La sombra, aliada de la literatura a través de los tiempos

Espiral de emociones

Atravieso la oscuridad en la que pronto me encuentro sumergida. Miles de tentáculos opresivos ahogan mis palabras y callan mis emociones. Circulo por un espacio distante, sin luces ni voces. Sin rumbo, ingreso en un torbellino de ideas concéntricas que me devoran. No hay pasos, sus brazos son llamas que emergen de un infinito de tiempos repetidos.

Caigo dominada por el miedo que me provoca su presencia, y me dejo llevar.

Un instante después, lucho contra su agobiante negrura y la interpelo sin sentido. Me enfrenta, me engulle en sus inmensas fauces de nada, y por momentos se siente triunfante. Sin embargo, un poco más allá de sus mandatos me obligo a resurgir de su garganta asesina y recupero mi esencia.

La veo decrecer en sus deseos y la atravieso, ya de regreso. Me convoca y se evade, se sabe descubierta y ahora soy yo quien la enfrenta. He vencido a mi sombra, solo por hoy.

Andrea Viveca Sanz

Simbología de la sombra

La sombra suele asociarse a la oscuridad, al mal, a la negatividad, a los obstáculos, los temores, traumas o secretos. Su presencia aparece como amenazante, como el símbolo de todo aquello que ocultamos o disimulamos a través de máscaras que nos protegen para no ser descubiertos. Podría considerarse que ella representa la segunda naturaleza de cada individuo.

Toda sombra es la contracara de la luz, pero sin ésta no hay sombra posible. Es por ello que a lo largo de la historia muchos autores han construido sus personajes sombríos como antihéroes que pretenden mostrar las distintas facetas que constituyen la esencia de los seres humanos.

En la literatura ha tomado forma de lobos, vampiros, demonios, perros, dragones, monstruos o ha sido ella misma la que ha encarnado al mal y todas sus manifestaciones.

Muchos han sido los mitos, leyendas, cuentos, novelas, y diversas creaciones artísticas en los que la sombra se ha proyectado haciendo escuchar su voz. Es posible que aprender a escucharla, aceptarla e integrarla a nuestras vidas resulte finalmente liberador y nos ayude a encontrar cierto equilibrio.

Oscuridades narradas

Escondida en las páginas de muchos libros, la sombra toma formas diversas y desafía desde ellos a lectores y autores, que le dan la justa oportunidad de existir.

Jorge Luis Borges en toda su obra se enfrenta a las sombras que lo atormentan. En su poema “Elogio de la sombra”, pone en evidencia su presencia:

“Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.”
En su poema “Son los ríos”, Borges vuelve a hacer mención a la sombra:
“Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja”.

 

Otro de sus poemas en el que que utiliza esa figura es “La joven noche

“Ya en el jardín las aves y los astros exaltan
el regreso anhelado de las antiguas normas
del sueño y de la sombra. Ya la sombra ha sellado
los espejos que copian la ficción de las cosas”.

Julio Cortázar se ha visto enredado en sus propias sombras en varias de sus creaciones, tal es el caso del poema “Negro el 10”, el que escribió despidiéndose de esta vida:

“Cedes a esta metamorfosis que una mano enamorada cumple en ti, te llenas de ritmos, hendiduras, te vuelves tablero, reloj de luna, muralla de aspilleras abiertas a lo que acecha siempre del otro lado, máquina de contar cifras fuera de las cifras, astrolabio para tierras nunca abordadas, mar petrificado en el que resbala el pez de la mirada, caballo negro de las pesadillas, hacha del sacrificio, tinta de la palabra escrita, pulmón del que diseña, serigrafía de la noche, negro el diez:
ruleta de la muerte,
que se juega viviendo.

Tu sombra espera tras de toda luz”.

 

La Sombra en la “Saga de los Confines” (Gonzalo Kenny)

La escritora Liliana Bodoc en la “Saga de los Confines” juega con la dualidad del bien y del mal a los que personifica envolviéndolos en poesía. En “Los días de la sombra” es justamente la Sombra la que en el cuerpo de una mujer se convierte en la madre del Odio eterno:

“Y en aquel hijo nacido contra las grandes leyes, el Odio Eterno encontró sustancia. Desde entonces muchas criaturas morían sin cumplirse. “Cosecha temprana, cosecha arrebatada”, murmuró la madre sombra. Y como no sabía encogerse de hombros hizo un torpe ademán para aceptar sus pensamientos”.

El escritor español Carlos Ruiz Zafón, utiliza bastante en sus novelas la lucha eterna entre el bien y el mal con personajes que deben atravesar sus propias sombras como una forma de lograr el crecimiento y la liberación. Sus ambientes suelen ser oscuros y generan misterio y terror.

La sombra del viento” es una historia en la que el propio escenario es sombrío. La laberíntica biblioteca, el cementerio, los libros olvidados constituyen lugares que generan suspenso y temor:

“Como quien escapa a través de las páginas de una novela, porque aquellos a quienes necesitamos amar son sólo sombras que viven en el alma de un extraño”…

Autoras como Joyce Carol, Charlotte Perkins o Ann Radcliffe se introducen en el mundo de las sombras a través de sus historias de terror, como muchos otros que han elegido este género:

“Ahí venía la muerte; Infalible. Una muerte imposible de disuadir. Una muerte con prisas. Una muerte que pedaleaba frenéticamente. La muerte, que llevaba un paquete con la inscripción entrega en mano, frágil en un rústico cesto situado detrás del asiento”

(De Blonde, de Joyce Carol)

Sin embargo, hay algunos autores como el japonés Junichiro Tanizachi que de alguna manera reivindican a la figura de la sombra. Así en su obra también llamada “El elogio de la sombra” se manifiesta a favor de las oscuridades y cuestiona aquello que es demasiado evidente:

“Aunque solo sea en el terreno de la literatura, me gustaría ser capaz de convocar una vez más a ese mundo de las sombras que ya hemos empezado a perder. Dar un amplio vuelo a los aleros del gran palacio de la literatura, oscurecer sus paredes, condenar a las tinieblas aquello demasiado evidente, arrancar de los interiores toda decoración superflua.”

Atravesar las puertas que nos llevan a encontrarnos con nuestras propias sombras podría resultar una aventura apasionante, durante la cual quizás lograríamos arrancar el maquillaje que nos protege, para descubrirnos mejores y liberarnos de la evidencia de las máscaras.

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