifestan en una historia que habla, a pesar del silencio.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia las siguientes novelas: “Trasfondo”, de Patricia Ratto; “Distancia de rescate”, de Samanta Schweblin; “Cadáver exquisito”, de Agustina Bazterrica; y “Tú eres para mí”, de José Niemetz.

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“El día que la Tierra dejó de girar”

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El día que la Tierra dejó de girar

La Tierra giraba una y otra vez. Día y noche. Noche y día. Una vuelta y la siguiente, al compás del espacio dormido.

En cierta ocasión, en un instante silencioso, el movimiento se detuvo. El viento se quedó mudo y lo que sucedió entonces nadie pudo explicarlo.

En la quietud, un velo muy fino se descorrió de repente y los habitantes del planeta se encontraron rodeados de extrañas criaturas.

Algunos fantasmas atravesaron el muro invisible que los separaba de los humanos y se dispusieron a recuperar sus pertenencias.

Las hadas, que se sintieron descubiertas, brillaron en la oscuridad y se mezclaron en la vida de aquellos que fueron capaces de verlas.

Unos hombres de piedra rodaron desde las montañas para revelar su secreto que dejaría a muchos sin palabras.

Unos se chocaron con otros y en las distintas ciudades se produjo un gran enredo. Nada estaba en su lugar y los pobladores se miraban sorprendidos sin saber a dónde ir.

Tal vez el planeta había querido dar un mensaje. Quizás había que curar viejas heridas para reiniciar la marcha.

En algún lugar del espacio, la Tierra liberó su carga y comenzó un nuevo giro.

Una vuelta y la siguiente. Día y noche. Noche y día. El sol y la luna hermanados acompañaron el tiempo nuevo.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia “Cuentos cortitos para leer en un ratito: El misterio en la ciudad”, de Liliana Cinetto; “Cuentos de Vendavalia”, de Carlos Gardini; “La mecedora del fantasma”, de Franco Vaccarini; y “Las hadas brillan en la oscuridad”, de Graciela Cabal.

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