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Historias Reflejadas

“Gotas de amor atrapadas en la historia”

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Gotas de amor atrapadas en la historia

Las huellas del pasado se desdibujan en el barro de la historia. Pasos lejanos se pierden en el eco de los recuerdos, sombras que se desvanecen en los límites de otros tiempos.

En los bordes de la memoria un grito se apaga en el silencio, el murmullo de las espadas atrapa la queja y el dolor de aquellos que caminaron las batallas, detrás de las batallas.

Los secretos, enredados en los años, precipitan por la pendiente de una vida sin sueños y se detienen en una laguna de venganzas, sangre sobre sangre, en la que no es posible mirar atrás.

Hilos de amor recorren las líneas del destino para calmar las ansias de la guerra, para alcanzar una paz que no llega.

Las plumas derraman angustias sobre papeles cansados y, justo allí, como si en cada gota de tinta se encerrara la vida, el enemigo puede ser derrotado.

Las huellas del pasado se pierden en el recuerdo, las voces murmuran aquello que no puede ser revelado.

Todo es silencio, gotas de amor redimen la historia…

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia las siguientes novelas: “Deuda de sangre”, de Mercedes Giuffré; “El cuarto arcano”, de Florencia Bonelli; “Salvaje”, de Florencia Canale; y “El perfume de las gardenias”, de Brianna Callum.

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Historias Reflejadas

“Soledades”

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Soledades

Caminan sobre la cornisa, sus pies resbalan, buscan un punto de equilibrio.
Todo es gris.  
El paisaje se mueve fuera de sus cuerpos, se asoman por un hueco inventado. Necesitan aire, los cubren capas de silencio.
Esconden secretos, se ocultan. Dudan.
La decisión está tomada.
Viajan.
Avanzan y retroceden.
Se proyectan en las sombras de otros cuerpos.
Son sombras. Se hunden en olas de miedo, en laberintos de hojas. Hunden sus ojos en trenes vacíos, como líneas en movimiento.
Se pierden en la geometría de un pueblo fantasma, entre los fantasmas del pueblo.
Buscan. Se buscan. Escapan.
Pasan las páginas que contienen su nombre.
Escriben en líneas torcidas. Son líneas en las páginas que dibujan.
Se arriesgan.
Saltan al vacío, los deglute el abismo, la soledad del abismo.
Todo es silencio en la verdad revelada.

Por Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “La buena suerte”, de Rosa Montero; “La última felicidad de Bruno Fólner”, de Mempo Giardinelli; “Los abismos”, de Pilar Quintana; y “Dejen todo en mis manos”, de Mario Levrero.

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“Sueños de papel”

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Sueños de papel

Doblo un papel,
recorro con mis dedos la diagonal del miedo,
es un avión
está oscuro,
y espero.
Cuento las estrellas,
guardo el mundo en mi mundo,
lo escondo en la luna,
en las nubes sobre la luna,
en las olas que forman las nubes,
hay agua en las nubes,
y ovejas,
hay un mar que hace olas dentro mío,
flota un barco de papel,
flota el sueño que sueño,
como una brújula, marca el camino.
No hay miedos.
Es un hada misteriosa,
una tía con besos,
de esos que se guardan en las manos,
en el papel que doblo,
en la diagonal sin miedo.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “Un no sé qué”, de Enrique Rafael Socas con ilustraciones de Mariano Martín; “Un mar para Emilia”, de Liliana Bodoc con ilustraciones de Vicky Malamud; “Hadas disparatadas”, de Sergio Zadunaisky y Eugenia Nobati; “Soy valiente”, de Mariana Etcheto Mézière.

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“Escombros”

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Escombros

Algo se rompe, estalla, seca la savia que recorre su cuerpo, los vacíos en el laberinto de su mente.
Es un agujero, un poro diminuto. Las palabras saltan, se escapan.
Es antes y después.
Hay una partición del espacio. Los restos flotan, se deslizan sobre una ola, como si fueran espuma en la distancia de la memoria.
Busca la mirada en el reflejo de sus ojos. No hay nadie. Ella se ha ido.
Lo que sobra y lo que falta se funde en las pupilas.
No es verdad.
La casa es un agujero, un espacio vacío de nombres, que cuelgan de las paredes como hilos transparentes y flotan en sus humores, justo en el punto de quiebre, justo donde mueren las palabras.
Y se instala el silencio.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “Partida de nacimiento”, de Virginia Cosin; “El hombre que duerme a mi lado”, de Santiago Loza; “Bicho taladro”, de María Insúa; y “La perra”, de Pilar Quintana.

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