Cadenas: eslabones entrelazados en la cultura y en el arte

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

Encadenada

Algo se había roto y, sin embargo, todavía seguía atada al último eslabón de su desdicha. Sobre el suelo descansaban los otros, fríos y oxidados, tan solo el recuerdo de aquello que la había esclavizado.

En su mente cansada, se enredaban las palabras sobre los hechos y estos se manifestaban en su cuerpo dolorido. La bronca se hacía nudo en su espalda y el silencio era hielo en su garganta. Sus ojos buscaban un rumbo que los pies no se animaban a tomar. El universo se había quedado quieto y se expandía delante de ella en nieblas de incertidumbre.

Todo había acabado, la cadena que la unía a su pasado se había roto. Y, sin embargo, esa extraña sensación de libertad era lo único que la mantenía inmóvil. Quizás, todavía seguía atada al último eslabón de su desdicha.


Simbología de las cadenas

Toda cadena está constituida por eslabones o anillos y desde el punto de vista simbólico puede representar la unidad, dada por la afinidad entre aquellos que se vinculan a través de ella, como así también la esclavitud, mediante algún tipo de atadura física o psicológica que cercena la libertad de los encadenados.

En tribus ancestrales, como algunas africanas, las cadenas formaban parte de poderosos Totem en los que se unían dos figuras para convertirlas en una. En muchas sociedades antiguas, como la romana, se usaban para condecorar a los soldados destacados en la guerra, o para resaltar a los que ejercían el poder como sucedía entre los galos.

De la misma manera, aparecen en diversas culturas e incluso han sido centro de infinidad de mitos.

Las cadenas en la mitología

Desde la antigüedad, las cadenas se han utilizado como figuras o metáforas de las que se valieron los distintos autores. Entre los filósofos griegos, por ejemplo, Platón hablaba de la esclavitud y de las cadenas en el famoso Mito de la Caverna, que trata de poner en evidencia el tema de la educación y de las ideas en la historia de la humanidad. Ésta, esclavizada por su propia ignorancia e inconsciente de ella, no puede descubrir lo que existe más allá de la caverna de las costumbres. Con un lenguaje cargado de metáforas y utilizando a las cadenas como un verdadero símbolo, Platón trata de explicar el recorrido que deberían hacer los prisioneros para liberarse de esa prisión que los mantiene anclados a viejas creencias:

Del libro República

(514a) – Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, uno como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos. – Me lo imagino. – Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan. – Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros. – Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? – Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas… (ver mito completo)

Asimismo, en otro famoso mito, Prometeo es castigado por Zeus, quien lo encadenó por haber robado el fuego divino para ponerlo en manos de la humanidad.


Cadenas en la literatura

Poemas y cuentos han sido en muchas oportunidades el espacio en el que los autores utilizaron las cadenas como símbolo para contar una historia.

Así el caso del escritor Lope de Vega en su poema “Cadenas desherradas, eslabones”:

Cadenas desherradas, eslabones,
tablas rotas del mar en sus riberas,
tronchadas astas de alabardas fieras,
reventados mosquetes y cañones;

ruinas de batidos torreones
a cuya vista forma blancas eras
el labrador, jirones de banderas,
abollados sangrientos morriones;

jarcias, grillos, reliquias de estandartes,
cárcel, mar, guerra, Argel, campaña y vientos
muestran en tierra o templos suspendidos.

Y así mis versos en diversas partes
mi amor cautivo, el mar de mis tormentos
y la guerra mortal de mis sentidos.

El escritor Miguel de Cervantes Saavedra también se vale de la imagen de las cadenas en uno de sus poemas:

Las cadenas

Hay quien piensa que en el mundo las cadenas
solo están para atrapar en las prisiones
dónde dicen que se enjugan las condenas,
los pesares se consuelan con las penas
olvidando que han de andar con condiciones.

Que hay cadenas con sus muchos referentes,
las que ocultan de la vista la mirada,
las que suelen rodear a nuestras mentes,
las que impiden que seamos más conscientes,
las que dan a la razón una patada.

Las que toman su alimento de otras fuentes
en que el agua nace ya contaminada,
que se dejan seducir por indigentes
con olores putrefactos, malolientes
que recuerdan que ha de haber ropa quemada.

Todas ellas van trenzadas de eslabones,
todas ellas van fingiendo ser seguras,
todas ellas repitiendo sus razones,
que es llevarte a su redil con sus sermones
y dejarte en tu zurrón sus amarguras.

Del mismo modo, Pedro Calderón de la Barca simboliza la esclavitud y las ataduras de las cadenas en su comedia “Las cadenas del demonio”. A continuación, un fragmento de la obra:

Jornada primera

(Salen Irene, y Flora y Silvia deteniéndola.)

Irene: Dejadme las dos.

Flora: Señora,
mira…

Silvia: Oye…

Flora: Advierte…

Irene: ¿Qué tengo
de oír, advertir y mirar,
cuando miro, oigo y advierto
cuán desdichada he nacido,
solo para ser ejemplo
del rencor de la Fortuna
y de la saña del tiempo?
Dejad, pues, que con mis manos,
ya que otras armas no tengo,
pedazos del corazón
arranque, o que de mi cuello,
sirviéndome ellas de lazo,
ataje el último aliento;
si ya es que, porque no queden
de tan mísero sujeto
ni aun cenizas que ser puedan
leves átomos del viento,
no queráis que al mar me arroje
desde ese altivo soberbio
homenaje, en fatal ruina
de la prisión que padezco.

Silvia: ¡Sosiega!

Flora: ¡Descansa!

Silvia: ¡Espera!

Irene: ¿Qué descanso, qué sosiego
ha de tener quien no tiene
ni esperanza de tenerlo?

Silvia: El entendimiento sabe
moderar los sentimientos.

Irene: Ésa es opinión errada;
que antes el entendimiento
aflige más cuanto más
discurre y piensa en los riesgos.

Flora: Es verdad, pero también…

Irene: No prosigas; que no quiero
desaprovechar mis iras
ahora en tus argumentos.
Dejadme sola, dejadme,
idos, idos de aquí presto.

Flora: Dejémosla sola, pues
sabes que solo es el medio
de su furor el dejarla.


En las artes plásticas

Tanto en pintura como en escultura las cadenas forman parte de diversas obras. Entre tantas, unas cuantas que sirven de ejemplo:





En la música

Las cadenas no se encuentran ausentes en infinidad de composiciones musicales:

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