Conéctate con nosotros

Literatura

Anunciaron a los ganadores del Sexto Mundial de Escritura

Publicado

el

Juan Berton, un escritor que vive en la ciudad de Tarariras de Uruguay y cuyos cuentos han sido premiados en concursos literarios, resultó ganador de la sexta edición del Mundial de Escritura -y tercera del año-, donde además fueron elegidos Rocío Reverter con el segundo puesto y el triple empate entre Antonia Milagros, Olga Gutiérrez y Francisco Rapalo definió el tercer lugar.

Después de dos años y seis ediciones, tuvo un nuevo epílogo la convocatoria a este maratónico certamen de escritura en el que los mundialistas que participan alcanzan la instancia final cuando eligen uno de sus seis textos producidos durante la etapa de escritura y tienen una semana completa para corregirlos y encontrar su mejor versión.

En esta sexta edición, con los espacios como protagonistas de las consignas propuestas por la editora Malena Rey y el escritor Nicolás Schuff, se escribieron un total de 30.000 textos entre las tres categorías del Mundial. Cada uno de los equipos, conformados por grupos de entre 8 y 14 jugadores, eligió qué texto los representaría en las distintas instancias de prejurados y jurados, que definieron quiénes son los finalistas y ganadores del último Mundial del año.

Con una impronta marcadamente internacional, en la categoría general, oficiaron como jurados Peter Orner (Estados Unidos), Verónica Stigger (Brasil) y Dani Umpi (Uruguay). “Me llamó la atención la alta calidad de todos los textos en el concurso. En general, eran creativos y muy bien escritos”, dijo Stigger sobre los textos que llegaron a la final.

Uruguay y México se llevaron el podio en la categoría general, con Juan Berton como ganador individual y José Manuel Reyes Ontiveros como goleador. Los guantes mágicos fue el equipo ganador, con integrantes de Venezuela, Paraguay, Uruguay y Argentina.

El Mundial de Escritura es, a su modo, una suerte de red social global. En total, en los seis mundiales que se hicieron hasta ahora, participaron más de 60.000 personas de distintas partes del mundo. En la edición anterior, el ganador de la categoría general había sido el colombiano Alejandro Molano y la goleadora fue Paolina Noriega, de Venezuela.

El ganador, Juan Berton, nació en 1979, vive en la ciudad de Tarariras de Uruguay y sus cuentos han sido premiados en concursos literarios locales e internacionales.

El segundo puesto fue para Rocío Reverter con “Los próximos mundos”, un texto que para el escritor Dani Umpi, “tiene una imaginación desbordante en un momento del mundo que reclama alternativas de vida, al menos fantasiosas”. Rocío es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y nació en la provincia argentina de Río Negro, aunque hace varios años que viene en la Ciudad de Buenos Aires.

En el tercer lugar hubo un triple empate, protagonizado por Antonia Milagros, Olga Gutiérrez y Francisco Rapalo.

El goleador de la categoría general, José Manuel Reyes Ontiveros, nació en Xicotepec de Juárez, México. Es ingeniero en sistemas y fisioterapeuta y considera que el Mundial fue “una experiencia muy enriquecedora que me permitió conocerme más y fomentar mi disciplina al escribir”.

En la categoría niños, el jurado -conformado por Sofía Rhei (España), Juliana Muñoz (Colombia) y Adriana Fernández (Argentina)- definió tres ganadores. Entre los textos de jugadores de 6 a 9 años, resultó ganador “Cadena de favores”, de Elías Torres.

En la subcategoría de 10 y 11 años, el texto elegido por unanimidad del jurado fue “El espejo”, de Sofía Risso Crouzeilles. Sofía es de Buenos Aires y tiene 11 años. Su pasión por la literatura empezó a través de libros de María Inés Falconi como “El tanque de agua” o la saga “Caídos del mapa”.

Por último, en la subcategoría de niños de 12 y 13 años el texto “De techo en techo”, de Irene Pazos, obtuvo el primer lugar. Irene tiene 12 años, vive en Buenos Aires y esta es la primera vez que participa del Mundial de Escritura. “Lo que más me gusta de escribir es que puedo imaginar cosas fantásticas y las puedo crear como quiera”, nos cuenta.

El equipo ganador de la categoría niños fue la dedicación de escribir, integrado por Luna Heinemann, Micaela Viladomat, Ana Clara Giammarino, Patricia Wahnon, Elisa Barcia, Fabrizio Amadio, María Clara Perzhalo Scalise, Sofia Perzhalo Scalise, Matilde Teresa Valentini Duro y Leila Castillo.

La goleadora de la categoría niños fue Ioannis Kiteber. Nació en Florida, Argentina, y tiene 13 años. Empezó a jugar al Mundial en la quinta edición: “me pareció muy divertido y muy bueno para ejercitar la creatividad de cada uno/a”. Agrega que lo que más le gusta es que “la gente pueda leer mis historias”.

La categoría adolescentes también tuvo sus tres ganadores. El jurado, conformado por Ana Catania, María José Navia y Julia Moret eligió en primer lugar el texto “Palabras en sangre”, del colombiano Carlos Sánchez, mientras que el segundo lugar fue para Anastasia Hladij (17) con el texto “No me gusta que escriban sobre mí” y un texto sin titular de la estudiante de Letras Érika Redonda se quedó con el tercer lugar.

La goleadora de esta categoría fue Milagros Antonella Corallo. Milagros tiene 18 años, vive en Argentina y es una escritora muy prolífica, además de una fanática del Mundial: “El Mundial de Escritura hace que te pelees con las excusas para escribir sin parar. De repente sos vos frente a la pantalla conviviendo con la necesidad de escribir hasta que sean las seis de la mañana”.

El equipo campeón de la categoría adolescentes fue 4., conformado por Sofía Selene Saavedra, Augusto Casais, Delfina Camorati, Micaela Yunes, Malena Iorizzo, Guadalupe Rivera, Mía Gemetro Maillard, Lara Bilavsky, Malena Corbalán y Tiziana Quattrini.

Todos los textos ganadores y finalistas se pueden leer en https://mundialdeescritura.com/.

Haga clic para comentar

Debes iniciar sesión para publicar un comentario. Acceso

Deja una respuesta

Historias Reflejadas

“Deseos”

Publicado

el

Deseos

Miro por la ventana y espero. El tiempo se alarga detrás de los vidrios y crece en líneas rectas. Las hojas cambian de forma y bailan en círculos. Afuera, todo gira. Un manto rayado cubre las palabras, igual que adentro. Las paredes grises se prolongan sobre mi piel, también gris, como si los colores no fueran posibles, como un mandato. Me siento encerrado en un reflejo de rayas sin respuestas.

Bostezo. Un deseo de color se escapa de mi boca y se pega en la punta de mis dedos. Lo miro. Me mira. Lo suelto. Y vuela para atravesar la dureza de los vidrios. Vuela para que las rayas desaparezcan. Algo cambia adentro y afuera. Mi piel cambia sobre las paredes grises y deja huellas.

Espero, como un deseo, que la vida se tiña de colores y vuelva a entrar por mi ventana, sin rayas.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Espero”, de Perla Suez con ilustraciones de Natalia Colombo; “Gris”, de Silvi Hei; “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc con ilustraciones de Ayax Barnes; y “Dentro de una cebra”, de Micaela Chirif con ilustraciones de Renato Moriconi.

Sigue leyendo

Textos para escuchar

Amigos por el viento – Liliana Bodoc

Publicado

el


Julieta Díaz
lee el cuento Amigos por el viento, de Liliana Bodoc.

A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojo con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.

Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.

– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.

Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:

– No me lo estás deciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.

Me vi obligada a levantar los ojos del libro:

– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.

La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.

– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.

La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrozas hechicerías.

Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.

– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.

Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.

– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?

El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.

– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…

¡Ring!

– Por favor – dijo mamá -, están llamando.

No tuve más remedio que abrir la puerta.

– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.

Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.

– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:

– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.

– Cuatro años – contestó.

Pero mi rabia no se conformó con eso:

– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.

Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.

– Fue… fue como un viento – dijo.

Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.

Pasó un silencio.

– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…

Pasó una respiración.

– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.

Pasaron dos.

– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.

Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.

(Audio extraído del programa Calibroscopio del Canal Pakapaka)

Sigue leyendo

Literatura

“Ya toqué todas mis melodías”: el británico Julian Barnes anunció su último libro

Publicado

el

PH: WEB - BBC/Roxanne Panthaki

El escritor británico Julian Barnes, una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que “Departure(s)”, su próxima novela, será el último libro de su carrera. A punto de cumplir 80 años, el autor sostuvo que siente haber agotado su repertorio creativo: “Tengo la sensación de que ya toqué todas mis melodías”, afirmó en una entrevista con The Telegraph.

Barnes explicó que el criterio para dejar de escribir no debería ser la posibilidad de seguir publicando, sino la convicción íntima de haber dicho todo lo que se tenía para decir. “No debería escribir un libro solo porque vaya a ser publicado. Hay que continuar hasta haberlo expresado todo, y yo llegué a ese punto”, señaló. Sin embargo, aclaró que no abandonará por completo la escritura: continuará con el periodismo cultural, reseñas y colaboraciones, una actividad que antecede a su trayectoria como novelista.

“Departure(s)” se presenta como una obra híbrida, a medio camino entre el ensayo, el memoir y la ficción. El libro gira en torno al papel del propio Barnes como intermediario entre dos amigos, Stephen y Jean —cuyas identidades permanecen anonimizadas—, que fueron amantes y luego se separaron. La historia retoma muchos de los temas que atraviesan su obra: la memoria y sus fisuras, el amor y la amistad, el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.

El anuncio llega en un contexto vital particular. Barnes convive desde hace seis años con un tipo raro de cáncer de sangre, controlado mediante quimioterapia oral diaria. “Por ahora, es un empate”, dijo sobre su enfermedad, que —según explicó— contribuye a un debilitamiento progresivo del cuerpo, aunque ya forma parte de su rutina.

Viudo desde 2008, cuando murió su esposa y agente literaria Pat Kavanagh a causa de un tumor cerebral, el autor reveló recientemente que se volvió a casar en secreto en agosto pasado con Rachel Cugnoni, editora y compañera desde hace ocho años, a quien conoce desde hace casi tres décadas.

Con una carrera de 45 años, Barnes publicó 15 novelas y 10 libros de no ficción. Debutó en 1980 con “Metroland”, pero alcanzó el reconocimiento internacional con “Flaubert’s Parrot” (1984). Tras varias nominaciones, obtuvo el Booker Prize en 2011 por “The Sense of an Ending”. También escribe novela policial bajo el seudónimo Dan Kavanagh.

Lejos del dramatismo, Barnes evaluó su trayectoria con gratitud: “He tenido una vida afortunada. Si a los 30 me hubieran dicho que escribiría tantos libros que a tanta gente le gustaría leer, me habría parecido increíble”. Sobre la muerte, concluyó con sobriedad: ya no la teme como antes, aunque reconoce que el final siempre es una incógnita.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

Sigue leyendo


Propietario: Contarte Cultura
Domicilio:La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA En Trámite
Edición Nº