La danza, el lenguaje de la historia

Danza vital

Gritó con sus pies lo que toda su vida había callado. En ese mismo instante sus manos escribieron seguras lo que su voz silenció. Las palabras fluyeron en gestos armónicos que envolvieron a los presentes. Hubo silencios que fueron puntos en el mensaje que ella estaba transmitiendo. Su cuerpo hermanó letras en frases dibujadas a través de movimientos precisos y perfectos. Todos comprendieron. Rotaciones estudiadas la elevaron en giros que la hicieron libre, sobre todo de sí misma. La danza le había permitido una libertad desconocida y cada paso que daba era capaz de romper las cadenas del miedo que antes la paralizaba.

Ahora estaba allí, esculpiendo ese escenario con todo su ser, entregándose con naturalidad a lo posible. Su alma se desnudaba con cada movimiento y quedaba expuesta ante el público que la admiraba. Había comenzado a respirar la vida, toda, oxigenando con un lenguaje nuevo cada una de sus células. Atrás quedaron los prejuicios y temores. Su cuerpo daba, por primera vez, un discurso despojado de toda atadura. Se hizo una con las tablas sobre las que sus pies etéreos levitaban. Recorrió el espacio atravesada por el orgulloso final de la melodía que la arrebataba. Los aplausos elevaron su alma, que siguió danzando, agitada, por encima de todos.

Andrea Viveca Sanz

Mensajes en movimiento

Desde el nacimiento, y aún antes, el cuerpo necesita expresarse a través de diversos movimientos. Se produce entonces una comunicación sin palabras mediante la cual se ponen en evidencia diversas emociones.

Basta con mirar a la naturaleza para comprender que a nuestro alrededor se produce una danza continua entre las diversas especies. Ritmos compartidos

construidos con códigos propios permiten el encuentro de los distintos seres.

El lenguaje corporal es una forma de decir, una forma de expresión no verbal que acompaña a las palabras en determinados momentos, aunque ambos funcionan en forma independiente.

En todo movimiento se pone de manifiesto la interioridad de las personas, es por ello que la danza ha representado a lo largo de los tiempos el camino para contar, pedir, agradecer o contar los diversos acontecimientos de cada día. Danzar es fluir con la vida, es comunicar un mensaje, es expresar nuestros pensamientos y emociones.

Cada gesto, cada postura, cada posición se convierten entonces en palabras silenciosas que se entrelazan en frases habladas por el cuerpo danzante.

La danza a lo largo de la historia

Desde tiempos remotos el ser humano ha necesitado expresarse a través de su cuerpo. Fue justamente esa la primera forma de comunicación y desde entonces la danza, como forma de expresión, ha estado ligada a la historia de la humanidad.

En un principio las danzas se desarrollaban durante ceremonias religiosas y eran parte de rituales. Para alabar a los dioses, para tener buenas cosechas, para lograr que llueva, en ritos funerarios, se danzaba dejando salir la interioridad de las intenciones y de los deseos.

Con el tiempo esas danzas socialmente organizadas fueron evolucionando y se diversificaron en las distintas culturas, en las que se asocian a las costumbres de cada pueblo que se manifiesta a través de ellas.

Mente, cuerpo y espíritu se armonizan durante el movimiento organizado de las distintas danzas.

Tipos de danzas

Clásica: Tiene su origen en Europa, a partir de los bailes cortesanos, desarrollados en un clima de diversión. Luego evolucionó y se le agregaron reglamentaciones que lograron perfeccionarla en función de los tiempos musicales. El ballet y el minuet son ejemplos de danzas clásicas

Moderna: Surge como reacción a las formas clásicas de ballet ya que busca lograr una mayor ampliación de movimientos y cambio en el vestuario.

Contemporánea: En esta danza se busca lograr la máxima expresión de sentimientos a través de los distintos movimientos corporales, que toman algo de lo clásico y algo de las danzas actuales, como la mímica. Puede realizarse con música o sin ella.

Tradicional: Es transmitida de generación en generación y forma parte de la identidad cultural de cada pueblo, en general tiene algún origen ritual. Dentro de estas se encuentran las folklóricas, las regionales y las populares.

Las folklóricas reflejan y mantiene las costumbres de las sociedades en las que se practican, tanto en los movimientos como en el vestuario utilizado.

Las regionales, son danzas folklóricas que toman las peculiaridades de una región dada, se adaptan y toman un estilo propio y localista.

Las populares son danzas tradicionales que tienen connotación popular, donde prima la diversión en cada encuentro o festividad. Entre ellas estarían la jota, la tarantela, danzas de círculos y el flamenco, entre otras.

Danzas tradicionales argentinas

En las diversas regiones de nuestro país la danza se mete en el cuerpo de los habitantes, se cuela entre sus costumbres y se viste para la ocasión, logrando expresar las más antiguas tradiciones que se conservan hermanadas en un hilo de historias que la distancia y el tiempo mantienen intactas.

Así, en el noroeste se vivencian y bailan carnavalitos, tristes y bailecitos, zambas y bagüalas. La vidalita y la chaya se hacen vivas en La Rioja, las cuecas en Catamarca y un sinfín de zambas, gatos, chacareras y escondidos alegran las zonas de Tucumán y Santiago.

Polcas, gatos, y alegres chamamés atrapan a los habitantes del Noreste.

En la zona central también la zamba, las chacareras y los gatos caracterizan a sus pobladores, como también es destacada la jota cordobesa y el cuarteto.

En la zona de Cuyo, la tonada, el vals y el gato, junto con la cueca engalanan las fiestas tradicionales.

En la Mesopotamia hay influencia de los inmigrantes y aparecen bailes tradicionales como el schotis, la galopa y la guaranía. En Corrientes se destaca el chamamé, el balseado y el rasguido doble. Otros bailes típicos de la región son la milonga o la chacarera estirada.

En la región pampeana son características la huella, la milonga y el cielito. En la Capital Federal el tango y la milonga son las preferidas. También se baila el candombe heredado de nuestros ancestros y radicado firmemente en Uruguay.

En la Patagonia la influencia de los pueblos originarios se conserva en los bailes como el loncomeo, la cordillerana, el kultrún, el kaami o el chorrileo o la huella.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*