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Entrevistas

“Perlas negras sobre mármol blanco”: qué se esconde en la última novela de Andrea V. Luna

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Blanco sobre negro, negro sobre blanco. Una perla rueda el destino, hay secretos ancestrales escondidos en el mármol, el misterio avanza entre los renglones y arrastra letras. Después, emerge la magia y se hace voz en los personajes.

Andrea V. Luna, autora de “Perlas negras sobre mármol blanco”, charló con ContArte Cultura acerca de los misterios encerrados en  su última novela.

—Para entrar en el clima de esta nueva novela, detengámonos en los materiales y los colores que elegiste para el título. ¿Qué nos podés adelantar acerca de ese juego de palabras que dan comienzo al misterio?
—¡Ay! ¡Qué pregunta! Perlas Negras… es un thriller esotérico y, como tal, tiene mucho de luces y de sombras. El tema de lo extremadamente oscuro en contraste con la blancura más impoluta fue la idea siempre. En este caso, las perlas negras tienen mucho de únicas, de exóticas, y su contraste con una escultura de mármol genera un mar de sensaciones que van más allá de lo exclusivamente visual, sino que se transmite hacia los demás sentidos, en un abierto juego de intensidades, en donde la antítesis se va hacia lo sinestésico. Los protagonistas, Didier, Alex, Franco y Alba, se mueven dentro de ese vaivén hasta que no sabemos quién es quién.

—¿Recordás el momento en el que viste o percibiste la primera imagen de esta historia?
—Hubo, en realidad, dos imágenes que parecían inconexas: una, la de la escultura del primer capítulo; la otra, la del periodista investigador escondido en su propia sombra de fobias. El desafío fue unir ambas ideas y ver cómo funcionarían juntas en el marco de un asesino serial. Yo no recuerdo si ya lo habíamos hablado, pero para mí la literatura, el proceso de la escritura como hecho literario, es un juego en sí mismo que nos nutre y nos hace más libres. Yo no creo en el gesto adusto, “archiserio” de por sí. Si sentarme a escribir no me da placer, si no me divierte, entonces debo entender que al lector le pasará lo mismo. Incluso cuando escribo relatos de terror o un thriller como este.

—Una vez que descubriste el punto de partida, ¿cómo siguió el proceso de enredar y desenredar las vidas de los protagonistas?
—Es un proceso loco al que me voy resignando novela a novela: yo planeo un montón de cosas para los protagonistas, hechos, acciones… pero en cuanto armo una vida, ya se comienzan a poner complicados y hasta son capaces de desafiar lo que he pensado para ellos. Así que parte del proceso es aprender a hacer un bollito con los papeles de la planificación y dar prioridad a lo que los propios personajes sugieren para sí mismos.

—Y hablando de ellos, ¿quiénes son y qué te gustaría destacar de sus rasgos físicos o psicológicos?
—Puede haber mucho spoiler acá, pero veamos:

  • Didier Donarrumma, periodista investigador. Sagaz, tímido, hiperfóbico.
  • Alex Kuzeluk, bloguera: intrépida, alocada.
  • Franco Boch, el sobrino de Alba. Así, sin más.
  • Madame Alba, tarotista, médium: una anciana encantadora… o no.

—¿En qué geografías o escenarios sucede la trama?
—Me gustaba la idea de jugar con diferentes emplazamientos para los crímenes, así que me propuse recorrer algunos sitios más o menos emblemáticos y en los cuales yo había estado: la Ciudad de Buenos Aires (no La Plata, esta vez), ciudad de Neuquén, Malargüe en Mendoza, los alrededores de Villa General Belgrano en Córdoba y Las Grutas en la costa de Río Negro. Amé escribir sobre algunos de mis viajes… y ahora me dan ganas de más.

—Una imagen que represente la temática de esta novela.
—¿Además de las perlas y el mármol? Las cartas de tarot. Ya verán: no sé si da para contar más.

—Para concluir, dejemos en este último renglón un hilo suelto que conduzca a algún secreto que los lectores tendrán que descubrir.
—¡Qué pregunta! Hay una cierta mitología escondida en la trama… varias leyendas universales que se complementan con la mitología griega. Encontrar ese hilo cierra todos los frentes argumentales que se han abierto durante el andar de la novela.


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1 comentario

1 comentario

  1. Andrea V. Luna

    05/10/2020 a 16:34

    Una entrevista mágica. Como ya es costumbre, gracias por hacerme sentir tan cómoda.

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Entrevistas

Laura G. Miranda nos cuenta “Las otras verdades”, su última novela

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

La verdad se multiplica, muta en la anatomía de los cuerpos, pesa, se escinde en una palabra, es viento en el presente, luz en el  instante donde sucede la vida.

¿Cuántas verdades entran en “la verdad”? ¿Es posible partir hacia otras verdades?

Isabella, la protagonista de “Las otras verdades”, la nueva novela de Laura G. Miranda, logra tomar distancia, atravesar el miedo y partir hacia otras posibilidades, hacia la incertidumbre que fractura, tal vez para romperse en los múltiples fragmentos que constituyen la verdad y reconstruirse.

ContArte Cultura charló con la autora para abrir con ella la tapa del  libro, recién publicado por Vera Romántica, y adentrarnos en la historia.

—Para comenzar esta charla nos gustaría que elijas un objeto simbólico que represente la esencia de tu nueva novela y nos cuentes qué cosas te vinculan a él y a tus personajes.
—Creo que Las otras verdades es, definitivamente, el sol. Porque es una historia que amanece, escampa, derrama claridad sobre temas que merecen, el debate y el respeto por la multiplicidad de argumentos, en todos los sentidos, sin prejuicio alguno. Me une a este libro la certeza de que no hay una sola verdad y todas tienen la misma importancia. Nadie debería ser juzgado por pensar y desear distinto, no hay minorías o mayorías. Hay razones y verdades junto al derecho a ser escuchadas. Por otra parte, la empatía con su protagonista, Isabella López Rivera de mi novela Volver a mí, a quien no pude soltar. Será porque las columnas que ella escribe, en realidad, son mi modo de atravesar cada problemática que abordan. A eso, sumo que cuando vi la portada confirmé que no era el sol solo para mí, sino también para quienes eligieron ese amarillo sublime de fondo que parece gritar que lo miremos y luego, al acercarnos, nos llena de dulzura con la imagen.

—¿Cómo se manifestó la historia de Isabella? ¿Qué fue lo primero que percibiste, el punto de partida para empezar a contarla?
—Hace tiempo que escucho a muchas chicas jóvenes sostener que no desean tener hijos, y basan su convicción en que no proyectan su vida siendo madres. Analicé el tema y me di cuenta que el mandato es muy fuerte. Tanto que a cualquier mujer se la felicita por un embarazo al dar la noticia, incluso sin saber si está contenta, en cambio se prejuzga a quienes sostienen que nunca tendrán hijos. Mujeres “incompletas”, se dice como mínimo entre un montón de opiniones que discriminan o critican la decisión, como si no fuera legítima. Así, en tiempos de nuevos paradigmas, con Isabella, ese personaje que no me dejaba y había quedado en pareja con 24 años al finalizar Volver a mí, analicé las fechas y sentí que con 27 años tenía mucho para decir y supe que era ella quien definía la nueva historia. Tenía que volver. A partir de ese momento, me adentré en su vida hasta concluir la novela.

—¿Qué personas o situaciones te ayudaron a construir la psicología y las necesidades emocionales de Isabella?
—Un poco lo he respondido en la pregunta anterior. Agrego que me disgusta la injusticia, por eso las necesidades de Isabella fueron también las mías junto con las de todas las mujeres que eligen no ser madres y son prejuzgadas por eso. Parte de la sociedad está encriptada en costumbres y mandatos arraigados a la familia, es dura con quienes se atreven a lo diferente. Yo celebro este tiempo de poder elegir y le di voz en la ficción a esta verdad. No desear ser madre es una decisión tan válida como la de serlo. Mi hija fue la primera que me hizo pensar en el tema.

El lanzamiento virtual de “Las otras verdades” se realiza este viernes a las 17.30 por el canal de YouTube de Vera Romántica

—La distancia entre los protagonistas es lo que pone en movimiento la historia, ¿cómo construiste los escenarios en los que se mueven tus personajes en función de sus necesidades y vivencias? 
—La distancia sucede cuando nos alejamos, de lo que sea, un lugar, un ser, un problema o todo a la vez, y es lo que permite el cambio de perspectiva, otra mirada sobre lo mismo. Simbólicamente, poner distancia entre ambos era la única posibilidad de encontrar la salida al conflicto planteado con posiciones extremas. En verdad, al ponerme enteramente en sus lugares, yo necesité alejarlos para pensar y sentir. No sabía cómo iba a terminar la historia. Confieso que no fue fácil su final. Los dos tenían razón.

—¿Cuáles son las temáticas que atraviesan tu novela?
—Plantea dos hilos conductores fuertes: la maternidad por elección, en un marco donde las mujeres que proyectan su vida sin hijos no deben ser cuestionadas. Sucede, como dije, que cuando una mujer dice que está embarazada se la felicita y está muy bien que así sea si ha sido su deseo, pero no pasa lo mismo cuando otra dice que nunca los tendrá. Aquí se las señala o se habla de que no estarán completas, de que se van a arrepentir, que son raras, etc. Reconozco en esta cuestión un nuevo paradigma, tan legítimo como lo es ser madre. Tengo dos hijos y los volvería a tener, pero en su momento no se me ocurrió plantearme una familia sin ellos. Algo cambió y sentí que había mucho para decir en favor de esa idea. El otro hilo es el “después” en el amor. ¿Qué pasa después que dos personas deciden estar juntas, después del beso, cuando el libro termina, cuando la película nos deja tranquilos que han superado todo? Hay una vida mientras se ama y hay desacuerdos. En ésta novela la voz habla sobre deconstruir el amor, si es que es posible, para continuar juntos o no hacerlo. Casi nadie se conoce aquí, sino que son historias de amor del “después”. Luego, elegí dos escenarios principales que amo, Buenos Aires y Nueva York, lugares en constante movimiento, con luces y ruidos que interfieren al momento de oír la voz interior. Porque así estaban ellos, sumergidos en una vorágine, el destino fue concordante con eso. En este caso conozco ambos lugares, la investigación fue breve. Sin embargo, respecto de otros personajes secundarios, me sumergí en África y en la cultura afrodescendiente y en ese punto investigué muchísimo. Tanto que deseo ir a conocer ese país donde el tiempo tiene otra unidad de medida.

—Y hablando de maternidad, ¿cómo descubriste o “escuchaste” los deseos de Isabella a medida que escribías su historia?
—La escuché con claridad, pero la sentí pasar por todos los estados de ánimo al no ser comprendida. Tuve el apoyo incondicional de una amiga que piensa como Isabella y que nunca logró que la entiendan sin cuestionarla. Ella con una palabra me daba señales continuas. Además, la voz de mi hija, su lógica y la manera de decirme que me admira, pero que ella no elige ese rol, fueron un faro durante todo el proceso creativo. 

—Durante el proceso de escritura sin dudas también se mueven las emociones del autor, ¿qué dejó “Las otras verdades” en vos después del punto final?
—Me dejó una sensación de infinita paz. Dije lo que tenía para decir y sentí que transmití “otra verdad”. Además, lloré. Mucha emoción y gratitud por la posibilidad de hacer lo que más me gusta y lo que creo que hago mejor. Contar en mis historias la vida misma, invitar a reflexionar sobre temas actuales y comunicar siempre un mensaje esperanzador.

—Para terminar, te invitamos a dejar en este espacio un deseo para estos personajes que acabas de soltar al universo de tus lectores.
—El deseo para mis personajes es que lleguen al mejor destino: el alma y el corazón de quienes lean sus verdades y les permitan entrar en sus vidas.

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Entrevistas

Mariano Villasante: “El proceso creativo tiene que conmoverme, tiene que tener sentido y emoción”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

La música late, serpentea entre las palabras, una realidad dentro de la otra, es luz que emerge desde el fondo, espada que disipa la oscuridad del camino, que pone en marcha la máquina del tiempo, mueve sus agujas y se vuelve canción en un reflejo.

Mariano Villasante es músico independiente y activista cultural, formó parte de la banda Ánima bendita y luego comenzó su carrera solista. En su música se reflejan distintas ramas del arte y la cultura, hay en cada canción pinceladas de la realidad que nos atraviesa, trazos nuevos sobre los viejos, imágenes superpuestas que se funden en un todo armónico y creativo.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, el artista cuenta acerca de su recorrido musical y presenta su último disco “La fuerza”, una obra que incluye cinco canciones que van desde el folk, al pop y al rock nacional.

—Vamos a comenzar esta charla con un juego de presentación. Para eso ponemos en tus manos un espejo imaginario, que te refleja a vos pero además refleja a otros, a todos los que forman parte de tu carrera artística. Sin pensar demasiado, ¿quién o quiénes son las primeras personas que aparecen en ese reflejo? Si pudieras elegir una palabra que represente la fusión de esas imágenes, ¿cuál sería?
—En ese reflejo seguramente están mi familia, mis amigas músicas y amigos músicos, mi compañera, mis hijos. Mi ex maestro. Ellos son quienes siempre cuidan mis cualidades y confían en mis canciones. Precisamente confiar sería la palabra. En hacer lo que te gusta y en hacerlo más allá de todo.

PH: Mati Montagne

—¿En qué momento sentiste que la música y el arte en general formarían parte de tu vida?
—Cuando dejé el fútbol para tocar con mis amigos en una banda de rock and roll. Cuando fundamos con mi hermano El Árbol Caído, la primera sala de ensayos de Adrogué. Cuando formé Ánima Bendita y empezamos a crear nuestras composiciones. Cuando saqué La Fuerza.

—¿Cuál fue el primer instrumento musical con el que conectaste?
—Mi primer instrumento fue un teclado Casio que compré en las vacaciones familiares que pasamos en Brasil. A los dos meses ya estaba componiendo cositas.

—¿De qué manera llevás adelante el proceso creativo de tus canciones? ¿Qué te inspira a la hora de componer?
—El proceso creativo siempre tiene que conmoverme, tiene que tener sentido y emoción. En general empieza con una melodía, o con algún tipo de música que inicie el camino, una secuencia de acordes, o un juego de palabras. Después continúa un trabajo de artesano, puliendo la canción, en armonía y texto, para que quede lo más cercano a cómo la imaginaste la primera vez.

—Recién mencionabas a “Ánima bendita”, banda de la que formaste parte durante mucho tiempo, ¿cómo viviste esa experiencia grupal y qué te llevó a poner tus pies en el camino solista?
—Anima Bendita significa mucho para mí. Fue mi escuela musical, los años jóvenes. Es la siembra. Me dejó un sinfín de anécdotas felices, algunas composiciones fantásticas, el recuerdo de un momento inolvidable. Pero eso se desintegró y yo estaba necesitando más. Por suerte estoy vivo, aquí y ahora, combatiendo este momento con canciones y con compañeros increíbles que estimulan muchísimo el viaje. Pero a veces extraño lo grupal, mucho más ahora que nos damos cuenta que es tan importante poder compartir la música.

PH: Mati Montagne

—Precisamente, en 2018 salió tu disco como solista “La música se comparte”, contanos cómo fue esa primera obra.
La música se comparte, mi disco anterior, fue una sumatoria de primeras tomas. Amigos y amigas citados en el estudio para compartir el mambo. Trabajamos desde ese concepto y me di el gusto de tocar con muchas personas queridas, por eso el nombre. Lo considero un buen primer paso. 

—Y por estos días estás presentando “La fuerza”, ¿qué nos podés contar de esta obra producida durante la pandemia y que ha logrado fusionar las distancias? ¿A quiénes homenajeás en este disco?
La Fuerza es una obra más abrazadora, un túnel de música que te va contando cómo la familia, la magia, los encuentros, las pérdidas, las cofradías, nuestros héroes, son los verdaderos asuntos que merecen ser canción.

—Contanos un poco más qué es “El Árbol Caído” y el blog “Notansolistas”, nacidos desde tus deseos de promover el arte y la cultura.
El Árbol Caído es un local de ensayos, nacido en agosto del ‘98, situado en el corazón de Adrogué y que todavía está vigente. Un espacio soñado, un semillero inagotable. ¡Y aún tenemos mucho camino por delante! Lo demás, ya es historia. El blog www.notansolistas.blogspot.com es una red de músicas y músicos que sembró un camino con los y las solistas que se iban sumando. Una flecha muy heterogénea, una idea fantástica de mi compañera Dani en la que yo sólo tenía que hacer la conexión, el puente. Fue una rueda que giró por todo el país y más allá también. Contenía una pregunta final, hermosa y letal: “¿Con quién continuamos?. Así sumamos casi 100 representantes de la música argentina y de pronto, se nos apagó. Ojalá algún día podamos retomarla.

—En ese mismo proceso creativo de difusión diste vida a tu libro “Crónicas abiertas”, ¿cómo llegaste a su escritura y edición?
Crónicas Abiertas sobre los ensayos abiertos en el Árbol Caído, tal su título completo. Un repaso, casi autobiográfico, de aquellas primeras experiencias de ensayos abiertos, encuentros memorables de 2010 y 2011. Un espacio que abre sus puertas a la manifestación del arte. El libro fue un trabajo intenso con personas que me estimularon y apoyaron mucho a concretarlo. Estoy contento de haberlo hecho, es casi como mi primer paso solista. A la edición sólo se llega por voluntad, sobre todo si el frente es la independencia. El libro es un cóctel que incluye rock, cuento, relato, porro, viajes en 160s, familia, amplificadores, poesía.

—Para terminar, ¿qué proyectos están rodando por estos días?
—¡Vivir!

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Artes Plásticas

Matías Tejeda: “Es difícil pensar la vida sin el arte, sin eso que nos conecta con lo que no siempre vemos”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Matías Tejeda es microbiólogo y artista plástico, a menudo se sumerge en los secretos del mundo invisible, lo recorre, hay una búsqueda y un encuentro. Con habilidad, logra detectar lo que no se ve, se introduce en los intersticios de la sociedad, observa, mide, recolecta datos, deduce, se deja llevar por la intuición y despliega su arte.

Es allí, en ese punto de contacto entre la ciencia y el arte, donde logra la síntesis, donde despliega el lenguaje para comunicar un mensaje a través de sus imágenes.

A veces, es un grito, una palabra que perfora, la línea que recorre la superficie de un silencio, es una pincelada en los márgenes, la mancha que incomoda, una huella, la imagen que habla, el relato encima del relato, es síntesis, arte en movimiento.

En diálogo virtual con ContArte Cultura el artista cordobés abre las puertas de su mundo creativo y nos permite acompañarlo en su aventura de crear.

—Para comenzar, y a manera de juego de presentación, queremos poner en tus manos un objeto imaginario, será un microscopio, cuyos lentes te permiten llegar al mundo imperceptible, a aquello que no se ve a simple vista y sin embargo existe. ¿Cuál es la primera imagen que viene a tu mente? ¿Qué palabras elegirías para definir ese mundo microscópico y qué tienen que ver con vos?
—Es imposible que la primera unión entre imagen y microscopio que aparezca en mi cabeza no sean cocos y bacilos, dos formas de bacterias. En realidad, uno siempre tiene la fantasía de analizar la realidad a través de esos lentes. No sé si por el ejercicio de ver lo imperceptible al ojo humano, ya que lo imperceptible no depende del tamaño sino del interés y la empatía, basta con no mirar hacia allí para que de algún modo deje de formar parte de nuestro mundo, sino por la posibilidad de verlo y analizarlo como si no fuéramos parte de él, sentados allí, mirando y observando, tratando de entender cómo funciona, qué lo mueve, y representarlo tal cual lo vemos. Pero es imposible, nosotros estamos bajo el lente, no podemos escaparnos de él. Y creo que la idea de mirar a través del microscopio define cómo veo el mundo. Nuestro mundo tiene el tamaño de lo que conocemos, de lo que podemos nombrar, de lo que somos capaces de ver, pero en realidad es interminable, y no solo desde lo que físicamente podemos ver, sino de lo que conscientemente podemos observar. Así como el microscopio amplió el mundo, al permitirnos ver organismos que conviven con nosotros todo el tiempo, nuestros conocimientos nos podrían permitir ver más de lo que nos rodea. En este caso hay muchos ilustradores que admiro, porque funcionan como ese microscopio.

—¿En qué momento sentiste que el arte era un camino posible en tu vida?
—Creo que no hay un momento puntual, es algo que estuvo presente todo el tiempo y en conflicto continuo. Cuando sos chico las preguntas sobre el futuro, de qué vas a vivir, será o no posible, y de qué vas a trabajar, te abruman. Por suerte eso va cambiando de a poco y va siendo más amplia la posibilidad de elección. Pero igual, y en base a lo que te decía antes, me siento contento de haber pasado por muchos lugares, desde un laboratorio, hasta la cabina de técnica de un teatro o una radio.  En esa búsqueda siempre estuvo presente el arte, principalmente como espectador o consumidor.  Es difícil pensar la vida sin el arte, sin eso que nos conecta con lo que no siempre vemos, pero que está adentro, primitivo, como parte de la concepción humana. En cuanto al hacer, dibujar es el medio que tengo para canalizar lo que me pasa y de conectarme con el mundo de un modo diferente, de integrarme, de sumarme, de ser parte, de acompañarlo, de pelearlo y de enojarme con él. Y creo que fue ahí, en los momentos en que me amigué con el mundo, cuando entendí que dibujar era algo que no podía abandonar y que era un camino de aprendizaje constante que valía la pena recorrer.

—Estudiaste microbiología, una carrera que si bien tiene que ver con la ciencia y los procedimientos científicos, te conecta con la búsqueda, con el detalle que no se ve, algo que también recorre todas tus creaciones, ¿creés que ciencia y arte se complementan en vos?
—Creo que ambos están más cerca de lo que a veces se considera. Ambos campos se centran en el procedimiento, en la búsqueda, y sobre todo en el cuestionamiento permanente de lo que está aceptado. Es un error pensar lo que viene de la ciencia como algo absolutamente cerrado, así como pensar lo que viene del arte como algo absolutamente abierto. Incluso hasta en sus problemas se parecen. La dificultad de comunicar tu trabajo, a veces la falta de espacios donde mostrarlos, las “chapas” o voces autorizadas, la segmentación de los campos, los prejuicios y hasta los problemas en la divulgación o uso de los lenguajes complicados “solo para entendidos”.  A veces pasa que a los lugares de arte siempre concurre la misma gente, algo muy notable en las ciudades chicas, y muchas veces solo van los que se dedican a eso, como si en vez de una muestra de arte se tratara de un congreso de biología molecular. A veces ambos carecen de la apertura al público general, que es el que en realidad le da el sentido a la existencia de ambas. En mi caso, creo que todo lo que he aprendido contribuye a lo que hago, a veces me permite seguir un proceso de búsqueda y es una manera de asumir la reconstrucción permanente de lo que se hace, ya que aún estoy buscando mi estilo.

—Y hablando de tus obras, ¿de qué manera trabajás para sacar a la luz aquello que se esconde o incomoda? ¿Cómo llevás adelante ese proceso creativo de comunicar a través de las imágenes?
—En realidad, soy admirador de Roberto Arlt y creo que en su obra nos muestra que hay muchos Erdosain caminado por allí, a punto de estallar, y que muchas veces andamos absortos en nuestros pensamientos, en nuestras ideas, sueños, contradicciones o intereses, y que eso no siempre es lo que mostramos, ya que la convivencia social en muchos casos, por mucho tiempo, ha marcado estándares de todo tipo en los que nos tenemos que mover. Y si pensamos que esos estándares están establecidos por un puñado de gente, la mayoría debe estar amoldado, actuando, algunos lo llevarán bien, otros lo harán con mucho dolor  y otros correrán el riesgo de estallar de la peor manera, como Erdosain. Arlt nos muestra que hay otra capa de la realidad oculta detrás de la primera que vemos y esa capa es una parte de la humanidad que tratamos de no ver, porque nos avergüenza o nos incomoda. Pocas veces lo logro, pero generalmente es a esa parte oculta la que trato de exponer en un dibujo. Sobre todo esa parte de las contradicciones que condenamos en otros y que ocultamos en nosotros. Esta búsqueda implica un proceso que me lleva a leer, a buscar, a escuchar, a estar informado, a tratar de leer las noticias de otro modo, e incluso a hacerlo mucho más de aquellos medios con los que no comparto la línea editorial. Hay eventos que uno sabe que serán noticia, entonces trato de ver por dónde será el lado más común por el cual se abordará y trato de encontrar un lado diferente para hacer mi dibujo. Pero atención, esto es lo que trato de hacer aunque no siempre lo logro, es como cuando jugás al fútbol y tu cabeza resuelve las jugadas como si fueras Messi, pero las piernas son las tuyas y las resuelven como Matías, un tipo maduro y con un triste historial de habilidad deportiva. Algunas imágenes salen rápido, muchas veces desde la impotencia y la bronca, otras desde la mera intención de bardear a un sector que sé que va a reaccionar. En esos casos, generalmente la imagen es más burda y chabacana. Otras llevan tiempo dando vueltas, tratando de combinar la estética con lo que el dibujo quiere decir, a veces siendo más piezas de comunicación que de arte, ya que la prioridad es el mensaje. Si es así, lo pruebo o consulto con mi compañera de vida o con amigos, sobre todo para evaluar si el mensaje va para el lugar que quiero, si se entiende bien y principalmente que no dé lugar a ideas opuestas a lo que se busca.

—¿Cuáles son los temas de actualidad que suelen convertirse en semillas de tus obras?
—En general, soy de seguir mucho la agenda de noticias, en eso no hay un tema en particular, se puede ir para todos lados. Hay mucho de política, pero no quita que se pueda hacer algo referido al deporte, por ejemplo, aunque siempre la mirada es socio-política. Lamentablemente, la actualidad es la pandemia y sus consecuencias humanitarias, políticas, sociales, económicas y psicológicas, pero también hay temas que siempre están y a veces no se los pone en la gran agenda, que son las luchas por los derechos y las igualdades, a las cuales siempre trato de sumarme y apoyar con algún trabajo.

—Contanos qué no puede faltar en tu espacio de trabajo.
—No pueden faltar el mate y la compañía para charlar. En realidad, mi espacio de trabajo es cualquier lado. Si bien en casa existe un lugar donde trabajo con mayor frecuencia, sobre todo cuando pinto algo de gran tamaño, el lugar para dibujar es donde me encuentre, lo importante no es el lugar, sino el tiempo. Lejos de tener que estar solo trabajando, me gusta dibujar y compartir el mate con quienes me rodean. Para mí dibujar es una actividad cotidiana más, y me gusta hacerlo en ese contexto, con la familia, mateando, mirando tele, escuchando música, tomando un café imaginario que me sirve mi hija o con el niño nacido en pandemia durmiendo en el hombro. Desde ya que a veces me cuelgo dibujando y me olvido del resto o el contexto me lleva a abandonar el dibujo por un tiempo, en fin, del mismo modo que hacemos las tareas cotidianas.

—¿Con qué técnicas y materiales trabajás habitualmente?
—Los materiales tienen que ver con lo que te decía antes, cuando nació mi hija vivíamos en un departamento pequeño y eso me impedía trabajar con solventes, lo que me llevó a buscar materiales más comunes y con menos olor, y así empecé a trabajar mucho en dibujo digital y con pinturas acrílicas. Con el tiempo eso se fue convirtiendo en parte del mensaje y comencé a trabajar con materiales de fácil acceso y más económicos. Es así como el látex y la ilustración digital en una tablet, con Android y una aplicación gratuita, se transformaron en la base de los materiales con los que trabajo. Esto me permite dibujar donde voy y donde quiero, ya que combinando la tablet con el teléfono, no solo llevo la libreta y el lápiz a donde voy, sino que tengo una caja de pintura muy completa en el bolsillo.

—Durante este tiempo tan particular pudiste transformar las emociones en imágenes, que finalmente fueron parte del libro “Un año bajo la tierra”, ¿cómo surge la idea de ese proyecto? 
—Como te decía antes, la pandemia nos atravesó de todas las maneras posibles. El 2020 fue un año de shock, nos enfrentó con nuestros miedos, con nuestras cosas buenas y con nuestras porquerías, con el dolor y el egoísmo. Nuestro segundo hijo nació a comienzos de la fase uno, en mayo, donde aún no sabíamos mucho y el miedo era grande. La pandemia nos obligó a vivir los típicos momentos de compartir alegrías en soledad y también nos hizo atravesar solos los momentos más dolorosos. Todo eso lo fui dibujando, tratando de abordar esas dimensiones, y fue entonces cuando pensé que podía recopilarse en una publicación y hablé con la gente de Unirio, editorial que pertenece a la Universidad Nacional de Río Cuarto y que conozco por haber ilustrado algunas tapas para sus libros, y me dieron el ok. Pero en una charla con Noel, mi compañera, notamos que faltaban o que vendrían bien otros enfoques, miradas distintas y en distintos lenguajes. Por eso el libro cuenta con ensayos sobre sociedad, política y educación, poesías, relatos y cuentos, elaborados por Gabriel Riguetto, Santiago Polop, Fernando Ponce, Elena Berrutti, Luis Matías González y el Nato López, a lo que le sumamos el prólogo de un grande del humor gráfico como Jericles, cerrando así un libro que empezó como personal y terminó como una construcción colectiva. Acá cabe recordar que el libro se encuentra libre para la descarga en la página de Unirio, a cuyo staff le estoy inmensamente agradecido.

—¿Qué es lo que se viene en tu mundo creativo?
—Seguir trabajando, aprendiendo y buscando, tratando de llegar a más gente y más lugares, y comenzando a pensar una muestra para volver a colgar los dibujos en algún lado.

—Para concluir, dejamos este espacio para que sueltes un deseo.
—Que la gente se vacune, ese es el mayor deseo y que por suerte está en camino de cumplirse, ya que es la única manera de poder retomar nuestras vidas.

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