“Amanece en la ruta”, un clásico de Suéter de la década de los ’80

En el año 1984 la banda Suéter, liderada por Miguel Zavaleta, publicó su segundo álbum denominado “Lluvia de gallinas”. En el apareció uno de los temas que se convertiría rápidamente en un clásico del rock nacional: “Amanece en la ruta”.

Como el propio Zavaleta relató en una nota publicada por el diario La Nación, “Amanece en la ruta” habla de la experiencia de la muerte; sus versos están influidos por el testimonio de gente que estuvo clínicamente muerta. Una persona relata un sueño. Viaja por la ruta, en un auto, hasta que se da cuenta de que la descripción que hace es la de una accidente automovilístico. Finalmente no era un sueño sino un relato pos vida.

En la misma nota se destaca que Sueter había publicado un primer disco en 1982, que había dejado muy conforme a Zavaleta. Pero había que ir por más. El cantante comenzó a componer temas para un nuevo álbum que finalmente se publicó en 1984 como “Lluvia de gallinas” .

Zavaleta contó que “la música de Amanece en la ruta ya la tenía y para la letra, al principio sólo imaginé que iba por la ruta y que después de una subida salía el sol. Parece una frase bastante jinglera. Después vino todo lo demás. Al principio no la tenía para grabar sino de reserva; era solo un demo. Pero un día la escucharon (el ingeniero de sonido) Amilcar Gilabert y Charly García y los dos me dijeron que la pusiera en el disco”.

Amanece en la ruta

Amanece en la ruta,
no me importa dónde estoy.
Me he dormido viajando, he soñado tan intenso.
Y en ese sueño yo me veía en ese auto pero no,
no era el mismo porque estaba todo roto en su interior.
Este paisaje es tan extraño,
se parece al de un tren eléctrico.
Estos árboles tienen contornos,
darme cuenta es algo hermoso.
Y en ese sueño yo me veía en ese auto pero no,
no era el mismo porque tenía fuego en su interior, en su interior.
A medida que aceleramos
mis recuerdos se estremecen,
y en un soplo veo proyectado
como un film toda mi vida.
Ya no se si el cielo esta arriba,
abajo o dentro de mi.
Y aunque el paisaje sea tan extraño,
creo haber estado aquí.
¿Dónde voy, dónde estoy, quién soy yo, qué hora es, dónde estaré?
Si afuera no es noche,
tampoco es de día.
No hay tristezas, tan solo alegrías, en mi corazón”.
Y ahora todo es una luz tan clara que a mi lado ya no hay nada.
Sólo alegría, paz y armonía y esa luz que es tan tibia.
Y ahora comprendo que eso no era un sueño, en ese auto estaba yo,
y ese auto estaba roto y con fuego en su interior.

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