Deep Purple: 50 años de trayectoria y un nuevo álbum que reivindica el recorrido

Más de 50 años de revolucionaria trayectoria musical son los que enmarcan a Deep Purple y, después de varias alineaciones de músicos y un sin fin de exploraciones auditivas, la banda celebra un tiempo de estabilidad entre sus integrantes con el disco “Whoosh”’, una revisita al rock de “la vieja escuela” que demuestra que el hard rock no muere.

“Is putting the deep back into purple (está poniendo lo profundo de vuelta en el morado)”, fue una frase recurrente entre los músicos a la hora de grabar su nuevo álbum con la que hacen referencia a la intensidad que esta producción tuvo.

“Intentábamos hacerlo más profundo, más rockero”, dijo Don Airey, tecladista de la agrupación desde el 2001, quien encuentra más pesado, más oscuro y más misterioso “Whoosh”, cuyas grabaciones se llevaron a cabo en el mes de abril en el estudio The Tracking Room, lugar en el que asegura que “después de Abbey Road es el mejor estudio” en el que ha estado.

“El álbum tiene un inicio muy humilde. Empezó en una sala de ensayos en Alemania solo con la banda y después fuimos a Nashville, ensayamos por dos semanas más antes de que Bob Ezrin llegara y fueron diez días en el estudio grabando, fue en Toronto donde se grabaron los vocales”, narró Airey.

De haber pasado un período sin discográfica y en el que la agrupación solamente se centró en dar conciertos, Deep Purple se encargó de volver a la industria ahora con “Whoosh”, el tercer disco que enmarca su trabajo con el productor Bob Ezrin, quien trabajó con bandas como Pink Floyd, Kiss o Alice Cooper, entre otras.

Son precisamente los álbumes que trabajaron junto a Ezrin los que llevaron a la banda a las listas mundiales de música. Se trata de “Now what!” (2013), “Infinite” (2017), y este último que promete no menos.

“Mucho de ese éxito tiene que ver con Bob. Lo conocimos en el 2012 en Toronto cuando tocamos en el Massey Hall, él vino solo como un espectador, después pasó a los camerinos y nos dijo, ‘deberíamos tener una reunión mañana'”, rememoró Airey.

En dicho encuentro, Ezrin les planteó a Ian Gillan (voz), Roger Glover (bajo), Ian Paice (batería), Steve Morse (guitarra) y Airey hacer la música que ellos querían sin perseguir éxitos de radio o los grandes hits, situación que aceptaron.

“Él dijo: ‘lo que queremos realizar con su disco es hacer lo que es natural para ustedes en vez de intentar ponerlos en la radio, o un sencillo hit’, y fue como él cambió el rumbo de la banda, es un tipo duro”, bromeó el músico.

Son 14 las canciones de “Whoosh” en las que los músicos abordan temas sociales actuales con una especie de mística mezclada con el rock clásico, la espacialidad apoyada por el Hammond de Airey y la poderosa voz de Ian Gillan.

“El sonido es increíble, está todo muy unido y funciona muy bien, la mezcla es lo más increíble, las canciones son muy buenas también, pero la producción suena extensa”, aseguró.

Tan fanático de la luna que hasta se considera un poco “astrónomo”, Don tomó una difícil decisión y eligió como sus dos canciones favoritas del disco “Throw My Bones” y “The Power of The Moon” y mencionó como una de las más difíciles de lograr “Man Alive”.

“No sabíamos qué era lo que en realidad queríamos hacer, teníamos el ‘beat’ pero no sabíamos cómo ponerlo todo junto. Al final lo logramos un poco rápido y quedó esa esencia misteriosa que a mí me gusta mucho”, relató.

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