Ana María Bovo y el arte de narrar desde el inédito y desafiante escenario de la virtualidad

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Las historias se despliegan sobre escenarios sutiles, un universo sensorial se abre paso entre palabras nacidas de algún detalle. Su voz recrea los espacios, se desliza sobre los tonos que pintan cada paisaje narrado, para soltar los perfumes que lo habitan, la esencia escondida en la gestualidad de sus personajes.

Ana María Bovo narra la vida en cada uno de sus espectáculos. Escucha, observa, se deja mecer por el aroma de los relatos cotidianos, camina sobre las imágenes guardadas en la memoria y las replica con su voz.

En una charla virtual con ContArte Cultura, la narradora contó cómo trabajó para adaptar su arte a los nuevos tiempos y brindó detalles del espectáculo “Humor puerta a puerta” que vía zoom realizará el próximo sábado a las 20.

La emisión de esta obra Bovo la compartirá con el CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral), espacio que la artista destacó especialmente “en estos tiempos que los teatros no pueden abrir sus puertas” y que “muy generosamente” ha albergado sus espectáculos y talleres.

—¿En qué momento de tu vida descubriste la necesidad o el placer de contar historias?
—El placer o la necesidad de contar historias se me despertó muy tempranamente. Primero fue la necesidad de escuchar las historias que contaban los demás, luego, mucho más tarde, la de tomar la voz para dar cuenta de aquellas cosas que me habían quedado en la memoria y que necesitaba replicar. Me refiero a los relatos cotidianos, de alegrías, de penas o de sucedidos de la gente que llegaba de visita a la casa y narraba acontecimientos de la propia vida o tal vez una película, un sueño o algo que le habían contado.

—¿Dónde nacen los cuentos que narrás habitualmente en tus espectáculos?
—Surgen siempre de una imagen. Puede ser una imagen visual o una sonora. Puede ser que una frase me despierte el estímulo, la asociación que me lleva de un lugar a otro, a un mosaico de situaciones e imágenes diversas que luego, como las piezas de un caleidoscopio, se van acomodando para conformar una figura armoniosa, que vendría a ser la del relato terminado.

—¿De qué manera construís las voces narrativas?
—Las voy construyendo desde dos vertientes: la escucha y la observación. A veces, según cómo se mueve una persona, fluye una voz determinada, un tono, un ritmo, que tiene que ver con su gestualidad. Puede suceder que la voz y el gesto estén muy disociados, pero lo que tiene de maravilloso la narración es que me permite ir libando, como hacen los picaflores, y así tomar el néctar de esa voz, de esos gestos, de sus características. Me permite tomar lo esencial del perfume que lo distingue y a partir de allí componer y delinear ese personaje.

—¿Cómo llevás adelante el proceso creativo de los escenarios en los que narrás las historias?
—A mí se me presentan esos escenarios. Yo leo un texto literario y “veo”. A partir de esa imagen tan poderosa que me ofrece el universo del relato, trato de adaptarlo de tal modo que yo pueda transmitirle al público ese mismo universo sensorial, con la particularidad de que la subjetividad de cada espectador y de cada espectadora lo va a armar a la medida de su imaginación, de su pasado, de su presente. Yo apuesto muchísimo a la carga sensorial, lo que me permite después, cuando estoy en el escenario real en el que cuento, poder habitar un espacio bajo una parra o estar en el último piso de un edificio sin ningún elemento de utilería que tenga que reforzar o ilustrar esa vista urbana o ese paisaje más bucólico de estar bajo la parra.

—La situación que estamos atravesando ha llevado a modificar las formas pero no la esencia. Contanos cómo te fuiste adaptando a esta nueva realidad.
—Me llevó dos o tres meses de la cuarentena encontrar un formato que conservara algo de lo teatral, que resistiera el pasaje a través de zoom sin perder del todo su esencia, para lograr que algo de lo escénico pudiera prevalecer. Pude poner en uso, al fin, un viejo telón de terciopelo granate que perteneció a un teatro independiente que tuvo que cerrar sus puertas tiempo atrás. Sólo tenía un paño. Lo pude ubicar sobre la pared de un pasillo de mi casa, de tal modo que fuera el telón de fondo, y el marco de la puerta, “el escenario”. Una puerta que da al cuarto que ahora es mi estudio y que antes fue el dormitorio de mi hija. Desde ese marco, hace 25 años atrás, me desplegaba como comediante para divertirla antes de que se durmiera. O sea, pude armar en el pasillo un teatro de un metro cuadrado desde el cual transmitir muchas historias. Esa es la forma lúdica y escénica que encontré para aventurarme en esta nueva manera de comunicarme con el público.

—¿Qué esperas encontrar detrás de las puertas que van a abrirse el 22 de agosto, cuando en forma online llevés adelante el espectáculo “Humor puerta a puerta”?
—Ese día tendré la incógnita de no saber qué casas voy a habitar desde mi propia casa. Trabajaré sin feedback, sin escuchar los aplausos, ni el silencio de la sala, ni las risas. Confiaré en que eso va a suceder tal cual pasaba cuando habitábamos el mismo espacio el público, yo, y en todos los casos, los actores, las actrices, los técnicos. Será todo un desafío.

—¿Existe algún otro proyecto que esté en gestación por estos días?
—Como todo el mundo estoy atravesando la incertidumbre. Viendo en qué dirección iremos a reconstruir esta nueva convivencia en los espacios públicos, por lo que tengo que ser muy mesurada con mis fantasías. Mi ilusión es presentar un espectáculo basado en las Anticonferencias de Isidoro Blaisten, para hacer con ese material un espectáculo presencial el año próximo. Mientras tanto, seguiré comunicándome con el público de esta manera virtual, y aprovechando la gran ventaja del “zoom teatro”, que tiene un  cariz muy democrático porque posibilita que te puedan ver en todo el país, borrando esa injusticia de las distancias que no permitía que nos acercáramos a la gente que vive a muchos kilómetros.

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