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Artes Visuales

Obras de fotógrafas argentinas, en clave femenina, en una exposición internacional en España

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Por Marina Sepúlveda (*)

Las obras de dos generaciones de fotógrafas como Grete Stern, Annemarie Heinrich, Alicia D’Amico y Alicia Sanguinetti son parte de la muestra “Imágenes secuenciadas. Fotógrafas argentinas 1930-1990”, producida por la Fundación Kutxa Kultur de San Sebastián (España), que centra su mirada sobre las trayectorias de estas pioneras, su contexto y valor estético, además de ser “la única exposición sobre arte argentino que hay este año en España”.

En el marco de un nuevo período estival en España y la apertura de los espacios culturales tras la emergencia sanitaria, la exhibición inaugurada recientemente en la sala Artegunea (lugar de la cultura) se suma a las propuestas del País Vasco y estará disponible hasta el 12 de octubre.

A su vez, el espacio dedicado a la fotografía y con veinte años de trayectoria -ubicado en el centro de arte contemporáneo Tabakalera, en la ciudad balnearia de Donostia- incursiona con esta genealogía femenina con 120 obras, algunas inéditas, como primer acercamiento a la fotografía latinoamericana.

La exhibición “Imágenes secuenciadas. Fotógrafas argentinas 1930-1990” tiene como curadoras a la investigadora argentina María Laura Rosa y la española Tamara García -que vivió 15 años en Argentina-, quienes desarrollan en el guion curatorial un recorrido particular, sutil y feminista de la trayectoria de las ocho fotógrafas puestas en contexto.

“Contextualizamos histórica y políticamente el paso de estas fotógrafas por la historia argentina. Por otro lado, es una muestra que tiene una teoría de arte feminista que no cita, pero que está en el guion”, indica Rosa.

La muestra se configura en dos recorridos expositivos, organizados en cinco secciones, en los que confluyen las fotografías de las dos generaciones de fotógrafas.

La primera generación cuenta con nombres como los de Grete Stern, Annemarie Heinrich, Lisl Steiner e Ilse Fusková, y la segunda es representada por Alicia D’Amico, Alicia Sanguinetti -la hija de Heinrich-, Julie Weisz y Adriana Lestido.

De este modo, el primer recorrido está dedicado a las pioneras de las décadas de 1940-1950, algunas de las cuales nacieron en Europa y se exiliaron en nuestro país. Entre ellas están Stern (1904-1999) y Heinrich (1912-2005) nacidas en Alemania, Steiner (Austria 1927) y la argentina Fusková (1929).

Con ellas viene el “ideal feminista de la ‘Mujer Nueva’ (Neue Frau) desarrollado luego de la Primera Guerra Mundial en Alemania”, indican.

Es así que en el primero de los núcleos se refleja “el cuestionamiento al modelo femenino tradicional, trazado en las décadas de 1930 a 1960”. Ese ideal de la mujer burguesa dedicada a su hogar, los hijos y el matrimonio como único proyecto de vida.

El segundo recorrido, protagonizado por fotógrafas nacidas en Buenos Aires, es “en un contexto de fuerte controversia política” enmarcado en las décadas de 1970 y 1980. Tal como explican, es un nuevo momento para la reivindicación del rol de la mujer más allá de lo doméstico, el cuestionamiento del ideal de belleza femenina, y el compromiso político. Y con la vuelta de la democracia en 1983, regresan las que estuvieron exiliadas “y los movimientos de mujeres se reorganizan”, explican.

En este grupo están D’Amico (1933-2001), Weisz (1945), Lestido (1955) y Sanguinetti (1943). Algunas continúan con el legado documentalista de la fotografía, y “participan en la resistencia política y de la lucha contra la dictadura”, y ya en democracia se implican con los movimientos de derechos humanos, dicen.

En este segundo recorrido se espeja la situación histórica de una España que estaba viviendo una dictadura (franquista) sin ningún tipo de libertades, destaca García.

“Es muy fuerte ver todo lo que pasó en Argentina mientras nosotros estábamos en plena dictadura sin ningún tipo de libertades. Las fotógrafas fotografiando la Av. Perón, las marchas, los viajes al Chaco, y las mujeres en España que no podían salir de casa”, reflexiona la cineasta.

A su vez, la muestra da cuenta del momento histórico con la aparición de las agrupaciones feministas en los 70 -segunda ola de los movimientos de mujeres- que cuestionan los mandatos tradicionales, “las construcciones femeninas en los medios de comunicación, y defienden la igualdad de género en todos los aspectos de la vida”, explican.

Estos cinco núcleos temáticos son: “El Yo posible”, con el retrato, autorretrato y la reflexión sobre la identidad y femeninos distintos; “Flâneuses” (paseantes), las fotógrafas que deambulan por las calles en busca de imágenes; “Otros desnudos”, donde investigan sobre un género vedado a las mujeres en los 30 que rompe con los estereotipos; “Secuencias que hubiesen sido…” acerca de proyectos y supervivencia con foco particular en la infancia y la adolescencia; y “El oficio de documentar” sobre los lugares de resistencia y memoria.

Mientras se espera que la muestra, proyectada como itinerante, llegue a Buenos Aires, se desarrollarán conferencias virtuales en septiembre sobre la práctica fotográfica que dictará Rosa, el feminismo y fotografía en Latinoamérica y España, que dará Juan Vicente Aliaga; además de los diálogos con Narcisa Hirsch, Sanguinetti y Lestido. En paralelo se desarrollará un ciclo de cine con películas de Hirsch y María Luisa Bemberg.

(*) Agencia de noticias Telam

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Artes Visuales

Entregaron los premios del concurso de fotografía digital organizado por la UE

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Mauricio Holc, Rodrigo Terrén, Helen Zout y Leandro Pérez Aznar son los ganadores del primer concurso de fotografía digital organizado por la Delegación de la Unión Europea (UE) en Argentina, centrado en la influencia cultural europea y su presencia en el país, y el vínculo que se estableció a partir del proceso migratorio.

En la primera edición, que recibió unas 1200 imágenes, el concurso de fotografía digital buscó reflejar la presencia de la Unión Europea (UE) en Argentina, lo cual se manifiesta en la diversidad de temas y aproximaciones artísticas de las obras presentadas y seleccionadas, que dan cuenta del vínculo entre Argentina y los países de la comunidad económica Europea, origen del mayor flujo migratorio entre los siglos XIX y principios del XX, junto con otros países que no integran dicha comunidad.

En las imágenes de distintos puntos del país se observa “la multiplicidad de ámbitos en que la presencia e influencia (europea) se manifiesta, atravesando prácticamente todos los aspectos de la cotidianeidad”.

El primer premio fue para “JEJOU” de Mauricio Holc de Oberá, Misiones. En la foto se simboliza la diversidad de los pueblos y el encuentro de dos culturas: los guaraníes mbya, pueblos originarios de la selva misionera y los inmigrantes polacos, que llegaron a Misiones a fines del siglo XIX en busca de un futuro mejor.

“Las corrientes migratorias europeas han tenido una enorme influencia en la Argentina, contribuyendo y enriqueciendo su diversidad, y los artistas participantes rinden un homenaje a esta pluralidad y encuentro”, indica el comunicado.

El segundo premio fue para “La Comunidad”, de Rodrigo Terrén; y el tercero para Helen Zout y Leandro Perez Aznar con “Familia de inmigrantes europeos en las yungas argentinas”.

Entre los temas presentados se destacan la música -desde la clásica hasta la popular y contemporánea- y danzas como instrumentos musicales: desde el bandoneón que deriva del acordeón, los violines envueltos en los paisajes de la pampa gringa, o la gaita en un ensayo previo a una presentación en Buenos Aires.

También el deporte con niños jugando al fútbol en la Puna, actividad que llegó a través del puerto de Buenos Aires y es el más difundido en el territorio, o el toreo de la vincha, en Casabindo; o las imágenes familiares como homenaje y recuerdo de otras raíces.

Otros temas que irrumpieron en las imágenes son el reparto de pan en bicicleta que rememora a muchos españoles dedicados a ese rubro, el trabajo en los viñedos de cuna francesa o italiana, las latas de corned beef del Frigorífico Swift de La Plata que enviaron a Europa durante la Segunda Guerra Mundial, y los modelos de autos y camionetas que permitieron explorar y viajar por el país persiguiendo sueños.

La cúpula del Teatro Colón, la de la librería del ex teatro Grand Splendid o el matadero de Salamone en Epecuén, son obras con sello de ingenieros y arquitectos europeos, aunque el sincretismo se da en los estilos arquitectónicos de las fachadas que permanecen en pie, como las de la plaza central de la ciudad de Salta, con influencia europea y “criolla” y el aporte de los jesuitas.

Además se otorgaron menciones con 100 euros de premio para cada uno, entre las que se destacan las fotografías de Mariano Manikis (Santa Fe), Guillermo Hernán Coluccio, Patricia Ackerman, Andrés Wertheim, Maximiliano Hanne, Ricardo Martiniuk, César Gustavo Ruiz, Nicolás Guerrero, Karina Azaretzky, Nativas, Patricio Luis Samatan y Daniel Muchiut; y entre las menciones especiales del jurado están las de Rodrigo Terrén, Eric Markowski y Gerardo Schachner.

El premio adquisición otorga tres galardones con montos de 1000, 700 y 500 euros, respectivamente.

La primera edición del concurso fotográfico contó con el apoyo y asesoría de la EAF-Escuela Argentina de Fotografía.

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Artes Plásticas

Matías Tejeda: “Es difícil pensar la vida sin el arte, sin eso que nos conecta con lo que no siempre vemos”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Matías Tejeda es microbiólogo y artista plástico, a menudo se sumerge en los secretos del mundo invisible, lo recorre, hay una búsqueda y un encuentro. Con habilidad, logra detectar lo que no se ve, se introduce en los intersticios de la sociedad, observa, mide, recolecta datos, deduce, se deja llevar por la intuición y despliega su arte.

Es allí, en ese punto de contacto entre la ciencia y el arte, donde logra la síntesis, donde despliega el lenguaje para comunicar un mensaje a través de sus imágenes.

A veces, es un grito, una palabra que perfora, la línea que recorre la superficie de un silencio, es una pincelada en los márgenes, la mancha que incomoda, una huella, la imagen que habla, el relato encima del relato, es síntesis, arte en movimiento.

En diálogo virtual con ContArte Cultura el artista cordobés abre las puertas de su mundo creativo y nos permite acompañarlo en su aventura de crear.

—Para comenzar, y a manera de juego de presentación, queremos poner en tus manos un objeto imaginario, será un microscopio, cuyos lentes te permiten llegar al mundo imperceptible, a aquello que no se ve a simple vista y sin embargo existe. ¿Cuál es la primera imagen que viene a tu mente? ¿Qué palabras elegirías para definir ese mundo microscópico y qué tienen que ver con vos?
—Es imposible que la primera unión entre imagen y microscopio que aparezca en mi cabeza no sean cocos y bacilos, dos formas de bacterias. En realidad, uno siempre tiene la fantasía de analizar la realidad a través de esos lentes. No sé si por el ejercicio de ver lo imperceptible al ojo humano, ya que lo imperceptible no depende del tamaño sino del interés y la empatía, basta con no mirar hacia allí para que de algún modo deje de formar parte de nuestro mundo, sino por la posibilidad de verlo y analizarlo como si no fuéramos parte de él, sentados allí, mirando y observando, tratando de entender cómo funciona, qué lo mueve, y representarlo tal cual lo vemos. Pero es imposible, nosotros estamos bajo el lente, no podemos escaparnos de él. Y creo que la idea de mirar a través del microscopio define cómo veo el mundo. Nuestro mundo tiene el tamaño de lo que conocemos, de lo que podemos nombrar, de lo que somos capaces de ver, pero en realidad es interminable, y no solo desde lo que físicamente podemos ver, sino de lo que conscientemente podemos observar. Así como el microscopio amplió el mundo, al permitirnos ver organismos que conviven con nosotros todo el tiempo, nuestros conocimientos nos podrían permitir ver más de lo que nos rodea. En este caso hay muchos ilustradores que admiro, porque funcionan como ese microscopio.

—¿En qué momento sentiste que el arte era un camino posible en tu vida?
—Creo que no hay un momento puntual, es algo que estuvo presente todo el tiempo y en conflicto continuo. Cuando sos chico las preguntas sobre el futuro, de qué vas a vivir, será o no posible, y de qué vas a trabajar, te abruman. Por suerte eso va cambiando de a poco y va siendo más amplia la posibilidad de elección. Pero igual, y en base a lo que te decía antes, me siento contento de haber pasado por muchos lugares, desde un laboratorio, hasta la cabina de técnica de un teatro o una radio.  En esa búsqueda siempre estuvo presente el arte, principalmente como espectador o consumidor.  Es difícil pensar la vida sin el arte, sin eso que nos conecta con lo que no siempre vemos, pero que está adentro, primitivo, como parte de la concepción humana. En cuanto al hacer, dibujar es el medio que tengo para canalizar lo que me pasa y de conectarme con el mundo de un modo diferente, de integrarme, de sumarme, de ser parte, de acompañarlo, de pelearlo y de enojarme con él. Y creo que fue ahí, en los momentos en que me amigué con el mundo, cuando entendí que dibujar era algo que no podía abandonar y que era un camino de aprendizaje constante que valía la pena recorrer.

—Estudiaste microbiología, una carrera que si bien tiene que ver con la ciencia y los procedimientos científicos, te conecta con la búsqueda, con el detalle que no se ve, algo que también recorre todas tus creaciones, ¿creés que ciencia y arte se complementan en vos?
—Creo que ambos están más cerca de lo que a veces se considera. Ambos campos se centran en el procedimiento, en la búsqueda, y sobre todo en el cuestionamiento permanente de lo que está aceptado. Es un error pensar lo que viene de la ciencia como algo absolutamente cerrado, así como pensar lo que viene del arte como algo absolutamente abierto. Incluso hasta en sus problemas se parecen. La dificultad de comunicar tu trabajo, a veces la falta de espacios donde mostrarlos, las “chapas” o voces autorizadas, la segmentación de los campos, los prejuicios y hasta los problemas en la divulgación o uso de los lenguajes complicados “solo para entendidos”.  A veces pasa que a los lugares de arte siempre concurre la misma gente, algo muy notable en las ciudades chicas, y muchas veces solo van los que se dedican a eso, como si en vez de una muestra de arte se tratara de un congreso de biología molecular. A veces ambos carecen de la apertura al público general, que es el que en realidad le da el sentido a la existencia de ambas. En mi caso, creo que todo lo que he aprendido contribuye a lo que hago, a veces me permite seguir un proceso de búsqueda y es una manera de asumir la reconstrucción permanente de lo que se hace, ya que aún estoy buscando mi estilo.

—Y hablando de tus obras, ¿de qué manera trabajás para sacar a la luz aquello que se esconde o incomoda? ¿Cómo llevás adelante ese proceso creativo de comunicar a través de las imágenes?
—En realidad, soy admirador de Roberto Arlt y creo que en su obra nos muestra que hay muchos Erdosain caminado por allí, a punto de estallar, y que muchas veces andamos absortos en nuestros pensamientos, en nuestras ideas, sueños, contradicciones o intereses, y que eso no siempre es lo que mostramos, ya que la convivencia social en muchos casos, por mucho tiempo, ha marcado estándares de todo tipo en los que nos tenemos que mover. Y si pensamos que esos estándares están establecidos por un puñado de gente, la mayoría debe estar amoldado, actuando, algunos lo llevarán bien, otros lo harán con mucho dolor  y otros correrán el riesgo de estallar de la peor manera, como Erdosain. Arlt nos muestra que hay otra capa de la realidad oculta detrás de la primera que vemos y esa capa es una parte de la humanidad que tratamos de no ver, porque nos avergüenza o nos incomoda. Pocas veces lo logro, pero generalmente es a esa parte oculta la que trato de exponer en un dibujo. Sobre todo esa parte de las contradicciones que condenamos en otros y que ocultamos en nosotros. Esta búsqueda implica un proceso que me lleva a leer, a buscar, a escuchar, a estar informado, a tratar de leer las noticias de otro modo, e incluso a hacerlo mucho más de aquellos medios con los que no comparto la línea editorial. Hay eventos que uno sabe que serán noticia, entonces trato de ver por dónde será el lado más común por el cual se abordará y trato de encontrar un lado diferente para hacer mi dibujo. Pero atención, esto es lo que trato de hacer aunque no siempre lo logro, es como cuando jugás al fútbol y tu cabeza resuelve las jugadas como si fueras Messi, pero las piernas son las tuyas y las resuelven como Matías, un tipo maduro y con un triste historial de habilidad deportiva. Algunas imágenes salen rápido, muchas veces desde la impotencia y la bronca, otras desde la mera intención de bardear a un sector que sé que va a reaccionar. En esos casos, generalmente la imagen es más burda y chabacana. Otras llevan tiempo dando vueltas, tratando de combinar la estética con lo que el dibujo quiere decir, a veces siendo más piezas de comunicación que de arte, ya que la prioridad es el mensaje. Si es así, lo pruebo o consulto con mi compañera de vida o con amigos, sobre todo para evaluar si el mensaje va para el lugar que quiero, si se entiende bien y principalmente que no dé lugar a ideas opuestas a lo que se busca.

—¿Cuáles son los temas de actualidad que suelen convertirse en semillas de tus obras?
—En general, soy de seguir mucho la agenda de noticias, en eso no hay un tema en particular, se puede ir para todos lados. Hay mucho de política, pero no quita que se pueda hacer algo referido al deporte, por ejemplo, aunque siempre la mirada es socio-política. Lamentablemente, la actualidad es la pandemia y sus consecuencias humanitarias, políticas, sociales, económicas y psicológicas, pero también hay temas que siempre están y a veces no se los pone en la gran agenda, que son las luchas por los derechos y las igualdades, a las cuales siempre trato de sumarme y apoyar con algún trabajo.

—Contanos qué no puede faltar en tu espacio de trabajo.
—No pueden faltar el mate y la compañía para charlar. En realidad, mi espacio de trabajo es cualquier lado. Si bien en casa existe un lugar donde trabajo con mayor frecuencia, sobre todo cuando pinto algo de gran tamaño, el lugar para dibujar es donde me encuentre, lo importante no es el lugar, sino el tiempo. Lejos de tener que estar solo trabajando, me gusta dibujar y compartir el mate con quienes me rodean. Para mí dibujar es una actividad cotidiana más, y me gusta hacerlo en ese contexto, con la familia, mateando, mirando tele, escuchando música, tomando un café imaginario que me sirve mi hija o con el niño nacido en pandemia durmiendo en el hombro. Desde ya que a veces me cuelgo dibujando y me olvido del resto o el contexto me lleva a abandonar el dibujo por un tiempo, en fin, del mismo modo que hacemos las tareas cotidianas.

—¿Con qué técnicas y materiales trabajás habitualmente?
—Los materiales tienen que ver con lo que te decía antes, cuando nació mi hija vivíamos en un departamento pequeño y eso me impedía trabajar con solventes, lo que me llevó a buscar materiales más comunes y con menos olor, y así empecé a trabajar mucho en dibujo digital y con pinturas acrílicas. Con el tiempo eso se fue convirtiendo en parte del mensaje y comencé a trabajar con materiales de fácil acceso y más económicos. Es así como el látex y la ilustración digital en una tablet, con Android y una aplicación gratuita, se transformaron en la base de los materiales con los que trabajo. Esto me permite dibujar donde voy y donde quiero, ya que combinando la tablet con el teléfono, no solo llevo la libreta y el lápiz a donde voy, sino que tengo una caja de pintura muy completa en el bolsillo.

—Durante este tiempo tan particular pudiste transformar las emociones en imágenes, que finalmente fueron parte del libro “Un año bajo la tierra”, ¿cómo surge la idea de ese proyecto? 
—Como te decía antes, la pandemia nos atravesó de todas las maneras posibles. El 2020 fue un año de shock, nos enfrentó con nuestros miedos, con nuestras cosas buenas y con nuestras porquerías, con el dolor y el egoísmo. Nuestro segundo hijo nació a comienzos de la fase uno, en mayo, donde aún no sabíamos mucho y el miedo era grande. La pandemia nos obligó a vivir los típicos momentos de compartir alegrías en soledad y también nos hizo atravesar solos los momentos más dolorosos. Todo eso lo fui dibujando, tratando de abordar esas dimensiones, y fue entonces cuando pensé que podía recopilarse en una publicación y hablé con la gente de Unirio, editorial que pertenece a la Universidad Nacional de Río Cuarto y que conozco por haber ilustrado algunas tapas para sus libros, y me dieron el ok. Pero en una charla con Noel, mi compañera, notamos que faltaban o que vendrían bien otros enfoques, miradas distintas y en distintos lenguajes. Por eso el libro cuenta con ensayos sobre sociedad, política y educación, poesías, relatos y cuentos, elaborados por Gabriel Riguetto, Santiago Polop, Fernando Ponce, Elena Berrutti, Luis Matías González y el Nato López, a lo que le sumamos el prólogo de un grande del humor gráfico como Jericles, cerrando así un libro que empezó como personal y terminó como una construcción colectiva. Acá cabe recordar que el libro se encuentra libre para la descarga en la página de Unirio, a cuyo staff le estoy inmensamente agradecido.

—¿Qué es lo que se viene en tu mundo creativo?
—Seguir trabajando, aprendiendo y buscando, tratando de llegar a más gente y más lugares, y comenzando a pensar una muestra para volver a colgar los dibujos en algún lado.

—Para concluir, dejamos este espacio para que sueltes un deseo.
—Que la gente se vacune, ese es el mayor deseo y que por suerte está en camino de cumplirse, ya que es la única manera de poder retomar nuestras vidas.

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Artes Plásticas

Natalia Bruno: “La herramienta digital es indispensable, pero lo analógico constituye el alma de mi trabajo”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Es de noche, la oscuridad cubre las formas, todo se vuelve extraño. Justo antes de dormir, asoman las preguntas, se chocan en el aire, ruedan una sobre la otra, se ovillan en las bocas, son nudos difíciles de desatar, hilos sueltos en un pincel sin palabras.

La artista plástica Natalia Bruno desde siempre ha sentido gusto por contar historias, ya de pequeña disfrutaba ese viaje a mundos imaginarios a través de la palabra. Después, su vínculo con la fotografía la llevó al universo de las ilustraciones y fue entonces cuando comenzó a contar con imágenes.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, la ilustradora  cuenta su recorrido en el camino del arte, y presenta “Justo antes de dormir”, el libro álbum que trabajaron junto con la escritora Laura Wittner, editado por Lecturita ediciones.

Vamos a comenzar este viaje de palabras abriendo una puerta imaginaria, como si fuera la tapa de un libro. Detrás, una gran hoja guarda nos invita a conversar. ¿Cuál es la primera imagen que perciben tus ojos? Como una forma de presentación, ¿qué nos podría contar de vos esa imagen?
—Elegí esta foto porque habla por sí sola:

Tuve la suerte de vivir una infancia llena de libros y estímulos de toda clase y la curiosidad que conservo intacta se la debo a esos primeros años. Por algún motivo que ya no busco entender, parte de mi vida adulta la dediqué a una profesión que nada tenía que ver con mi verdadera esencia. Afortunadamente esta nena de sonrisa pícara perseveró lo suficiente para ayudarme a encontrar, de unos años a esta parte, el camino de regreso a quien realmente soy.

—Y si pudieras elegir una foto de tu infancia en la que haya quedado guardado el principio de tu camino como ilustradora, ¿cómo sería ese instante fotografiado, el escenario donde se esconde el comienzo de tu gusto por el arte y la palabra?
—Esa foto podría ser la de una reunión familiar… Mi papá es fotógrafo, mi mamá es artista en la cocina, mi abuela era docente y pintaba y mi tío abuelo escribía. Desde muy chiquita tuve la influencia del arte en sus más variadas formas. Los libros de la biblioteca aguamarina del garage con los que podía pasar horas, las historias escritas con mi abuela Magdalena después de la merienda, el revelado y retoque de fotos en la mesa del comedor…Todas esas vivencias claramente fueron la semilla de lo que vino después.

—¿Qué importancia tuvo la fotografía en tu carrera como artista plástica?
—Entiendo el mundo a partir de lo visual y la fotografía fue la disciplina con la que eduqué la mirada. Aprendí a ver más allá de lo obvio para encontrar ese “algo” ahí donde la mayoría suele pasar de largo. Valoro lo que veo en términos de luz, encuadres y color; es eso lo que por lejos más me atrapa del cine por ejemplo, tanto o más que la historia en sí. En mi trabajo como ilustradora apunto a que el lector perciba la atmósfera que quise recrear a través de la luz, el juego de contrastes y el color. Y ese proceso es semejante, por no decir idéntico, a lo que muchas veces hice con una cámara.

—Contanos cuáles son los imprescindibles en tu lugar de trabajo.
—Fundamentalmente mis materiales: pinturas, pinceles, lápices, papeles… También la compu, el escáner y la música. ¡Y mis gatos! Que tienen especial debilidad por esperar a que despliegue todo sobre la mesa para subirse y caminar peligrosamente cerca de la pintura fresca. Es muy raro trabajar sin ellos merodeando.

—¿Con qué técnicas trabajás habitualmente?
—Luego de un período de enamoramiento en el que sólo ilustraba digitalmente, comencé una búsqueda que me hizo volver al primer amor: las técnicas tradicionales. En ellas encuentro el medio con el que mejor reflejo lo que quiero contar. La herramienta digital es indispensable para retocar el trabajo terminado y para incorporar detalles, pero lo analógico constituye el alma de mi trabajo. Utilizo acrílicos, gouache, lápiz color, grafito, pastel… Me gusta experimentar y disfruto enormemente el contacto con los materiales. En el proceso de búsqueda y experimentación encuentro la misma gratificación que al ver el trabajo terminado.

¿Hay materiales o colores que prefieras a la hora de crear?
—Me gustan las técnicas húmedas para trabajar la enorme parte de lo que hago. Últimamente estoy enamorada del acrílico y lo uso bastante por su ductilidad y el aporte maravilloso de texturas que brinda. Por otro lado, elijo las técnicas secas para añadir detalles. Respecto al color, y por alguna razón inexplicable, decanto siempre por las paletas desaturadas. La sobriedad que surge de mezclar colores neutros o tierras con aguamarinas, azules y coral, me resulta irresistible.

“Justo antes de dormir” es un libro álbum de Lecturita Ediciones en el que tus ilustraciones juegan con el texto de Laura Wittner. ¿Cómo viviste el proceso de construcción de esas imágenes en función del texto? ¿De qué manera trabajaron con la autora para lograr esa fusión?

Conocé más de Natalia Bruno en @bruna_ilustra

—Esa construcción fue un proceso maravilloso que necesitó tiempo y donde el trabajo en equipo fue una pieza fundamental. Como punto de partida identifiqué qué cosas no explicita el texto, por ejemplo: quiénes son los personajes o en qué escenario transcurre la historia. Luego de varias lecturas, tomé nota de toda esa información en blanco y la utilicé como insumo para las primeras ideas. Conversamos con Laura acerca de posibles personajes y finalmente quedó definido que serían una niña o niño y su mamá. A partir de ahí aproveché al máximo el tono metafórico del texto para explorar los ribetes tanto cotidianos como fantásticos que me sugerían muchas de sus palabras. Para este libro me interesaba especialmente reflejar la interpretación tantas veces mágica que los chicos pueden hacer de la realidad. Así es como fueron surgiendo las escenas del storyboard. Y con Celina -la editora de Lecturita– trabajamos intensamente sobre el ritmo de la historia, ordenando los bocetos, para llegar finalmente a ese contrapunto entre universos gráficos que acompañan al texto. Su mirada como editora fue muy valiosa y necesaria para lograr esa fusión texto/imagen. Y es ahí donde encuentro la belleza del oficio. Ilustrar como forma de resignificar y enriquecer un relato. Lograr que del diálogo entre ilustraciones y texto surja un producto nuevo para el lector, distinto al que forman ambas partes por separado.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Por estos días fui convocada para ilustrar un juego didáctico, así que estoy en esa primera etapa de ideas, experimentación y bocetos. Y dedicada a continuar mi formación profesional como ilustradora y autora integral de libros infantiles.

—Para terminar, ¿qué deseo te gustaría guardar en la contraportada de nuestro libro del comienzo?
—Seguir como hasta ahora persiguiendo lo que tiempo atrás hubiera creído imposible, y poner el alma para volverlo realidad.

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2019-79370965 Edición Nº