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Entrevistas

Arturo Pérez-Reverte: “El libro de papel está sentenciado a muerte”

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Por Analía Paez (*)

El escritor español Arturo Pérez-Reverte aseguró que el héroe masculino está agotado en la literatura y que ahora se presenta una nueva figura, “la de la mujer”, en el marco de la publicación de la novela “Eva“, de la serie Falcó, que presentará el próximo sábado a las 20 en la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro de Buenos Aires.

El primer libro de la saga ambientada en los años 30 tiene como protagonista a un espí­a franquista de nombre “Falcó”, un aventurero que gusta del peligro y la adrenalina, refinado y buen amante, que se mueve como si el mundo fuese sumamente fascinante. Falcó había conocido a Eva en el libro que lo tenía como protagonista, pero su autor necesitó de un segundo tomo para desarrollar la historia de ambos.

El periodista, escritor y ex corresponsal de guerra español, que publicó también “La Reina del Sur” y la saga del Capitán Alatriste llegó a Buenos Aires para presentar entonces “Eva“, a quien describe como “una agente soviética que tiene mucha fe y cree en un futuro mejor para el proletariado y para la humanidad”

“Falcó es un depredador de hombres y de mujeres. Le gusta el sexo, pero en Eva encuentra un igual. Ella no es una presa de caza, es un enemigo de su misma talla. Ante ella Falcó se para de otra manera porque la admira y sobre todo la respeta. Hay una relación de amor muy singular. La muerte siempre los anda merodeando”, confiesa sobre sus personajes.

—Una nueva mujer fuerte en este trabajo. ¿Qué tiene de particular tu Eva?
—Todas las mujeres de mis libros están por arriba de lo convencional. Son mujeres que luchan y pelean. Son héroes solitarias por cuestiones sociales complejas. Históricamente, la mujer tuvo que luchar batallas muy duras y siempre sola, aunque estuviese rodeada de otras personas, vivió una soledad intensa en su interior.

—¿Y qué pasa con el hombre ante estas mujeres fuertes?
—El héroe masculino está agotado por la literatura. Fue protagonista durante muchos siglos pero ahora se nos presenta un héroe nuevo que es la mujer dueña de su destino, no como era antes Emma Bovary o Ana Karenina, ahora es una mujer que toma sus decisiones. Cuando alguna feminista comienza a hacer locuras en las redes diciendo “Reverte machista” lo dicen porque no han leído mis novelas. Los que hemos pasado cierta línea estamos a salvo y eso no nos perjudica; el tema es que hay autores jóvenes que viven asustados por las repercusiones o el castigo que pueden darle en la red si se salen de la linea del pensamiento “correcto” y se autocensuran. No se animan a expresarse y eso es muy peligroso.

A esta altura del 2018 en España ya ha sido publicado su último trabajo, “Los perros duros no bailan” (Random House), que en la Argentina se lanzará en junio. La novela tiene a animales como protagonistas. Entre ellos está “Negro”, un perro de pelea retirado que disfruta de la buena vida de ex campeón junto a sus amigos, a quienes los humanos secuestran para adentrarlos en el submundo de las luchas caninas.

—En “Los perros duros…” rescatás la nobleza, la lealtad y todo lo que no se puede expresar con palabras traducida en la simple mirada de un perro. ¿Qué sucedería si el ser humano se mirase más a los ojos?
—Ningún humano se mira a los ojos. Miran lo superficial: la ropa, las manos, las tetas, pero no a los ojos, y la biografía de cada uno está en los ojos. Allí hay mucha información que no se ve, y eso es muy triste. Yo amo mucho a los perros porque tienen virtudes que me gustaría que tengan los seres humanos: coraje, lealtad, dignidad, cosas que echo en falta en los seres humanos, pero que cuando los encuentro me enamoro. En esta novela, que es una historia policíaca, negra, dura y canónica, lo que intento, manejando estos conceptos, es hablar de la lealtad y el valor. A mí la vida me ha quitado muchas cosas pero me ha dejado cuatro o cinco, entre ellas, el respeto por la dignidad y la lealtad. Eso es lo que más valoro en esta vida.

—En el libro uno de tus personajes dice “Lo que echo de menos es mi juventud, ser cachorro o perro joven creyendo que el mundo tuyo y que los humanos son dioses y leales”. ¿Hay algo de vos en esa frase?
—Sí, lo hay. Yo también extraño eso. En toda novela hay algo propio. A veces, quizás por la vida que he llevado con muchos despojos y porque he visto muchas cosas que no me hubiera gustado ver, me remito a mi infancia y me veo como un niño moviendo el rabillo pensando que los adultos eran nobles y que el mundo era un sitio donde había bondad y justicia… añoro esa ingenuidad.

—También hablás de que algunos personajes pasan a la “orilla oscura” cuando mueren. ¿Le tenés miedo a esa orilla?
—No. He pasado tanto tiempo rondando esa orilla… Cuando fui a la guerra asumí que cualquiera puede terminar como aquellas personas que vi tiradas como un pedazo de carne al sol. Al asumirlo me he preparado para ese momento. El mundo se divide entre los que saben y los que no saben que la muerte existe. Los que lo sabemos vivimos de una manera diferente, mucho mejor, vivimos más consciente, todo tiene más valor porque sabes lo efímero que puede ser todo.

—¿En tus épocas de corresponsal de guerra se te cruzó por la mente tener la vida que llevás ahora?
—No, era un reportero que pensaba que algún día me haría viejo y me tendría que jubilar. Lo que sabía era que no quería terminar en un bar de putas en Bangkok o alcohólico por ahí. “Quizás algún día escriba libros o leeré o iré al mar”, me decía, pero nunca me imaginé que al escribir novelas me iba a ir tan bien. Fue una sorpresa. Pensar que hay gente que sueña con ser novelista y no lo consigue nunca y yo jamás lo pretendí. Yo soy un marino lector que, accidentalmente, se ha hecho escritor. Podría vivir tranquilamente leyendo y navegando.

—¿Qué le recomendarías a los jóvenes que quieren lanzarse a la aventura de escribir?
—Hoy todos pueden publicar, es mucho más fácil porque el mundo ha cambiado. Creo que el libro como papel está sentenciado a muerte y no lo va a matar e-book sino el celular. La gente, que antes compraba un libro, está mandando mensajes y esas cosas en las redes. O sea, la parte del ocio que cubría el libro ya fue suplantada. La gente no compra para matar el tiempo muerto. Hoy en día el que lee lo hace porque es un verdadero lector. Si fuera un joven escritor iría menos por una novela e iría más por las series de televisión y los videojuegos.

—Dicen que los niños no leen pero la literatura infantil está en ascenso…
—Si el niño entiende que el videojuego con el que está todo el día tiene un correlato con un libro jugaría de otra manera, pero para eso se necesitan maestros inteligentes que vinculen a Ulises con los videojuegos, para que los chicos entiendan que ese personaje tiene un origen noble y de esa manera la cultura se salvaría. A los niños hay que llevarlos por el camino de la lectura: comienzas con historietas para pasar a lecturas más complejas, pero para que ese camino se concrete con éxito faltan adultos que sepan cómo hacerlo.

(*) Agencia de noticias Telam

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Las Alas de Ícaro: “Nos unen los valores humanos, más allá de cualquier conocimiento musical”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Despliegan las alas, se preparan para un nuevo viaje, la música bajo las plumas, liviana, se escapa, asciende. Da pasos fugaces, transmuta y aunque se pierde en una selva extraña, pinta de colores cada instante.

Así, con ese espíritu viajero, con la música bajo sus alas, la banda platense Las alas de Ícaro inicia un nuevo recorrido, cuyo punto de partida no está lejos “Ni muy cerca del sol”.

Contarte Cultura habló con su vocalista Guillermo Ghe Centurión, quién contó acerca de los comienzos de la banda, su carrera y su último trabajo, un EP de cuatro temas que presentarán el 21 de mayo en La Plata.

—Porque de volar se trata, comencemos esta charla desplegando las alas de la imaginación. De adelante hacia atrás, si pudieran viajar al lugar y al tiempo donde sucedió el primer vuelo de Las Alas de Ícaro, qué objetos destacados, que hoy los representan, podríamos ver en esa imagen fundacional.

—Más que objetos me referiría a una palabra: identidad. Desde el vamos nos propusimos hacer todo en base a un significado, no hacerlo simplemente porque se dio así, queda lindo y ya. Sino porque la capacidad de darle significado, valor y esencia a cada una de las acciones que realices tiene más valor, más historia. Por lo tanto, hoy nos representa la identidad. El nombre de la banda es por un determinado significado, las letras se escriben de cierta manera y los discos tienen nombres característicos. Todo engloba a Las Alas de Ícaro.

—Y más allá de los objetos o palabras que fueron marcando las rutas de vuelo, ¿cuáles creen que son las cosas que los unen como músicos?

—Los valores humanos, más allá de cualquier conocimiento musical. Se valoriza más ser buen compañero, tirar para adelante, no ser egoísta. Y, sobre todo, lo colectivo por sobre lo individual.

—¿Quiénes forman parte de la banda en la actualidad?

—Actualmente está Nicolás Lindblom en la guitarra, Manuel García Ortega en el bajo, Jorge Vallejo en la batería, Francisco Tolone en trompeta y trombón, Agustín Monje en teclado y guitarra, Federico Bojanovich en saxo y yo, Guillermo Ghe Centurión, en la voz.

—¿Recuerdan de qué manera llegaron al primer disco?

—Allá por el 2014, había un popurrí de canciones y elegimos cinco. Ese fue nuestro primer material, Las Alas de Ícaro, donde comenzó el camino de nuestro material discográfico.

—Sin dudas, cada uno de sus trabajos discográficos hacen referencia, al menos en los títulos elegidos, al mito de Ícaro, ¿Cómo llevaron adelante ese proceso de explorar en la mitología para componer?

—Los títulos discográficos y el nombre dan lugar al mito de Ícaro y gira todo en torno a él. Al principio no veíamos factible el hecho de realizar un recorrido histórico y crear la discografía en base al mito, porque en cierto momento finaliza con su muerte, por lo que decidimos reinventar el mito, moldearlo y crear nuestro propio camino. Como una suerte de “Elige tu propia aventura”. La idea es seguir moldeándolo y seguir reconstruyendo la historia.

—Por estos días están presentando su último EP “Ni muy cerca del sol”, ¿qué palabra podrían elegir para sintetizar la esencia de ese trabajo?

—Aggiornado.

—Los temas que forman parte de esta obra hablan de fugacidad, transmutación, extrañeza e interioridad, ¿de qué manera surgieron cada una de las letras de estas canciones y cómo se produjo la fusión con la música?

—Todas las canciones surgieron en pandemia, por septiembre de 2020. Las letras provienen de miles de sensaciones vividas en cuarentena, pero a la vez puede desembocar en cualquier tipo de sentimiento que esté viviendo una persona. Con respecto a la música, el primer paso de nuestros temas surge de asentar las bases, con la guitarra y con la voz. El resto de los instrumentos y melodías los vamos acomodando equilibradamente, para que cada uno brille con luz propia y se pueda potenciar el sonido que tiene cada integrante.

—¿Quiénes participan en el arte de sus discos para lograr plasmar el espíritu de cada uno de ellos?

—En la producción musical trabajamos con Darío Carelli, quien es un productor e ingeniero de sonido de CABA. Así, con los conocimientos de los siete integrantes más su ayuda armamos las canciones y definimos el producto final. Con respecto al arte de tapa, en este último trabajo trabajamos con Agustina Pariani. En este caso, nosotros le transmitimos todo lo que es concerniente a Ícaro y al nombre del EP y ella llevó a cabo el proceso de creación.

—¿Cuándo y dónde será la presentación de “Ni muy cerca del sol”?

—Será el sábado 21 de mayo a las 21 en Espacio Cultural Cunumí, de calle 71 entre 11 y 12 de la ciudad de La Plata.

—¿Hay algún otro proyecto que podría levantar vuelo durante este año? —Actualmente nos encontramos en la producción de la continuación del EP del año pasado. Una segunda parte titulada Ni muy cerca del mar, con la idea de que salga a la luz antes de fin de año.

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Julián Mourin: “La guitarra fue mi compañera desde la niñez”

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Por Andrea Viveca Sanz /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Salir del espacio conocido, atravesar límites y fronteras, buscar, llegar sin llegar, degustar la novedad, sólo para dejar que la música contenida en el vaivén de las olas, ascienda desde el fondo y se manifieste. Uno, dos y tres. Porque sí, porque es posible aventurarse, soltar las manos, tocar el aire. Y aunque no hagamos nada, los ojos hacen foco en el universo, Júpiter y más allá.

El compositor, guitarrista y cantante Julián Mourin detuvo su marcha y se animó al viaje. Atravesó fronteras para llegar al otro lado de cada paisaje, a los lugares donde nace la música, en el silencio de la escucha.

ContArte Cultura charló con el músico, quien además contó acerca de la presentación de su tercer disco: “Los diamantes”.

—Vamos a comenzar esta charla con un viaje en el tiempo. ¿En qué rincones de tu infancia creés que se gestó tu interés por la música?

—Cuando escuchaba a mi vieja tocar la guitarra. Tocaba unas milongas en tono menor, con unos riffs medio dark. Quedaba fascinado con algunas cosas que hacía y mi único objetivo era lograr tocar eso. Conocía miles de canciones clásicas de folclore. No sabía música, pero tenía mucho oído, podía transponer cualquier canción a otros tonos con facilidad. Creo que todo arrancó ahí.

—Si nos detenemos en ese punto de partida, ¿cuál o cuáles fueron los instrumentos musicales que te acompañan desde entonces?

—Sobre todo, la guitarra criolla. Después, en mi adolescencia, cuando me copé con la música andina, empecé a tocar charango, sikus, armónica. Más tarde compraron un piano en casa y empecé a explorar por ahí. Pero la guitarra fue mi compañera desde la niñez.

—¿Cuándo y cómo comienza tu carrera solista y de qué manera llevaste adelante los procesos compositivos?

—Mi camino solista empezó en el 2012 cuando edité el disco Mate de metal. Le tengo mucho cariño a esa época y a ese disco. Tenía una idea clara del sonido que buscaba y de la síntesis que quería lograr.

—¿Qué palabra podría resumir la esencia de ese album?

—Frescura.

—Y sí pudieras elegir un color que represente el espíritu de tu disco “Sur solar”, ¿cuál sería y por qué?

—La tapa del CD quedó bastante rosa, aunque no quería que quede así (risas). Pero creo que finalmente estuvo bien porque el rosa tiene que ver con el amor. Las canciones de esa época están embebidas por la partida de mi vieja y por la llegada de Sofi, la madre de mi hija. Dos acontecimientos muy especiales.

—¿En qué escenarios podríamos encontrar las raíces de tu tercer disco, “Los diamantes”, y qué cosas llevaron a elegir el nombre?

—Escenarios de aventuras por el continente y de viajes internos también. La mayoría de las canciones las compuse en el 2018, un año paréntesis en donde viví en Uruguay y en Brasil, metiéndome al mar por lo menos una vez por semana, tocando covers en bares y comiendo mucho mango, maracujá y porotos negros. Quería un nombre distinto para el disco, algo no tan telúrico, sino más brillante y que pueda reflejar los aprendizajes acumulados de esos tiempos.

—¿De qué manera fueron surgiendo cada uno de los temas?

—De estar jugando con la guitarra, improvisando con la voz. A veces sale de una la idea, la melodía y la letra. Otras veces nace sólo una parte, pero como que el clima o la energía del tema ya están dados, sólo se necesita pulirlo para concretar esa forma imaginada. Algunos de estos temas tuvieron hasta trece versiones hasta llegar a la definitiva. Mucho hilar fino.

—¿Quiénes te acompañaron en la producción de este material?

Cristian Bonomo estuvo al lado mío desde la etapa de cerrar los temas hasta la masterización. Ale Lauphan aportó lo suyo desde la coproducción, Gabi Beltramino me ayudó a trabajar las voces, Yago Escrivá a pulir las guitarras, Paco Amenabar y Andrés Mayo a encontrar el sonido que buscábamos. Fueron piezas claves y estoy super agradecido con sus aportes.

—¿Cómo llegaron al arte de tapa? ¿Qué elementos musicales se tuvieron en cuenta para el diseño?

—Fue un arduo proceso el del arte de tapa. Estuvimos casi un año dando vueltas, ningún camino nos convencía. Hasta que Pedro Urruti, el responsable del arte, tuvo esa idea de hacer una maqueta de un pequeño universo diamántico con sus micro espacios. La fue llevando a cabo con Christian Silva en su taller y en un día hicimos las tomas que finalmente quedaron. Ese día también filmamos las tomas del videoclip de “Foco”. Gran hazaña.

—¿Cuándo y dónde se presentará “Los diamantes” en vivo?

—El viernes 3 de junio en La Tangente, con una banda integrada por Pupú Colina en bajo, Ine Maguire en voces, Jeanette Nenezian en trompeta y Chitrili en batería. Habrá invitados especiales y abre el dúo Dos de Nosotros.


Para el show en La Tangente, las entradas están a la venta por Passline: https://www.passline.com/eventos/julian-mourin-en-la-tangente


(PH: Federico Pérez Gelardi)

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Antonio Birabent y su libro Tres: “La clave son las palabras, lo que cada una despierta en nosotros”

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“Tres”. Tres vértices y tres líneas, un triángulo, tres protagonistas conectados por hilos de palabras, la voz como punto de encuentro, aromas y sabores compartidos, pinceladas de un devenir cotidiano, pasos en las veredas del tiempo y el tiempo detenido en la pausa de cada relato.

Todo eso y mucho más se desprende de las páginas de el primer libro de relatos de Antonio Birabent. Una obra que atraviesa el ritmo de las ciudades para hacer foco en los rincones donde es posible detenerse y mirar.

Como si fueran pinceladas dispuestas a colorear los instantes, el músico y actor se sumerge en las texturas de cada día y pinta con sus letras las horas vividas.

En diálogo con ContArte Cultura cuenta cómo llegó “Tres” y qué otros proyectos serán parte de su caminar durante este año.

—Comencemos esta charla haciendo foco en la gráfica que define la tapa de tu libro “Tres”, el triángulo. A modo de presentación de esta obra, si pudieras elegir una canción sonando dentro de ese triángulo, como un hilo conductor de la historia que reúne a los tres protagonistas de tus relatos, ¿cuál sería y por qué?

—¡Es genial la pregunta! Es difícil de elegir una sola canción, pero creo que “Un Hombre solo”, porque habla de las coincidencias que todos tenemos como seres humanos más allá de las diferencias.

—¿Cuánto tiempo pasó entre la producción de tus primeros escritos y el encuentro de tus textos con la editorial Malisia?

—Tres años. Y más de cuatrocientos relatos/textos entre mediados de 2018 y mediados del año pasado.

—¿Cómo viviste el proceso de ir puliendo y dando continuidad a los relatos durante la edición del libro?

—Los relatos casi no tuvieron corrección. Están como aparecieron. Fue un proceso muy fluido, me venían las palabras, las oraciones, los párrafos. Los cuadernos originales no tienen prácticamente tachaduras. La edición tuvo que ver sobre todo con la selección.

—Al avanzar por las páginas de “Tres” se puede viajar tanto en el tiempo como por ciertos escenarios urbanos que forman parte de tu vida. ¿Cuál o cuáles son para Antonio Birabent los lugares donde siempre puede despertarse un relato?

—Sobre todo en la mente, en la observación y la memoria, y al final, como siempre, la madre de todo es la sensibilidad. Si todo eso está, cualquier lugar o cualquier situación es buena para escribir.

—En cada uno de tus textos te detenés en detalles en los que tus palabras hacen foco. ¿Qué objetos o elementos creés que podrían representar el espíritu de este libro?

—En gran parte, la clave del libro, más allá de lo que te comenté en la pregunta anterior, son justamente las palabras, lo que cada una despierta en nosotros. Las palabras son el eje.

—A través de tus letras es posible caminar por las ciudades que recorren, sentarse en sus bares, degustar momentos. ¿De qué manera fuiste dando esas pinceladas sobre el papel para que tus vivencias permanecieran? ¿Tenés una rutina de escritura para retener esos momentos?

—Fue una etapa donde todo el tiempo estaba escribiendo. Viví concentrado en la experiencia y el ejercicio de llevar al papel absolutamente todo lo que vivía a mi alrededor y también todos mis pensamientos.

—Hay tres protagonistas que interactúan a través de las distintas historias, pero existe un cuarto personaje, Ella, que también forma parte de ese triángulo donde la palabra reúne y determina. ¿Qué pinceladas de Ella te ayudaron a avanzar en este libro?

—Si bien no aparece tanto, la presencia de mi madre es fundamental. Y no hablo sólo en el libro, sino en nuestra dinámica familiar. Mi madre es y ha sido el ancla de nosotros tres: mi hermano, mi padre y yo.

—¿Qué pausas te permite la escritura en el ritmo cotidiano?

—Las pausas me las permito aunque no escriba. A veces son mínimas, destellos apenas, y a veces son días enteros. Depende mucho.

—Sin dudas, la música y la poesía tocan fibras cercanas, ¿suelen formar parte de la misma pausa creativa?

—Están muy cercanas, es verdad, pero no las asocio necesariamente a la pausa. A veces aparecen en momentos de furia, o en situaciones absolutamente cotidianas y que a priori nada tienen de artísticas. Suelen ser estas las mejores.

—Ya que tocamos el tema de la música, no podemos dejar de mencionar la reciente salida del primer vinilo de Las Lenguas Muertas, el grupo musical que forman con Ariel Mínimal, Juan Marcos Rocca y Claudio Leiva. ¿Cómo llegaron a este disco y qué es lo que te gustaría destacar?

—Es un disco hermoso, lo vamos a presentar en agosto en Buenos Aires. Y que este editado en vinilo le da algo especial.

—Para terminar, ¿cuáles son los proyectos que siguen para este 2022? —Seguir actuando (este año retome esa actividad), tocando solo con mi guitarra (que es algo que cada vez disfruto más, siento que es una manera de pulirme como interprete), editar un disco de canciones mías que cante acompañado por un quinteto de cuerdas (ya está grabado y listo) y seguir colaborando con personas nuevas. Seguramente me olvido un par de cosas.

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2019-79370965 Edición Nº