Carolina Del Pópolo: “Desde la palabra podemos dejar atrás un mundo dominado por la violencia y los prejuicios”

Por Andrea Viveca Sanz

Absorbida por las voces de sus abuelas, que flotaban en el aire de un fogón familiar, Carolina Del Pópolo fue capaz de atrapar las palabras y de congelar los recuerdos.

Una música lejana, cautiva en el interior de un viejo instrumento, la convocó. Con audacia, se entregó a desenredar los hilos de una historia que dio lugar a su primera novela, La verdad silenciada, y desde entonces se convirtió en mensajera de una melodía que estaba preparada para asomar, tímida, desde el extremo de un clarinete cargado de magia.

Las semillas de los relatos, escuchados junto al fuego, fueron el germen que dio vida a brotes de letras que crecieron y florecieron en su interior. Su libro es ahora el fruto maduro que ella cosecha y toma entre sus manos desde el árbol de la memoria, en el que las historias se entrelazan para caer en el momento oportuno.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora cordobesa deja escapar la música que la habita y comparte con nosotros la siembra de sus palabras.

—Para presentarte, ¿qué instantes congelarías en una foto y qué elementos, personas o colores te gustaría que formaran parte de ella?
—Presentarse congelando una foto es una idea que no se me hubiese ocurrido pero que es genial, porque para contestar esta pregunta es indispensable atrapar un instante mágico que no pertenece a las huellas del tiempo. Creo que congelaría en esa imagen el instante en que tomé contacto con un instrumento musical de viento. Se trataba de un clarinete antiquísimo que perteneció a Nunzio Del Pópolo, un tío bisabuelo músico clarinetista, que se enroló en la Banda del Ejército italiano y murió en combate, animando con sus acordes a los soldados que luchaban en el frente y en las trincheras, durante la Primera Guerra Mundial. Recuperé su fotografía, la única que conserva la familia, luego de años de búsqueda, y la incluí al final de la edición de La Verdad Silenciada. Su clarinete es de madera oscura con piezas en bronce. Así es que guardaría en la memoria ese contraste, y en el alma la infinita alegría que sentí al comprobar que aquello que con tono de ficción había escrito en la novela, cuando relaté que ese instrumento musical había regresado desde el horror de la guerra a las manos de la familia, era cierto. Ese tesoro esta realmente entre nosotros. Cuando Leonardo Del Pópolo, hijo de un primo hermano de mi padre, leyó el libro, se movilizó para buscar el clarinete que está en manos de María del Carmen Del Pópolo, prima hermana de mi padre. Ella es pianista y tiene la sonrisa más luminosa que he visto. Cuando el 28 de septiembre presenté el libro en Mendoza, me lo llevaron. Fue una emoción indescriptible. Todos se conmovieron cuando Juliana, hija de Leonardo, leyó una poesía que escribió para Nunzio y con ese texto fluyó la música guardada en su clarinete, después de 100 años de su muerte. Imaginé por un instante que ese instrumento era como la lámpara del cuento de Aladino, dentro de él había un genio que había esperado un siglo para ser liberado. Nada se pierde, todo se transforma.

—¿Cuál fue la semilla que germinó la escritura en tu vida?
—Creo que siempre hay varias semillas que germinan en una vida. Tal vez en la mía una de ellas fue la que dejó en mí de Italia mi abuela materna, durante los veranos de mi infancia. Ella viajaba con nosotros desde nuestra Córdoba natal a Mendoza cuando comenzaban las vacaciones estivales y nos llevaba junto con mi abuela paterna –Nélida- a Potrerillos, una villa recostada al pie de los Andes. En las noches encendíamos troncos secos para hacer fogones y las abuelas contaban historias que permanecieron intactas en mi memoria. Allí supe de Nunzio y de su joven vida que trágicamente había sido entregada por la patria en la Primera Guerra. También conocí la historia del accidente de Juanho, que relato al inicio de La Verdad Silenciada.

— ¿De qué manera surgió la idea de contar la historia de “La verdad silenciada”?
—La Verdad Silenciada no surgió de una idea. Creo, con un alto grado de certeza, que surgió de un impulso intuitivo, de esos a los que no podés desterrar tan fácilmente porque regresan y te golpean la ventana. Di inicio a la escritura sin ningún asesoramiento, no fui a taller literario alguno, ni contraté a nadie para que corrigiera mi manuscrito. Comencé una noche a escribir en casa, casi sin rumbo, con la intención de plasmar esos relatos misteriosos que recorrían las memorias familiares. Y la historia fue fluyendo y siguió fluyendo hasta convertirse en una novela.



“Las semillas que germinan para dar buenos frutos son todas aquellas que desaparecieron y se hundieron en surcos regados con amor y respeto”


—¿Cómo fue el proceso de investigación que te permitió construir la novela?
—Fue arduo, pero sumamente interesante. Necesitaba insertar los relatos surrealistas familiares en un escenario real, engarzarlos en los eslabones de las cadenas de acontecimientos sociales, políticos, culturales y económicos más relevantes del siglo pasado. Ante ese desafío debí bucear en la historia e investigar sobre fascismo, nacionalsocialismo, la intervención del Vaticano en las altas finanzas, el backstage de la sofisticada logística montada por el General Perón en Europa para tender fuertes puentes que soportaran la huida masiva de nazis al país, las oscuras figuras que manipulan desde las sombras y que constituyen el real poder detrás del poder aparente y, como también hablo de la muerte y de su interpretación según las diferentes culturas, debí adentrarme en las tradiciones que rodean la celebración del día de muertos en México y en las tétricas Catacumbas Sicilianas. El proceso de investigación fue un viaje en el que ficción y realidad se entremezclaron para dar a luz una historia que escribí con pasión.

—¿En qué ambientes se desarrollan las escenas?
—La novela no fue escrita linealmente, sino que los tiempos se van y regresan como si alguien los recordara desordenadamente, fiel al fluir de la conciencia. Al inicio de cada capítulo ubico al lector en el espacio y en la época en que transcurre ese episodio. Recorrí Mendoza, Sicilia, el Vaticano, París, Berlín, Buenos Aires y México.

—¿Cuál es el tiempo histórico en el que se mueven tus personajes?
—La novela transcurre entre 1904 y 1997. Prácticamente todo el siglo pasado.

—Contanos cuáles son los protagonistas principales y cómo lograste dar vida a cada uno de ellos.
—Los protagonistas principales son Nunzio y Juanho, ya que ellos eran quienes dieron vida a las míticas historias familiares. Juanho es un niño conectado con una presencia sutil pero poderosa, que misteriosamente logra salir ileso de un accidente de tránsito. Guiado por una profunda intuición descubre que la fortuna familiar ha sido edificada sobre los cimientos de la traición y del fraude. También parece tener una conexión espiritual con Nunzio y percibe el abandono y la tristeza que han retenido su alma en un plano inferior al cual ya no pertenece. Él inicia un camino de reparación e intenta recorrerlo de la mano de su gran amor: Paula. Ella es música y descubre a través de una anciana mejicana -Lala- que existe un misterio inexorable que debe ser develado para que Nunzio pueda regresar a la luz y al descanso de su morada definitiva. Ambos emprenderán una aventura que los unirá para siempre. Otro personaje entrañable es Pola, la nana de Juanho, quien lo ama incondicionalmente y es habitada por una intuición que la orienta siempre que Juanho está en peligro para advertirle que debe ser prudente.

—¿Por qué elegiste ese título?
—Elegir un título fue lo mas difícil. Diría que lo elegimos juntas con la editorial, porque como la historia está atravesada por tantos temas y tan diversos, fue complicado titularla. Finalmente decidimos que La Verdad Silenciada era el más apto porque había muchos secretos que se iban develando en su desarrollo. Sin embargo, hoy, después de conocer que el recuperado clarinete de Nunzio está en manos de los músicos de la familia, creo que un título más significativo hubiese sido La Música Silenciada.

—¿Existe una nueva obra en desarrollo?
—Escribo una nueva historia que me tiene muy atrapada pero aún estoy en los inicios, ya que sólo escribo en algunos momentos libres. El ejercicio de la profesión insume varias horas de mi jornada, pero no he abandonado la pasión por la escritura y no creo que la abandone, pues no nos es posible abandonar aquello que amamos. La nueva historia también tiene varios escenarios y cruza la Segunda Guerra Mundial. La “pesqué” en el aire, fue como percibir una luz especial en ella.

—¿Un sueño en este camino de las palabras?
—El mayor sueño tiene que ver con una profunda convicción personal. Creo firmemente que estamos atravesando por una gran crisis que implica una transformación de las viejas estructuras, que se desmoronan para dar espacio a una nueva conciencia colectiva. Y es ese el camino que propongo como mujer que escribe: reconocer la crisis, aceptarla y atravesarla para que pueda emerger un nuevo estado de conciencia, una nueva cosmovisión que posibilite otra forma de relacionarnos con los demás, con la naturaleza y con una energía universal. Una gran referente, la antropóloga Ana María Llamazares, ha expresado con luminosa lucidez que la actual crisis es “como una espada que recorre desde el corazón de la galaxia hasta el corazón del alma humana”. Casi literalmente todo está trastocado, dice Llamazares, pero no nos deja sin esperanza, pues inmediatamente acota: “Pero no es el fin del mundo: es el fin de un mundo y el comienzo de otro. Lo que empieza a caerse es el paradigma materialista, mecanicista y racionalista derivado de las ciencias clásicas”. Concretamente ella se refiere al viejo paradigma sostenido por el machismo, el autoritarismo, el materialismo, el consumismo, la violencia y la adicción. Retomando la posible construcción de ese sueño, finalizo diciendo que desde la palabra podemos abrir paso a un gran desafío: dejar atrás un mundo dominado por la competencia, la violencia, el patriarcado y los prejuicios para abrir una dimensión habitada por una nueva conciencia colectiva que por fin nos lleve a relacionarnos amorosamente y pacíficamente entre nosotros, con la naturaleza y con el universo, de acuerdo a un orden cósmico que es perfecto y eterno. No puedo dejar de mencionar que ese propósito sólo puede cumplirse si ayudamos a difundir esta conciencia y esa posibilidad hoy es concreta gracias a ContArte Cultura, que me dio la oportunidad de expresar este anhelo.


Conocé más de Carolina Dewl Pópolo aquí.


 

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