Perla Suez nos cuenta ‘Furia de invierno’: “La escritura me permite repensar todo eso que me destroza”

(Foto: José Hernández)
Por Andrea Viveca Sanz

Con una prosa ágil y precisa, Perla Suez se sumerge en territorios en los que lo invisible se ilumina gracias a la contundencia de sus palabras. Son justamente ellas las que atraviesan las fronteras, cruzan las orillas, se adhieren a los márgenes y se congelan en imágenes que logran irrumpir en el silencio, para liberarlo.

Sobre los bordes de sus páginas, en el ápice de sus letras, viajan preguntas que buscan respuestas, escondidas, tal vez, en los rincones de la memoria.

Con certeza, la autora cordobesa logra escarbar en los intersticios del miedo para mostrar con un ritmo cinematográfico la otra cara de una realidad, en la que todos estamos sumergidos.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora recorre los escenarios de su última novela, “Furia de invierno”, e invita a los lectores a caminarlos con ella.

—¿Cuál es el germen que dio vida a “Furia de invierno”, tu última novela?
—La génesis de la historia pasa por la preocupación de presentar a un ser que está invisibilizado por la sociedad. Existen miles de esos individuos que son de carne y hueso y que a nadie le importan. Porque la sociedad no tiene una salida para esas personas marginalizadas como Luque. Masas de personas que andan de un lado a otro buscando un lugar donde vivir. Son outsider, una suerte de zombis de este mundo, en los que de entrada varias situaciones, como en el caso de Luque, tallan en él. La sociedad los acorrala y les asigna un lugar del que es difícil de escapar. Es un nuevo modo de hacer la guerra y de hacer desaparecer.

—¿De qué manera lograste dibujar con tus palabras la marginalidad de Luque, tu protagonista, para que los lectores puedan sumergirse en las imágenes y completar la historia?
—Trabajé mucho. Me costó construir a Luque, el personaje principal, y sostener una historia con él fue brutal, muy difícil. Para escribir siempre necesito una trama. Vengo de la formación cinematográfica y sin trama y sin conflicto no puedo avanzar. Mientras escribo me hago un montón de preguntas y trato de perfilar al personaje, y desafiándolo a él y a la historia que construyo con escenas, es como si la ficción se mixturara de la literatura que leo y de las imágenes que me da el cine. Esos modos de entender la ficción se tejen fuertemente en mí.

—Luque realiza un viaje en el tiempo histórico, pero a la vez uno interior en el que se superponen la realidad y los fantasmas que la quiebran, ¿cómo llegaste a entrelazar los hilos del pasado y el presente en un tejido tan sólido que atrapa a todos los que se dejan enredar por la historia?
—Cuando ubiqué a Luque durante la dictadura, supe que después transitaría por la Democracia y la época del menemismo, donde empezó la locura del consumismo, con Luque viviendo entonces en un lugar de frontera que no es casual. El crecimiento del consumismo salvaje en estas tierras durante el menemismo me ayudó a definir a este ser. Fueron épocas raras. Quería crear una especie de alegoría sobre los efectos del consumismo. Además, yo sabía que había algo elíptico en la novela y trataba de generar un clima de somnolencia con lo onírico.

—¿Qué elementos te ayudaron a pintar los escenarios que forman parte de la geografía de tu novela?
—De niña viví en la mesopotamia, mi padre era médico del ferrocarril y conozco un poco los ámbitos de frontera. Cuando logro situar a Luque en Paraguay, en Asunción, quería jugar con esa ambivalencia que él tiene, entre quedarse en un lugar y esa necesidad de irse.

—“Furia de invierno” está cargada de imágenes, que son verdaderas fotos en las que se reflejan las emociones de los personajes, ¿sentís que a través de ellas se puede visibilizar a muchos invisibles de nuestra sociedad? ¿Es la palabra escrita una oportunidad para atravesar el silencio y mostrar lo callado?
—Quise crear un personaje complejo, contradictorio, que estuviera en los límites y, por momentos, fuera de la realidad. Todo en una atmósfera onírica que nutriera las rarezas del personaje y que filtrara la indiferencia de la sociedad. Por mi cabeza pasaron imágenes, muchas de ellas que ya había contado en otras historias. Varias veces tuve que descartar escenas, diálogos, ideas, por temor a copiarme a mí misma, contar lo mismo o parecido, repetir recorridos. Porque hay problemáticas que me obsesionan, como los personajes marginales, la violencia, la hipocresía. Si vuelvo atrás y reviso mi trabajo, puedo decir que quizás lo que quise contar en Furia de invierno se vincula con la necesidad de volver a preguntarme dónde me encuentro en este mundo hostil que no entiendo. En este mundo violento donde pasan las cosas que pasan. La escritura me permite pensar y repensar todo eso que me destroza y llevo como una carga pesada.

—Toda obra literaria es un territorio en el que las letras se convierten en abono capaz de fertilizar las ideas y multiplicarlas, ¿qué cosas de “Furia de invierno” pensás que merecen ser germen de otras obras?
—No lo sé, pero ojalá que el destino de Luque, un ser fantasmal sofocado por la indolencia y presa fácil de esta sociedad hipócrita, no caiga en la indiferencia.

—Una palabra que defina tu próximo sueño literario.
—Mujeres.

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