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Los símbolos en la literatura (2da. Parte): Los laberintos

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Encrucijada de emociones

Enroscadas en el laberíntico recorrido de su mente las emociones buscaron salida. Fueron y vinieron en intentos vanos que no encontraron rumbo.

Atascadas en divergentes y caóticos pensamientos se entrelazaron cómplices. Se apresuraron tanteando caminos. Ida y vuelta, rítmicas repeticiones de senderos cortados.

Encrucijadas que la vida le presentaba eran, de pronto, ovillos de sensaciones perdidas. Desafíos tejidos por un tiempo de horas ausentes, se hacían tortuosos en su cabeza aturdida.

Circuitos de palabras tramposas que buscaban perderlo, convergieron veloces en un punto de encuentro y fueron lágrimas que hallaron la puerta.

Las emociones dormidas, se encausaron débiles y cayeron en gritos que encontraron la salida. Después llegó el alivio. El monstruo había sido vencido.

Andrea Viveca Sanz

Simbología de los laberintos

Sendas que se ramifican con cierta monotonía, espirales infinitas, refugios, trampas, encrucijadas, riesgos, desafíos, prisiones o caminos divergentes pueden asociarse a la idea de laberintos. Ya sean reales o imaginarios son espacios en los que nos movemos con dificultad, en los que necesitamos encontrar una salida, que quizás se encuentre en el centro mismo de cada uno de ellos.

Atravesamos la vida, que se presenta en sí misma como un laberinto de decisiones en el que se entretejen las historias que nos hacen únicos y tantas veces similares.

Tortuosos y sinuosos son los múltiples caminos que debemos recorrer cada día en los complicados laberintos urbanos.

Laberínticos son los senderos de la mente y de la existencia misma cada vez que transitamos los desafíos cotidianos.

Los libros se convierten en verdaderos laberintos de palabras y de letras en los que se enredan y desenredan los hilos narrativos. Así una novela, un cuento, una poesía, son espacios donde las ideas entrelazadas se transforman en sí mismas en laberintos que forman parte del gran laberinto que constituyen las bibliotecas, como vivenciaba Borges.

Laberintos famosos

El laberinto del Minotauro

Cuenta la mitología griega que Dédalo construyó el famoso laberinto de Creta, dentro del cual estaba atrapado el monstruoso Minotauro, derrotado tiempo después por Teseo, héroe griego que fue ayudado por la astuta Ariadna.

Es quizás esta historia el origen de muchos otros laberintos simbólicos que fueron usados en la literatura de todos los tiempos.

Hay cuentos, novelas y poemas que hacen referencia explícita o implícita a los laberintos.

Toda la obra de Borges es laberíntica, sus palabras van enhebrando situaciones y personajes que quedan muchas veces atrapados en el tiempo y el espacio en el que se mueven. Es él mismo quien se pierde en laberintos que muchas veces le sirven de refugio, ya que encierra en ellos sus miedos o sus dudas.

En la “Casa de Asterión” hace referencia al mito del Minotauro, ya que en este caso el personaje se encuentra encerrado en una casa que simboliza el laberinto de Creta.

“Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.”

Muchos de sus poemas, como “Buenos Aires”, tienen un recorrido laberíntico.

“Buenos Aires es la otra calle, la que no pisé nunca, es el centro secreto de las manzanas, los patios últimos,
es lo que las fachadas ocultan, es mi enemigo, si lo tengo, es la persona a quien le desagradan mis versos…”

“La biblioteca de babel”, inmensa y extensa capaz de multiplicar hasta el infinito los libros que contiene, es el escenario ideal para ubicar al anciano protagonista que debe buscar en ese laberinto un libro.

“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto” …

En “El Aleph”, dentro del cuento “Los dos reyes y los dos laberintos” muestra de qué manera algo simple puede volverse a veces más laberíntico que algo complejo.

“Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían” …

En “El jardín de los senderos que se bifurcan” el laberinto es el tiempo.

“Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes, olvidé mi destino de perseguido”…

Umberto Ecco hace referencia a los laberintos borgianos en su libro “En nombre de la rosa” en el que aparece una biblioteca laberíntica en clara alusión a la de Babel y en la figura del bibliotecario ciego hace un notable homenaje a Borges.

Michel Ende en “La historia interminable” presenta una especie de laberinto, una historia dentro de otra, en donde hay que hacer el camino inverso para alcanzar los objetivos. Los deseos son las llaves que abren puertas, saber lo que se quiere permite avanzar y salir de ese laberinto imaginario.

Francisco Ayala y Julio Cortázar compartieron sus caminos literarios con Borges y ambos utilizaron en sus escritos la simbología del laberinto.

Ayala, en su obra “El hechizado”, muestra el laberíntico camino hacia el poder de su protagonista a través de un relato zigzagueante, que en sus idas y vueltas se vuelve en sí mismo una especie de laberinto de palabras difíciles de comprender.

Julio Cortázar, en “Casa tomada”, convierte a la casa en la que los protagonistas se mueven, en un laberintico espacio que atrapa.

Laberinto en “Harry Potter y el cáliz de fuego”.

También en la literatura infantil y juvenil los laberintos son protagonistas, como símbolos de pruebas que los personajes deben atravesar.

Lewis Carroll, por ejemplo, introduce a Alicia en un laberinto que la lleva a aventuras disparatadas dentro del país de las maravillas, y J. K. Rowling ubica a Harry Potter en el Laberinto de los tres magos, en el que deberá sortear diferentes trampas.

Muchísimas son las obras literarias que con sus relatos van creando verdaderos laberintos de palabras, de historias, de personajes. El laberinto se relaciona con lo místico, con lo desconocido y con lo mágico, es un lugar en el que muchas veces estamos atrapados como muy bien representa Borges en su poema “Laberinto”

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
Y el alcázar abarca el universo
Y no tiene ni anverso ni reverso
Ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
Que tercamente se bifurca en otro,
Que tercamente se bifurca en otro,
Tendrá fin. Es de hierro tu destino
Como tu juez. No aguardes la embestida
Del toro que es un hombre y cuya extraña
Forma plural da horror a la maraña
De interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
En el negro crepúsculo la fiera.

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Historias de confinamiento para épocas de coronavirus: la leyenda del castillo de Drácula

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Por Carlos Sala (*)

En la noche oscura, nada hay salvo el propio corazón. Los monstruos que vendrán a atacarte serán aquellos que tú mismo hayas creado. Bajo esta leyenda se esconde el nombre de Vlad III, el Empalador o Vlad, Drácula, príncipe de Valaquia, el personaje histórico que inspiró a Bram Stoker. Si algo fascinó a la sociedad victoriana de finales del XIX de esta leyenda fue el célebre castillo de Drácula, levantado en las montañas de Transilvania. Lo curioso del caso es que el castillo nunca fue suyo, sino del líder militar húngaro Juan Hunyadi, uno de los mayores estrategas de la historia militar europea, responsable de la muerte del padre de Vlad el Empalador, el rey Vald II, y fue el castillo donde el mítico Drácula estuvo encerrado durante trece años, de 1462 a 1475.

Durante estos largos años, los relatos de la crueldad de Vlad III empezaron a circular por toda Europa y los libros que recogían sus batallas, leyendas y torturas se convirtieron en auténticos “best seller” de la época, sobre todo en los reinos alemanes e italianos. En Rumanía era un héroe popular. Todos querían saber qué crueldades había cometido contra los otomanos, enemigo de todos los pueblos europeos, por un lado temiendo su rabia y violencia y por otro celebrándola al cargarla contra un enemigo común.

Sus estratagemas para vencer a un ejército que les superaba en más de 4 a 1 fueron múltiples, de mandar al campo de batalla a niños y mujeres para tener más cuerpos con los que detener el avance enemigo hasta envenenar pozos que pudieran usar los otomanos, pasando por desplegar enfermos de peste a las líneas enemigas. Aunque si por algún motivo se convirtió en leyenda fue por matar a más de 20.000 otomanos en avanzadilla y recibir al ejército del sultán con un bosque de cadáveres impalados que aterrorizó a los turcos. ¿Quién podía ser capaz de algo así?

La victoria fue celebrada y Vlad convertido un héroe de la región rumana, pero justo después de su gran victoria fue capturado por las tropas húngaras y hecho prisionero en el Castillo de Hunyard, también conocido como el castillo Corvino, nombre del hijo de Juan Hunyard. ¿Qué pasó durante esos trece años que vivió encerrado en el castillo? Poco se sabe, pero a día de hoy todavía se oyen voces de ultratumba entre sus paredes. Algunos dicen que es el propio Vlad, que ansía escapar de su encierro. Otros, que son los grito de horror y sufrimiento de sus víctimas.

El caso es que Vlad fue liberado sólo para morir meses después a manos de los otomanos. Sus enemigos le capturaron y la leyenda dice que lo descuartizaron en 43 pedazos, repartiéndolos por diferentes lugares para que nunca pudiese volver a la vida. La ironía es que con los años se convertiría en epítome de no muerto y figura de cuerpo eterno. Vlad volvía a derrotar a los otomanos después de muerto.

Situado en las montañas Calimani, en Transilvania, en lo que es la actual frontera con Moldavia, hoy es una gran atracción turística, y lo más cerca que existe a una “casa de Drácula”. Entre los fantasmas que dicen que asolan el castillo están los de tres prisioneros turcos a los que se les prometió la libertad si cavaban un pozo y encontraban agua. Después de quince años de fatigoso trabajo, los tres prisioneros encontraron agua, pero cuando reclamaron su libertad lo único que consiguieron fue una cruel burla. Se dice que Hasan, uno de los torturados soldados otomanos, escribió bajo la piedra, “ahora tenéis agua, pero no tenéis alma”. Una nueva demostración que toda casa encantada comienza con un cruel confinamiento.

De estilo gótico renacentista, lo cierto es que este inusual castillo despierta todos los anhelos de lo paranormal. Quizá la figura del vampiro sólo es la del fantasma que ansía un cuerpo con el que volver a conquistar el mundo. Junto a la Winchester Mistery House, es, desde luego, de las edificaciones más espeluznantes que se hayan construido nunca. El mito de Drácula sediento de sangre es en realidad el del fantasma sediento de cuerpo para seguir su vida de venganza, muerte y conquista, el triángulo del mal.

(*) Diario La Razón de España

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Preocupaciones, experiencias y sueños de los libreros, en tiempos de aislamiento social

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Por Walter Omar Buffarini /
Entrevistas: Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)//

A casi cincuenta días de decretado el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio para hacer frente a la pandemia de coronavirus en la Argentina, muchos son los efectos colaterales de una medida que apuntó fundamentalmente, y hasta el momento con buenos resultados, a cuidar la salud de cada uno de los habitantes.

Entre esas consecuencias no deseadas se cuentan los daños en prácticamente la totalidad de la actividad productiva, realidad a la que la industria del libro tampoco ha podido escapar.

Para entender un poco más acerca de este inesperado momento y cómo pararse frente a él, ContArte Cultura consultó a representantes de algunas de las más importantes librerías de la ciudad de La Plata, quienes contaron sus experiencias y se animaron a delinear el futuro inmediato.

Respecto de las consecuencias inmediatas tras decretado el aislamiento, los libreros coincidieron en que la caída de las ventas fue total, habiendo podido mitigarlo mínimamente con la autorización de la venta online.

City Bell Libros (13c Nº246 e/ Cantilo y 473bis)

En ese sentido, Ana Borean, de City Bell Libros, manifestó que “las ventas han caído abruptamente y el método online con envío incrementó costos y dificultó la comercialización”.

Por su parte, desde Rayuela Libros Guadalupe explicó: “La primera consecuencia fue la librería cerrada”. Asimismo, detalló que ante esto sus primeras actividades fueron “arreglar las bases de datos desde casa y generar contenido para las redes sociales”.

Un tanto más preocupado Eduardo, desde la librería Atenea, aseguró estar “sin posibilidad de ninguna venta durante 30 días, con facturación cero”.

Jorge García, uno de los propietarios de La Normal Libros, explicó que “inicialmente se rompió la cadena de pagos, lo que nos produce un retraso importante con nuestros proveedores, servicios y demás. Un perjuicio muy grande a largo plazo, ya que lo que no se vendió en su tiempo no se recupera”.

Ampliando en ese aspecto, García afirmó necesitar de “un lapso de trabajo de un año para volver a estar al día. Si antes veníamos con carga impositiva muy alta más los gastos que prácticamente no nos dejaba margen, esto nos hace muy difícil afrontar deudas y más a futuro”.

Librería Atenea (Diagonal 80 Nº 1010 esq. 49)

Nuevas estrategias

Ante este panorama, los libreros pusieron en marcha diversas y variadas medidas para sostener su comercio, entre las que se destacan los descuentos y las entregas a domicilio, como así también las ventas a futuro.

“En Rayuela hicimos tarjetas de regalo para pasada la cuarentena y algunas ventas telefónicas con descuentos especiales y a través de nuestra página web”, afirmó Guadalupe, quien aseguró que “no es una tarea sencilla”.

En City Bell Libros la modalidad optada fue “tomar pedidos por Whatsapp (221 5897352), responder así consultas de todo tipo y coordinar entregas en La Plata y toda las Zona Norte que abarca, City Bell, Gonnet, Villa Elisa, Arturo Segui, Los Porteños, Ringuelet y Gorina, entre otras zonas”.

“Nosotros tuvimos la suerte de que teníamos ya preparado todo nuestro sistema a través de la web para ventas electrónicas con entregas y solo tuvimos que hacer un par de ajustes”, sintetizó García, ampliando que “en La Normal entregábamos por Glovo, pero esa modalidad ya no fue aceptada por la Municipalidad y debimos cambiar el método de envío, que implica un costo extra tanto para el cliente como para nosotros”.

Rayuela Libros (Plaza Italia Nº 187 e/ 44 y diagonal 77)

Agradecidos a los lectores

Si bien todos destacan que no pueden compararse las ventas en librería con aquellas que se hacen por envío, los resultados no han sido tan malos.

“Gracias a nuestros fieles clientes, nos encontramos con una gran demanda de pedidos, la que tratamos de responder en tiempo y forma. La gente está urgida de leer o necesitan los libros escolares para hacer las tareas. Tratamos de adaptarnos a esta situación lo más rápido posible y de la mejor manera” afirmó Borean.

Jorge García remarcó que en La Normal tuvieron “muy buena aceptación de los clientes al delivery”, y que “mucha gente nos agradece por hacerles más amena la cuarentena. Un libro es algo fundamental para estos momentos.

En Atenea contaron su experiencia destacando que “la venta electrónica, sea como fuera, es fácil para vender Sacheri, Allende o cualquier otro bestseller, pero es muy difícil para una librería especializada como la nuestra”. De igual modo explicaron que “al no tener página web hacemos las ventas por Facebook, Instagram o correo electrónico, lo que es un poco complicado o engorroso, pero que poco a poco vamos mejorando”.

Desde Rayuela explicaron que la nueva experiencia que les toca vivir es “caótica”, pero a la vez “cargada de emoción y ansiedad”. Del mismo modo se saben “unos privilegiados”, ya que “poder estar trabajando es una suerte”.

Aunque también reconocen inconvenientes: “Como toda forma nueva de trabajo, recién ahora nos vamos organizando. Siempre tenemos activas nuestras redes sociales y a principio de año lanzamos nuestra página web, así que podríamos decir que estábamos preparados”.

La Normal Libros (Avenida 7 Nº 1125 e/55 y 56)

Por la vuelta a la normalidad

Finalmente, en relación a lo que los libreros creen necesario para contener su actividad, principalmente figura la necesidad de poder volver a tener gente en sus locales.

“Somos una librería de público presencial en el local”, insiste Eduardo de Atenea, entendiendo que “las opciones para nosotros como para otros comercios similares son implementar horario reducido o, como está sucediendo en otros lugares, salidas reducidas del público según la terminación del documento”.

En el mismo sentido opinó Jorge García: “Lamentablemente vemos un panorama sombrío. Nuestra librería en particular es más un paseo para nuestros clientes. Aquí pueden mirar, hojear, elegir, es una experiencia que ninguna web puede dar. Tener que decirle a un cliente que quiere venir a buscar un libro que no puede, que no podemos atenderlo en la librería, es un puñal para nosotros”.

“Agradecemos que nos hayan tenido en cuenta dentro de las medidas que nos permiten poder vender algo, pero lamentablemente de esta manera sólo podemos cubrir los costos y no mucho más. Entendemos la situación de la pandemia y estamos alineados con la cuarentena, pero sin clientes dentro del local, viendo los libros, asistiendo a las presentaciones de los autores, intercambiando opiniones con el librero, no veo que se pueda mejorar”, aseguraron desde City Bell Libros.

Y en esa mirada hacia adelante, desde Rayuela afirman: “¡Vemos más gente leyendo!” y se atreven a asegurar que “las condiciones cambiarán”.

“Pensábamos transcurrir todo el 2020 cumpliendo nuestros 29 años y festejando los 30 por llegar, pero si bien no vamos a poder llenar la librería de niñas y niños, autores y lectores, ya veremos que vuelta le encontramos. La cosas van a estar difíciles para todos, pero la lectura siempre es un buen refugio”.

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Cadenas: eslabones entrelazados en la cultura y en el arte

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

Encadenada

Algo se había roto y, sin embargo, todavía seguía atada al último eslabón de su desdicha. Sobre el suelo descansaban los otros, fríos y oxidados, tan solo el recuerdo de aquello que la había esclavizado.

En su mente cansada, se enredaban las palabras sobre los hechos y estos se manifestaban en su cuerpo dolorido. La bronca se hacía nudo en su espalda y el silencio era hielo en su garganta. Sus ojos buscaban un rumbo que los pies no se animaban a tomar. El universo se había quedado quieto y se expandía delante de ella en nieblas de incertidumbre.

Todo había acabado, la cadena que la unía a su pasado se había roto. Y, sin embargo, esa extraña sensación de libertad era lo único que la mantenía inmóvil. Quizás, todavía seguía atada al último eslabón de su desdicha.


Simbología de las cadenas

Toda cadena está constituida por eslabones o anillos y desde el punto de vista simbólico puede representar la unidad, dada por la afinidad entre aquellos que se vinculan a través de ella, como así también la esclavitud, mediante algún tipo de atadura física o psicológica que cercena la libertad de los encadenados.

En tribus ancestrales, como algunas africanas, las cadenas formaban parte de poderosos Totem en los que se unían dos figuras para convertirlas en una. En muchas sociedades antiguas, como la romana, se usaban para condecorar a los soldados destacados en la guerra, o para resaltar a los que ejercían el poder como sucedía entre los galos.

De la misma manera, aparecen en diversas culturas e incluso han sido centro de infinidad de mitos.

Las cadenas en la mitología

Desde la antigüedad, las cadenas se han utilizado como figuras o metáforas de las que se valieron los distintos autores. Entre los filósofos griegos, por ejemplo, Platón hablaba de la esclavitud y de las cadenas en el famoso Mito de la Caverna, que trata de poner en evidencia el tema de la educación y de las ideas en la historia de la humanidad. Ésta, esclavizada por su propia ignorancia e inconsciente de ella, no puede descubrir lo que existe más allá de la caverna de las costumbres. Con un lenguaje cargado de metáforas y utilizando a las cadenas como un verdadero símbolo, Platón trata de explicar el recorrido que deberían hacer los prisioneros para liberarse de esa prisión que los mantiene anclados a viejas creencias:

Del libro República

(514a) – Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, uno como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos. – Me lo imagino. – Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan. – Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros. – Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? – Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas… (ver mito completo)

Asimismo, en otro famoso mito, Prometeo es castigado por Zeus, quien lo encadenó por haber robado el fuego divino para ponerlo en manos de la humanidad.


Cadenas en la literatura

Poemas y cuentos han sido en muchas oportunidades el espacio en el que los autores utilizaron las cadenas como símbolo para contar una historia.

Así el caso del escritor Lope de Vega en su poema “Cadenas desherradas, eslabones”:

Cadenas desherradas, eslabones,
tablas rotas del mar en sus riberas,
tronchadas astas de alabardas fieras,
reventados mosquetes y cañones;

ruinas de batidos torreones
a cuya vista forma blancas eras
el labrador, jirones de banderas,
abollados sangrientos morriones;

jarcias, grillos, reliquias de estandartes,
cárcel, mar, guerra, Argel, campaña y vientos
muestran en tierra o templos suspendidos.

Y así mis versos en diversas partes
mi amor cautivo, el mar de mis tormentos
y la guerra mortal de mis sentidos.

El escritor Miguel de Cervantes Saavedra también se vale de la imagen de las cadenas en uno de sus poemas:

Las cadenas

Hay quien piensa que en el mundo las cadenas
solo están para atrapar en las prisiones
dónde dicen que se enjugan las condenas,
los pesares se consuelan con las penas
olvidando que han de andar con condiciones.

Que hay cadenas con sus muchos referentes,
las que ocultan de la vista la mirada,
las que suelen rodear a nuestras mentes,
las que impiden que seamos más conscientes,
las que dan a la razón una patada.

Las que toman su alimento de otras fuentes
en que el agua nace ya contaminada,
que se dejan seducir por indigentes
con olores putrefactos, malolientes
que recuerdan que ha de haber ropa quemada.

Todas ellas van trenzadas de eslabones,
todas ellas van fingiendo ser seguras,
todas ellas repitiendo sus razones,
que es llevarte a su redil con sus sermones
y dejarte en tu zurrón sus amarguras.

Del mismo modo, Pedro Calderón de la Barca simboliza la esclavitud y las ataduras de las cadenas en su comedia “Las cadenas del demonio”. A continuación, un fragmento de la obra:

Jornada primera

(Salen Irene, y Flora y Silvia deteniéndola.)

Irene: Dejadme las dos.

Flora: Señora,
mira…

Silvia: Oye…

Flora: Advierte…

Irene: ¿Qué tengo
de oír, advertir y mirar,
cuando miro, oigo y advierto
cuán desdichada he nacido,
solo para ser ejemplo
del rencor de la Fortuna
y de la saña del tiempo?
Dejad, pues, que con mis manos,
ya que otras armas no tengo,
pedazos del corazón
arranque, o que de mi cuello,
sirviéndome ellas de lazo,
ataje el último aliento;
si ya es que, porque no queden
de tan mísero sujeto
ni aun cenizas que ser puedan
leves átomos del viento,
no queráis que al mar me arroje
desde ese altivo soberbio
homenaje, en fatal ruina
de la prisión que padezco.

Silvia: ¡Sosiega!

Flora: ¡Descansa!

Silvia: ¡Espera!

Irene: ¿Qué descanso, qué sosiego
ha de tener quien no tiene
ni esperanza de tenerlo?

Silvia: El entendimiento sabe
moderar los sentimientos.

Irene: Ésa es opinión errada;
que antes el entendimiento
aflige más cuanto más
discurre y piensa en los riesgos.

Flora: Es verdad, pero también…

Irene: No prosigas; que no quiero
desaprovechar mis iras
ahora en tus argumentos.
Dejadme sola, dejadme,
idos, idos de aquí presto.

Flora: Dejémosla sola, pues
sabes que solo es el medio
de su furor el dejarla.


En las artes plásticas

Tanto en pintura como en escultura las cadenas forman parte de diversas obras. Entre tantas, unas cuantas que sirven de ejemplo:





En la música

Las cadenas no se encuentran ausentes en infinidad de composiciones musicales:

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2019-79370965 Edición Nº